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domingo, 2 de junio de 2013

Solve et Coagula


Solve et Coagula

Su significado oculto EL SEPARARSE A SÍ MISMO DE SÍ MISMO Mientras un hombre no se separe a sí mismo de sí mismo, no puede alcanzar nada, y nadie puede ayudarlo. Gobernarse es algo muy difícil: es un problema para el futuro; requiere mucho poder y demanda mucho trabajo. 

Pero esta primera cosa, separarse a sí mismo de sí mismo, no requiere mucha fuerza, sólo necesita deseo, un deseo serio, el deseo de un hombre adulto. Si un hombre no puede hacerlo, demuestra que le falta el deseo de un hombre adulto. Consecuentemente, es la prueba de que aquí no hay nada para él. 

Lo que hacemos aquí sólo puede ser el hacer apropiado para los adultos. Nuestra mente, nuestro pensar, no tiene nada en común con nosotros, con nuestra esencia: ninguna conexión, ninguna dependencia. 

Nuestra mente vive a solas, y nuestra esencia vive a solas. Cuando decimos "separarse a sí mismo de sí mismo" queremos decir que la mente debería separarse de la esencia.

 Nuestra débil esencia puede cambiar en cualquier momento, porque depende de muchas influencias: del alimento, de lo que nos rodea, del tiempo, del clima, y de una multitud de otras causas. Pero la mente depende de muy pocas influencias y por lo tanto, con un pequeño esfuerzo, puede ser mantenida en la dirección deseada. 

Cada hombre débil puede dar la dirección deseada a su mente. Pero no tiene poder sobre su esencia; se necesita gran poder para dar a la esencia una dirección y hacérsela conservar. (Cuerpo y esencia son el mismo diablo.) La esencia del hombre no depende de él: puede estar de buen o mal humor, irritada, alegre o triste, excitada o tranquila. Todas estas reacciones pueden ocurrir independientemente de él. Un hombre puede estar molesto porque ha comido algo que le ha producido este efecto. Si un hombre no tiene dotes especiales nada se le puede exigir. Por lo tanto no puede esperarse de él más de lo que tiene. 

Desde un punto de vista puramente práctico, un hombre por cierto no es responsable a este respecto; no es culpable de ser lo que es. De modo que tomo este hecho en consideración porque sé que no se puede esperar de un hombre débil algo que requiere fuerza. Se puede exigir a un hombre sólo de acuerdo con la fuerza que tiene para cumplir. 

Naturalmente, la mayoría de los presentes están aquí porque les falta esta fuerza y han venido aquí para conseguirla. Esto significa que quieren ser fuertes, así que no se espera fuerza de ellos. Pero estoy hablando ahora de otra parte de nosotros, de la mente. Hablando de la mente, yo sé que cada uno de ustedes tiene suficiente fuerza, cada uno de ustedes puede tener el poder y la capacidad de actuar en forma diferente de como actúa ahora. La mente es capaz de funcionar independientemente, pero también tiene la capacidad de identificarse con la esencia, de convertirse en una función de la esencia. En la mayoría de los presentes, la mente no trata de ser independiente sino que es meramente una función. Repito, cada hombre adulto puede alcanzar esto; todos los que tienen un deseo serio pueden hacerlo. Pero nadie lo intenta. Y por eso, a pesar del hecho de que han estado acá tanto tiempo, a pesar aún del deseo que han tenido durante tanto tiempo antes de venir acá, permanecen en un nivel inferior al de un amo de casa, es decir, al nivel de un hombre que nunca tuvo la intención de hacer nada. Repito de nuevo: actualmente no somos capaces de controlar nuestros estados, así que no se nos puede exigir esto. Pero cuando adquiramos esta capacidad, se nos harán demandas correspondientes. 

Para comprender mejor lo que quiero decir, les daré un ejemplo: ahora, en un estado tranquilo, no reaccionando a nada ni a nadie, decido darme la tarea de establecer buenas relaciones con el señor B., porque le necesito para mis negocios y puedo hacer lo que quiero sólo con su ayuda. Pero el señor B. no me gusta porque es un hombre muy desagradable. No comprende nada. Es un estúpido. Es malvado, lo que ustedes quieran. Estoy hecho de tal manera que estos rasgos me afectan. Aun si tan sólo me mira, me irrito. Si dice tonterías, me saca fuera de mí. Soy solamente un hombre, así que soy débil y no puedo persuadirme de que no necesito enojarme; seguiré enojándome. Pero puedo controlarme, según la seriedad de mi deseo de lograr el fin que quiero a través de él. Si mantengo este propósito, este deseo, seré capaz de hacerlo. 

No importa cuan enojado esté, este estado de querer estará en mi mente. No importa cuan furioso, cuan fuera de mi esté, en un rincón de mi mente todavía recordaré la tarea que me he fijado. Mi mente es incapaz de refrenarme de cualquier cosa, incapaz de hacerme sentir esto o aquello hacia él, pero es capaz de recordar. Me digo: "Tú lo necesitas, por lo tanto, no seas molesto ni grosero con él." Podría aun suceder que yo lo maldijera, o golpeara, pero mi mente continuaría acicateándome, recordándome que no debería hacerlo. Pero la mente es impotente para hacer cualquier cosa. Esto es precisamente lo que puede hacer quienquiera que tenga un deseo serio de no identificarse con su esencia. Esto es lo que significa "separar la mente de la esencia". Y ¿qué pasa cuando la mente se convierte en una mera función? Si me enojo, si pierdo los estribos, pensaré, o mejor dicho "ello" pensará, de acuerdo con este enojo, y yo veré todo a la luz del enojo. ¡Al diablo con eso! Por lo tanto, digo que en el caso de un hombre serio —un hombre sencillo, ordinario, sin poderes extraordinarios, pero un hombre adulto— cualquier cosa que decida, cualquier problema que él se ha planteado, ese problema siempre permanecerá en su cabeza. Aun si no puede lograrlo en la práctica, siempre lo guardará en la mente. Aun si está influenciado por otras consideraciones, su mente no olvidará el problema que se había planteado. Tiene un deber que cumplir y si es honesto se esforzará en cumplirlo porque es un hombre adulto. 

Nadie puede ayudarlo en este recordar, en esta separación de él mismo de sí mismo. Un hombre tiene que hacerlo por sí mismo. Sólo entonces, desde el momento en que el hombre tiene esta separación, otro hombre puede ayudarlo. Por consiguiente, sólo desde ese momento puede el Instituto serle de alguna utilidad, si vino al Instituto buscando esta ayuda. Probablemente en las conferencias ustedes han oído cosas sobre el tema de lo que un hombre quiere. Puedo decir acerca de la mayoría de los que están acá ahora que no saben lo que quieren, no saben por qué están aquí. No tienen ningún deseo básico. A cada momento cada uno desea algo, pero en él "ello" desea. 

Acabo de dar como un ejemplo que quiero pedir prestado dinero al señor B. Puedo lograr lo que quiero sólo al convertir este deseo en primario, la cosa principal que quiero. Así que, si cada uno de ustedes desea algo, y el Instituto sabe lo que éste desea, el Instituto podrá ayudar. Pero si un hombre tiene un millón de deseos, y ninguno predominante, entonces ni uno de ellos puede ser satisfecho, porque se necesitan años para dar una sola cosa, ¿y para un millón de cosas... ? Es verdad que no es fácil querer; pero la mente debe siempre recordar lo que quiere. La única diferencia entre un niño y un adulto está en la mente. 

Todas las debilidades están allá, comenzando con el hambre, la sensibilidad, la ingenuidad; no hay diferencia. Las mismas cosas se encuentran en un niño y en un adulto: amor, odio, todo. Las funciones son las mismas, la receptividad es la misma, igualmente reaccionan, igualmente se entregan a los miedos imaginarios. En suma, no hay ninguna diferencia. La única diferencia está en la mente: tenemos más material, más lógica que un niño. Bien, otra vez como un ejemplo: A. me miró y me llamó tonto. Perdí la paciencia y lo ataqué. Un niño hace lo mismo. Pero un adulto igualmente rabioso, no le pegará; se refrenará. Porque si le pega, el policía vendrá y él tiene miedo de lo que pensarán los demás; dirán; "¡Qué hombre descontrolado!" O me refreno por miedo de que él se aleje de mí mañana, y lo necesito para mi trabajo. 

En breve, hay miles de pensamientos que pueden detenerme o no detenerme. Pero de todos modos estos pensamientos estarán allí. Un niño no tiene lógica, no tiene material, y a causa de eso su mente es sólo una función. Su mente no se detendrá para pensar; en él será "ello piensa", pero este "ello piensa" estará teñido con odio, lo que significa identificación. No hay grados definidos entre niños y adultos. Duración de vida no quiere decir madurez. Un hombre puede vivir hasta los cien años y permanecer todavía niño; puede llegar a ser alto y de todas maneras ser un niño, si queremos decir con "niño" uno que no tiene lógica independiente en su mente. 

Un hombre puede ser llamado "adulto" sólo desde el momento en que su mente ha adquirido esta cualidad. Por eso, desde este punto de vista, se puede decir que el Instituto es sólo para la gente adulta. Sólo un adulto puede sacar provecho de él. Un niño o una niña de ocho años pueden ser adultos, y un hombre de sesenta puede ser un niño. 

El Instituto no puede hacer adulta a la gente, ésta tiene que serlo antes de venir al Instituto. Los que están en el Instituto deben ser adultos, y con esto quiero decir adultos no en la esencia sino en la mente. Antes de proseguir es necesario aclarar lo que quiere cada persona, y lo que puede dar al Instituto. El Instituto puede dar muy poco. El programa del Instituto, el poder del Instituto, la meta del Instituto, las posibilidades del Instituto se pueden expresar en pocas palabras: el Instituto puede ayudarle a uno a ser capaz de ser cristiano. ¡Sencillo! ¡Eso es todo! Puede hacerlo sólo si un hombre tiene este deseo, y un hombre tendrá este deseo sólo si tiene un lugar donde esté presente el deseo constante. Antes de ser capaz, uno tiene que querer. Por lo tanto, hay tres períodos: querer, ser capaz, y ser. El Instituto es el medio. Fuera del Instituto es posible querer y ser; pero aquí es posible ser capaz. La mayoría de los presentes se llaman a sí mismos cristianos. Casi todos son cristianos entre comillas. Examinemos esta cuestión como adultos. 

—Doctor X., ¿es usted un cristiano? ¿Qué piensa usted: debería uno amar a su prójimo u odiarlo? ¿Quién puede amar como un cristiano? Resulta que ser cristiano es imposible. El cristianismo incluye muchas cosas; hemos tomado solamente una de ellas para servir como ejemplo. ¿Puede usted amar u odiar a alguien a pedido? Sin embargo, el cristianismo dice precisamente esto: amar a todos los hombres. Pero esto es imposible. Al mismo tiempo, es muy cierto que es necesario amar. 

Primero uno tiene que ser capaz, sólo entonces uno puede amar. Desgraciadamente, con el tiempo, los cristianos modernos han adoptado la segunda mitad, amar, y perdido de vista la primera, la religión que debía haberla precedido. Sería muy tonto que Dios demandara del hombre lo que éste no puede dar. La mitad del mundo es cristiana, la otra mitad tiene otras religiones. Para mí, un hombre sensato, esto no importa; son iguales a la cristiana. Por lo tanto, es posible decir que el mundo entero es cristiano, la diferencia está solo en el nombre. Y ha sido cristiano no solamente por un año sino por miles de años. 

Había cristianos mucho antes del advenimiento del cristianismo. Así que el sentido común me dice: "Sí por tantos años los hombres han sido cristianos ¿cómo pueden ser tan tontos como para exigir lo imposible?" Pero no es así. Las cosas no han sido siempre como son ahora. Sólo recientemente la gente ha olvidado la primera mitad, y por esto ha perdido la posibilidad de ser capaz. De ahí que llegó a ser de hecho imposible. Que cada uno se pregunte, sencilla y abiertamente, si puede amar a todos los hombres. Si ha tomado una taza de café, ama; si no, no ama. ¿Cómo se puede llamar a esto cristianismo? En el pasado, no todos los hombres eran llamados cristianos. Algunos miembros de la misma familia eran llamados cristianos, otros pre-cristianos, otros aun, no- cristianos. Así es que en la misma familia podían encontrarse los primeros, los segundos y los terceros. Pero ahora todos se llaman a sí mismos cristianos. 

Es ingenuo, deshonesto, imprudente y despreciable llevar este nombre sin justificación. Un cristiano es un hombre capaz de cumplir con los Mandamientos. un hombre que es capaz de hacer todo !o que se exige a un cristiano, tanto con su mente como con su esencia, es llamado un cristiano sin comillas. Un hombre que en su mente quiere hacer todo lo que se exige a un cristiano, pero sólo puede hacerlo con su mente y no con su esencia, es llamado precristiano. Y un hombre que no puede hacer nada, ni siquiera con la mente, es llamado un no-cristiano. Traten de comprender lo que quiero comunicar con todo esto. Dejen que su comprensión sea más profunda y más amplia.

VICENYE ALCOSERI.

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