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viernes, 5 de agosto de 2016

DIOSES SUMERIOS- VERDADES Y MITOS 1 de 3

DIOSES SUMERIOS- VERDADES Y MITOS 1 de 3

En las tablas Sumerias, escritas hace más de 5000 años, (así como en el Bhagavad Gita de los vedas) se describen claramente sus “Dioses”. 

Los Annunaki (tambien llamados Annuna – Hijos de An) fueron los dioses confinados en el mundo subterraneo, también se dice que vivían en Dulkug o Dulku , el “montículo santo”. En el texto sumerio sobre “El descenso de Innana al Mundo Bajo” se identifica a los Annunaki como los siete jueces del Mundo Bajo. 

Para otros son una familia de dioses inmaduros, separados de sus padres y abandonados en un mundo que se estaba recuperando de una batalla con una estrella de la muerte. 

La leyenda sumeria dice que existe un planeta más en nuestro sistema solar, llamado Niburu por los sumerios, que tiene una órbita elíptica similar a la de un cometa y que tarda 3600 años en dar una vuelta completa alrededor del sol. 

Dioses Sumerios- Verdades y Mitos.

Copiados los textos una y otra vez de originales más antiguos que se remontaban a la civilización sumeria, miles de tablillas de las culturas mesopotámicas posteriores nos narran la vida obra y milagro de los primeros dioses que, en número de seiscientos, llegaron a la Tierra hace miles de años, cuando aún el hombre no existía. 



Asignados a Anu, para seguir sus instrucciones,
trescientos en los cielos estacionó como guardia;
los caminos de la Tierra para definir desde el Cielo;
y sobre la Tierra,
a seiscientos hizo residir.
Después de ordenarles a todos sus instrucciones,
a los Anunnaki del Cielo y de la Tierra
él les asignó sus tareas.

Estos dioses, los nefilim o anunakis, buscaban en nuestro mundo oro y sus metales asociados, la plata y el bronce, y a su llegada se establecieron inicialmente en Mesopotamia, concretamente su primera ciudad fue denominada con el nombre de E.RI.DU. (casa construida en la lejanía). Su jefe principal era “Anu”, quién una vez establecidas las primeras infraestructuras para la búsqueda de los metales preciosos regresó a los “cielos” para seguir ejerciendo su autoridad suprema. El control del nuevo mundo colonizado fue repartido por deseo expreso de “Anu” entre dos de sus hijos, “Enlil” y “Enki”, correspondiéndole al primero de ellos el “Mundo Superior” y al segundo el “Mundo Inferior”, también conocido como AB.ZU o “profundidad acuosa”, lo que ha llevado a los arqueólogos e investigadores a compararlo con un mundo abismal y mitológico, donde el mismo término abismo (del griego abyssos, adoptado a su vez del acadio apsu) nos trae la idea de las aguas profundas, oscuras y peligrosas en las que uno se puede hundir y desaparecer. En definitiva, una Tierra de los Muertos o una especie de infierno similar a la que gobernaba en la mitología griega Hades. 

Pero para los sumerios, el AB.ZU no representaba ningún lugar parecido al infierno o destino de almas en pena de donde no se pudiese retornar, sino una tierra lejana y llena de riquezas que se encontraba más allá del mar, y a la que se podía llegar tras un largo viaje en barco. Exactamente se referían a una distancia de “100 beru”, una extraña medida que los sumerios utilizaban aunando a la vez tiempo y distancia, pues un “beru” equivalía a unas dos horas de desplazamiento aproximadamente, a una velocidad que se desconoce en la actualidad.

Y era precisamente aquí, en el AB.ZU, donde los sumerios emplazaban a A.RA.LI (lugar de las vetas brillantes), donde gran cantidad de barcos a los que denominaban con el nombre de MA.GUR UR.NU AB.ZU (barco para mineral del mundo inferior) partían con rumbo a sumeria cargados de metales preciosos que eran procesados en otra de las ciudades fundadas por los nefilim llamada “Bad-Tibira”. La propia Biblia se refiere a una rica tierra llena de oro con el nombre de “OFIR”, a donde los convoyes de barcos del rey Salomón partían de Esyón Guéber (la actual Elat) para atravesar el Mar Rojo dirección al sur, y volver cargados de riquezas para la construcción del Templo de Jerusalén.

En el distante mar,
100 beru de agua [en la distancia]...
El suelo de Arali [está] ...
Está donde las Piedras Azules hacen enfermar,
adonde el artesano de Anu
lleva el Hacha de Plata, que brilla como el día.

No cabe duda que la A.RA.LI sumeria y la OFIR bíblica eran la misma tierra de riquezas, y que por todas las referencias sobre su emplazamiento, tanto bíblico como mesopotámico, señalan su lugar de procedencia al sureste de África. No fue pues al AB.ZU ningún reino de Hades, como quieren suponer los arqueólogos e historiadores de las antiguas civilizaciones mesopotámicas, sino el lugar elegido por los dioses para cumplir si principal misión en la Tierra, la recogida de minerales y muy especialmente el oro. Basta recordar la afirmación del propio Yahvé recogida por la mano del profeta Hageo: "Mía es la plata, y mío es el oro” (Hageo 2:8). 

¿Y por qué África? Si echamos un ojo sobre las riquezas minerales del continente negro, solo en la actualidad, la producción de oro en el continente africano está encabezada por Sudáfrica con una media anual de 300 toneladas en los últimos años, siendo el segundo productor mundial después de China, habiendo sido el primero desde el año 1.905 hasta 2.007. A continuación le siguen Ghana (más de 75 toneladas), Malí (50 toneladas), Tanzania (50 toneladas), Guinea y Zimbabwe (15 toneladas). En total, son más de 34 países africanos los que producen oro, llegando a una producción global de más de 600 toneladas al año, es decir, la cuarta parte de la producción anual de todo el mundo, y hemos de tener muy presente que el continente africano es poseedor de la mitad de las reservas de oro mundiales catalogadas. 

Los antiguos sumerios así como el resto de las antiguas culturas tenían muy claro cuál fué el origen del ser humano. El hombre, fué creado para servir a los dioses.

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