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martes, 6 de septiembre de 2016

La siembra del masón.

La siembra del masón.
Barredo Mandziuk

La virtud del amor es para el masón tener como ideal el bien común, el perfeccionamiento propio y el de los demás.

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El amor comúnmente en el ámbito profano se piensa como un tópico muy filosófico, incluso puede llegar a sonarnos a discurso religioso, sin embargo es necesario pensarlo como el referente más general que nos permite como masones tomar decisiones éticas.

Es la base de toda nuestra conducta masónica, cuando se le considera y también cuando no se le toma en cuenta.

Los masones estamos de acuerdo en que lo mejor de la educación, del intelecto, de las potencialidades humanas deben encaminarse al bien individual y al progreso de la humanidad, no a la justicia fría, no a la responsabilidad de cada cual, ni al cumplimiento de las obligaciones solo porque nos tocan, sino más allá: tratar a cada quien como quisiéramos ser tratados, con amor.

La idea del amor para un masón tiene un significado profundo, de lo que en lo más íntimo de nuestro ser creemos que es bueno o malo; mientras que en otros valores como la justicia se evalúan la trasgresión a las normas de observancia externa, el amor es el único que estima la esencia del bien y del mal en nuestra conciencia.

Le permite al masón decidir tomando en cuenta lo físico (lo que se ve) y aquello que forma parte de lo espiritual (es decir lo que no podemos ver). Transitar por la vida sin rencores, perdonando nuestros errores y las fallas de los demás es expresión del amor en un masón. La venganza, el engaño, los sentimientos de culpa y el sufrimiento que nos causamos a nosotros mismos y que podemos provocar en los demás, son consecuencia de decisiones que no se apegan al ideal de bondad al que la Masonería nos llama, sino al “Ideal” de la maldad, de la malicia que ha sido tan común en el mundo profano de ayer y hoy.

A pesar de lo que digamos del amor que el masón debe profesar hacia todo y hacia todos, es necesario precisar que el buen comportamiento es un proceso de difícil decisión, en todas las situaciones hay opciones que se deben evaluar, complejidades que requieren de preparación y el mejor uso de nuestra inteligencia, el amor nos sitúa en dirección al mayor bien y el menor mal posible.

Para desarrollar el amor cada masón debe tratar de ser consciente de hacer el bien, sin causar daño a los QQ.·.HH.·. ni a los profanos, debe además como masón dar siempre reconocimiento a los que actúan bien, sin aprovecharse, ni engañarlos jamás.

Además este amor a la humanidad al que la Masonería le impele esta basado en el aprecio al interés propio; pero también en el respeto de los intereses y derechos de todos.

Cada uno de nosotros como masones llenos de amor a la humanidad que es una obra delG.·.A.·.D.·.U.·. debemos llegar a desarrollar el mayor nivel de reconocimiento y afecto incondicional a todas las personas, hasta llegar a extenderlo a la naturaleza y al planeta mismo. Reconozcamos en el amor la máxima expresión de la esencia humana. Lo opuesto al amor es el odio, la envidia, la soberbia, la ignorancia, la negación a ser feliz. Abrirnos al amor es llenarnos de esperanza, lo contrario es el sin sentido de la existencia. Sin amor sin duda podemos gozarnos en placeres; pero sólo el amor perdura. No es necesario para un masón entender porque amamos, para comportarnos amorosamente, para ello solo es necesario ver sus maravillosas consecuencias.

Envidiar el bien ajeno, es disminuir el valor de nuestro propio bien dificultando la existencia del amor incondicional. Vivir feliz significa encontrar el amor en todas las cosas. Es necesario para el masón comprender profundamente lo valioso del amor, superior a cualquier bien material, dando oportunidad a todos de superarse en su camino de perfeccionamiento.

Cada masón debe ser ejemplo de dar sin esperar pago alguno, sino por el amor en sí mismo. Cuando actuamos con una conciencia de amor a la humanidad, todo comportamiento es en búsqueda del bien común.

El amor de cada masón a esta humanidad reconoce el valor esencial del ser humano, sin importar su apariencia, ni sus condiciones, habilidades o limitaciones. El masón predica el amor con el ejemplo.

Una acotación muy simple pero aun más importante de la frase anterior, es que el amor en un masón no debe fingirse, debe ser real y sincero. Mientras que llevando este tema al ámbito institucional llegaremos a la conclusión de que la integración y el desarrollo de la Masonería, requieren del amor, prescindir del amor esllevar a la bancarrota la esencia de la Masonería; sin el amor cuando mucho lograremos una institución masónica ordenada, pero nunca grandiosa ni superior a las instituciones profanas y ese es nuestro compromiso con la Masonería. Por eso amemos a la humanidad sin medida ni condiciones para que la Masonería logre sus ideales del bien a la humanidad.

Nosotros los sembraremos y nuestros hijos los disfrutaran.

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