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miércoles, 29 de enero de 2014

El Verbo, El Poder De La Palabra Y La Creación

De Misterios En Misterios
Parte 5

El Verbo, El Poder De La Palabra
Y La Creación

CARNAP

Jacobo Boehme (1575 – 1624), a quien Louis - Claude de Saint Martin Fundador de la Orden Martinista  considera como su “segundo Instructor”, siendo el primero Martínez de Pascually, el es el autor de varias obras muy notables ya que le fue inspiradas después de una iluminación personal. Entre sus escritos más importantes, se cita: “La Aurora Naciente”, “Los Tres Principios de la Esencia Divina” y especialmente “Mysterium Mágnum”. A continuación os presento un extracto de esta última obra, veamos lo que ese gran gnóstico cristiano escribió a propósito del Verbo:

“De esta manera, cada ser humano posee en él mismo el sonido de la Palabra Divina manifestada, en su dualidad de ser a la vez eterna y temporal. Esto es así tanto para el hombre que razona como para el hombre que piensa bien, ya que el Verbo fue pronunciado fuera de su centro por la Voz de Dios, con sabiduría, luego se transforma en fuego y en luz, se manifiesta en el “Fiat”, y se condensa en materia. En lo sucesivo, el Verbo está fuera de lo Eterno, y la materia condensada está en lo temporal. Es por esa razón que en todas las cosas se oculta algo de eterno…

La Palabra Divina manifiesta la Divinidad por completo, con todos sus esfuerzos, sus Poderes, su Esencia Absoluta, su Elevación, su Penetración, su Transformación, su Acción por excelencia y su Entera generación. Cada palabra de la voz humana toma forma y se expresa, ya sea en el amor de Dios, como en el Verbo Sagrado, ya sea en la ira de Dios, según la cualidad. La Palabra Divina está cerca de nosotros, al interior mismo de nuestro corazón y en nuestros labios, y es Dios mismo quien da la palabra a nuestro corazón y a nuestros labios”.



Según la definición común, la palabra es la expresión verbal del pensamiento y el sostén de la comunicación entre los individuos. A nivel humano, nadie puede dudar lo bien fundado de esta definición, ya que las palabras constituyen, efectivamente, el medio que los hombres utilizan para intercambiar ideas. En este sentido, todo individuo privado de la palabra y del oído experimenta dificultades para hacerse comprender, ya que pocas personas son capaces de comunicar de otra forma que no sea hablando y escuchando hablar a las otras. Al respecto, es necesario notar que uno de los propósitos del misticismo es desarrollar nuestra aptitud para comunicar mentalmente con el prójimo, lo que permite no recurrir sistemáticamente el intercambio verbal cuando queremos transmitir una idea a cualquier otro. Eso no quiere decir que debemos tratar de reemplazar todas nuestras conversaciones habituales con transmisiones del pensamiento, ya que tal cosa es imposible por encontrarnos en la tercera dimensión. Eso significa simplemente que no debemos olvidar la eficacia de la comunicación mental.

Es evidente que el lenguaje que los hombres utilizan en la actualidad no siempre fue el que es. En efecto, cualquiera que sea el lenguaje concernido, es el resultado de una muy larga evolución a través del tiempo, y tal vez incluso a través del espacio. Todos los antropólogos están de acuerdo en decir que la palabra, antes de volverse un medio de comunicación entre los seres, fue un medio de expresión. Dicho en otras palabras, las palabras fueron primero utilizadas para expresar un estado emocional, antes de serlo para reflejar una idea. Por esa razón, el lenguaje articulado apareció relativamente tarde en la historia de la humanidad, ya que al inicio sólo era una combinación dispersa de sonidos, gritos o interjecciones que tenían por objetivo manifestar sentimientos tales como miedo, el descontento, el enojo o, por el contrario, el bienestar, la alegría y la serenidad.

A medida que la consciencia humana se desarrollo, el lenguaje se estructuró, lo que prueba que siempre fue el reflejo del grado de inteligencia que el hombre había alcanzado en un momento dado de su evolución. Sin embargo, es de notar que incluso en su forma más primitiva, el lenguaje permitía al individuo exteriorizar un estado interno y hacer saber a sus congéneres lo que sentía en tal o cual circunstancia. Con el tiempo, el lenguaje del hombre se afinó y actualmente se manifiesta por medio del uso de la palabra, la cual permite expresar un estado tanto emocional como mental. En ese sentido, disponemos hoy de un lenguaje particularmente rico para comunicar nuestras emociones a los demás al mismo tiempo que les trasmitimos nuestras ideas. Por otra parte, es lo que nos diferencia de los animales, incluso si es evidente que tienen su propio lenguaje.

Decir que el lenguaje humano está dotado de un poder evocado no es suficiente, ya que tiene igualmente una influencia creadora que da una dimensión particular a las palabras que pronunciamos. Es lo que explica que en todas las religiones, desde los tiempos más lejanos, los místicos atribuían un poder creador a las palabras. Para ellos, las palabras corresponden a formas de pensamiento cuya naturaleza vibratoria ejerce una influencia, no solamente en las personas que las pronuncian, sino también en los individuos que las escuchan. Pero esta influencia, según las emociones o las ideas expresadas, puede ser positiva o negativa. Dicho en otras palabras, el poder creador del lenguaje humano puede ser constructivo o destructivo, aunque no podamos negar que pocas personas tienen consciencia de los efectos que sus palabras pueden tener en y alrededor de ellas.

Que tengamos consciencia o no, todo lo que decimos pone en movimiento vibraciones que contribuyen a la armonía o que, por el contrario engendran la discordia. Si esto es así, es porque las palabras están cargadas del estado emocional y mental de la persona que la dice. Por eso, es fácil comprender que si ese estado es positivo, las palabras pronunciadas, más allá de las apariencias, transmiten vibraciones de la misma naturaleza. Inversamente, si es negativo, la influencia ejercida lo es igualmente. La mejor prueba, es que podemos sentir si un individuo está calmado, preocupado o irritado, únicamente por el sonido y la intensidad de su voz, ya que crea en la atmósfera un ambiente vibratorio que refleja perfectamente sus pensamientos y sus emociones. Como ejemplo, cuando una persona está enojada, su manera de hablar es tal que perturba negativamente su medio ambiente inmediato, hasta el punto de poder comunicar a los demás su estado colérico. Por el contrario la experiencia prueba que un individuo perfectamente sereno puede, solamente hablando, transmutar un ambiente nocivo y restaurar la armonía.

El mejor ejemplo del poder creador de las palabras desde el punto de vista místico es el uso de los sonido vocales o de las mantras que utilizan los iniciados de algunas Ordenes Iniciáticas. Cada una de esas vocales o mantras, les trasmite una energía vibratoria que produce efectos físicos, síquicos y espirituales precisos, neutralizando ciertos estados patológicos del cuerpo o para despertar ciertas facultades latentes. Si tal es el caso, es porque todo sonido vocal verdaderamente místico, cuando se entona correctamente, vibra en armonía con las fuerzas más constructivas del universo. Por este hecho, su entonación permite beneficiarse de las influencias positivas de esas fuerzas. Por lo anterior, toda palabra emitida por la voz humana, ya sea mística o no, produce efectos definidos en los seres o en las cosas, ya que, como lo vimos precedentemente, es una combinación de vibraciones que transmiten a la vez uno o varios sonidos y un estado de consciencia particular.

No se puede evocar el tema del lenguaje sin evocar a las enseñanzas acerca de la “Palabra Perdida”. Conforme a una Ontología, toda la Creación fue concebida en el Pensamiento Divino y luego proyectada en el espacio al sonido del Verbo, considerado tradicionalmente como la Vibración Primordial. Dicho en otras palabras, todo lo que existe, tanto en el plano visible como en el plano invisible, es el resultado del poder creador del Lenguaje Divino. Esto esta perfectamente expresado en el Evangelio según San Juan que, tal vez más que en cualquier otro escrito místico, muestra maravillosamente esta idea. Veamos este texto que todos conocemos pero que, debido a su belleza y su profundidad, merece ser releído siempre:

“En el principio era el Verbo,
Y el Verbo estaba en Dios,
Y el verbo era Dios.
Él estaba en el Principio con Dios.
Por él fueron hechas todas las cosas;
Y sin Él nada de lo que está hecho, fue hecho.
En él estaba la vida,
Y la Vida era la Luz de los hombres.
Y la Luz resplandece en las tinieblas;
Y las tinieblas no lo han recibido”

Contrariamente a las ideas habituales, la Biblia no es la única obra que se refiere a la Palabra Perdida. En el antiguo Egipto, ya los sacerdotes hablaban bajo el nombre de “Ptah”. Así, en un texto encontrado en Memfis, se dice: “Ptah, el grande, es el Pensamiento y la lengua de los dioses, y el Pensamiento es lo que da el nacimiento a toda manifestación… Y es Ptah de donde procedió el poder del Pensamiento y de la Lengua”. En la Grecia antigua, los filósofos se referían al Logos, que era para ellos la Palabra Creadora a partir de la cual todo el Universo emanó. Pero la importancia acordada al poder creador del Verbo Original no se limita ni al antiguo Egipto ni a la antigua Grecia, ya que civilizaciones más antiguas (Atlántida) se refirieron a ella. Los sumerios por ejemplo, consideraban las palabras como entidades reales y vivientes, dotadas de un poder que reflejaba el del Verbo Divino. Al respecto, una inscripción, que figura en un templo sumerio, fechada en 2850 antes de nuestra era, dice lo siguiente “La Palabra que Él pronunció desde arriba estremeció el Cielo, y la Palabra que Él pronunció abajo hizo temblar la Tierra”.

Para tomar un último ejemplo que muestra el interés que las civilizaciones del pasado otorgaron al lenguaje, encontramos referencias constantes de la Palabra de Yahvé en la teología hebraica, que presenta grandes similitudes con teología babilónica. De esta manera, uno de los salmos del Antiguo Testamento, podemos leer: Por la Palabra de Yahvé, los cielos fueron creados, y por el Soplo de su boca, todos sus ejércitos”. En este orden de ideas, hay que observar que los hebreos nunca pronunciaban el nombre de Dios, ya que consideraban que era inefable y que la voz humana no era lo bastante pura para pronunciarlo. En la actualidad, todavía sigue siendo así. Por otra parte, las palabras utilizadas en los textos sagrados del Judaísmo, comprendiendo los que son destinados a ser leídos, poseen ciertas virtudes místicas que son ligadas a su pronunciación y a su valor numérico. Esto es particularmente verdadero en los escritos cabalísticos.

De esta manera, todas las tradiciones se referían a una palabra, a un Verbo, a un Logos, que es la expresión viviente del Pensamiento Divino. Puesto que el hombre, desde un punto de vista místico, fue creado a la imagen de Dios, él mismo está dotado de la Palabra y, en consecuencia, de la posibilidad de expresar sus propios pensamientos. Pero el hombre, está dotado del libre albedrío y puede, por lo tanto servir tanto al mal como al bien, ya sea en lo que piensa, dice o hace. En consecuencia, las palabras que emplea pueden canalizar energías negativas o positivas, según el sentido profundo que les da. Como Mmas:. Nuestro objetivo principal debe ser el de purificar nuestra manera de pensar y utilizar nuestra palabra con el único propósito de decir cosas útiles y constructivas. Si no lo hacemos, contribuimos a la creación de formas de pensamientos nocivos para el bienestar físico, síquico y espiritual de la humanidad y de nosotros mismos. Además, debemos hacer de tal manera que las palabras que pronunciamos sean tan evocadoras como sea posible, ya que el arte de hablar bien consiste en expresar el máximo de hechos habiendo recurrido a un mínimo de palabras. Es esta doble verdad que Boileau expresó perfectamente en estos términos: “Lo que se concibe bien se enuncia claramente”.

En consecuencia, me gustaría citar lo que el Corán evoca acerca de la Palabra: “Una buena palabra es cómo un buen árbol cuya raíz es sólida y cuyas ramas van hasta el cielo. Da sus frutos en toda estación con el permiso del Señor. Una palabra mala es como un árbol malo que fue arrancado de debajo de la tierra; ya no hay para él un lugar útil”. Recordemos siempre que existe una relación constante entre lo que pensamos y lo que decimos. Si nuestro más querido deseo es verdaderamente perfeccionarnos, debemos hacer todo lo posible para dominar nuestras palabras poniéndolas al servicio del Poder Creador del pensamiento positivo”. De esta manera, reflejaremos la grandeza del G:.A:.D:.U:., ya que nuestro pensamiento y nuestras palabras serán efectivamente instrumentos del Pensamiento y de la Palabra del G:.A:.D:.U:.


Si es verdad que la palabra expresa  cierto poder, de allí la necesidad de poner atención a las palabras que empleamos y a la manera de decirlas, lo mismo es para el silencia. En efecto, tan contradictorio como pueda esto parece a priori, saber callarse en el momento oportuno es en sí una forma de comunicación. Al respecto, nadie puede negar que haya silencios que son más evocadores que las palabras. Esto viene a decir, finalmente, que la maestría del Verbo consiste igualmente en no hablar cuando no hay una razón verdadera para hacerlo, o cuando lo que se va a decir no es verdaderamente útil. Existe un adagio muy significativo para expresar esta idea. Adagio que todos conocemos: “¡Si la palabra que vas a pronunciar no es más bella que el silencio, entonces no la digas!”. Por otra parte hay un dicho que enuncia: “El silencio es de oro; la palabra es de Plata”. Este dicho resume perfectamente el hecho que si es verdad que la palabra es constructiva cuando es empelada con discernimiento, el silencia es todavía más benéfico cuando es observado en el momento oportuno. Por lo tanto como Mm:., debemos aprender a saber hablar prudentemente, pero también a saber callarse útilmente.

CARNAP.

2 comentarios:

  1. Somos una palabra, un pensamiento proveniente de la mente del gran Arquitecto...excelente articulo

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  2. https://es.wikipedia.org/wiki/Om

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