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jueves, 15 de septiembre de 2016

¿Existían brujas reales en la Europa de la Edad Moderna?

¿Existían brujas reales en la Europa de la Edad Moderna? Una reflexión histórica y social.



Para abordar esta cuestión debemos tener en cuenta un hecho fundamental: la imagen de la bruja que se tenía en las postrimerías de la Edad Media y durante todo el periodo moderno estaba constituida por numerosos elementos que se habían ido acumulando a lo largo de muchos siglos. Fundamentalmente reminiscencias y restos de cultos paganos (ecos lejanos de rituales germánicos, célticos o incluso grecolatinos, donde la mujer tenía una importancia capital en el mundo mágico), tradiciones populares, prejuicios sociales, etc. Todo ello, como digo, fue conformando una imagen estereotipada de la bruja como tal, donde tuvo una especial fuerza para tal fin la demonización de ciertas prácticas que se asociaron con la brujería, llevando así a la intolerancia y a la persecución, en una sociedad impregnada por los valores y la moral de una férrea doctrina cristiana. 

La pregunta que encabeza esta reflexión es de difícil respuesta, no en tanto al componente mágico, es decir, si existían verdaderas brujas con poderes, pues todos sabemos que la magia no existe, sino al intento de determinar si existían esa clase de brujas “construidas”, esa imagen estereotipada de la bruja creada y convertida en motivo de persecución: ¿existían las brujas que realizaban pactos con el diablo, organizaban aquelarres y orgías salvajes o devoraban niños, que con tanto empeño persiguieron los inquisidores y los tribunales civiles en la época moderna? Intentemos dar respuesta a este interrogante. 

Primeramente, al detenernos en la imagen que se tenía de una bruja en la modernidad, observamos una serie de rasgos típicos: mujer de edad avanzada, apartada de la sociedad y con cierto grado de marginación social, sospechosa de realizar pactos con el Diablo (a veces junto con otras brujas), capaz de realizar vuelos nocturnos, devoradora de niños, y otras tantas atribuciones más. Debemos tener en cuenta que toda fantasía tiene una fuerte base real, y en el caso de la reconstrucción del mundo de las brujas, se amalgaman visiones derivadas de los prejuicios cristianos sobre lo que a sus ojos es pagano, no vinculado a la creencia oficial, y la cultura y saber populares, de largos siglos de elaboración y transmisión campesina. La persecución de la brujería fue sin duda uno de los mecanismos puestos en marcha con el fin de destruir la cultura popular, y sus antiguos saberes, los cuales habían sobrevivido durante siglos. En los procesos de brujería se observa una gran mayoría de mujeres acusadas, en gran parte debido a que las mujeres eran precisamente las encargadas de salvaguardar esta sabiduría popular. Así pues, la Iglesia y el cristianismo en general comenzaron a demonizar estas prácticas que tanto tiempo se habían estado realizando, vinculándolas con rituales satánicos y otras veces, sobre todo cuando intervenían varios individuos, en orgías desenfrenadas. La demonización de estas antiguas prácticas llevó a la intolerancia y a la persecución. La imagen de la bruja satánica fue un importante mecanismo de control social y de dominio sobre el diferente. Fue la manera más eficiente de imponer una cultura hegemónica como la cristiana y erradicar de forma sistemática el saber y la cultura populares. Tampoco debemos olvidar, tal y como nos sugiere el especialista en el tema Stuart Clarke en su artículo “Brujería e imaginación histórica. Nuevas interpretaciones de la demonología en la Edad Moderna”, que la reforma religiosa llevada a cabo en este periodo, tanto de manos de católicos como de protestantes, intentó cambiar las creencias morales y espirituales de los europeos, viendo en la brujería y todo lo relacionado con ella, uno de sus principales impedimentos para realizar tal labor. Por ello la brujería fue objeto de numerosos ataques, tanto a nivel literario como en lo que a persecuciones se refiere, contribuyendo a que se crease una imagen despreciable de este colectivo.


No obstante, podemos ahondar más en la imagen de la bruja creada en la Edad Moderna. Sin embargo, para intentar comprender algunos de los motivos de esas atribuciones ficticias dadas a la figura de la bruja, deberemos acercarnos, en mi opinión, a algunos escritos de autores especialistas sobre la cuestión cuyo ámbito de estudio se centra en nuestra psiqué más profunda, en nuestros miedos más escondidos. Para ello veamos lo que nos dice Norman Cohn en el postafio de su obra “Los demonios familiares de Europa” sobre esta cuestión, sobre la fantasía y nuestros temores, algo intrínsicamente relacionado con la pregunta que estamos intentando contestar. 
Según el autor británico, las brujas, los hechiceros y demás individuos que practicaban actividades mágicas malignas representaban de una forma u otra los miedos más internos y ofuscadores que atormentaban a los europeos. Una serie de aspectos interesantes resaltados por Cohn y puestos en relación con esa invención de la imagen de la bruja a finales de la Edad media y sobre todo en época moderna, son, por un lado, la atribución a este colectivo de prácticas caníbales con niños y, por otro, la celebración de orgías desenfrenadas donde se convocaba al Diablo. Con respecto al primero de estos aspectos, Cohn nos dice que esta característica en la bruja tradicional no es otra cosa que un reflejo de “los deseos y angustias experimentadas en la infancia”, en cierta manera inconscientes y reprimidos. No obstante es un tema de difícil comprensión, aunque existe gran variedad de opiniones, pues, por ejemplo, entre los psicoanalistas este comportamiento caníbal hunde sus raíces, también como dice el autor inglés, en la infancia. Parece ser que algunos niños en los primeros años de vida reflejan comportamientos o impulsos caníbales, a veces proyectados en sus padres o incluso en sus hermanos, y que las fuentes de la fantasía son precisamente estos impulsos a los que se refiere. Pero también otras opiniones sugieren una actitud contraria: los padres son los que experimentan impulsos antropófagos hacia sus hijos. En resúmen, parece ser que esta serie de impulsos subconscientes reprimidos y detestables alimentarían el imaginario colectivo para dar forma a una bruja caníbal y devoradora de niños. 

El segundo punto que aborda Cohn son las prácticas orgiásticas, en las que el Diablo solía hacer acto de presencia. El autor británico nos plantea una hipótesis a este respecto bastante interesante y a tener en cuenta: la celebración de estas orgías donde supuestamente las brujas daban rienda suelta a su desenfreno sexual obedece también a sentimientos reprimidos, concretamente a un resentimiento inconsciente contra todo lo que tiene que ver con el cristianismo y su rigorismo. 

En fin, como conclusión para esta pequeña reflexión, sólo nos queda decir que la bruja, según lo que hemos ido viendo, fue transformándose a lo largo de los siglos, llegando al cúlmen de este proceso en la Época Moderna, donde su imagen fue modificada del todo, en la mayoría de los casos atribuyéndole aspectos ficticios e inventados de manos de los poderes eclesiásticos para intentar erradicar los últimos resquicios de tradiciones populares que persistían en algunos lugares. Para ello se inventaron pactos con el Diablo, aquelarres, orgías y actos caníbales, todo ello para demonizar a esta figura y que el conjunto de la sociedad, una sociedad cristiana, terminase por eliminarla de su vida. En mi opinión, y para concluir definitivamente, creo que las brujas, tal y como se las representaba en los siglos modernos, eran inexistentes: eran el reflejo de una excusa para imponer de una vez por todas la moral y las creencias cristianas allá donde supuestamente se necesitaban.

Bibliografía.

BERNARDEZ, Enrique. Los mitos germánicos. Madrid: Alianza, 2010. Alianza Ensayo.
CLARK, Stuart. “Brujería e imaginación histórica: Nuevas interpretaciones de la demonología en la Edad Moderna”, en María Tausiet and James Amelang (eds.), El Diablo en la Edad Moderna, Madrid: Marcial Pons, 2004, p. 38.
COHN, Norman. Los demonios familiares de Europa. Madrid: Alianza, 1992. Alianza Universidad.
RUSELL, J. Burton. La historia de la brujería: hechiceros, herejes y paganos. Barcelona: PAIDOS IBERICA, 1998.

http://antiguosaber.blogspot.pe/2013/12/existian-brujas-reales-en-la-europa-de.html

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