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domingo, 17 de febrero de 2019

LA ENSEÑANZA DEL BURRO

LA ENSEÑANZA DEL BURRO

Un día el burro de un campesino se cayo en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que hacer.

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Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al pozo.

El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquietó después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio... con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: Se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra.

Muy pronto todo el mundo vio sorprendido cómo el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando...

La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra... el truco para salir del pozo es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos...

¡¡¡Usa la tierra que te echan para salir adelante!!!

Recuerda las 5 reglas para ser feliz:

Libera tu corazón del odio.

Libera tu mente de las preocupaciones.

Simplifica tu vida. Da más y espera menos.

Ama más y... sacúdete la tierra, porque en esta vida hay que ser solución, no problema

sábado, 16 de febrero de 2019

¿Es Obligatorio saludar al 1/o. y 2/o Vigilante o solo al Ven.´. Maes.´.

¿Es Obligatorio saludar al 1/o. y 2/o Vigilante o solo al Ven.´. Maes.´.

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QQ.´.Y VV.´. HH.´. Todos.

Arrastrado por la monita del grado y sembrada la duda en mi corazón y afín de despertar la conciencia , acerca de lo que este bien, me aguijonea tremendamente en el cerebro esta DUDA, ¿si realmente es obligatorio saludar a los VV.´.HH.´.VVig.´. ¿Porque?

En PRIMERA el nuestro, al menos el R.E.A y A. Es un Rito Solar.

En la antigüedad el hombre no reconocía mas DIOS como la fuente ÚNICA y generadora de vida de todo y cuanto existe en la tierra y lo denomino el SOL, a quien siempre le rendía culto, adoración y sacrificios.

SEGUNDA.-fue el primer DIOS que conoció, antes de que el hombre inventara tantos dioses.

TERCERA .-llega a mis manos una lit.´. del año 1899. es decir de hace 114 años de antigüedad y no habla de saludar a los VV.´.HH.´.VVig. solo al sol o la veneratura. que por cierto difiere completa y totalmente de las establecidas, como la de Durango de 1972, (denominada así por la reunión cumbre que hubo para modificarla) y mas liturgias que pululan en las librerías, mutiladas, alteradas y modificadas a su antojo de muchos HH.´. que lo consideraron pertinente o por poner su sello protagonico. dando al traste con la verdadera enseñanza.

CUARTA.-Los VVig.´. son GUÍAS y GUARDAS de los portales si hablamos esotericamente y del egregor de la Logia, Jamas "JEFES DE COLL.´. como se les ha venido designando EN ALGUNAS LIT. APOCRIFAS.

QUINTA..-El mando y control del Orden de la logia es INDIVISIBLE y radica en el V.´.M.´.(El sol, y representa o encarna la sabiduria) quien delega FUNCIONES propias e inherentes a los VV.´.H.´.VVig.´. para trabajar con las Coll.´.pero NUNCA la RESPONSABILIDAD de la Logia. 

SEXTA.-Si los antiguos Mas.´. únicamente saludaban al SOL. ¿porque se saluda a los VVIg.´. y se les asigna como luces de la Log.´. si astronomicamente no lo Son.? y se les da la designación de las tres luces. me suena incongruente.

SEPTIMA.- la postura para saludar al 1/er.´. Vig.´. es antiestica, molesta e incomoda para hacerlo, en resumidas cuentas poco practica , y no lo marca esta Lit.´. de 1899 , en algunos ritos se acostumbra hacerlo a la DERECHA (peor cosa se tuerce todo el cuello para hacerlo)

Con todo el respeto que me merecen las actuales liturgias, las observo mutiladas, alteradas y hasta cierto punto vacías de contenido esencial masonico, distorsionando la enseñanza verdadera de la Orden Masonica. adaptadas a las circunstancia en tiempo y espacio a la epoca.

solicito vuestra luz y que por favor me corrijan mis VV.´.HH.´. si me encuentro equivocado, y del contraste de nuestras IDEAS se hará la luz del entendimiento y comprensión.

Fraternalmente

Jorge Arturo De Casso Cerda.

viernes, 15 de febrero de 2019

EL MISTERIO DE MELQUISEDEC

EL MISTERIO DE MELQUISEDEC
De: Astral Mason pr

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De todos los personajes mencionados en la Biblia, ninguno tan misterioso como Melquisedec, de quien se dice que no tuvo padre ni madre ni pariente alguno y era a la par sacerdote y rey. En la epístola a los hebreos nos da Pablo amplia información respecto a la analogía entre Cristo y Melquisedec, pues ambos son reyes y sumo sacerdotes aunque de diferente revelación.

Así dice Pablo: “Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por lo cual asimismo hizo el universo....Ni nadie tomo para sí la honra, sino el que es llamado de Dios, como Aarón. Así también Cristo no se glorificó a si mismo haciéndose pontífice, más El le dijo: “Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy; como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote eternamente según el orden de Melquisedec, el cual en los día de su carne, ofreciendo ruegos y suplicas con gran clamor y lagrimas al que le odia librar de la muerte, fue oído por su reverencial miedo. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y consumado vino a ser causa de eterna salud a todos los que le obedecen; nombrado de Dios pontífice, según el orden de Melquisedec, del cual tenemos mucho que decir y dificultoso de declarar....Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote de Dios Altísimo, el cual salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo; al cual asimismo dio Abraham los diezmos de todo. 

Primeramente él se interpreta Rey de justicia, y luego también rey de Salem, que es Rey de paz, sin padre, sin madre, sin linaje, que ni tiene principio de días ni fin de vida, más hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.... “Y aquí ciertamente los hombres mortales toman los diezmos (1); más allí, aquel del cual está dado testimonio que vive....Si pues la perfección era por el sacerdocio levítico, porque debajo de él recibió el pueblo la ley, qué necesidad había de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según la orden de Aarón?....Porque notorio es que el Señor nuestro nació de la tribu de Judá, sobre cuya tribu nada habló Moisés tocante al sacerdocio. Y aun más manifiesto es, si a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote, el cual no es hecho conforme a la ley del mandamiento carnal, sino (1) Alude San Pablo a los levitas. según la virtud de vida indisoluble, pues se da testimonio de él, diciendo: “Tu eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec....Tanto de mejor testamento es hecho fiador Jesús....que por cuanto permanece para siempre tiene un sacerdocio inmutable....Porque la ley constituye sacerdotes a hombres, flacos, más la palabra del juramento, después de la ley, constituye al Hijo hecho perfecto para siempre. Así que la suma de lo dicho es: Tenemos tal pontífice que se asentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el señor asentó, y no hombre....Y casi todo es purificado, según la ley con sangre, y sin derramamiento de sangre que no se hace remisión.

Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fueran purificadas con estas cosas; empero las mismas cosas celestiales con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios....Más ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediado de un mejor pacto, el cual ha sido formado sobre mejores promesas. 

Porque sí aquel primero fuera sin falta, cierto no se hubiera procurado lugar de segundo, porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice le Señor, y consumare para con la casa de Israel y para con la casa de Judá un nuevo pacto, no como el pacto que hice con sus padres en el día que los tomé por la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo los menosprecié, dice el Seño. Por lo cual, este es el pacto que ordenaré a la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en el alma de ellos y sobre el corazón de ellos las escribiré, y seré a ellos por Dios y ellos serán a mí por pueblo, y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: “Conoce al Señor, porque todos me conocerán desde el menor de ellos hasta el mayor”. 

Los precedentes pasajes de las epístolas de San Pablo a los Hebreos están entresacados de diversos capítulos, y es necesario ordenar inteligentemente los trozos del relato hebreo, para poder obtener un bosquejo del plan trazado por las divinas Jerarquías para el ulterior adelanto de nuestra evolución. 

Es necesario conocer dicho plan para la exacta comprensión de las cósmicas relaciones entre el catolicismo y la masonería, así como también es necesario entender el propósito del mar de bronce y aprender a formar esta maravillosa aleación, como declara San Pablo, estas cosas son difíciles d decir; pero intentaremos exponer en sencillo lenguaje el misterio de Melquisedec y del mar de bronce, con el objeto de coadyuvar a la realización del propósito manifestado en la Biblia, de iluminar a todos los hombres, de modo que desde el menor al mayor conozcan todos la finalidad de la evolución, y tengan con ello oportunidad de adaptarse a la corriente de los acontecimientos cósmicos. 

Para comprender el misterio de Melquisedec debemos retroceder hasta las primitivas épocas de la estancia del hombre sobre la tierra, durante la edad llamada hiperbórea. Estaba entonces la tierra en sumamente cálida condición. La forma humana era bisexual, masculina y femenina, como todavía lo son hoy la mayoría de las plantas, alas cuales se parecía también el hombre de aquella época por su apatía y falta de aspiraciones. Era entonces el hombre dócil pupilo de las divinas Jerarquías que lo guiaban físicamente, y a las cuales alude la Biblia en la velada expresión de los”reyes de Edom”. 

Posteriormente, en la época lemuriana, cuando ya la forma humana se había condensado algo más, quedó separada corporalmente en sexos; pero como la conciencia estaba todavía concentrada en el mundo espiritual, eran los seres humanos inconscientes del acto físico de la generación, como ahora lo somos nosotros del de la digestión. No conocían el nacimiento ni la muerte ni se percataban de la posesión de un vehículo físico hasta que con el tiempo tuvieron la sensación física durante el acto generador, y de aquí la expresión:”Adán conoció a Eva”. A este tiempo los espíritus luciferarios, los ángeles caídos que habitaban en el belicoso planeta Marte, enseñaron a los hombres a comer del árbol del conocimiento, o sea, el nombre simbólico del acto generador. 

Así gradualmente se les fueron abriendo los ojos hasta llegar a ser conscientes del mundo físico, pero perdieron el contacto con el mundo espiritual y con los ángeles custodios que habían sido hasta entonces sus benevolentes guías. Sólo unos cuantos de los más espirituales de entre ellos conservaron la visión superior y se mantuvieron relacionados con las divinas Jerarquías. Estos pocos fueron los profetas que actuaban como mensajeros entre los divinos guías invisibles y sus respectivos pueblos. Pero, con el tiempo, los hombres desearon elegir sus propios gobernantes y pidieron reyes visibles. Por lo menos sabemos que los israelitas repudiaron el gobierno divino y pidieron rey, por lo que fíe ungido Saúl. Entonces quedaron también separados los oficios de sacerdotes y de rey, correspondientes a los gobiernos espiritual y temporal, porque no se encontraba hombre alguno de los suficientemente versados en los negocios del mundo para ejercer el oficio de rey, que al propio tiempo tuviese el mismo conocimiento de los negocios espirituales para desempeñar el de sacerdote, mientras que un verdadero sacerdote, mientras que un verdadero sacerdote, capaz de guiar espiritualmente a su rey, no podía dirigir acertadamente sus intereses materiales cual gobernador temporal. Pero como la política, en su más alto concepto, procura gobernar a los pueblos atendiendo tan sólo a la prosperidad material y el sacerdocio, sinceramente ejercido, sólo aspira al progreso de las almas, forzoso era que la separación de ambos gobiernos provocara un conflicto, aunque sacerdotes y reyes obraran a impulsos de los más nobles e inegoístas motivos. Melquisedec es el nombre simbólico de las divinas Jerarquías que desempeñaron el dual oficio de sacerdotes y reyes. Mientras reinaron y gobernaron a sus bisexuales súbditos hubo paz en el mundo; pero tan pronto como se separaron los sexos y los oficios de sacerdote y rey, no es maravilla que por las razones antes expuestas, siguiera al pacifico reinado de Melquisedec una época de guerras y luchas, tal como han ocurrido en la presente etapa de evolución. Primitivamente, los unificantes factores del doble oficio del gobernante y el doble sexo de los gobernados impedían el entrechoque de intereses hoy día prevaleciente, y que continuará hasta que otro divino gobernante reúna en su persona las cualidades del rey y de sacerdote, según el orden de Melquisedec, y hasta que desaparezca el procedimiento sexual de generación. Sobre el particular es muy significativo que el relato bíblico comience en el jardín del Edén, donde la humanidad era bisexual e inocente; y el segundo capítulo del Génesis habla de la separación de sexos, de la obediencia al mandato de no comer del fruto del árbol del conocimiento y el consiguiente castigo de parir con dolor y estar sujetos a la muerte. 

Desde entonces en adelante, el Antiguo Testamento nos habla de guerras, luchas y contiendas y en el último capítulo profetiza la aparición de un Sol de justicia con medicina en sus alas. Después, el Nuevo Testamento empieza con el relato del nacimiento de Cristo, quien proclamó el futuro establecimiento del reino de los cielos. Posteriormente se llama a Cristo sacerdote y rey, según el orden de Melquisedec, que reúne en sí el dual oficio. También se dice que en el cielo no habrá matrimonios, porque el soma psuchicon o alma-cuerpo, del que dice San Pablo que será el vehículo que usaremos en el reino de los cielos, no está sujeto a decrepitud ni muerte. Por lo tanto, no habrá necesidad de nacimientos ni de muertes de cuerpos como los de los engendrados en matrimonio, porque Pablo nos dice que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios. 

De aquí la inutilidad del matrimonio y desaparecerá el entrechoque de intereses provenientes de la lujuria y el amor sexual, de modo que el espíritu de paz santificará el amor de las almas. Así resulta evidente que los hijos de Caín con sus adeptos los estadistas, y los hijos de Seth con su séquito de clérigos, se entrefundirán y unirán finalmente en el Reino de Cristo. Ya hemos visto cómo Hiram Abiff, hijo de la viuda, dejó a su ascendiente el espíritu luciferario Samael, después de su bautismo de fuego en el mar de bronce, y como recibió el encargo de preparar el camino del reino entre los hijos de Caín sus hermanos, mediante el desenvolvimiento de su habilidad y destreza como masones o constructores de templos y enseñándoles a elaborar la piedra filosofal o mar de bronce. De la propia suerte, los físicamente inhábiles hijos de Seth han de aprender a dejar a su progenitor Jehová, y el primero en dar el ejemplo ha de ser naturalmente una grande alma. 

Así como la superlativa habilidad de los hijos de Caín se concentró en Hiram Abiff cuando su bautismo de fuego, así también la sublime espiritualidad los hijos de Seth se concentro en Jesús cuando su bautismo en el agua del Jordán. Al surgir de esta agua se hallaba Jesús en la misma citación que Hiram Abiff al surgir del fuego. Cada cual hacia dejado a sus respectivos progenitores Jehová y Samael, y ambos estaban dispuestos a servir al Cristo. Por esto, en el acto del bautismo, se vio infundirse el espíritu de Cristo en el cuerpo de Jesús, para en él habitar durante su ministerio. El espíritu de Jesús dejó aquel cuerpo y desempeño la misión de servir a las iglesias, mientras el Cristo utilizaba su cuerpo para enseñar a las gentes y preparaba su sangre para que fuese un ábrete sésamo del reino de Dios, una panacea eficaz para sus hermanos los hijos de Seth, de la propia manera que el mar de bronce servía para los hijos de Caín. 

En la epístola a los hebreos, donde Pablo nos da algunas insinuaciones referentes al misterio de Melquisedec en su carácter de Sumo Sacerdote, pondera la absoluta necesidad de la sangre como elemento del servicio del Templo, y nos dice que el Sumo Sacerdote estaba obligado a ofrecer sangre por sus pecados antes de que fuese digno de ofrecer sacrificio por los pecados del pueblo, y este doble sacrificio se había de efectuar todos los años. Añade Pablo que el sacrificio del Gólgota se hizo de una vez por todas y proporcionó la redención por medio de la sangre de Jesús. Durante el régimen de Jehová, la sangre humana estaba impregnada de egoísmo, que es el separatista factor de la época actual; y de esta mancha ha de depurarse antes de que la humanidad efectúe su unión y entre en el Reino de Cristo.

Esta depuración era una tarea gigantesca, porque la humanidad estaba ya tan empapada de egoísmo que apenas nadie quería favorecer a su prójimo. De aquí que en la existencia de ultratumba, en tiempo de la vida de Cristo, no había nadie capaz de fomentar el progreso espiritual ni ser digno de entrar en el primer cielo, sino que casi toda la existencia ultraterrena de las gentes se pasaba en la purgatorial expiación de sus maldades, y era estéril la segunda vida celeste, donde el hombre aprende a ser activamente creador. Entonces, el Rey Salomón entró de nuevo en el palenque de la vida terrena para cumplir una misión en beneficio de sus hermanos los hijos de Seth, y se le dio peculiarmente esta encomienda, porque en su corazón era inegoísta, según demuestra lo que respondió cuando al subir al trono se le apareció Jehová en sueños y le dijo que demándese lo que quería que le diese.

Salomón respondió: “Tu has hecho con David, mi padre, grande misericordia, y a mí me has puesto por rey en lugar suyo. Confírmese, pues, ahora, ¡Oh Jehová Dios! Tu palabra dada a David, mi padre, porque tú mes has puesto por rey sobre un pueblo en muchedumbre como el polvo en la tierra. Dame Ahora sabiduría y conocimiento, para salir y entrar delante de este pueblo, porque, ¿quién podrá juzgar a este tu pueblo tan grande?” Y Dios replicó a Salomón: “Por cuanto esto fue en tu corazón, que no pediste riquezas, hacienda y gloria, ni el alma de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y conocimiento para juzgar a mi pueblo. Sobre el cual te he puesto por rey, sabiduría y conocimiento te son dados, y también te daré riquezas, hacienda y gloria, cual nunca hubo en los reyes que han sido antes de ti, ni después de ti habrá tal”. Esta característica de inegoísmo, vigorizada en anteriores vidas capacitó al espíritu de Salomón para encarnar en el cuerpo y con el nombre de Jesús, a fin de cumplir la alta misión que le estaba destinada, o sea, la de servir de vehículo al unificador e inegoísta espíritu de Cristo que había de acabar con la división entre los hijos de Seth y los hijos de Caín y unirlos en la Fraternidad constituyente del reino de los cielos. 

Cuando Fausto hizo el pacto con Mefistófeles, según relata el mito solar de este nombre, iba aquél a firmar con tinta, cuando el diablo le intimó, diciendo:”No; fírmalo con sangre”. Fausto le pregunta entonces a Mefistófeles que por qué había de firmar con sangre, y el preguntando responde astutamente:”La sangre es una esencia peculiarísima”. Acertadamente dice la Biblia que la sangre de los toros y becerros no lavará los pecados; pero, ¿cómo entonces se encomia como panacea la sangre de Jesús? Para Comprender este misterio del Gólgota es necesario estudiar la composición y funcionamiento de la sangre desde el punto de vista oculto. Observada la sangre al microscopio, aparece constituida por multitud de glóbulos o discos; pero cuando un experto clarividente la observa circulante por el cuerpo vivo, ve que un gas, una esencia espiritual. El calor está causado por el Ego residente en la sangre, porque, como dice la Biblia, la vida está en la sangre. 

Tenía razón Mefistófeles al decir que la sangre es una peculiarísima esencia, porque contiene el Ego y quienquiera que desee obtener dominio sobre el Ego ha de poseer su sangre. El Ego humano es más poderoso que el alma grupal de los animales, según demuestra el experimento científico llamado hemólisis. La sangre de un animal de las especies superiores mataría al animal de especie inferior en cuyas venas se transfundiera; y un animal cualquiera moriría si se le inyectaba sangre humana, cuya alta vibración no podría resistir. Por el contrario, la sangre de un animal inferior puede inocularse sin daño alguno en el cuerpo humano. En tiempos antiguos estaban rigurosamente prohibidos los matrimonios entre gentes de distintas tribus, porque los guías de la humanidad sabían que era mortífera la sangre extraña. Dice la Biblia que Adán y Matusalén vivieron algunos siglos. En aquel tiempo era costumbre matrimoniar entre los individuos de una misma familia, de modo que los lazos de la sangre se estrechaban cuanto era posible. La sangre que circulaba por las venas de aquella familia contenía la representación de todo cuanto les había sucedido a los ascendientes y estaba acumulado en la mente que hoy es subconsciente. Entonces eran conscientes y tenían de continuo ante sí la visión de sus deudos y cada familia estaba unida por la comunidad de sangre en que alentaban las imágenes de sus antepasados. 

Los hijos vivieron la vida de sus padres y así los padres vivieron en sus hijos; y como la conciencia de Adán, de Matusalén y de otros patriarcas perduró siglos en sus descendientes, se dijo de ellos que vivieron personalmente. Entonces era tan delictuoso contraer matrimonio fuera de la familia, como lo es ahora contraerlo consanguíneamente. Aun entre los primitivos escandinavos, se nos dice que si alguien deseaba casarse con personas extrañas a su linaje, venía obligado a sufrir la prueba de ver si su sangre podía mezclarse con la extraña, y así experimentaron algunos una fase de hemólisis. Si la sangre no se mezclaba producía la confusión de castas, según dicen los indos. Era preciso mantener pura la estirpe, porque de lo contrario se entremezclaban y confundían las imágenes de la visión interna. Los matrimonios entre individuos de una misma familia o tribu engendraron el egoísmo, la gregalia y las luchas y contiendas mundanas. Para remediar estos males era necesario abolir la costumbre que los engendraba, y así cuando vino Cristo aconsejó la disrupción de dicha `práctica al decir: “Antes de que Abraham fuese yo soy”. No cuido del padre de la raza, sino que me glorío en él Yo soy, en el Ego que era antes de que fuese padre de la raza”. “Quien no deja a su padre y a su madre no puede ser mi discípulo”. Mientras el individuo esté ligado a la familia, a la tribu o la nación, está ligado también a la vieja sangre y las antiguas costumbres, y no puede entrefundirse en una fraternidad universal. Esto solo es posible cundo las gentes se casan internacionalmente, porque se diversifican en varias nacionalidades, el único medio de unirlas es el matrimonio. 

Aunque muera Abraham, el padre de la raza y de la tribu, el Yo soy vive. Cristo conocía la oculta verdad de que la mezcla de sangres en el matrimonio internacional mata algo cuando no mata el cuerpo. Del ayuntamiento del asno y la yegua nace el híbrido animal llamado mulo, en el que a causa de la mezcla de sangres se ha perdido la facultad de procreación, de que carecen todos los animales híbridos. Análogamente, en los matrimonios internacionales se pierde la facultad de la interna visión, porque se entrechocan las diferentes imágenes de ambas familias; y así es que desde que cesó la costumbre de matrimoniar dentro de la misma familia o tribu, se ha desvanecido la clarividencia, no está el hombre en contacto con el mundo espiritual y ha perdido la memoria de la naturaleza. Únicamente conservan algo de visión interna los montañeses de Escocia y los gitanos, que se casan dentro de su tribu. Así vemos que la sangre humana está hoy muy diferentemente constituida que en los principios de la evolución. El cuerpo de Jesús fue un vehículo de superlativa pureza cuando Cristo se posesionó de él como medio a propósito para descender al centro de la tierra por el mismo camino que siguiera Hiram Abiff cuando se arrojó a mar de bronce y fue conducido por el sendero iniciatico a donde moraba su antepasado Caín. De este camino habla la epístola universal del apóstol Judas Tadeo, después que Cristo quedo libre de la carne por la violenta muerte del Gólgota. Cuando se mata a alguien, la sangre venosa, con todas sus impurezas, se adhiere firmemente a la carne y, por lo tanto, la sangre arterial está entonces más limpia que lo estaría en otras circunstancias, esto es, que está más libre de pasiones y deseos. 

El espíritu de Cristo hizo etérea la sangre del cuerpo de Jesús, que así limpia mundo al mundo purificando en gran manera de egoísmos las regiones etéreas, dando con ello al hombre mayor oportunidad de atraer materiales adecuados a la formación de propósitos y deseos altruistas. Así es que entonces se inauguró la edad del altruismo. En la fe en esta sangre y en la imitación de la vida de Cristo, los hijos de Seth poseen los medios de eliminar de sí el maldito egoísmo, mientras que a los hijos de Caín se les dio el emblema de la Rosa y la Cruz para enseñarles a trabajar sinceramente en la elaboración del mar de bronce o piedra filosofal y hallar la nueva palabra que les dé entrada en el reino, porque esperan más de las obras que de la fe. El cuadro intercalado en el texto muestra gráficamente las tres edades mencionadas en este capítulo: I. PRIMERA EDAD.- Cuando cada ser humano era una completa unidad creadora, andrógino, bisexual, gobernado por un jerarca Melquisedec, que desempeña el doble oficio de sacerdote y rey. II. SEGUNDA EDAD.- Cuando la raza humana se dividió en hombre y mujeres y el gobierno se desgloso en temporal del Estado y el espiritual de la Iglesia ocasionando la luchas y guerras. El Estado abraza la causa de la Paternidad y el Hombre, y mantiene el alto ideal de las artes, oficios e industrias encarnado en Hiram Abiff. 

La Iglesia abraza la causa de la Maternidad y la Mujer, y mantiene enhiesto el femenino ideal del amor y del hogar, simbolizado en la Virgen con el Niño. Los opuestos intereses del hombre y la mujer, del hogar y el taller, de la Iglesia y del Estado ocasionan la lucha económica, la guerra y la disputa, maldiciones del linaje humano que a todos nos mueven a rogar anhelantes por el reinado de la paz. III. TERCERA EDAD.- Cuando venga un divino Cristo que, como Melquisedec, desempeñe el dual oficio de sacerdote y rey, y gobierne una purificada y gloriosa humanidad en que el amor sexual haya trascendido el amor de las almas.

Hay un personaje en la Biblia del cual pocos hombres han hablado. Este personaje fue un patriarca del Antiguo Testamento, contemporáneo de Abram. También aparece su nombre en el libro de los Salmos, una vez, y en la carta a los Hebreos en la que aparece su nombre 8 veces. Además hay un capítulo entero, el 7, dedicado a él. Este personaje es Melquisedec, un tipo del Señor Jesucristo. Como dije antes, pocos hombres han hablado de él porque en realidad es un personaje complejo, al cual, con la ayuda del Señor, voy a tratar de presentar en este estudio. Así, pues, comencemos por ver lo que significa su nombre. Melquisedec: Rey de Justicia. Este Melquisedec era rey de Salem (Génesis 14:18). El nombre de Salem significa en hebreo PAZ. Así pues, Melquisedec seria rey de PAZ. Según algunos heruditos, el nombre de Salem es un nombre simbólico de Jerusalén (Salmo 76:2). Pero en cuanto a esto hay varias opiniones. Por ejemplo: Jerónimo estaba convencido de que el verdadero lugar era una ciudad cerca de Escritópolis, llamada Salem. Sin embargo hay claras evidencias de que esta ciudad fuese Jerusalén en lo cual concuerdan casi todos los comentaristas y diccionarios seculares, aunque algunos descubrimientos, como las tabletas de Ebla (para más información ver Mardikh [Tell] en el Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado de editorial Clie) las cuales datan de unos 3.500 años antes de Cristo y hacen referencia a la época de Génesis 14. Además Melquisedec era sacerdote del Altísimo (Génesis 14:18). En cuanto a este asunto hay mucho para hablar y de mucha profundidad, pero voy a tratar de exponer todo lo posible de la forma más clara. El caso de Melquisedec es una clara muestra de cómo Dios conserva, en medio de la apostasía general, el remanente elegido. El es de forma muy especial escogido por Dios como rey-sacerdote, y esta es la forma más elevada de aquel sistema primitivo en el cual cada padre de familia era sacerdote de ella. Vemos con claridad que el sacerdocio de Melquisedec es diferente al del sacerdocio levítico. El era rey y sacerdote, y la dispensación levítica separó el reinado del sacerdocio y viceversa. La patriarcal, en el caso de Melquisedec, es la que une el sacerdocio con el reinado, como Cristo que es Sacerdote y Rey. El sacerdocio de Melquisedec continúa en Cristo para siempre. Melquisedec debió haber recibido una consagración especial sobre los demás patriarcas. No hubo otro hombre que fuese rey y sacerdote consagrado por Dios mismo. En Hebreos 7:3 se nos dice que era sin padre ni madre y sin genealogía. Es necesario estudiar qué quiere decir este asunto, puesto que Melquisedec fue un hombre de carne y hueso, como podremos ver más adelante, pero sin embargo en este pasaje se nos presenta como alguien sobrehumano. Sin padre, sin madre, sin genealogía; ¿qué quiere decir esto?. Según los eruditos del griego todo ello se reduce a "sin genealogía". Para poder explicar esto, antes de nada, hemos de ver cómo la misma Escritura nos dice que no es que fuese un ser sobrehumano sino que "su genealogía no es contada de entre los hijos de Leví" (Hebreos 7:5,6). Es curioso que su genealogía no sea conocida y sin embargo era sacerdote, cuando las Escrituras mismas nos demuestran que un sacerdote no podía oficiar si no tenía genealogía, sin el comprobante de su descendencia. No podemos entender porqué Dios dio el sacerdocio a un hombre como Melquisedec del cual no tenemos nada registrado y que años después negase el sacerdocio a aquellos que no tuviesen genealogía (Esdras 2:61-63). Desde luego, Dios hace aquello que cree que debe hacer y no podemos decirle que porqué hace esto o aquello. El es Soberano, pero una cosa podemos aprender y es que quiso dejar en las Escrituras un tipo del Señor Jesucristo de una forma bien clara. Así como el Tabernáculo era figura de las cosas celestiales, así Dios quiso dejar a Melquisedec como figura o tipo de Cristo. Según el griego, la expresión "sin padre" significa uno que a nacido de padre humilde o desconocido, sin genealogía registrada. Aquí es curioso destacar que el Señor Jesucristo como hombre no tiene padre y como Dios no tiene madre. En Génesis no se nos dice nada del fin de su sacerdocio ni de su principio, ni tan siquiera que tuviese antecesor o sucesor. Tenemos registrado el fin del sacerdocio de Aarón pero no el de Melquisedec. Esto es significativo, el Hijo de Dios no se nos dice que fuese hecho semejante a Melquisedec, sino que éste fue hecho semejante al Hijo de Dios. Si Melquisedec fuese sacerdote para siempre nos encontraríamos con que tendríamos dos sacerdotes, y esto no lo enseña la Biblia. Además, la expresión "sin principio de días ni fin de vida" no se refiere a días de vida física, sino, según los eruditos en el griego, en relación a sus oficios como sacerdote y rey. O sea, que no sabemos cuando empieza y cuando acaba su ministerio. Es por eso que es hecho semejante al Hijo de Dios porque al no haber registro de principio de días es un tipo de Cristo por cuanto El no tiene principio ni fin en sus oficios como Sacerdote y Rey. Melquisedec era un hombre. No hay nada en el relato de Génesis 14 que indique que Melquisedec fuese un ser sobrehumano, puesto que es calificado como uno de los reyes y como un personaje histórico. E incluso, como algo a tener en cuenta, es que el "Diccionario Enciclopédico Alfa" de la editorial Salvat, edición de 1987, dice acerca de Melquisedec: "Sacerdote-rey de Salem (Jerusalén)". También el "Diccionario Enciclopédico Espasa" de la editorial Espasa Calpe, edición de 1988 dice: "Rey de Salem y sacerdote de Dios, contemporáneo de Abram. Fue confundido con el Mesías por algunos herejes de los siglos IV y V." Esto nos muestra que los paganos tienen a Melquisedec como un personaje histórico. Es posible que ellos no vean el tipo de Cristo en él, pero ven a un personaje histórico que existió y que era de carne y hueso. También podemos ver que la "Cadena Arábica" da de Melquisedec los siguientes datos: ''Que era el hijo de Heraclim, hijo de Peleg, hijo de Heber, y que el nombre de su madre era Salatiel, hija de Gomer, hijo de Jafet. el hijo de Noe." (Comentario Exegético Devocional a toda la Biblia, editorial Clie, por Matthiw Henrry, tomo 1, pág. 107). Las genealogías citadas aparecen en Génesis 10 y 11, aunque está incompleta. Un estudio más profundo de esta Cadena Arábica. nos daría más luz al asunto. Si fuese esta la única fuente que tenemos para decir que Melquisedec era un hombre, caeríamos en un grave error si la Biblia lo contradijese, pero como ya hemos visto la Biblia no dice que no sea humano. Pero esto nos sirve para reforzar lo que estamos diciendo.

Han habido diferentes pensamientos acerca de Melquisedec. Algunos pensaban, como Orígenes (185-253 d.C.), uno de los patriarcas de la Iglesia, que Melquisedec era un ángel. Los judíos, por otra parte, creían que era Sem, hijo de Noé. Los Melquisedecianos, una antigua secta seguidores de Melquisedec, pensaban que era el Espíritu Santo. Otros creían que era la Palabra Divina, Cristo. Ya hemos visto quién era este Melquisedec y he pretendido demostrar que no fue un ser sobre humano, sino que fue un hombre, un personaje histórico. Pero veamos ahora cómo el Señor dejó a este personaje, rey sacerdote, como un tipo del Señor Jesucristo, como una clara figura de Aquel que debía ser Sacerdote y Rey para siempre.

Veamos pues: Como ya he dicho, Melquisedec era rey y sacerdote, lo cual ya expuse en el comentario, y así de esta manera también Cristo, el cual es Sacerdote y Rey. Sabemos lo que significa su nombre, rey de justicia, y rey de paz (Rey de Salem), dos términos que de igual forma caracterizan al Mesías, porque él es Rey de justicia y Rey de Paz (Isaías 9:6; 11:5, 32:1; Jeremías 23-5,6). No se conoce genealogía alguna de Melquisedec. Se ignora su principio y su fin. No figura en ninguna genealogía levítica conocida (este asunto ya lo he expuesto en el comentario). En este sentido es un tipo del Cristo eterno quien aparece en medio de Israel sin descender de Aarón, sin pertenecer a la tribu de Leví, la sacerdotal, y que por la resurrección de entre los muertos queda como Sumo Sacerdote nuestro para siempre (Hebreos 7:13-16.24: Juan 1:1: 8:58). "A diferencia de Aarón, es mediante juramento que Dios confiere directamente a su Hijo este sacerdocio, de la manera que la consagración a Melquisedec no fue hecha por el camino establecido en Israel (Salmo 110:4; Hebreos 7:20-22)" ("Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado" Vila-Escuain, editorial Clie, pág. 746) Cuando Abraham volvía de la derrota de Quedarlaomer, Melquisedec le ofreció pan y vino (Génesis 14:18). Este hecho también nos lleva al pensamiento de la última cena del Señor cuando repartió el pan y el vino como señal de su muerte (Lucas 22:15-20). 

Melquisedec recibió los diezmos de Abram, o sea. de Leví. de quien habría de salir la tribu de los sacerdotes. Así que vemos que Meliquisedec se muestra superior al patriarca. Por ello su sacerdocio es mucho más elevado que el de los sacerdotes levitas y que el de Aarón (Hebreos 7:4-10). De la misma manera. el sacerdocio de Cristo sobrepasa en excelencia a todos los sacerdotes judaicos y humanos (Hebreos 7:26-28). Viene así a ser la base del Nuevo Pacto anunciado ya por los profetas e infinitamente superior al antiguo pacto (Hebreos 7:11,12,22; 8:6-12). Como ya dije en la introducción, he tratado de exponer de la manera más clara todo lo concerniente a este hombre, Melquisedec. Hay mucho más para hablar sobre el tema. Mucho más para investigar, ya que aunque parece algo simple, es más profundo de lo que a uno le pudiera parecer. La conclusión de todo lo expuesto, y después de haberlo meditado, es que no podemos decir que Melquisedec fuese otra cosa que un ser humano. O sea, que no era un ángel o el Mesías como hemos visto que algunos pensaban. El hecho de que las Escrituras no nos revelen la genealogía de Melquisedec, no quiere decir que no la tenga, porque podemos leer, por poner un ejemplo, de Sem en Génesis 11:11 que nos dice que "vivió Sem.. después que engendró a Arfaxad, quinientos años, y engendró hijos e hijas". ¿Quiénes son estos "hijos e hijas"? No lo sabemos porque la Palabra de Dios no lo revela, pero existen. Creo que lo expuesto ha sido suficientemente claro, pero lo que sí debo dejar claro es que Dios, en su soberanía, quiso dejar un tipo bien claro del Señor Jesucristo usando a un hombre para ello. Y no podemos decir que Dios no usa tipos, porque tenemos todo el Antiguo Testamento lleno de ellos. Por citar algunos tenemos el Tabernáculo, del cual el Señor dice que es figura de. las cosas celestiales. También tenemos a Moisés como tipo del Señor Jesucristo, sacando a un pueblo de la esclavitud y llevándolo por el desierto hasta la tierra prometida. Bueno, podríamos mencionar muchos más, pero creo que son suficientes.

jueves, 14 de febrero de 2019

BULAS PAPALES Y MASONERIA ( IV )

BULAS PAPALES Y MASONERIA ( IV )
(*) Herbert Oré Belsuzarri.

... Viene del Capitulo Anterior.

IV. El Mal Radical de la Masonería.

(Dogmática depravada)

[17]. La naturaleza y los métodos de la masonería quedan suficientemente aclarados con la sumaria exposición que acabamos de hacer. Sus dogmas fundamentales discrepan tanto y tan claramente de la razón, que no hay mayor depravación ideológica. Querer destruir la religión y la Iglesia, fundada y conservada perpetuamente por el mismo Dios, y resucitar, después de dieciocho siglos, la moral y la doctrina del paganismo, es necedad insigne e impiedad temeraria. Ni es menos horrible o intolerable el rechazo de los beneficios que con tanta bondad alcanzó Jesucristo, no sólo para cada hombre en particular, sino también para cuantos viven unidos en la familia o en la sociedad civil; beneficios, por otra parte, señaladísimos según el juicio y testimonio de los mismos enemigos. En este insensato y abominable propósito parece revivir el implacable odio y sed de venganza en que Satanás arde contra Jesucristo. De manera semejante, el segundo propósito de los masones, destruir los principios fundamentales del derecho y de la moral y prestar ayuda a los que, imitando a los animales, querrían que fuese lícito todo lo agradable, equivale a empujar al género humano ignominiosa y vergonzosamente a la muerte. Aumentan este mal los peligros que amenazan a la sociedad doméstica y a la sociedad civil. Porque, como hemos expuesto en otras ocasiones, el consentimiento casi universal de los pueblos y de los siglos demuestra que el matrimonio tiene algo de sagrado y religioso; pero además la ley divina prohíbe su disolución. Si el matrimonio se convierte en una mera unión civil, si se permite el divorcio, la consecuencia inevitable que se sigue en la familia es la discordia y la confusión, perdiendo su dignidad la mujer y quedando incierta la conservación y suerte posterior de la prole. La despreocupación pública total de la religión y el desprecio de Dios, como si no existiese, en la constitución y administración del Estado, constituyen un atrevimiento inaudito aun para los mismos paganos, en cuyo corazón y en cuyo entendimiento estuvo tan grabada no sólo la creencia en los dioses, sino la necesidad de un culto público, que consideraban más fácil de encontrar una ciudad en el aire que un Estado sin Dios. En realidad, la sociedad humana, a que nos sentimos naturalmente inclinados, fue constituida por Dios, autor de la naturaleza; y de Dios procede, como de principio y fuente, toda la perenne abundancia de los bienes innumerables que la sociedad disfruta. Por tanto, así como la misma naturaleza enseña a cada hombre en particular a rendir piadosa y santamente culto a Dios, por recibir de El la vida y los bienes que la acompañan, de la misma manera y por idéntica causa incumbe este deber a los pueblos y a los Estados. Y los que quieren liberar al Estado de todo deber religioso, proceden no sólo contra todo derecho, sino además con una absurda ignorancia. Y como los hombres nacen ordenados a la sociedad civil por voluntad de Dios, y el poder de la autoridad es un vínculo tan necesario a la sociedad que sin aquél ésta se disuelve necesariamente, síguese que el mismo que creó la sociedad creó también la autoridad. De aquí se ve que, sea quien sea el que tiene el poder, es ministro de Dios. Por lo cual, en todo cuanto exijan el fin y naturaleza de la sociedad humana, es razonable obedecer al poder legítimo cuando manda lo justo como si se obedeciera a la autoridad de Dios, que todo lo gobierna. Y nada hay más contrario a la verdad que suponer en manos del pueblo el derecho de negar obediencia cuando le agrade. De la misma manera nadie pone en duda la igualdad de todos los hombres si se consideran su común origen y naturaleza, el fin último a que todos están ordenados y los derechos y obligaciones que de aquéllos espontáneamente derivan. Pero como no pueden ser iguales las cualidades personales de los hombres y son muy diferentes unos de otros en los dotes naturales de cuerpo y alma y son muchas las diferencias de costumbres, voluntades y temperamentos, nada hay más contrario a la razón que pretender abarcarlo todo y confundirlo todo en una misma medida y llevar a las instituciones civiles una igualdad jurídica tan absoluta. Así como la perfecta disposición del cuerpo humano resulta de la unión armoniosa de miembros diversos, diferentes en forma y funciones, pero que vinculados y puestos en sus propios lugares constituyen un organismo hermoso, vigoroso y apto para la acción, así también en la sociedad política las desemejanzas de los individuos que la forman son casi infinitas. Si todos fuesen iguales y cada uno se rigiera a su arbitrio, el aspecto de este Estado sería horroroso. Pero si, dentro de los distintos grados de dignidad, aptitudes y trabajo, todos colaboran eficazmente al bien común, reflejarán la imagen de un Estado bien constituido y conforme a la naturaleza.

[18]. Los perturbadores errores que hemos enumerado bastan por sí solos para provocar en los Estados temores muy serios. Porque, suprimido el temor de Dios y el respeto de las leyes divinas, despreciada la autoridad de los gobernantes, permitida y legitimada la fiebre de las revoluciones, desatadas hasta la licencia las pasiones populares, sin otro freno que la pena, forzosamente han de seguirse cambios y trastornos universales. Estos cambios y estos trastornos son los que buscan de propósito, sin recato alguno, muchas asociaciones comunistas y socialistas. La masonería, que favorece en gran escala los intentos de estas asociaciones y coincide con ellas en los principios fundamentales de su doctrina, no puede proclamarse ajena a los propósitos de aquéllas. Y, si de hecho no llegan de modo inmediato y en todas partes a los mayores extremos, no ha de atribuirse esta falta a sus doctrinas ni a su voluntad, sino a la eficaz virtud de la inextinguible religión divina y al sector sano de la humanidad que, rechazando la servidumbre de las sociedades clandestinas, resiste con energía los locos intentos de éstas.

(Ambiciones masónicas)

[19]. ¡Ojalá juzgasen todos los árboles por sus frutos y conocieran la semilla radical de los males que nos oprimen y de los peligros que nos amenazan! Tenemos que enfrentarnos con un enemigo astuto y doloso que, halagando los oídos de los pueblos y de los gobernantes, se ha cautivado a los unos y a los otros con el cebo de la adulación y de las suaves palabras. Insinuándose entre los gobernantes con el pretexto de la amistad, pretendieron los masones convertirlos en socios y auxiliares poderosos para oprimir al catolicismo. Y para estimularlos con mayor eficacia, acusaron a la Iglesia con la incalificable calumnia de que pretendía arrebatar, por envidia, a los príncipes el poder y las prerrogativas reales. Afianzados y envalentonados entre tanto con estas maniobras, comenzaron a ejercer un influjo extraordinario en el gobierno de los Estados, preparándose, por otra parte, para sacudir los fundamentos de las monarquías y perseguir, calumniar y destronar a los reyes siempre que éstos procediesen en el gobierno de modo contrario a los deseos de la masonería. De modo semejante engañaron a los pueblos por medio de la adulación. Voceando a boca llena libertad y prosperidad pública y afirmando que por culpa de la Iglesia y de los monarcas no había salido ya la multitud de su inicua servidumbre y de su miseria, sedujeron al pueblo y, despertando en éste la fiebre de las revoluciones, le incitaron a combatir contra ambas potestades14. Sin embargo, la espera de estas ventajas tan deseadas es hoy día todavía mayor que su realidad; porque la plebe, más oprimida que antes, se ve forzada en su mayor parte a carecer incluso de los mismos consuelos de su miseria que hubiera podido hallar con facilidad y abundancia en la sociedad cristianamente constituida. Y es que todos los que se rebelan contra el orden establecido por la providencia suelen encontrar el castigo de su soberbia tropezando con una suerte desoladora y miserable allí mismo donde, temerarios, la esperaban, conforme a sus deseos, próspera y abundante.


[20]. La Iglesia, en cambio, que manda obedece primero y por encima de todo a Dios, soberano Señor de la creación, no puede sin injuria y falsedad ser acusada no como enemiga del poder político ni como usurpadora de los derechos de los gobernantes. Por el contrario, la iglesia manda dar al poder político, como criterio y obligación de conciencia, cuanto de derecho se le debe. Por otra parte, el que la Iglesia ponga en Dios mismo el origen del poder político, aumenta grandemente la dignidad de la autoridad civil y proporciona un apoyo no leve para obtener el respeto y la benevolencia de los ciudadanos. La Iglesia, amiga de la paz y madre de la concordia, abraza a todos con materno cariño. Ocupada únicamente en ayudar a los hombres, enseña que hay que unir la justicia con la clemencia, el poder con la equidad, las leyes con la moderación; que no debe ser violado el derecho de nadie; que hay que trabajar positivamente por el orden y la tranquilidad pública; que hay que aliviar, en la medida más amplia posible, pública y privadamente la miseria de los necesitados. “Pero la causa de que piensen –para servirnos de las palabras de San Agustín- o de que pretendan hacer creer que la doctrina cristiana no es provechosa para el Estado, es que no quieren un Estado apoyado sobre la solidez de las virtudes, sino sobre la impunidad de los viciosos”. Según todo lo dicho, sería una insigne prueba de prudencia política y una medida necesaria para la seguridad pública que los gobernantes y los pueblos se unieran no con la masonería para destruir la Iglesia, sino con la iglesia para destrozar los ataques de la masonería.

(Remedios)

[21]. Pero sea lo que sea, ante un mal tan grave y tan extendido ya, es nuestra obligación, venerables hermanos, consagrarnos con toda el alma a buscar los remedios. Y como la mejor y más firme esperanza de remedio está situada en la eficacia de la religión divina, tanto más odiada de los masones cuanto más temida por ellos, juzgamos que el remedio fundamental consiste en el empleo de esta virtud tan eficiente contra el común enemigo. Por consiguiente, todo lo que los Romanos Pontífices, nuestros antecesores, decretaron para impedir las iniciativas y los intentos de la masonería, todo lo que sancionaron para alejar a los hombres de estas sociedades o liberarlos de ellas, todas y cada una de estas disposiciones damos por ratificadas y confirmadas con nuestra autoridad apostólica. Y, confiados en la buena voluntad de los cristianos, rogamos y suplicamos a cada uno de ellos en particular por su eterna salvación que tengan como un debe sagrado de conciencia el no apartarse un punto de lo que en esta materia ordena la Sede Apostólica.

(Desenmascarar a la masonería)

[22]. A vosotros, venerables hermanos, os pedimos y rogamos con la mayor insistencia que, uniendo vuestros esfuerzos a los nuestros, procuréis con ahínco extirpar este inmundo contagio que va penetrando en todas las venas de la sociedad. Debéis defender la gloria de Dios y la salvación de los prójimos. Si miráis a estos fines en el combate, no ha de faltaros el valor ni la fortaleza. Vuestra prudencia os dictará el modo y los medios mejores de vencer los obstáculos y las dificultades que se levantarán. Pero como es propio de la autoridad de nuestro ministerio que Nos, indiquemos algunos medios más adecuados para la labor referida, quede bien claro que lo primero que debéis procurar es arrancar a los masones su máscara, para que sea conocido de todos su verdadero rostro; y que los pueblos aprendan, por medio de vuestros sermones y pastorales, escritas con este fin, las arteras maniobras de estas sociedades en el halago y en la seducción, la maldad de sus teorías y la inmoralidad de su acción. Que nadie que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación personal, juzgue serle lícito por ninguna causa inscribirse en la masonería, prohibición confirmada repetidas veces por nuestros antecesores. Que nadie sea engañado por una moralidad fingida. Pueden, en efecto, pensar algunos que nada piden los masones abiertamente contrarios a la religión y a la sana moral. Sin embargo, como toda la razón de ser de la masonería se basa en el vicio y en la maldad, la consecuencia necesaria es la ilicitud de toda unión con los masones y de toda ayuda prestada a éstos de cualquier modo.

La Declaración de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, del 26 de noviembre de 1983 dice:

“Se ha presentado la pregunta de si ha cambiado el juicio de la Iglesia respecto de la masonería, ya que en el nuevo Código de Derecho Canónico no está mencionada expresamente como lo estaba en el Código anterior.

Esta Sagrada Congregación puede responder que dicha circunstancia es debida a un criterio de redacción seguido también en el caso de otras asociaciones que tampoco han sido mencionadas por estar comprendidas en categorías más amplias.

Por tanto, no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión”.

Mucha agua ha pasado debajo del puente, la historia y la realidad da o quita razón conforme a la circunstancia a quién la tiene. La masonería que fué perseguida por estar en contra de la fe cristiana, curiosamente es la que mejor ha guardado las enseñanzas del modesto carpintero de Nazaret.

tomado de: http://es.scribd.com/doc/92378391/Herbert-Ore-Masoneria-Origen-y-Desarrollo



(*) Herbert Oré Belsuzarri, es autor de varios libros, artículos y monografías que se publican en diferentes medios como las Revistas Fenix News y Hiram Abiff. En Bibliotecas en Línea como:
monografías.com (http://www.monografias.com/).


También sus trabajos son publicados en diferentes Blogs.

miércoles, 13 de febrero de 2019

BULAS PAPALES Y MASONERIA ( III )

BULAS PAPALES Y MASONERIA ( III )
Herbert Oré Belsuzarri.

El Papa León XIII a través de la Encíclica HUMANUM GENUS dado el 30 de Abril de 1884 dice:

II. Juicio Fundamental Acerca de la Masonería.

[7]. Varias son las sectas que, aunque diferentes en nombre, ritos, forma y origen, al estar sin embargo, asociadas entre sí por la unidad de intenciones y la identidad en sus principios fundamentales, concuerdan de hecho con la masonería, que viene a ser como el punto de partida y el centro de referencia de todas ellas. Estas sectas, aunque aparentan rechazar todo ocultamiento y celebran sus reuniones a la vista de todo el mundo y publican sus periódicos, sin embargo, examinando a fondo el asunto, conservan la esencia y la conducta de las sociedades clandestinas. Tienen muchas cosas envueltas en un misterioso secreto. Y es ley fundamental de tales sociedades el diligente y cuidadoso ocultamiento de estas cosas no sólo ante los extraños, sino incluso ante muchos de sus mismos adeptos. Tales son, entre otras, las finalidades últimas y más íntimas, las jerarquías supremas de cada secta, ciertas reuniones íntimas y ocultas, los modos y medios con que deben ser realizadas las decisiones adoptadas. A este fin se dirigen la múltiple diversidad de derechos, obligaciones y cargos existentes entre los socios, la distinción establecida de órdenes y grados y la severidad disciplinar con que se rigen. Los iniciados tiene que prometer, más aún, de ordinario tienen que jurar solemnemente, no descubrir nunca ni en modo alguno a sus compañeros sus signos, sus doctrinas. Así, con esta engañosa apariencia y con un constante disimulo procuran con empeño los masones, como en otro tiempo los maniqueos, ocultarse y no tener otros testigos que sus propios conmilitones. Buscan hábilmente la comodidad del ocultamiento, usando el pretexto de la literatura y de la ciencia como si fuesen personas que se reúnen para fines científicos. Hablan continuamente de su afán por la civilización, de su amor por las clases bajas. Afirman que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y extender al mayor número posible de ciudadanos las ventajas propias de la sociedad civil. Estos propósitos, aunque fuesen verdaderos, no son, sin embargo, los únicos. los afiliados deben, además, dar palabra, y garantías de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y maestros; deben estar preparados a la menor señala e indicación de éstos para ejecutar sus órdenes; de no hacerlo así, deben aceptar los más duros castigos, incluso la misma muerte. De hecho, cuando la masonería juzga que algunos de sus seguidores han traicionado el secreto o han desobedecido las órdenes recibidas, no es raro que éstos reciban la muerte con tanta audacia y destreza, que el asesino burla muy a menudo las pesquisas de la policía y el castigo de la justicia. Ahora bien, esto de fingir y querer esconderse, de obligar a los hombres, como esclavos, con un fortísimo vínculo y sin causa suficientemente conocida, de valerse para cualquier crimen de hombres sujetos al capricho de otros, de armar a los asesinos procurándoles la impunidad de sus delitos, es un crimen monstruoso, que la naturaleza no puede permitir. Por esto, la razón y la misma verdad demuestran con evidencia que la sociedad de que hablamos es contraria a la justicia y a la moral natural.

[8]. Afirmación reforzada por otros argumentos clarísimos, que ponen de manifiesto esta contradicción de la masonería con la moral natural. Porque por muy grande que sea la astucia de los hombres para ocultarse, por muy excesiva que sea su costumbre de mentir, es imposible que no aparezca de algún modo en los efectos la naturaleza de la causa. No puede árbol bueno dar malos frutos, ni árbol malo dar buenos frutos. Los frutos de la masonería son frutos venenosos y llenos de amargura. Porque de los certísimos indicios que antes hemos mencionado, brota el último y principal de los intentos masónicos; a saber: la destrucción radical de todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo y la creación, a su arbitrio, de otro orden nuevo con fundamentos y leyes tomados de la entraña misma del naturalismo.

[9]. Todo lo que hemos dicho hasta aquí, y lo que diremos en adelante, debe entenderse de la masonería considerada en sí misma y como centro de todas las demás sectas unidas y confederadas con ella, pero no debe entenderse de cada uno de sus seguidores. Puede haber, en efecto, entre sus afiliados no pocas personas que, aunque culpables por haber ingresado en estas sociedades, no participan, sin embargo, por sí mismas de los crímenes de las sectas e ignoran los últimos intentos de éstas. De la misma manera, entre las asociaciones unidas a la masonería, algunas tal vez no aprueban en modo alguno ciertas conclusiones extremas, que sería lógico abrazar como consecuencias necesarias de principios comunes, si no fuese por el horror que causa su misma monstruosidad. Igualmente algunas asociaciones, por circunstancias de tiempo y lugar, no se atreven a ejecutar todo lo que querrían hacer y otras suelen realizar; no por esto, sin embargo, deben ser consideradas como ajenas a la unión masónica, porque esa unión masónica debe ser juzgada, más que por los hechos y realizaciones que lleva a cabo, por el conjunto de principios que profesa.

III. Naturaleza y Métodos de la Masonería
(Autonomía de la razón)

[10]. Ahora bien, el principio fundamental de los que profesan el naturalismo, como su mismo nombre declara, es que la naturaleza humana y la razón natural del hombre han de ser en todo maestras y soberanas absolutas. Establecido este principio, los naturalistas, o descuidan los deberes para con Dios, o tiene de éstos un falso concepto impreciso y desviado. Niegan toda revelación divina. No admiten dogma religioso alguno. No aceptan verdad alguna que no pueda ser alcanzada por la razón humana. Rechazan todo maestro a quien haya que creer obligatoriamente por la autoridad de su oficio. Y como es oficio propio y exclusivo de la Iglesia católica guardar enteramente y defender en su incorrupta pureza el depósito de las doctrinas reveladas por Dios, la autoridad del magisterio y los demás medios sobrenaturales para la salvación, de aquí que todo el ataque iracundo de estos adversarios se haya concentrado sobre la Iglesia. Véase ahora el proceder de la masonería en lo tocante a la religión, singularmente en las naciones en que tiene una mayor libertad de acción, y júzguese si es o no verdad que todo su empeño se reduce a traducir en los hechos las teorías del naturalismo.

Hace mucho tiempo que se trabaja tenazmente para anular todo posible influjo del magisterio y de la autoridad de la Iglesia en el Estado. Con este fin hablan públicamente y defienden la separación total de la Iglesia y del Estado. Excluyen así de la legislación y de la administración pública el influjo saludable de la religión católica. De lo cual se sigue la tesis de que la constitución total del Estado debe establecerse al margen de las enseñanzas y de los preceptos de la Iglesia.



Pero no les basta con prescindir de tan buena guía como es la Iglesia. La persiguen, además, con actuaciones hostiles. Se llega, en efecto, a combatir impunemente de palabra, por escrito y con la enseñanza los mismos fundamentos de la religión católica. Se niegan los derechos de la Iglesia. No se respetan las prerrogativas con que Dios la enriqueció. Se reduce al mínimo su libertad de acción, y esto con una legislación en apariencia no muy violenta, pero en realidad dada expresamente para impedir la libertad de la Iglesia. Vemos, además, al clero oprimido con leyes singularmente graves, promulgadas para disminuir cada día más su número y para reducir sus recursos; el patrimonio eclesiástico que todavía queda, gravado con todo género de cargas y sometido enteramente al juicio arbitrario del Estado; y las Ordenes religiosas suprimidas y dispersas. Pero el esfuerzo más enérgico de los adversarios se lanza principalmente contra la Sede Apostólica y el Romano Pontífice. Primeramente le ha sido arrebatado a éste, con fingidos pretextos, el poder temporal, baluarte de su libertad y de sus derechos. A continuación ha sido reducido el Romano Pontífice a una situación injusta, a la par que intolerable, por las dificultades que de todas partes se le oponen. Finalmente, hemos llegado a una situación en la que los fautores de las sectas proclaman abiertamente lo que en oculto habían maquinado durante largo tiempo; esto es, que hay que suprimir la sagrada potestad del Pontífice y que hay que destruir por completo el pontificado instituido por derecho divino. Aunque faltasen otras pruebas, lo dicho está probado suficientemente por el testimonio de los mismos jefes sectarios, muchos de los cuales, en diversas ocasiones, y últimamente en una reciente memoria, han declarado como objetivo verdadero de la masonería el intento capital de vejar todo lo posible al catolicismo con una enemistad implacable, sin descansar hasta ver deshechas todas las instituciones establecidas por los papas en la esfera religiosa. Y si los afiliados a la masonería no están obligados a abjurar expresamente de la fe católica, esta táctica está lejos de oponerse a los intentos masónicos, que más bien sirve a sus propósitos. En primer lugar, porque éste es el camino de engañar fácilmente a los sencillos y a los incautos y de multiplicar el número de adeptos. Y en segundo lugar, porque al abrir los brazos a todos los procedentes de cualquier credo religioso, logran, de hecho, la propagación del gran error de los tiempos actuales: el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos. Conducta muy acertada para arruinar todas las religiones, singularmente la católica, que, como única verdadera, no puede ser igualada a las demás sin suma injusticia.

(Errores metafísicos)

[11]. Pero los naturalistas avanzan más todavía. Lanzados audazmente por la vía del error en los asuntos de mayor importancia, caen despeñados por el precipicio de las conclusiones más extremistas, ya sea por la flaqueza de la naturaleza humana, ya sea por justo juicio de Dios, que castiga el pecado de la soberbia naturalista. De esta manera sucede que para esos hombres pierden toda su certeza y fijeza incluso las verdades conocidas por la sola luz natural de la razón, como son la existencia de Dios y la espiritualidad e inmortalidad del alma humana. Por su parte, la masonería tropieza con estos mismos escollos a través de un camino igualmente equivocado. Porque si bien reconocen generalmente la existencia de Dios, afirman, sin embargo, que esta verdad no se halla impresa en la mente de cada uno con firme asentimiento y estable juicio. Reconocen, en efecto, que el problema de Dios es entre ellos la causa principal de divisiones internas. Más aún, es cosa sabida que últimamente ha habido entre ellos, por esta misma cuestión, una no leve contienda. Pero, en realidad, la secta concede a sus iniciados una libertad absoluta para defender la existencia de Dios o para negarla; y con la misma facilidad se recibe a los que resueltamente defienden la opinión negativa como a los que piensan que Dios existe, pero tienen acerca de Dios un concepto erróneo como los panteístas, lo cual equivale a conservar una absurda idea de la naturaleza divina, rechazando la verdadera noción de ésta. Destruido o debilitado este principio fundamental, síguese lógicamente la inestabilidad en las verdades conocidas por la razón natural: la creación libre de todas las cosas por Dios, la providencia divina sobre el mundo, la inmortalidad de las almas, la vida eterna que ha de suceder a la presente vida temporal.

(Moral cívica)

[12]. Perdidas estas verdades, que son como principios del orden natural, trascendentales para el conocimiento y la práctica de la vida, fácilmente aparece el giro que ha de tomar la moral pública y privada. No nos referimos a las virtudes sobrenaturales, que nadie puede alcanzar ni ejercitar sin especial don gratuito de Dios. Por fuerza no puede encontrarse vestigio alguno de estas virtudes en los que desprecian como inexistentes la redención del género humano, la gracia divina, los sacramentos y la bienaventuranza que se ha de alcanzar en el cielo. Hablamos aquí de las obligaciones derivadas de la moral natural. Un Dios creador y gobernador providente del mundo; una ley eterna que manda conservar el orden natural y prohibe perturbarlo; un fin último del hombre, muy superior a todas las realidades humanas y colocado, más allá de esta transitoria vida terrena. Estas son las fuentes, éstos son los principios de toda moral y de toda justicia. Si se suprimen, como suelen hacer el naturalismo y la masonería, la ciencia moral y el derecho quedan destituidos de todo fundamento y defensa. En efecto, la única moral que reconoce la familia masónica, y en la que, según ella, ha de ser educada la juventud, es la llamada moral cívica, independiente y libre; es decir, una moral que excluya toda idea religiosa. Pero la debilidad de esta moral, su falta de firmeza y su movilidad a impulso de cualquier viento de pasiones, están bien demostradas por los frutos de perdición que parcialmente están ya apareciendo. Pues dondequiera que esta educación ha comenzado a reinar con mayor libertad, suprimiendo la educación cristiana, ha producido la rápida desintegración de la sana y recta moral, el crecimiento vigoroso de las opiniones más horrendas y el aumento ilimitado de las estadísticas criminales. Muchos son los que deploran públicamente estas consecuencias. Incluso no son pocos los que, aun contra su voluntad, las reconocen obligados por la evidencia de la verdad.

[13]. Pero además, como la naturaleza humana quedó manchada con la caída del primer pecado y, por esta misma causa, más inclinada al vicio que a la virtud, es totalmente necesario para obrar moralmente bien sujetar los movimientos desordenados del espíritu y someter los apetitos a la razón. Y para que en este combate la razón vencedora conserve siempre su dominio se necesita muy a menudo el despego de todas las cosas humanas y la aceptación de molestias y trabajos muy grandes. Pero los naturalistas y los masones, al no creer las verdades reveladas por Dios, niegan el pecado del primer padre de la humanidad, y juzgan por esto que el libre albedrío “no está debilitado ni inclinado al pecado”. Por el contrario, exagerando las fuerzas y la excelencia de la naturaleza y poniendo en ésta el único principio regulador de la justicia, ni siquiera pueden pensar que para calmar los ímpetus de la naturaleza y regir los apetitos sean necesarios un prolongado combate y una constancia muy grande. Por esto vemos el ofrecimiento público a todos los hombres de innumerables estímulos de las pasiones; periódicos y revistas sin moderación ni vergüenza alguna; obras teatrales extraordinariamente licenciosas; temas y motivos artísticos buscados impúdicamente en los principios del llamado realismo; artificios sutilmente pensados para satisfacción de una vida muelle y delicada; la búsqueda, en una palabra, de toda clase de halagos sensuales, ante los cuales cierre sus ojos la virtud adormecida. al obrar así proceden criminalmente, pero son consecuentes consigo mismos todos los que suprimen la esperanza de los bienes eternos y la reducen a los bienes caducos, hundiéndola en la tierra. Los hechos referidos pueden confirmar una realidad fácil de decir, pero difícil de creer. Porque como no hay nadie tan esclavo de las hábiles maniobras de los hombres astutos como los individuos que tienen el ánimo enervado y quebrantado por la tiranía de las pasiones, hubo en la masonería quienes dijeron y propusieron públicamente que hay que procurar con una táctica pensada sobresaturar a la multitud con una licencia infinita en materia de vicios; una vez conseguido este objetivo, la tendrían sujeta a su arbitrio para acometer cualquier empresa.

(Familia y educación)

[14]. Por lo que toca a la sociedad doméstica, toda la doctrina de los naturalistas se reduce a los capítulos siguientes: el matrimonio pertenece a la categoría jurídica de los contratos. Puede rescindirse legalmente a voluntad de los contrayentes. La autoridad civil tiene poder sobre el vínculo matrimonial. En la educación de los hijos no hay que enseñarles cosa alguna como cierta y determinada en materia de religión; que cada uno al llegar a la adolescencia escoja lo que quiera. Los masones están de acuerdo con estos principios. no solamente están de acuerdo, sino que se empeñan, hace ya tiempo, por introducir estos principios en la moral de la vida diaria. En muchas naciones, incluso entre las llamadas católicas, está sancionado legalmente que fuera del matrimonio civil no haya unión legítima alguna. En algunos Estados la ley permite el divorcio. En otros Estados se trabaja para lograr cuanto antes la licitud del divorcio. De esta manera se tiende con paso rápido a cambiar la naturaleza del matrimonio, convirtiéndolo en una unión inestable y pasajera, que la pasión haga o deshaga a su antojo. La masonería tiene puesta también la mirada con total unión de voluntades en el monopolio de la educación de los jóvenes. Piensan que pueden modelar fácilmente a su capricho esta edad tierna y flexible y dirigirla hacia donde ellos quieren y que éste es el medio más eficaz para formar en la sociedad una generación de ciudadanos como ellos imaginan. Por esto, en materia de educación y enseñanza no permiten la menor intervención y vigilancia de los ministros de la Iglesia, y en varios lugares han conseguido que toda la educación de los jóvenes esté en manos de los laicos y que al formar los corazones infantiles nada se diga de los grandes y sagrados deberes que unen al hombre con Dios.

(Doctrina Política)

[15]. Vienen a continuación los principios de la ciencia política. En esta materia los naturalistas afirman que todos los hombres son jurídicamente iguales y de la misma condición en todos los aspectos de la vida. Que todos son libres por naturaleza. Que nadie tiene el derecho de mandar a otro y que pretender que los hombres obedezcan a una autoridad que no proceda de ellos mismos es hacerle violencia. Todo está, pues, en manos del pueblo libre; el poder político existe por mandato o delegación del pueblo, pero de tal forma que, si cambia la voluntad popular, es lícito destronar a los príncipes aun por la fuerza. La fuente de todos los derechos y obligaciones civiles está o en la multitud o en el gobierno del Estado, configurando por supuesto según los principios del derecho nuevo. Es necesario, además, que el Estado sea ateo. No hay razón para anteponer una religión a otra entre las varias que existen. Todas deben ser consideradas por igual.

[16]. Que los masones aprueban igualmente estos principios y que pretenden constituir los Estados según este modelo son hechos tan conocidos que no necesitan demostración. Hace ya mucho tiempo que con todas sus fuerzas y medios pretenden abiertamente esta nueva constitución del Estado. Con lo cual están abriendo el camino a otros grupos más audaces que se lanzan sin control a pretensiones peores, pues procuran la igualdad y propiedad común de todos los bienes, borrando así del Estado toda diferencia de clases y fortuna.

El texto continua en la siguiente entrega...

tomado de: http://es.scribd.com/doc/92378391/Herbert-Ore-Masoneria-Origen-y-Desarrollo





(*) Herbert Oré, desde hace algunos años se ha destacado como autor y escritor de temas masónicos especialmente, con una gran aceptación entre iniciados y quienes no lo son.

martes, 12 de febrero de 2019

BULAS PAPALES Y MASONERIA ( II )

BULAS PAPALES Y MASONERIA ( II )
Herbert Oré Belsuzarri.


La ENCÍCLICA “ECCLESIAM” del Papa Pío VII dado el 13 de Septiembre de 1821 ratifica las dos encíclicas anteriores y comprende también a los “carbonarios” como enemigos de la Iglesia Católica.

El Papa León XII el 13 de marzo de 1826 da la CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA “QUO GRAVIORA” que dice: “Nosotros condenamos particularmente y declaramos nulos los juramentos impíos y culpables por los cuales aquéllos que ingresando en esas sociedades, se obligan a no revelar a ninguna persona lo que ellos tratan en las sectas y a condenar a muerte los miembros de la sociedad que llegan a revelarlo a los superiores eclesiásticos o laicos. ¿Acaso no es, en efecto, un crimen el tener como un lazo obligatorio un juramento, es decir un acto debido en estricta justicia, que lleva a cometer un asesinato, y a despreciar la autoridad de aquellos que, teniéndola carga del poder eclesiástico o civil, deben conocer todo lo que importa a la religión o a la sociedad, y aquello que puede significar un atentado a la tranquilidad? Los Padres del Concilio de Letrán han dicho con mucha sabiduría: “que no puede considerarse como juramento, sino como perjurio, en todo aquel que ha realizado una promesa en perjuicio de la Iglesia y con las reglas de la traición”...”.

Además exhorta: “En fin, Nos dirigimos con afecto a aquellos que, a pesar de las luces recibidas y la parte que ellos han tenido como don celestial y por gracia del Espíritu Santo, han tenido la desgracia de dejarse seducir y de entrar en estas asociaciones, sea en los grados inferiores, sean en los grados mas elevados. Nosotros que ocupamos el lugar de Aquél que ha dicho que no ha venido para llamar a los justos sino a los pecadores, y que se comparó al pastor que, abandonando el resto del rebaño, busca con inquietud la oveja que se había perdido, y los apresuramos y rogamos para retornar a Jesucristo. Sin duda, ellos han cometido un gran crimen; sin embargo no deben desesperar de la misericordia y de la clemencia de Dios y de su Hijo Jesucristo; que vuelvan a los caminos del Señor. El no los rechazará, sino que a semejanza del padre del hijo pródigo, abrirá sus brazos para recibirlos con ternura. Para hacer todo lo que esta en nuestro poder, y para hacerles más fácil el camino de la penitencia, suspendemos, durante el término de un año, a partir de la publicación de estas Letras Apostólicas, la obligación de denunciar a sus hermanos, y declaramos que pueden ser absueltos de las censuras sin igualmente denunciar sus cómplices, por cualquier confesor aprobado por los Ordinarios”.

El Papa Pío VIII el 24 de mayo de 1829 da la ENCÍCLICA “TRADITI” en ocasión de la toma de posesión del Pontificado, en la que renueva los anatemas pronunciados por sus predecesores contra las sociedades secretas. En el presente caso, la indignación de Pío VIII, lo fuerza a usar vehementes términos contra la sociedad secreta que expresamente condena, la llamadaUniversitaria, por la cual, “maestros infames, depravaban a la juventud italiana”.

“Entre esas sociedades secretas hemos de hablaros de una constituida recientemente, cuyo objeto es corromper las almas de los jóvenes que estudian en las escuelas y en los liceos. Como es sabido que los que estudian en las escuelas y en los liceos. Como es sabido que los preceptos de los maestros sirven en gran manera para formar el corazón y el entendimiento de los discípulos, se procura por toda clase de medios y de amaños dar a la juventud maestros depravados que los conduzcan a los caminos de Baal, por medio de doctrinas contrarias a las de Dios, y con cuidado asiduo y pérfido, contaminen por sus enseñanzas, las inteligencias y los corazones de aquellos a quienes instruyen.

De ello resulta que estos jóvenes caen en una licencia tan lamentable que llegan a perder todo respeto por la religión, abandonan toda regla de conducta, menosprecian la santidad de la doctrina, violan todas las leyes divinas y humanas, y se entregan sin pudor a toda clase de desórdenes, a todos los errores, a toda clase de audacias; de modo que bien puede decirse de ellos con San León el Grande: “Su ley es la mentira; su Dios el demonio, y su culto el libertinaje”.

Alejad, Venerables Hermanos, de vuestras diócesis todos estos males, y procurad por todos los medios que estén en vuestra mano, y empleando la autoridad y la dulzura, que los hombres distinguidos tanto en las ciencias y letras, como por su pureza de costumbres y por sus religiosos sentimientos, se encarguen de la educación de la juventud.

Velad acerca de los dicho, especialmente en los seminarios, cuya inspección os concedieron los Padres del concilio de Trento (Sesión XXV, capítulo VIII, de Reformat), puesto que de ellos han de salir los que perfectamente instruidos en la disciplina cristiana y eclesiástica y en los principios de la sana doctrina, han de demostrar con el tiempo hallarse animados de tan grande espíritu religioso en el cumplimiento de su divino ministerio, poseer tan grandes conocimientos en la instrucción de los pueblos, y tanta austeridad de costumbres, que han de hacerse agradables a los ojos del que esta allá arriba, y atraer por medio de la palabra divina a los que se aparten de los senderos de la justicia.

Esperamos de vuestro celo por el bien de la Iglesia que procuréis obrar con acierto en la elección de las personas destinadas a cuidar de la salvación de las almas. En efecto, de la buena elección de los párrocos depende principalmente la salvación del pueblo, y nada contribuye tanto a la perdición de las almas como confiarlas a los que anteponen su interés al de Jesucristo, o a personas faltas de prudencia, las cuales, mal instruidas en la verdadera ciencia, siguen todos los vientos y no conducen a sus rebaños a los saludables pastos que no conocen o desprecian.

Como aumenta día a día de un modo prodigioso el número de esos contagiosos libros, con cuyo auxilio las doctrinas impías se propagan como la gangrena en todo el cuerpo de la Iglesia, es preciso que veléis por vuestro rebaño, y que hagáis todo lo posible para librarlos del contagio de esos malos libros, que de todos el más funesto. Recordad a menudo a las ovejas de Jesucristo que os están confiadas, las máximas de nuestro santo predecesor y bienhechor Pío VII, a saber: “que sólo deben tener por saludables los pastos adonde los guíen la voz y la autoridad de Pedro, que solo han de alimentarse de ellos, que miren como perjudicial y contagioso lo que dicha voz les indique como tal, que se aparten de ello con horror, y que no se dejen halagar por las apariencias ni engañar por atractivos...”

ENCÍCLICA QUI PLURIBUS del Papa Pío IX, dado el 9 de setiembre de 1826:“Sabemos, Venerables Hermanos, que en los tiempos calamitosos que vivimos, hombres unidos en perversa sociedad e imbuidos de malsana doctrina, cerrando sus oídos a la verdad, han desencadenado una guerra cruel y temible contra todo lo católico, han esparcido y diseminado entre el pueblo toda clase de errores, brotados de la falsía y de las tinieblas. Nos horroriza y nos duele en el alma considerar los monstruosos errores y los artificios varios que inventan para dañar; la insidias y maquinaciones con que estos enemigos de la luz, estos artífices astutos de la mentira se empeñan en apagar toda piedad, justicia y honestidad; en corromper las costumbres; en conculcar los derechos divinos y humanos, en perturbar la Religión católica v la sociedad civil, hasta, si pudieran arrancarlos de raíz.

Porque sabéis, Venerables Hermanos, que estos enemigos del hombre cristiano, arrebatados de un ímpetu ciego de alocada impiedad, llegan en su temeridad hasta a enseñar en público, sin sentir vergüenza, con audacia inaudita abriendo su boca y blasfemando contra Dios, que son cuentos inventados por los hombres los misterios de nuestra Religión sacrosanta, que la Iglesia va contra el bienestar de la sociedad humana, y que aún se atreven a insultar al mismo Cristo y Señor. Y para reírse con mayor facilidad de los pueblos, engañar a los incautos y arrastrarlos con ellos al error, imaginándose estar ellos solos en el secreto de la prosperidad, se arrogan el nombre de filósofos, como si la filosofía, puesta para investigar la verdad natural, debiera rechazar todo lo que el supremo y clementísimo Autor de la naturaleza, Dios, se dignó, por singular beneficio y misericordia, manifestar a los hombres para que consigan la verdadera felicidad”.

El Papa Pío IX a través del QUIBUS QUANTISQUE... (Pronunciada en Gaeta el 20 de abril de 1849) dice: “Nadie desconoce cuántas Sociedades Secretas, cuántas Sectas crearon, establecieron y designaron bajo diversos nombres y en distintas épocas, estos propagadores de dogmas perversos, deseando así insinuar con más eficacia en las inteligencias, sus extravagancias, sus sistemas y el furor de sus pensamientos, corromper los corazones sin defensa, y abrir a todos los crímenes el camino ancho de la inmunidad.

Estas Sectas abominables de perdición, tan fatales para la salvación de las almas como para el bien y la tranquilidad de la sociedad temporal, fueron condenadas por los Pontífices Romanos Nuestros antecesores. A Nos mismo nos han causado constantemente horror estas Sectas. Nos las hemos condenado con Nuestra Carta Encíclica del 9 de noviembre de 1946, dirigida a todos los Obispos de la Iglesia Católica, y hoy, una vez más, en virtud de Nuestra Suprema Autoridad Apostólica, las condenamos, las prohibimos y las proscribimos... “

Posteriormente Pío IX en su ALOCUCIÓN CONSISTORIAL (Pronunciada el 9 de diciembre de 1854, al día siguiente de la solemne definición del dogma de la Inmaculada Concepción), manifiesta: “Nos, hemos siempre de gemir sobre la existencia de una raza impía de incrédulos que quisieron exterminar el culto religioso, si ello les fuese posible; y hay que sumar a éstos, sobre todo a aquellos afiliados de las Sociedades Secretas, quienes, ligados entre sí por un pacto criminal, no descuidan ningún medio para trastornar a la Iglesia y al Estado por la violación de todos los derechos. Sobre ellos recaen por cierto estas palabras del Divino Reparador: «Sois los hijos del demonio y queréis hacer las obras de vuestro padre»...”

Nuevamente Pío IX en su ALOCUCIÓN CONSISTORIAL, pronunciada en Roma, el 25 de septiembre de 1865, argumenta que: “La Secta masónica de la que hablamos no fue ni vencida ni derribada: por el contrario, se ha desarrollado hasta que, en estos días difíciles, se muestra por todas partes con impunidad y levanta la frente más audazmente que nunca. Por tanto hemos juzgado necesario volver sobre este tema, puesto que en razón de la ignorancia en que tal vez se está de los culpables designios que se agitan en estas reuniones clandestinas, se podría pensar equivocadamente que la naturaleza de esta sociedad es inofensiva, que esta institución no tiene otra meta que la de socorrer a los hombres y ayudarlos en la adversidad; por fin, que no hay nada que temer de ella en relación a la Iglesia de Dios.

Sin embargo, ¿quién no advierte cuánto se aleja semejante idea de la verdad? ¿Qué pretende pues esta asociación de hombres de toda religión y de toda creencia? ¿Por qué estas reuniones clandestinas y este juramento tan riguroso exigido a los iniciados, los cuáles se comprometen a no revelar nada de lo que a ellas se refiera? ¿Y por qué esta espantosa severidad de los castigos a los cuales se someten los iniciados, en el caso de que falten a la fe del juramento?

Por cierto tiene que ser impía y criminal una sociedad que huye así del día y de la luz; pues el que actúa mal, dice el Apóstol, odia la luz.”

Y en esta alocución nuevamente condena a la masonería: “por Nuestra autoridad apostólica, reprobamos y condenamos esta Sociedad masónica y las demás del mismo tipo que, aunque difieran en apariencia se forman todos los días con la misma meta , y conspiran, ya abiertamente, ya clandestinamente, contra la Iglesia o los poderes legítimos; y ordenamos a todos los Cristianos, de toda condición, de todo rango, de toda dignidad y de todo país, bajo las mismas penas especificadas en las Constituciones anteriores de Nuestros antecesores, considerar estas mismas Sociedades como proscriptas y reprobadas por Nos. Ahora, para satisfacer los votos y la solicitud de Nuestro corazón paternal, no Nos queda más que advertir y exhortar a los fieles que se hubieran asociado a Sectas de este tipo, que obedezcan a inspiraciones más sabias y abandonen estos conciliábulos funestos para que no sean arrastrados al abismo de la ruina eterna”.

tomado de: http://es.scribd.com/doc/92378391/Herbert-Ore-Masoneria-Origen-y-Desarrollo



(*) Herbert Oré Belsuzarri, es un destacado escritor masón de la República del Perú. Tiene publicado muchos trabajos de interés masónico.