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domingo, 4 de septiembre de 2016

- La Deidad -

- La Deidad -
Raymond François AUBOURG DEJEAN

En nuestra sed de conocimiento, intentamos comprenderlo todo y explicarlo todo... hasta lo inexplicable. Intentamos en vano de comprender todo y comprender a Dios, percibir y comprender su omniconsciencia, ominipotencia, omnipresencia, omnisciencia a través de los actos de la vida. Intentamos, gracias a nuestros radiotelescopios, de entreverlo aunque sea un solo instante en el universo... vana búsqueda. 

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La total abstracción de Dios lo vuelve definitivamente invisible a nuestros ojos curiosos y a nuestra mente inquieta. Gracias a nuestros sentidos que, a pesar de que en nombre de la razón, han perdido sus instintos primordiales, intentamos comprender la abstracción divina. Gracias a la teosofía y al deismo que hemos heredado de nuestros ancestros educados en las religiones primitivas, podemos definir su principio; pero queremos otra cosa, queremos más; no nos satisfacemos solo con los efectos; queremos la causa, queremos la realidad, queremos la revelación, la concreción de nuestra esperanza y de nuestra fe en lo desconocido, en lo irrevelable que queremos ver revelado.

La comprensión de lo que es Dios, es de la mejor imposibilidad; para la ciencia, Dios es una causa; para la filosofía, una idea; para la religión, una persona. Dios es para el científico una fuerza primordial; para el filósofo, una hipótesis de unidad y para el religioso, una experiencia espiritual viviente (*49). La creencia en un «Principio Creador» es uno de los fundamentos de la Masonería universal, ya que originado en numerosos años de operativismo de la construcción, los Masones saben que nada puede ser creado sin Creador; el Universo y la vida no escapan a ese principio; pero, ¿ Cuál es el origen de la fuerza que puede generar tanta potencia, tanta creación, tanta armonía ?¿ Es efecto o causa ? ¿ Dónde está situada ? ¿ En Dios ?. 

Pues, si la fuerza está en el universo ¿ Dónde está Dios ? (*4). Viviendo en una civilización educada en la religión judeocristiana explicando que Dios es nuestro Padre Creador, lo imaginamos beatamente como nuestro genitor, tal como nuestro padre carnal; es por eso que nuestra tradición popular lo representa como un patriarca bondadoso y barbudo.

Siendo el Creador, él reina tal como un Rey sobre su creación y tal como un Monarca, él está sentado sobre su trono. Estando en el «cielo», su trono no puede estar situado sino sobre las nubes; es bajo está forma que nuestros ancestros nos transmitieron, hace mil generaciones, la imagen del Creador. 

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