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miércoles, 13 de diciembre de 2017

¿Es La Masonería Una Ciencia?

¿Es La Masonería Una Ciencia?
Juan de Mairena


¿Es la Masonería una ciencia?, ¿es científica?, y si no lo es… ¿debe repudiarse como pseudociencia?

La Masonería se propugna como un método para ayudar a las personas a perfeccionarse como seres humanos y, a la vez, contribuir al Progreso de la Humanidad.

El método que utiliza se basa en el simbolismo, es decir, en la interpretación subjetiva del valor moral o espiritual de un determinado símbolo y su aplicación a su mejora personal o de la sociedad, asimismo utiliza el ritual como una forma de impactar el “subconsciente” de sus miembros, y conseguir que, durante las tenidas, estén “libres de metales” o influencias irracionales y emocionales, y puedan desarrollar mejor su raciocinio y su libre pensamiento, un pensamiento no sujeto a dogmas.

Otro aspecto muy importante en la masonería es el aspecto iniciático. En cada grado se dan, mediante unos rituales, una serie de “herramientas simbólicas” para que las utilice, no se facilita la enseñanza, sino que, pedagógicamente, y no muy de acuerdo con las teoría actuales, se intenta que sea el propio iniciado el que demuestre su interés y su deseo de pertenecer a la Orden y de avanzar en su perfeccionamiento como un método de que desarrolle su esfuerzo, su constancia y su tesón.

Todas estas máximas, pruebas, herramientas, afirmaciones no están verificadas por el método científico,¿eso quiere decir que sean falsas, repudiables o inútiles?

La ciencia actual se basa en la utilización de una potente herramienta, el método científico. Este método tiene una serie de pasos que podemos resumirr diciendo que busca ratificar una posible explicación, a la que llamaremos hipótesis, a una pregunta o un fenómeno, mediante una serie de pasos seriados, verificables y replicables.

En las ciencias experimentales podemos verificar nuestra explicación o nuestra afirmación realizando una serie de experimentos en los que nuestra explicación debe replantearse como una serie de resultados esperados y contrastables. Si intervienen poblaciones deberíamos seleccionar una muestra suficiente de la misma y hacerlo de forma aleatoria.

Por poner ejemplos, la existencia de los átomos o los electrones no se ha verificado “observándolos”, sino que la teoría de su existencia sirve para explicar una serie de fenómenos observados y no explicados hasta el momento, sobre esta base teórica se realizan una serie de hipótesis o “predicciones” sobre la ocurrencia o no de determinados fenómenos que prueben la teoría, se realizan estos experimentos y si las previsiones son verificadas, podemos afirmar que el átomo o el electrón deben existir mientras no se encuentre otra teoría que expliquen los fenómenos observados.

En poblaciones, para poder afirmar o no que el sexo de las personas influye o no en la potencia de un medicamento, se aplica dicho tratamiento de forma correcta a una población suficiente, seleccionada aleatoriamente y se verifica si el efecto que se produce es o no distinto. Las complejidades estadísticas hacen que en muchos casos se utilice la no verificación de la “hipótesis nula” que quiere decir que lo que se hace es plantear una hipótesis “No hay diferencia” y si no se consigue demostrar, es decir, si no hay evidencia de esta ausencia de diferencia, se plantea que es muy probable que sí la haya.

Otro elemento fundamental en el método científico es la replicación, es decir, que el experimento se pueda repetir y verificar de nuevo, esto hace que sea de difícil aplicación a fenómenos históricos, políticos, sociológicos, e incluso psicológicos.

Esto plantea una serie de limites, por ahora, a las ciencias humanas. Principios éticos impedirían que a determinados sujetos o países se les pudiera aplicar determinados experimentos (además deberían ser seleccionados aleatoriamente) o dejar de aplicar determinados tratamientos para verificar su idoneidad.

En estas ciencias, además se necesita un grupo experimental y otro al que se llama “control” al que no se le aplica el tratamiento para poder afirmar que el efecto terapéutico no se debe a otras causas, entre ellas al efecto llamado placebo que supone que el creer firmemente una persona en que un determinado tratamiento tiene un efecto curativo, y se pueda producir ese efecto mediante “sugestión”, ni que decir tiene que es efecto placebo no se ha demostrado científicamente ni se han visto sus mecanismo, es solo una teoría explicativa no científica, es decir, no verificada por el método científico.

Muchas de las teorías que llamamos científicas comparten esta característica, son explicaciones hacia atrás, que intentan aclarar fenómenos pasados y que no se pueden experimentar, ni replicar.

Entre ellas la teoría de la evolución de Darwin, basada en las mutaciones y en la supervivencia del más fuerte, no tiene ninguna evidencia científica, lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que sea falsa, simplemente no se ha podido demostrar, lo mismo sucede con la teoría de la relatividad, ambas explican una serie de fenómenos mediante una explicación “convincente” por los modelos culturales de la época.

Esto último es importante, y entra de lleno en la teoría (tampoco verificada científicamente) de los paradigmas de Kuhn, que dio a este concepto su significado actual, el conjunto de prácticas que definen una disciplina científica durante un período específico de tiempo, definiéndolo como aquel modelo que hace que, en una determinada época, los científicos seleccionen:

Lo que se debe observar y escrutar y aquello que no.
El tipo de interrogantes que se supone hay que formular para hallar respuestas en relación al objetivo
Cómo deben estructurarse estas interrogantes, y el tipo de hipótesis explicativa
Cómo deben interpretarse los resultados de la investigación científica.

Por ejemplo, la teoría Darwinista de la evolución no es separable, según esta teoría de los paradigmas, de la noción capitalista e imperialista de la sociedad británica donde nació, ya que incide en la explicación genética de los mecanismos de aparición de diferencias, y no da ninguna importancia al ambiente, como hacía el lamarckismo, la otra teoría explicativa de la evolución, esto unido a la supervivencia del más fuerte, era muy compatible con la explicación clasista y racista de la sociedad británica de la época, que no responsabilizaban al ambiente, a la educación o las condiciones sociales de la pobreza de las clases bajas, sino a sus genes, y daba carácter “científico” a la explotación del débil o a su eliminación mediante el colonialismo y a técnicas eugenésicas.

La explicación de que por mutaciones al “azar” un insecto adopte la forma de la hoja donde vive y sobreviva porque así no es comido por sus enemigos no solo no está demostrada científicamente, sino que aplicando la teoría de Kuhn es pausible en una sociedad clasista y colonialista basada en la superioridad científica del hombre anglosajón, pero sería incomprensible y complicada en la sociedad católica españole del siglo XV, en la que parecería más simple, y por ello más científica, según la noción de la navaja de Ockham según el cual, «en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta», la explicación de que era así por que la Virgen había hecho un milagro.

Según la teoría de Kuhn un paradigma (por ejemplo la física tradicional o la explicación infecciosa de las enfermedades en la medicina) va explicando fenómenos hasta que empieza a fracasar en su aclaración de otros fenómenos que van surgiendo, cuando llega un momento en que se acumulan muchos fracasos explicativos, la teoría antigua se derrumba y surge una nueva teoría explicativa (la física cuántica o la explicación genética en la medicina). La ciencia no avanzaría de forma continua, sino a saltos y esos saltos y muchas explicaciones “geniales” se basarían en buscar hipótesis más allá de lo conocido hasta ahora, mediante intuiciones alejadas de las teorías científicas de la época

En la psicología clínica, para poder aplicar el método científico, se ha desarrollado mucho el método del caso, que aún presenta amplias dificultades metodológicas, entre ellas el subjetivismo o teoría placebo o teoría de la autoeficacia. En estos momentos no existe una clasificación de problemas suficientemente exacta para poder decir que a todos los individuos con el mismo problema, se aplica el mismo tratamiento, además es imposible que dos terapeutas apliquen los mismos métodos, e incluso un mismo terapeuta, en cada momento puede variar, el efecto que produce en cada sujeto es distinto…

Eso lleva a que muchos terapeutas apliquen el viejo principio clínico aún muy utilizado en medicina de que a cada individuo se le aplica lo que la ciencia y tu “propia experiencia” te hace saber que es adecuado, ya que cada persona es distinta.

En las ciencias sociológicas, organizativas, industriales, etc se ha intentado aplicar el método científico mediante metodologías como la investigación acción, de Kurt Lewin, o los círculos de calidad, basados en los círculos PDCA de Deming (planifica, actúa, verifica si se ha conseguido lo que querías y rectifica).

Como vemos el método científico, importantísimo y crucial, aún presenta algunas limitaciones que está consiguiendo disminuir.

Otros campos como la filosofía parecen desterrados por el método científico, pero muchos piensan que la ciencia describe cómo se producen los fenómenos, como se formó el universo, o como se forma un embrión, o los mecanismos de atracción y repulsión de partículas, pero no explican qué es el universo, o qué es la vida o qué es esta “sustancia” que la forma o porqué existe y cuales son sus límites y como puede tener esas leyes y propiedades tan extraordinarias.

Otras preguntas tienen que ver también con ese aspecto filosófico, es decir, si esas partículas organizadas de determinado modo en nuestro cerebro pueden tener creatividad, pensamiento, conciencia de si mismo… implica que esas propiedades están en esas partículas?

Hay personas que consideran que la ciencia y la creencia en dios son antagónicas y, desde luego, desde un punto de vista en el que dios es el ser externo que hace que se mueva el sol o que crezcan las plantas… la ciencia le quita protagonismo y existencia, pero desde otras concepciones, las explicaciones de la ciencia no hacen sino acrecentar las maravillas de las leyes que forman la arquitectura del universo en una concepción de dios como esencia última de las cosas (el espíritu del universo de ciertas concepciones islámicas o de algunas tribus).

La ciencia derriba mitos divinos como explicación de efector de las causas, al igual que las explicaciones dadas por algunos ateos referente al “azar” como hacedor último es derribada por la ciencia que cada vez elimina más elementos al azar, el último la teoría del caos que permite formular modelos matemáticos a fenómenos que antes solo se explicaban por el azar, el ateismo y el deísmo tiene el mismo componente científico.

Lo que está claro es que las cosas existen o no, antes e independientemente de que se haya o no dado una explicación científica al hecho. La gravedad, la electricidad, etc existían antes de tener una explicación y poder por tanto ser manejadas por nosotros.

Y así, ¿cual es la aplicación de la ciencia a la vida cotidiana?, pues depende, en muchos casos es crucial pero en otros…por ejemplo, saber que los objetos no son como los vemos, que todo está hecho de las mismas partículas, que la materia no existe… ¿tiene utilidad?

La música, el arte, las sensaciones de belleza, de éxtasis, ¿son útiles?, más allá de sus explicaciones científicas… ¿nos sirven?

Los consejos, la amistad, el amor, el humanismo, ¿son útiles?, ¿nos sirven para ser más felices y sentirnos más útiles?

Tal vez la masonerías sea más un arte, entendido como decía Erich Fromm: mezcla de vocación y hábil dedicación y entrenamiento, que una ciencia.

Lo importante es si nos es o no útil, si contribuye en nosotros a sentirnos mejores y más encajadas nuestras piezas dentro de nosotros mismos y nosotros y todos dentro del edificio social que queremos construir.

Desde un fanatismo cientificista (que no científico) la masonería, con sus métodos no experimentales ni sujetos al método científico, sus rituales, sus simbolismos y expresiones, debería ser borrada de la faz de la tierra, y es que todos los que se creen en posesión de la verdad, cual darwinianos, desprecian o (en el mejor de los casos) sienten compasión por sus congéneres extraviados y se afanan con todos los métodos (incluidos los violentos) por corregirlos

Tal vez por ello la masonería ha hecho tanto énfasis en el relativismo y la tolerancia y la ha hecho tan vilipendiada por los poseedores de la verdad sean estos la jerarquía católica, el fanatismo islamista, los estalinistas y los nazis.

Dudemos de nuestra propia duda y que esa duda no nos impida disfrutar de una buena música, una buena compañía, de un amanecer, un cuadro, del amor y de trabajar para nuestra mejora y el progreso de la Humanidad

https://masoneriamixta.es/2013/01/es-la-masoneria-una-ciencia/#.Wi_l5VXiaM8

martes, 12 de diciembre de 2017

LA MASONERÍA EN LOS ORÍGENES DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

LA MASONERÍA EN LOS ORÍGENES DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA 

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La crisis de la sociedad francesa y de las estructuras feudales fueron las causas "objetivas" que favorecieron el estallido de la revolución de 1789 que liquidó al antiguo régimen; pero probablemente los acontecimientos no se hubieran desarrollado como lo hicieron de no haber sido por la existencia de una estructura organizativa coherente y relativamente unitaria que obró a modo de detonador de los acontecimientos. Nos referimos a la masonería. La masonería fue responsable intelectual de la Revolución Francesa...

Los sistemas sociopolíticos actuales derivan de los principios y las instituciones nacidas en el período revolucionario. Dilucidar el papel de la franc-masonería y su responsabilidad en la preparación de este evento supone dar un paso en la comprensión de la historia contemporánea y entender el origen del mundo que nos rodea.

La tradición masónica explica que no todos los templarios franceses fueron prendidos, ni ajusticiados por los verdugos de Felipe el Hermoso. Unos lograron ganar las costas de Escocia e ingresar en las hermandades de constructores que allí operaban. Fue así -siempre según la tradición- como se incorporaron los temas templarios a la masonería operativa y como, transformada ésta en especulativa, siguió ostentando alegóricamente el recuerdo de los templarios.

En este contexto semilegendario tomó cuerpo el tema de "la venganza templaria": la masonería "templarizada" se forjaría como objetivo político el derrocamiento de la dinastía que había arruinado a la orden, propiciando un fin ejemplar para sus titulares.

FRANC-MASONERIA CATOLICA

El contingente de exiliados que siguieron a Jacobo II estaba compuesto fundamentalmente por católicos que imprimieron en las logias rasgos de su confesión religiosa. Así por ejemplo la recién constituida "Gran Logia de Francia" decía en sus estatutovs: "La Orden está abierta solo a los cristianos. Es imposible aceptar a cualquiera que no pertenezca a la Iglesia de Cristo. Judíos, mahometanos y paganos son excluidos por incrédulos".

Puede entenderse así porqué personajes católicos de primera fila, que se situaron en el bando de la contra-revolución en 1789, como Josep de Maistre, se sentían cómodos en los bancos de sus logias.

De Maistre, había sido iniciado en la Logia "Los tres morteros" de Chambery y ocupaba el cargo de Gran Orador, en su famosa "Memoria al Duque de Brunswick", explica cuál debe ser el papel de la masonería en el siglo: "el fin de la masonería es la ciencia del hombre", es decir, "la verdadera religión". De sus tres principales grados, el primero debe dedicarse a perseguir el "bienestar general", el segundo, la "unificación de las confesiones cristianas, la unidad del cuerpo místico de Cristo mediante el triunfo de la Iglesia Católica" y el tercero buscar "la revelación de la revelación", es decir, la iluminación a través de la metafísica. El conjunto de todo esto es lo que De Maistre llama "catolicismo trascendente".

De Maistre -luego implacable crítico de la revolución francesa- consideraba a las logias como un espacio de reflexión e iluminación, para católicos laicos, en donde se estudiaba y practicaba una metafísica inspirada en los textos bíblicos y siempre aceptando la disciplina de la Iglesia Romana.

Como se ve, a la largo del siglo XVIII, la masonería no tiene el aspecto de una sociedad conspirativa, sino de un club de pensamiento, en el que, a medida que pasa el tiempo, los no-católicos -hugonotes, protestantes, etc.- van teniendo un peso y una influencia crecientes y dentro de la cual coexistían distintas sensibilidades políticas. Hasta ese momento, a ningún franc-masón se le había ocurrido actuar como tal en política. Esto iba a cambiar en los años siguientes y para entender el origen de este cambio hay que tener en cuenta tres factores: 1) el ejemplo de la Orden de los Iluminados de Baviera, 2) el cambio cultural que se fue operando en la sociedad francesa a lo largo del siglo XVIII y 3) la relajación de la tensión metafísica en las logias debida al crecimiento desmesurado y desordenado de la masonería.

LA ORDEN DE LOS ILUMINADOS DE BAVIERA

La llamada "conspiración de los Iluminados de Baviera" es para algunos historiadores -como el abate Barruel-un "ensayo general con todo" de lo que luego sería la revolución francesa.

"Cada hombre es su rey, cada hombre es soberano de sí mismo" decía el juramento del grado 13º (el último) de la Orden de los Iluminados de Baviera y en ella se intuye ya la temática política de la que se apropiaría una parte de los francmasones franceses.

La vocación antimonárquica -y más específicamente, antiabsolutista- de los "iluminados" se complementa con el fin de -común a la masonería- promover la fraternidad humana. Adam Weishaupt, fundador e inspirador de la Orden, reconoce al respecto: "Y su finalidad [la de los Iluminados], en resumen ¿cuál es? ¡la felicidad de la raza humana! Cuando vemos cómo los mezquinos, que son poderosos y buenos, que son débiles, luchan etre si; cuando pensamos que inútil es querer luchar solo contra la fuerte corriente del vicio, nos viene al magín la más elemental idea: la de que todos debemos trabajar y luchar juntos, estrechamente unidos para que así la fuerza esté del lado de los buenos, que todos unidos ya no sean débiles".

Los grados de iniciación eran tres, divididos en sub-grados: Grado de Iniciación (dividido en Preparatorio, Noviciado, Minerval e Iluminado Menor), Grado de Masonería (subgrados de Iluminado Mayor, Illuiminado Diligente), Grado de los Misterios (subragos de Sacerdote, Regente, Mago y Rey). El grado de Iluminado Menor marcaba la división entre "pequeños misterios, llamados aquí "Edificio Inferior" y "grandes misterios" que darían acceso a la construcción del "Edificio Superior", que en este caso supondrían el dominio de las capacidades del hombre y dominio sobre el mundo, respectivamente. Los "Iluminados de Baviera", cuando hablaban de "dominio del mundo", incluían también dominio político. Las "constituciones" (reglamento) de la orden especificaban que quien alcanzara el el grado de Sacerdote debía asumir los poderes del Estado. A esta organización en grados que se la llamó "de círculos concéntricos".

La ideología de los "iluminados" era una curiosa mezcla de ideas políticas, místicas y filosóficas, no exenta de contradicciones flagrantes: igualitarios en su objetivo final, pretendían llegar a él mediante una rígida estructura jerárquica, ateos impenitentes, divinizaban, en cambio, la naturaleza. Al Grado de Sacerdote debía revelarse el secreto del "amor universal", pero a él se llegaba a través de los patriotismos.

En 1785 un correo de los "iluminados" fue fulminado por un rayo cuando trasladaba importantes documentos sobre la organización y proyectos de la orden. La conspiración hurdida laboriosamente por Adam Weishaupt resultó así desvelada.

Weishaupt, masón de alto grado, se relacionó con distintos ambientes esotéricos y ocultistas en el último tercio del siglo XVIII. A través de la masonería contactó con Adolf von Knigge, su alma gemela, y juntos fundaron la "Orden der Illuminaten" en la noche de Walpurgis (30 de abril al 1 de mayo) de 1776. Su documento fundamental está inspirado en tres corrientes: el seudo-rosacrucianismo, ya por entonces en pérdida de vigor en Alemania, las constituciones masónicas de Anderson, inspiradoras de la masonería moderna, y la regla de la Orden de los Jesuitas.

Los miembros de la Orden recibían un nombre místico, generalmente extraido de la antigüedad griega. Weishaupt era "Spartakus", Knigge, "Philon", el célebre poeta Goethe, "Abaria" y el filósofo Herder, "Damasus". En los pocos años en los que la Orden estuvo en actividad logró atraer a sus filas a buena parte de los alumnos de la Universidad de Ingolstadt, pero también encuadró a muchos nobles bávaros. Su afiliados no fueron más de 600.

Tras la prohibición de la Orden por el elector de Baviera, Wishaupt fue condenado a prisión. Huyó de la cárcel de Regensburg, muriendo en la más absoluta miseria en 1830. Tal es la historia de lo que se ha dado en llamar "la conspiración de los Iluminados", la cual, sostiene el Abate Barruel, inspiró el accionar de la masonería durante la revolución francesa.

Por primera vez, en la edad moderna, con los "Iluminados", una sociedad secreta se plantea directamente conquistar el poder político con un programa revolucionario, antimonárquico y nacionalista, que efectivamente prefigura los rasgos que luego encontraremos en la revolución francesa.

La conspiración de los "iluminados" fracasó, no solo por contingencias y casualidades humanas, sino también por que Alemania carecía en ese momento del sustrato cultural sobre el cual pudieron asentarse también los principios revolucionarios en Francia: la Ilustración, el Enciclopedismo...

INFLUENCIAS EXTRANJERAS EN LA REVOLUCION

¿Existe un hilo directo, más allá de las similitudes de método y las eventuales coincidencias de programa, entre los "Iluminados" y los acontecimientos revolucionarios? Hay que reconocer que son tenues, pero existentes, al fin y al cabo. Ciertas fuentes -e incluso testimonios de protagonistas como Marat- han insistido en la presencia de agitadores extranjeros que operaron a modo de instigadores en los principales sucesos revolucionarios: toma de la Bastilla, asalto al palacio de las Tullerías, etc. Marat identificó a prusianos entre los agitadores que dirigían al populacho en el episodio de la Bastilla; el emisario de Federico-Guillermo II de Prusia, Veitel Efraïm, escribió a su monarca una famosa carta en la que decía: "El club de los jacobinos está completamente entregado a Prusia". Rabaut Saint Etienne, diputado de la Asamblea Constituyente, dimitió de su cargo por percibir que en los incidentes del Campo de Marte (1791) era notoria la presencia de "sediciosos venidos del extranjero".

En cuanto a la influencia específica del Iluminismo en Francia existen muy pocos datos, si bien son significativos. En el congreso Iluminista celebrado en Francfort en 1786 asistieron delegados alemanes, pero también franceses e ingleses. En este congreso se aprobó el programa de destrucción de las monarquías europeas y, sería aquí, donde la asamblea emitió una condena a muerte contra el rey de Francia. El introductor de la Orden en Francia, para Alan Stang, fue el conde de Mirabeau que reclutó en las logias masónicas a los que muchos de los que luego serían líderes revolucionarios (Saint-Just, Desmoulins, Hebert, Danton, Marat, Chenier, entre ellos). Otro historiador norteamericano, Curtis B. Dall, ex-yerno del presidente F.D. Roosevelt, masón, por su parte, afirma que la Orden de los Ilumninados -reconstruida en la clandestinidad, tras ser prohibida en 1786- tuvo arte y parte en el proceso revolucionario. Ninguno de los dos aportan pruebas objetivas, pero si se hacen eco de comentarios que circulaban por las logias.

No son eco, sino experiencia directa, la vivida por los protagonistas revolucionarios, que, como hemos dicho percibieron la presencia de elementos "prusianos" entre los instigadores de los sucesos revolucionarios. El proceso a la fracción extremista de Hebert y los suyos es prólija en confesiones sobre las influencias extranjeras que llevaron al patíbulo a varios agentes, el banquero prusiano Koch, el español Guzmán, los austriacos Junius y Emmanuel Frey y varios más. Pero también las logias inglesas habían enviado a sus peones. El caballero de La Luzerne, embajador francés en Londres, acusó, en carta su gobierno, a Dantón y Paré de estar a sueldo del gobierno inglés. Otro autor, Bernard Fay, aporta el nombre de uno de los agentes ingleses que distribuyeron fondos entre los jacobinos, "Miles". Felipe de Orleans, iniciado en la Gran Logia Unida de Inglaterra y que llegaría luego a Maestre del Gran Oriente de Francia, habría sido para estas fuentes, otro de los agentes encargados de transmitir y ejecutar órdenes emanadas del gobierno inglés.

Estos datos inducen a pensar en una colaboración entre logias iluministas prusianas y la Gran Logia de Inglaterra, unida a los masones e iluministas franceses, en los sucesos revolucionarios. Ahora bien, los datos son escasos y fragmentarios, es preciso reconocerlo.

Pierre Gaxote, historiador francés da en el clavo cuando explica que "la miseria puede suscitar revuetlas, pero no es causa de revoluciones. Estas tienen causas más profundas". Y Jacques Bordiot abunda en esta línea: "Una revuelta puede ser expontánea, una revolución jamás lo es". Para que se produzca un proceso revolucionario es preciso que exista una situación en la que la población pida, exija, un cambio; pero otros dos fenómenos son necesarios, o de lo contrario, como máximo se producirían solo revueltas o motines. Estos dos fenómenos son: la existencia de un clima cultural entre la "intelligentsia" y la presencia de una organización revolucionaria.

EL CLIMA CULTURAL PRE-REVOLUCIONARIO

El clima cultural que abre el paso a la revolución se va larvando a lo largo del siglo XVIII con la Ilustración y el Enciclopedismo.

Es útil recordar que el período revolucionario se inicia con la convocatoria de los representantes del clero, la nobleza y el pueblo llano, en los Estados Generales; los representantes del "Tercer Estado", del pueblo llano, eran 578, de los cuales 477 eran "iniciados" en las logias. Noventa representantes de la aristocracia lucían también mandiles en sus tenidas, así como un cierto número del clero. Este contingente se adhirió a la masonería, en parte, por oportunismo, pero también haciéndose eco del clima cultural favorable que impregnó a la sociedad civil francesa en el curso del siglo XVIII. Montesquieu y Fenelon fueron en buena medida sus inspiradores. Ambos estaban relacionados con la masonería.

Montesquieu había sido iniciado en la masonería durante su estancia en Londres. Cierta tradición masónica afirma que Montesquieu fue el primer masón francés. Fenelón, por su parte, tuvo a Ramsay -uno de los artífices de la masonería moderna- como secretario y luego como ejecutor testamentario. No consta que Fenelon participara en la masonería, pero su obra "Telémaco" está repleta de alegorías que inducen a pensar en que conocía bien la temática de las logias. Luis XIV lo miró siempre con desconfianza.

La masonería es, en esos tiempos, una "sociedad de pensamiento" que, dejando cada vez más atrás sus orígenes católicos, se resiente de dos influencias: la inglesa y la alemana. De la primera procede el racionalismo mecanicista y volteriano, mientras que la segunda se verá influenciada por el misticismo germánico y el martinismo.

No puede decirse que haya uniformidad ideológica en las logias, éstas se romperán en distintas obediencias y ritos. En el último período de maestrazgo de Louis de Borbón, la influencia política de la sociedad es notoria y esto provoca nuevas limitaciones a su actividad. Poco a poco, los masones católicos, al estilo de De Maistre, se van encontrando en minoría y anegados por el crecimiento espectacular de la filiación.

EN EL SENO DE LA TORMENTA

La primera logia había sido ya constituida en Francia en 1725, se trata de la Logia de Santo Tomás de París. En 1732 es reconocida por la Gran Logia de Inglaterra. Ya asociación se extiende rápidamente entre la nobleza. Uno de los amigos íntimos de Luis XV, el duque de Villeryo, fue uno de los primeros masones franceses. El mismo rey se interesó por la vida de las logias. Pero el hecho de que subsista en torno a la masonería una aureola de secretismo y que la moda de las logias proceda de la "pérfida Albión" en esos momentos, hacen que en 1737 la francmasonería sea prohibida. Seguirán reuniéndose en un hotel del barrio de la Bastilla y en 1738, el duque de Antin, asumirá el cargo de Gran Maestre; solo ocupará un año el cargo, sucediéndole el primo del rey, Louis de Borbon Condé que ostentará el cargo hasta 1771. Bajo su mandato las logias ganarán peso e influencia y se extenderán por toda Francia.

Al asumir el cargo de Gran Maestre el duque de Chartres, asistido por el duque de Montmorency en 1771, se produce una pugna en el interior de las logias que tiene motivos filosóficos -el Gran Oriente, poco a poco, se va deslizando hacia posturas indiferentistas religiosas-, pero también organizativos; durante unos años la masonería francesa estará dividida entre el Gran Oriente y el Oriente de Francia. Poco antes de la revolución existen en toda Francia 629 logias, de ellas 63 en el mismo París, adscritas al Gran Oriente, mientras que las logias del Oriente ascienden a 376 logias, cifras impresionantes. El número de francmasones en ese momento momento era superior a los 75.000 en Francia.

En el curso de la revolución las logias perdieron la fuerza que tenían anteriormente: habían sido dirigidas por nobles, buena parte de los cuales, o bien se exiliaron, o se limitaron a participar en las primeras fases de la revolución, siendo barridos, mas adelante, por los jacobinos. En cuanto a sus grados más bajos, ocupados generalmente por burgueses, la virulencia de los acontecimientos, les retrajo del trabajo en las logias. El mismo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, Felipe "Igualdad", en 1793, tras haber votado a favor de la ejecución de su primo Luis XVI, rechazaba la práctica del secreto en la masonería -"no debe de haber ningún secreto nni misterio en una república", escribía- dimitiendo de la sociedad. A partir de ese momento la masonería como tal desapareció del escenario revolucionario; Felipe "Igualdad" fue guillotinado el 1793, despues de que su espada ceremonial fuera rota en la Asamblea del Gran Oriente de Francia.

Es imposible demostrar documentalmente que la masonería -francesa, inglesa o el iluminismo alemán- emitieran alguna directiva concreta para iniciar, dirigir o encauzar los acontecimientos, lo cierto es que la casi totalidad de los líderes revolucionarios, fueron miembros de las logias.

LA APORTACION DE LAS LOGIAS A LA REVOLUCION

Las logias masónicas fueron en la Francia pre-revolucionaria, la correa de transmisión de las nuevas ideas. Es innegable que su aportación fue fundamentalmente ideológica y simbólica, si bien no hay pruebas objetivas, de valor para la historiografía, de que organizativamente las logicas prepararan los sucesos revolucionarios.

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La divisa masónica "Libertad, Igualdad, Fraternidad", fue incorporada al acervo revolucionario. Los colores de la bandera republicana -azul, blanco y rojo-, proceden de los tres tipos de logias, procede de la escarapela tricolor ideada por Lafayette, francmasón y carbonario. El gorro frigio, símbolo de la república, es igualmente un símbolo masónico. El mismo himno de la revolución, "La Marsellesa", compuesto por el también masón Leconte de l'Isle, fue cantada por primera vez en la Logia de los Caballeros Francos de Strasburgo. Y así mismo, todo el simbolismo griego que adoptan los revolucionarios, al igual que el deismo naturalista de que hacen gala, puede encontrarse sin dificultad en las leyendas y temas masónicos.

La masonería -insistimos- como organización parece haber sido desbordada -como, por lo demás, cualquier otra institución francesa de la época- por el discurrir revolucionario. Masones guillotinan a masones, rompiendo el juramento de fraternidad y ayuda mutua: Hebert es guillotinado con el beneplácito de Dantón, éste, a su vez, sube al patíbulo a instigación de Saint Just y Roberspierre -instaurador del "culto al ser supremo"-, cuyas cabezas rodarán al producirse la "reacción termidoriana" que dará origen al Directorio constituido por notorios masones como Fouché. Finalmente, Napoleón Bonaparte, según algunas versiones iniciado durante la campaña de Italia en la Logia Hermes de rito egipcio y según otros, mucho antes, cuando era teniente en Marsella, pone término a todo este caos, nombrado Primer Cónsul y luego proclamándose Emperador. Napoleón impondrá a su hermano José Bonaparte -"Pepe Botella", un hombre mucho más serio y responsable de lo que este mote popular deja pensar- como Gran Maestre de la Masonería francesa.

Los principios de la masonería triunfan más que la masonería en sí. Notorios masones protagonizan los sucesos revolucionarios, llevados por sus instintos y sus intereses, más que siguiendo un plan preestablecido y una planificación orgánica. Si existió una "conspiración masónica", el deber respecto a la verdad nos obliga a afirmar que no puede demostrarse.

http://robertexto.globat.com/archivo12/mason_revfrancesa.htm

lunes, 11 de diciembre de 2017

LOS TRES MAGOS Y LOS MASONES DE YORK.


Catedral de York

Las pequeñas dimensiones de la actual ciudad de York apenas puede ocultar su pasada grandeza. Durante más de 2000 años, esta ciudad fortaleza fue la clave para el dominio del norte de Inglaterra, y una de las urbes más emblemáticas del reino, al punto de que Ricardo II se planteó convertir a York en la capital de Inglaterra. Tras la Guerra de las Dos Rosas, York alojó al Consejo del Norte, siendo considerada la segunda capital de Inglaterra. No obstante, este privilegio únicamente duraría una década, la de 1660, pues el declive demográfico de la ciudad pronto comenzó a ser notorio, aunque durante la Revolución Industrial aumentó ligeramente su población gracias a la industria textil y al hecho de convertirse en nudo ferroviario. Actualmente cuenta con 200.000 habitantes y es sede de una de las dos provincias anglicanas, junto con Canterbury.

Representación de un auto en la ciudad de Chester.

Los autos de Corpus Christi (Mystery plays) 

Durante la Edad Media comenzaron a representarse en las principales ciudades de Inglaterra (y de buena parte de Europa) unos representaciones teatrales que tradicionalmente organizaban las diócesis y se denominaban autos. Estos autos se dividían en Milagros, si se referían a los realizados por la Virgen o algún santo; Misterios, si eran escenificaciones de la vida de Cristo o de episodios de la Biblia y, en una etapa posterior, Moralidades, donde los personajes encarnaban virtudes, vicios, la muerte, etc. y donde el contenido no eran específicamente religioso. En la Inglaterra medieval era costumbre representar misterios con motivo de la festividad del Corpus Christi, de modo que que la puesta en escena tenía lugar en el interior de edificios eclesiásticos, con ropas especialmente diseñadas para la ocasión, y con los propios clérigos como actores.

A partir del Siglo XIV, la Iglesia de Inglaterra (entonces todavía católica) comenzó a encargar la puesta en escena de estos autos a los distintos gremios de las ciudades, que los aceptaron como un privilegio en el orden social a cambio de una compensación económica. Los autos pasaron a representarse sobre unas carretas que se iban desplazando por las calles de la ciudad, aprovechando las buenas condiciones meteorológicas de la época estival (todo lo buenas que pueden serlo en Inglaterra). La envergadura de estos Mystery Plays variaba según la importancia de la diócesis y del número de gremios con que contaba la ciudad. Los más espléndidos tenían lugar en York, donde el número de gremios ascendía a 48. Estas representaciones a cargo de los gremios de York se llevaron a cabo desde aproximadamente 1369 hasta 1570, aunque como consecuencia de la Reforma aquellos autos que tenían como eje central episodios de la vida de la Virgen María dejaron de representarse hacia 1550.

Representación moderna de Adán y Eva, en los Mystery Plays 2008 de Gloucester.

Cada gremio representaba año tras año el mismo misterio. En la medida en que era posible, los gremios fueron escogiendo aquel que albergaba alguna semejanza con su oficio. Aunque los autos asignados varían según las ciudades, están especialmente bien documentados los Misterios de York. Los constructores de barcos (carpinteros de ribera es el término en español) comenzaron a representar El Arca de Noé. Los armeros, La Expulsión del Edén. El gremio de pescadores ponía en escena Noé y su esposa; los carniceros, La Mortificación de Cristo; los calceteros, La Partida de los Hebreos desde Egipto y el Cruce del Mar Rojo. Los herreros, La Huida a Egipto; los panaderos, La Última Cena. El gremio de alfareros, en un alarde griálico, ponía en escena El Descenso del Espíritu Santo. Los orfebres elegirían La Adoración de los Reyes para poder lucir su trabajo. Los cuchilleros, La Conspiración; los cardadores (esquiladores de ovejas), Cristo llevado al Calvario. El gremio de toneleros representaría La Caída del Hombre, mientras que alfombreros y literos llevarían a escena El Sueño de la Mujer de Pilatos. 

No obstante, el tema del auto no siempre estaba relacionado directamente con la función del gremio: los guarnicioneros (fabricantes de arreos para los caballos), llevaban al escenario Jesús ante los Doctores; los tejedores, La Aparición de María ante Tomás; y el gremio de arqueros y flecheros interpretaba La Negación de Pedro.

El caso es que el gremio de masones comenzó a representar un episodio que no tenía nada que ver con la construcción (y no será que no hay episodios de este tipo en la Biblia). El tema en cuestión era Los Magos Ante Herodes.

Los Magos ante Herodes, de un Libro de Horas de 1280 conservado en la Biblioteca Nacional de Escocia.

El episodio de los Tres Magos, reducido a la condición de fiesta comercial en la actualidad, es, como veremos, una advertencia para aquellos que buscando la luz, se extravían y, en lugar de buscarla en la Iniciación y la Fe, la buscan en la política y en el poder terrenal. Su emplazamiento en el Evangelio de Mateo nos indica la tremenda importancia que el autor del Evangelio otorgó a este tema. Hoy en día sabemos que Mateo no fue el autor del evangelio que lleva su nombre; pero durante mucho tiempo se consideró que este pasaje arrojaba luz sobre las circunstancias personales del apóstol, debido a la peculiaridad de la vocación de Mateo, publicano y poco menos que un colaboracionista con los romanos. Resulta también muy llamativo el lugar preponderante que el autor de este Evangelio le otorga a este pasaje tan perfectamente prescindible en términos históricos: justamente en su mismo inicio, únicamente precedido por la genealogía de Jesús. Quien quiera que escribió esto estaba poco menos que obsesionado por la batalla atemporal entre Iniciación y política que tendría lugar en el alma de aquellos que buscan la Luz en las distintas épocas.

Vamos a citar primero el pasaje de los Magos, para posteriormente adentrarnos en su simbolismo y ver cómo describe la relación entre poder terrenal y espiritualidad.

Jesús nació en Belén de Judea en los tiempos del rey Herodes. En aquel tiempo, unos sabios que venían desde el oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el oriente, y venimos a adorarlo». Cuando el rey Herodes oyó esto, se turbó, y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a todos los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo, y les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

“Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guía que apacentará a mi pueblo Israel.” 

Luego, Herodes llamó en secreto a los sabios para saber de ellos el tiempo preciso en que había aparecido la estrella. Los envió a Belén, y les dijo: «Vayan y averigüen con sumo cuidado acerca del niño, y cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a adorarlo». Después de escuchar al rey, los sabios se fueron. La estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se regocijaron mucho. Cuando entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y, postrándose ante él, lo adoraron. Luego, abrieron sus tesoros y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Pero como en sueños se les advirtió que no volvieran a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Después que partieron ellos, he aquí que un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.

Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto,y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.

Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los Magos.

El viaje de los tres Magos a Belén, de Leonaert Bramer (1639)

Este grupo de iniciados (se han resumido en tres sencillamente porque ese número simboliza una multiplicidad), es originario de Oriente. Ya sabemos por el simbolismo masónico, heredado del hebreo, que el Oriente simboliza el estado primigenio de pureza, perdido en la Caída del Hombre. De hecho, este planteamiento es semejante al que plantea el Arco Real, donde una terna de Sobrestantes (capataces), igualmente fuera de su patria, busca la Regeneración para regresar a su tierra natal.

Los Magos siguen la estrella que les dirige al Salvador, aunque no saben cómo encontrarle, de modo que cometen el error de dirigirse en primer lugar a buscar la ayuda del poder político, encarnado en Herodes (aunque de un modo distinto, la posibilidad de extraviarse y no reconocer dónde está la Verdad queda plasmada en el Grado, previo al Arco Real, de la Marca, donde a los tres Sobrestantes les es presentada la Piedra Angular, pero al no ajustarse a la Escuadra y no llevar marca de cantero -es decir, no es de factura humana- no saben reconocerla y la juzgan inútil, de forma que la Piedra Angular es arrojada a la escombrera, siendo únicamente cuando el Maestro de Obras interviene cuando se percatan de que esa era la Clave que necesitaban para construir el Arco Real, tras lo cual buscan en la escombrera hasta recuperarla).

Cuando los Magos informan a Herodes de que están buscando al Rey de los Judíos, este se siente amenazado; pero el poder terrenal por sí solo tampoco sabe dónde encontrar al Redentor, del mismo modo que ignora las circunstancias en que nace esta necesidad del alma, y por ello convoca a los Iniciados a su presencia para que le expliquen el momento en que nace la estrella. Finalmente apela a la Fe (sacerdotes y escribas), quienes sí son capaces de ofrecer las respuestas buscadas acudiendo a los Textos Sagrados.

El poder terrenal, con engaños, intenta aprovecharse de la ayuda de los Magos para destruir al Niño. Los Iniciados le localizan siguiendo la Estrella, y le regalan oro, incienso y mirra, (símbolos de realeza, divinidad y humanidad).

Los Magos, una vez que han encontrado al Salvador, pueden por fin retornar a su tierra de origen, y vuelven a Oriente, pero teniendo cuidado de evitar al poder político (el ángel les avisa en sueños de que no regresen a donde está Herodes), el cual desea exterminar a toda costa lo que el Salvador representa.

Finalmente, el poder político, ante la imposibilidad de asesinar al Salvador, desata toda su furia y absoluta falta de escrúpulos con el fin de intentar destruir a un enemigo al que por su naturaleza nunca podrá controlar.

El Sueño de los Magos, de un capitel románico en la catedral de Autun (Francia)

Nunca podremos conocer las circunstancias que hicieron que los masones de York comenzasen a representar este misterio. Quizá fuese un tema impuesto por la propia diócesis, o quizá lo hubiesen elegido ellos voluntariamente desde el principio, o de entre las alternativas que quedaban disponibles una vez que el resto de gremios había escogido el suyo. Habida cuenta de que dejaron sin representar los episodios que hubiesen podido elegir de manera natural (como la construcción del Templo de Jerusalén o La Torre de Babel), quizá cupiera pensarse que los masones, que al fin y al cabo eran quienes construían la mayor muestra externa de poder civil y religioso, la catedral, hubiesen deseado hacer una crítica velada a la Iglesia por el enorme poder terrenal que ostentaba en la Edad Media. Un detalle que invita a pensar que efectivamente perseguían poner de manifiesto la incompatibilidad entre política y espiritualidad es el hecho de que un gremio tan relacionado con los masones como son los retejadores también escogieron para sus Misterios un tema que muestra el maltrato y la falta de protección de la fe por parte del poder político: Jesús ante Pilatos.

Jesús ante Pilatos, por Buoninsegna (Maestà dela Catedral de Siena, 1311)

De lo que no me cabe duda es de que eran perfectamente conscientes de lo que este episodio simbolizaba. Lo único que tenemos claro es el hecho histórico de que, durante más de 170 años, en la fiesta de Corpus Christi, los masones representaban por las calles de York este aviso a navegantes acerca de dónde debe buscarse la Luz, y cuál es el extravío principal en el que se puede incurrir. Y es que 170 años son muchos años.

En fin, os deseo que los Reyes Magos os traigan muchos regalos (si habéis sido buenos, claro), y espero que cuando comáis el roscón de reyes os salga la figurita del rey, o al menos que no os salga el haba.


http://masoneriaantigua.blogspot.pe/2013_12_01_archive.html

domingo, 10 de diciembre de 2017

NAPOLEÓN BONAPARTE Y LA MASONERÍA

NAPOLEÓN BONAPARTE Y LA MASONERÍA
Agustín Celis

Para los historiadores que se afilian a la leyenda negra de la masonería como sociedad secreta conspiradora, la historia de Napoleón Bonaparte, Le Petit Cabroncete que puso en jaque a toda Europa, es una de las preferidas, y nos la refieren como si se tratara de un cuento para niños. De nuevo es la masonería, esa oscura sociedad secreta que nadie conoce, pero que todos saben de buena mano que existe porque hay mucho masón suelto por el mundo, la culpable de los logros de Napoleón y de toda su expansión. Pero también es la culpable, fíjense qué caso tan curioso éste, de su caída.

Ya no son los pueblos los que juegan la partida, ni los ejércitos los que luchan en los campos de batalla, ni la estrategia militar la que impone sus condiciones. Ya no juega un papel relevante el fanatismo, ni los orgullos nacionales, ni los intereses de unos y otros, ni la ambición de los corruptos, ni el hábil uso del erario público y las riquezas del país por parte de gente poco recomendable. Tampoco cuenta nada la aristocracia, ni el clero, ni la población que se echa al monte o a las calles y enfrenta a los invasores con los medios a su alcance. Según estos representantes del disparate histórico, es la masonería, ¡los malditos masones!, los que movieron los hilos que propiciaron primero los triunfos y luego los desastres de Napoleón. Y para que nadie dude de las terribles venganzas de que son capaces estos individuos peligrosísimos, fueron también los masones quienes lo desterraron, primero a Elba y después, definitivamente, a Santa Elena. Pero veamos ya cómo transcurre esta interesante historia.

Se ha dicho que Napoleón fue iniciado en la masonería en una logia italiana hacia 1798, pero no existen pruebas concluyentes de este hecho, afirmación que es aceptada mayoritariamente por casi todos los estudiosos. Lo que sí se sabe con seguridad, y de lo que nadie duda, es de que la mayoría de sus mariscales fueron masones, además de cuatro de sus hermanos, a los que Napoleón supo colocar en casillas estratégicas del mapa conquistado: a José lo hizo rey de España; a Luis, rey de Holanda; a Jerónimo, rey de Westfalia; y a Luciano, príncipe de Cannino.

¿Qué se colige de todo esto?, nos preguntan algunas mentes preclaras de la historia de la humanidad. Pues que Napoleón quiso controlar la masonería y la convirtió de hecho en un poderosísimo instrumento político para su expansión imperial. Era un matrimonio perfecto: los masones ayudan a Napoleón a conquistar Europa y el resto del mundo y, a cambio, los ejércitos napoleónicos llevan la masonería a todas partes, la extienden como pólvora encendida. ¿Se dan ustedes cuenta? ¿Comprenden ahora hasta dónde llega la astucia masónica? Los masones, sinuosamente y siempre en secreto, prepararon el camino del emperador en todos los países a los que accedieron. ¿De qué modo? Creando logias en esos países, ganándose adeptos, integrando a lo mejor de cada casa en esta oscura trama, precisamente a las élites, que así quedaban sometidas al poder del Imperio.

Hay una única verdad en todo esto, y es la siguiente: si entre el ejército de Napoleón había masones, es lógico pensar que las ideas de la masonería se extendieran por los lugares conquistados. Lo que ya no es cierto, lo que es imposible que sea cierto, es que en aquella época, cuando la masonería especulativa llevaba en activo todo un siglo, hubiera algún país europeo que no tuviera ya en su territorio logias masónicas ni atisbos de masonería ninguna. Pero es necesario creer tal cosa, es decir, es fundamental pensar que existe un país puro, sin contaminación masónica alguna, si se quiere ensalzar la actuación heroica de ese país y seguir manteniendo la tesis de la conspiración. Y algunos historiadores no tienen el menor escrúpulo en falsear la memoria de un país con tal de seguir defendiendo el cuento para niños (los buenos buenísimos contra los malos malísimos) en que quieren convertir la Historia.

Así pues, pongamos un ejemplo. ¿Qué pasa con España? España fue un grano en el culo de Bonaparte. “La úlcera española”, dejó dicho él en su Memorial de Santa Elena. Eso fue España para Napoleón. Por tanto, como la actitud mayoritaria de los españoles fue de enfrentamiento y hasta de hostilidad hacia los invasores, y éstos eran precisamente los que traían las ideas masónicas, o eso quieren hacernos creer, entonces en España no había masones, no podía haber masones, no conviene que se sepa que había masones. ¿Masones en España? España no, España es pura, purísima, y aquí no se sabe nada de masonerías. De esta opinión es don César Vidal, que en su libro Los Masones llega a afirmar que no hubo masones en todo el siglo XVIII español, e incluso que no los hubo en las Cortes de Cádiz de 1812. Y bueno, no entraré a corregir tal equivocación histórica porque no es el momento. Como sin duda tal afirmación se debe a un descuido de don César, yo le recomendaría que se leyera el magnífico ensayo de José María García León La Masonería gaditana, donde trata la cuestión desde sus orígenes hasta 1833. En cuanto al lector interesado, podrá comprobar por sí mismo, en los Apéndices que incluyo al final del libro, lo que se decía sobre los masones en la prensa del Cádiz de la época.

Como se comprenderá, si esto no fuera así toda la hipótesis de la conspiración masónica de Napoleón se vendría abajo. Sin embargo, los primeros datos que se conocen sobre la actuación de la masonería en España datan de 1728, con una logia fundada en Madrid. De no existir las logias en España, no hubiese sido necesaria su represión mediante decreto en 1740, reinando entonces Felipe V, ni se hubiese insistido en ella en 1751, bajo el reinado de Fernando VI. De modo que sí hubo masones españoles en el XVIII. Las prohibiciones, e incluso la represión, nunca consiguieron acabar del todo con la masonería, que siguió actuando en riguroso secreto desde la clandestinidad. Lo que sí es cierto es que la masonería española no despegó hasta el siglo XIX, aunque de forma intermitente, coincidiendo los periodos de florecimientos masónico con aquellos en los que había mayor libertad. Pero de la historia de la masonería en España nos ocuparemos en otros epígrafes.

Retomemos ahora a Napoleón, a quien dejamos por tierras europeas, y cuyo caída está próxima.

Los historiadores serios consideran la trágica derrota de las tropas francesas en Rusia como el principio del fin de la hegemonía napoleónica. Tras esto, Europa se unió para combatirlo y, aunque Bonaparte aún lucharía con maestría, al final se impuso la superioridad de sus enemigos y acabaron venciéndole. Él quiso abdicar en su hijo y se lo negaron. No tuvo otro remedio que renunciar a sus propósitos y partió hacia la isla de Elba, cuyo gobierno le otorgaron, al igual que el derecho de conservar el título de Emperador. Esto ocurre en 1814, pero en marzo de 1815 protagoniza una escapada, llega a Francia y marcha sobre París tras vencer a las tropas que pretendían capturarle, iniciándose de este modo el periodo que se conoce como los “Cien Días”. Lo que resta es la derrota en la batalla de Waterloo durante la campaña de Bélgica y su destierro definitivo a Santa Elena, una pequeña isla en el Océano Atlántico, lo más alejada posible de Europa y donde moriría en 1821.

Éstos son, sintetizados, los hechos históricos. Veamos ahora su leyenda negra. Hace falta un argumento para sostener la conspiración masónica. ¿Cuál es este argumento tan inquietante? Muy sencillo. Ya hemos comentado que la mayoría de sus mariscales eran masones; pues bien, como éstos se negaron en 1814 a seguir combatiendo ante la inevitable derrota de sus ejércitos, en esta decisión encuentran algunos el foco de la conjura. Supuestamente, la Gran Logia de Francia, pese a que José Bonaparte era su Gran Maestre, le retiró su apoyo a Napoleón y ahí se acabó todo. Si además tenemos en cuenta que el general Wellington y el mariscal Blücher, los dos estrategas que lo vencieron, fueron masones en algún momento de sus vidas, la leyenda está servida.

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sábado, 9 de diciembre de 2017

LA MASONERÍA ESPECULATIVA

LA MASONERÍA ESPECULATIVA
Agustín Celis

La Era de la masonería operativa queda comprendida desde la Alta Edad Media hasta el siglo XVII, momento en el que se empiezan a introducir en las cofradías o gremios de masones muchas personas completamente ajenas al arte de construir y que, adoptando sus fórmulas y sus símbolos, vinieron a constituir otras sociedades cuya historia pertenece ya a lo que se llama francmasonería moderna, y no a las corporaciones de masones o albañiles. Son los denominados “masones aceptados”, que eran normalmente personajes de la alta sociedad que financiaban económicamente a los gremios o les prestaban alguna clase de ayuda.

En un principio, en las logias masónicas convivieron profesionales de la piedra con estos nuevos masones adoptados, pero a medida que dejaron de construirse las grandes catedrales, los masones originarios fueron eclipsados por estos otros, completamente intrusos en el arte de erigir edificios. A esto contribuyó también la aparición de las primeras Academias de Arquitectura, que relegaron a un segundo plano el sistema de aprendizaje de los gremios medievales. En el momento en el que cayó en el desprestigio o en el olvido la transmisión oral de los secretos del Arte, que preservaba el monopolio profesional, la masonería operativa llegó a su fin. Sencillamente, ya no hacían falta los gremios de masones que mantenían vigentes los secretos de la construcción, ahora difundidos por las distintas universidades y academias. De modo paulatino, los profesionales de la construcción fueron dejando paso a los nuevos masones que se sentían atraídos, únicamente, por sus fórmulas externas, es decir, por la simbología y las ceremonias de la masonería operativa, operándose una curiosa metamorfosis de la que surgió la masonería actual, de carácter especulativo, cuya finalidad ya no será la construcción de edificios sino la construcción moral del hombre. En el año 1703, la logia San Pablo de Londres decretaba lo siguiente:

“Los privilegios de la masonería no serán, en lo sucesivo, patrimonio exclusivo de los masones constructores; cualquier otra persona, aunque sea de diferente profesión, tendrá derecho a optar a ellos, con tal que sea regularmente aprobada e iniciada en la orden”.

Pero el momento clave de esta evolución se sitúa en el año 1717, cuando cuatro logias de Londres, exclusivamente formadas por masones aceptados, constituyeron el 24 de junio, durante la festividad de San Juan de verano, La Gran Logia de Londres, que luego pasaría a llamarse Gran Logia de Inglaterra al aglutinar la obediencia de otras muchas logias y talleres de todo el Reino Unido.

A partir de este momento, la masonería será considerada una institución de carácter moral, con una finalidad ética, basada en las reglas tradicionales de la masonería operativa, de la que recogieron todo el instrumental simbólico, el lenguaje, los emblemas, los atributos y los ritos básicos, a todo lo cual le van a dar un sentido espiritual.

Así pues, y llegado a este punto, la pregunta resulta ineludible: ¿Qué es la masonería?

Para responder a esta difícil cuestión, primero hay que tener en cuenta que la masonería especulativa tiene ahora tres siglos de historia, y que en estos trescientos años ha habido, como es inevitable que ocurra en todo lo que adquiere una gran difusión, una enorme cantidad de adulteraciones, desvíos, errores, cismas y heterodoxias, y que a todo eso también se le llama “masonería”. Por tanto, conviene mantener una actitud a medio camino entre la prudencia y la incredulidad, porque ya desde los inicios de la masonería especulativa en el siglo XVIII, la opinión de los más conspicuos masones sobre la doctrina que profesan plantea numerosas dudas.

No obstante, y para ser justos, de entre las muchas definiciones a las que se podría recurrir para precisar lo que es la masonería, he seleccionado la que aparece en el quinto volumen del Diccionario Enciclopédico de la Masonería, en el bloque titulado “Nociones Generales sobre la Francmasonería”. La cita va a ser larga, pero merece la pena. Me limito a exponerla. Juzguen ustedes. Dice así:

“La Francmasonería, institución fundada sobre los principios de la Ley natural, lleva impreso un sello de antigüedad tan remota, e irradia un espíritu de filosofía y de moral tan puros, que le dan una gran importancia social y le aseguran además el respeto y la veneración de todos los pueblos de la tierra.
Su genio, que ha tenido siempre el instinto de lo Verdadero, la elevó hasta el descubrimiento de la Verdad y la condujo al reconocimiento de un Ser Supremo.

La creencia en un Dios único, el amor a la Humanidad y la Fraternidad universal, que son las bases fundamentales de su doctrina, han sido manantial fecundo de beneficios para sus adeptos y para la Sociedad de que éstos forman parte.

En sus templos se aprende a amar y a respetar todo lo que la Virtud y la Sabiduría consagran.

Espíritu de la Libertad y esencia del Progreso, anatematiza el Despotismo; y lejos de pretender invadir y dominar, trabaja incesantemente para unir a la especie humana por los lazos de Amor fraternal, y para que se extiendan por todos los ámbitos de la tierra las corrientes de la Tolerancia y de dulce simpatía en que ella se inspira.

Conteniendo en sí todo cuanto es necesario para formar al hombre social, dotándolo de todas las altas condiciones de Moralidad, de Instrucciones y de Independencia, que son los principales atributos de su naturaleza, marcha a la cabeza de la civilización para dirigir y activar el movimiento propagador de las luces, armonizando su acción con el espíritu de los tiempos.

En este concepto, la Francmasonería, según la definición oficial universalmente aceptada, y contenida en los códigos de las principales potencias y autoridades masónicas del mundo, es una Institución de fraternidad universal esencialmente filantrópica, filosófica y progresiva, que proclama la existencia de un principio creador, bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo, y tiene por principios fundamentales la tolerancia mutua, el respeto de sí mismo y de los demás, y la libertad absoluta del pensamiento y de la conciencia. Por tanto, está abierta a los hombres de todas las razas y de todas las nacionalidades, cualesquiera sean sus opiniones y creencias, con tal que sean libres y de buenas costumbres.

Tiene por objeto la investigación de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad; trabajar por el mejoramiento material y moral y por el perfeccionamiento intelectual y social de la humanidad; hacer extensivo a todos los hombres los lazos fraternales que unen a los Francmasones sobre toda la superficie del globo y luchar incesantemente contra la ignorancia, bajo cualquier forma se presente. `Es una escuela mutua, según se contiene en un notable documento oficial, cuyo programa se resume así: practicar la justicia; amar a sus semejantes; trabajar incesantemente para el bienestar de la humanidad y procurar alcanzar por medios pacíficos y progresivos su emancipación'.
La Francmasonería honra y dignifica el trabajo y lo considera como uno de los deberes más esenciales del hombre; por esto proscribe la ociosidad voluntaria y da a sus miembros el título de Obreros.

De esta definición se deduce claramente, que la Francmasonería es una institución nacida para combatir con las armas de la persuasión y por la fuerza moral del buen ejemplo, todo lo que atente al progreso de la razón y al espíritu de la confraternidad universal. En esta fuerza moral, que sólo se adquiere por la virtud, que es la única que la opinión reconoce como legítima, y que la conciencia de los pueblos consagra en el código de las naciones, considerándola como agente supremo del poder soberano, cifra la Francmasonería su mayor gloria; y a ella es deudora de los grandes triunfos que con tanta justicia la han colocado como la primera, al frente de todas las grandes instituciones nacidas del amor a la humanidad y del interés por el bienestar de los pueblos.

Por esto debemos definirla, en conclusión, diciendo, que es la ciencia del progreso moral; y resumir su acción social en estos dos grandes atributos de la inteligencia: Luz y Verdad.

Ilustrar a los hombres cimentando su instrucción en ideas sólidas y positivas y sobre los principios de la ley natural; convencerlos por la persuasión, y enseñarlos con el buen ejemplo, es conducirlos por la fuerza de la razón, a un régimen de orden y de simpatía, y a un estado de paz y bienestar duradero y envidiable.

Estos son los principios y los fines de la Francmasonería”.

Después de leer estas hermosas palabras, cualquier persona con sentido común podría preguntarse: ¿por qué, entonces, ha sido y sigue siendo tan duramente denostada? ¿Por qué está continuamente bajo sospecha, al menos en España? ¿Por qué se dice que es una secta satánica, gnóstica, impía, anticristiana, etc.? ¿Por qué se la considera una sociedad de carácter político? Y otras tantas que resultaría ocioso enunciar aquí y ahora.

Algunas de esas cuestiones irán surgiendo a lo largo del libro e intentaremos resolverlas con mayor o menos fortuna. Pero antes de nada, conviene reparar en el hecho de que esta definición se refiere a una masonería genérica, de altos vuelos, y que junto a ésta han ido surgiendo otras muchas masonerías, como resultado de los infinitos cismas y adulteraciones a los que nos referimos antes; de modo que no se puede hablar de una única masonería, sino de muchas masonerías. Como dije, el tema es amplio y complejo, y sobrepasa los propósitos de este libro, planteado como una serie de sucesivas aproximaciones al tema de los masones, ni a favor ni en contra, pues somos independientes y a nadie debemos vasallaje.

Como simple curiosidad, nombraré sólo algunas de estas otras masonerías para que ustedes sepan que hay también una masonería Alta y una Pequeña, y hasta una masonería Roja y otra Azul y otra Blanca, relacionada con los grados masónicos. Existe una masonería Evangélica que tiene por objeto la propagación del Evangelio; y existe otra denominada Montaraz o de los Bosques, que supuestamente data de la más remota antigüedad y que pretende el capricho de que los “hermanos” masones se ayuden y protejan en las vastas soledades de los montes y las selvas. Hay una masonería de Adopción, a la que pueden acudir las señoras que se sientan discriminadas por no poder tener acceso a las logias “machistas” que sólo aceptan a los hombres; y también una masonería Adonhiramita, invención absolutamente misteriosa de un tal barón Tschoudy. Pero sin duda la más sugerente es la masonería Oculta, a cuya definición, encontrada en el fundamental Diccionario Enciclopédico de la Masonería, no me puedo resistir:

“Nombre de la Masonería filosófica que deriva directamente de los grandes principios y misterios de los tiempos y sabios de la Antigüedad. Forman su esencia y estudio el poder de los números según Pitágoras, la Filosofía secreta de Enrique Cornelio Agrippa, los principios de la filosofía racional de Cardan, el sistema filosófico y médico de Paracelso, de la Iatricia, las teorías de Francisco Antonio Mesmer sobre la teoría de la Armonía Universal, el Magnetismo, Sonambulismo, Taumaturgia, Fisiología, Frenología, las Interpretaciones filosóficas y el estudio del mundo sideral en sus relaciones con la vida humana”.

Casi nada. Del tal Francisco Antonio Mesmer tendré ocasión de hablar en el capítulo que he titulado Tres charlatanes y un iluminado. Menudo pájaro.

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viernes, 8 de diciembre de 2017

EL BRINDIS DEL RETEJADOR

EL BRINDIS DEL RETEJADOR


Probablemente la mayoría de los Masones son conscientes de que el Ágape en el Rito de Emulación tiene carácter ritual, cosa que no sucede en los ritos de creación continental. Esto sucede porque originalmente la Tenida consistía en un Ágape interrumpido por preguntas rituales, o por ausencias no muy largas cuando era preciso iniciar o pasar a alguien de Grado. En el Arco Real todavía se mantiene algún vestigio de los catecismos que se preguntaban y respondían, cosa que no sucede en la Masonería Simbólica. Pero conviene que no olvidemos que las Tenidas de comienzos del Siglo XVIII eran esencialmente un banquete si queremos entender correctamente el Brindis del Retejador, que es en realidad un fragmento de ritual antiguo que se ha quedado en el mismo sitio que ocupaba entonces a pesar de que los rituales han sufrido enormes modificaciones y el Ágape tenga su lugar aparte.

Vamos a empezar comparando los siguientes dos fragmentos. El primero corresponde al Brindis del Retejador (cuyo texto íntregro puede encontrarse al final):

Repeat that farewell strain,
happy to meet, sorry to part,
happy to meet again.

Repetid este estribillo de despedida,
felices por reencontrarnos, tristes por separarnos,
pero nos reencontraremos felices.

Veamos ahora las últimas palabras que dice el Segundo Vigilante en Emulación una vez que el Venerable ha cerrado la Logia en Segundo Grado:

Happy have we met,
Happy may we part
and happy meet again.

Felices nos hemos reunido.
Felices no separamos,
Y felices nos reencontraremos.

Sin embargo, originalmente las palabras que se decían al cerrar el Segundo Grado en el Rito de York incluían una frase más, que no se incluye en Emulación:

Happy have we met,
Happy have we been,
Happy may we part
and happy meet again.

Felices nos hemos reunido,
Felices hemos estado,
Felices no separamos,
Y felices nos reencontraremos.


Albert Mackey llama la atención por la eliminación de la frase felices hemos estado. ¿Por qué fue eliminada? En opinión de Mackey, porque una frase así no puede, bajo ningún concepto, pronunciarse en el Cierre del Segundo Grado. ¿Por qué íbamos a estar felices en un Segundo Grado? Semejante afirmación, en sentido estricto, únicamente podría pronunciarse tras cerrar un Capítulo de Arco Real. Para quien busca la Visión Beatífica, el estado de purificación en este mundo no puede ser sino causa de pesar.


Una posibilidad que explicaría la eliminación de esa frase por parte de los creadores del Ritual de Emulación en 1816 sería que muy probablemente se habían percatado de ello. En la tradición Antigua se trabaja por sistema en Grado de Maestro (por ello, a nivel de Gran Logia y Gran Logia Provincial, se hace salir a los Aprendices y Compañeros, pudiendo así abrir y cerrar en Tercer Grado, aunque luego se baje a Primero). En realidad, para cualquier que entienda bien la Iniciación, una reunión de Maestros debe tener lugar necesariamente en el plano astral, y esa es la razón de que en el Rito de York se trabaje sistemáticamente en Tercer Grado. Sin embargo, en los orígenes de la Masonería especulativa únicamente había dos Grados, y era en el Segundo Grado donde se representaba la Muerte Simbólica que hoy plasmamos en el Tercer Grado (esto se aprecia especialmente bien en el Rito Escocés Rectificado, donde se hace coincidir la Elevación a Maestro Masón con la caída a la tumba, y posteriormente se escenifica una reunión en el plano correspondiente circulando de manera incompleta la Palabra Sagrada). Muy probablemente, la frasefelices hemos estado serviría para cerrar el Grado en el que se representase la Muerte Simbólica. Cuando se reestructuraron los Grados pasando la Muerte Simbólica al Tercero, la fórmula de cierre del Segundo Grado se mantuvo, siendo corregida por los creadores de Emulación.

Es decir, muy probablemente los primeros Masones trabajarían habitualmente en Segundo Grado, cerrando la Tenida (lo que es lo mismo, concluyendo el Ágape) con este Brindis por sus Hermanos en tribulaciones. Al reestructurar el sistema de Grados, este cierre del Segundo Grado se quedó en los dos sitios que le correspondían: en el cierre del Segundo Grado, donde siempre estuvo, y en el cierre del Ágape, que originalmente coincidió con el cierre de la Tenida. El texto que se sigue empleando hoy endía para el Brindis nos recuerda que antiguamente el cierre de la Tenida y el fin del Ágape eran en realidad el mismo instante:

Brethren of the Mystic Tie,
the night is waning fast,
our duties done,
our feast is over,
this toast must be our last.

Hermanos del Lazo Místico,
las horas pasan rápidas,
nuestros trabajos concluidos,
nuestro Ágape terminado,
este Brindis debe ser el último.

Sala de Ágapes de la Logia Primera Logia de Irlanda nº 1 en Cork (Irlanda).

El origen del Brindis del Retejador, al menos en su forma actual, muy probablemente sea de origen irlandés (¡siempre ellos!). En 1719, tras ser instalado como Gran Maestro, el Dr. Désaguliers recuperó los brindis regulares y peculiares de la Francmasonería. Entonces los brindis eran cantados, y aunque en las Constituciones de 1723 hay dieciséis páginas de estos brindis, el Brindis del Retejador no aparece entre ellos, del mismo modo que tampoco aparece en las Constituciones de 1738. La primera vez que una forma de este brindis aparece escrita es en el texto de los Antiguos, Ahiman Rezon, publicado en 1756 donde Laurence Dermott lo glosó de la siguiente manera:

My Brethren, all take Glass in Hand, 
And toast our noble Master Grand, 
And in full chorus sing, 
And in &c., 

A Health to ancient Masons Free, 
Throughout the Globe, where-e'er they be, 
And so God save the King, 
And so God save the King. 

To all Ancient Masons, wheresoever dispers'd,
or oppressed, round the Globe, &c. 

Hermanos, tomad todos el vaso
y brindemos por nuestro noble Gran Maestro
y todos a coro cantemos
y todos a coro cantemos etc.

Un brindis por los antiguos Francmasones
dispersos por el globo, donde quiera que estén.
y así Dios salve al rey,
y así Dios salve al rey.

Por todos los Masones Antiguos,
donde quiera que estén dispersos u oprimidos,
por todo el orbe, etc.

El hecho de que ponga "etc." es significativo, porque implica que Dermott daba por sentado que cualquier masón irlandés conocería el texto. Además, el hecho que este Brindis de carácter ritual se gestase en las mismas décadas en que se forma el actual Segundo Grado explicaría las modificaciones introducidas en el mismo.

Versión cantada del Brindis del Retejador. Los Hermanos
canta a coro el "happy to meet, sorry to part, hoping to meet again".

Brethren of the Mystic Tie,
the night is waning fast,
our duties done,
our feast is over,
this toast must be our last.

Good night, good night,
once more, good night.
repeat that farewell strain,
happy to meet, sorry to part,
happy to meet again.

Brethren, by command of the Worshipful Master I give you the Tyler's Toast.

To all poor and distressed Masons, wherever they may be, on land, sea, or in the air, we wish them a speedy relief fron their suffering and a safe return to their native land,
should their heart so desire.

Hermanos del Lazo Místico,
las horas pasan rápidas,
nuestros trabajos concluidos,
nuestro Ágape terminado,
este Brindis debe ser el último.

Buenas noches, buenas noches,
una vez más, buenas noches,
repetid este estribillo de despedida:
Felices nos hemos reunido.
Felices no separamos,
Y felices nos reencontraremos.

Hermanos, por orden del Venerable Maestro pronuncia el Brindis del Retejador

Por todos los Masones pobres o en desolación, donde quiera que estén, en tierra, mar o aire, les deseamos un rápido alivio a sus sufrimientos y un seguro regreso a
su tierra natal, si así lo desean.

http://masoneriaantigua.blogspot.pe/2015/04/el-brindis-del-retejador.html