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martes, 28 de junio de 2016

Mujeres que acompañan a Jesús

Mujeres que acompañan a Jesús



Jacob Boehme, Libri Apologetici, 1764


Hablar del judío Jesús, el Mesías no reconocido como tal por su propio pueblo, es entrar de lleno en terreno conflictivo: "no penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz sino espada" (Mateo 10, 34), afirma en una de sus sentencias; y más cuando lo que nos interesa es recorrer su historia arquetípica y su relación con otros personajes -especialmente las mujeres que lo acompañaron citadas tanto en los Evangelios sinópticos como en los apócrifos- sin caer en valorizaciones religioso-moralistas dualistas que "santifican" a muchas de estas hembras, haciéndolas ejemplo de virtud, bondad y castidad y habitantes de un mundo idealizado que sólo aboga por el bien, en contraposición a las pecadoras e inclinadas al vicio y el mal, censuradas y castigadas por el buenismo oficial, pero que al convertirse tras conocer al Señor abandonan el camino de la perdición y entran en la nube inmaculada que deben salvaguardar con sus renuncias -casi siempre rebajadas al plano material-, a las que se agregan el sufrimiento y el dolor, lo que para el punto de vista del religioso-pietista es la vía a imitar y para el de sus detractores, un modelo a transgredir; posturas ambas que se encierran en una dualidad insalvable, estrecha de miras y falta de la lectura universal y liberadora que subyace en el relato evangélico, por otra parte totalmente actual y actuante, dada la naturaleza intemporal del mito y el símbolo.

El modo de explicar la genealogía del que se hacía llamar "Hijo del hombre" es de por sí contradictoria si no se reconoce que el ser humano reúne en sí una ascendencia a la vez humana y suprahumana, o sea, que aun poseyendo un linaje de sangre y de carne que lo alumbra como criatura, su origen divino es jerárquicamente superior, aunque sea el más olvidado o negado en sociedades desacralizadas como la nuestra, que además ignoran, sino es que vilipendian de plano, la posibilidad de la encarnación del Verbo en el seno de la manifestación y la existencia de avataras que cíclicamente aparecen sobre la tierra para revivificar el mensaje de la Sabiduría Perenne.

Jesús se vincula por vía paterna con la casa del rey David -que a su vez deriva del patriarca Abraham, descendiente de Set, el tercer hijo de Adán-, y por tanto mantiene una ligazón directa con el prototipo del primer hombre según se relata en el texto del Génesis; mientras que por vía materna se dice que la joven María de Nazaret concibe sin mediación de varón, tal cual le sucedió a Eva con respecto a Caín, sobre el que afirmó: "he adquirido un varón con el favor de YHVH" (Gen. 4,1), y de hecho la tradición explica que es Lucifer, el ángel de la luz, el emisario que la fecunda.

Pero este doble linaje, que incluye la concepción contranatura y el posterior nacimiento como criatura de carne y huesos, no es exclusivo del Cristianismo, sino una constante en muchas otras tradiciones. Por ejemplo el Buda Gautama es hijo de Mahamaya, la diosa identificada con Durgâ, de la que se explica que siendo virgen lo engendró y alumbró. Lo mismo sucede con Zoroastro, y al otro lado del Atlántico con muchos de los héroes o dioses civilizadores, tal como expone Federico González en El Simbolismo Precolombino:

"…los dioses Quetzalcoatl y Huitzilopochtli son hijos de vírgenes, y en los indios quiché de Guatemala, Ixbalamqué y Hunahpú, los héroes por excelencia, son hijos de la doncella Ixcuiq. Asimismo los chibchas de Colombia reverenciaban a un hijo del sol que fue fecundado por intermedio de sus rayos en una virgen; y Viracocha, en el Perú, embaraza a una joven agraciada sin que ésta lo advierta. Para los talamancas de Costa Rica, Sibú, un niño-dios, nace de una mujer embarazada por el viento…" (El simbolismo precolombino, Ed. Kier, Buenos Aires, 2003)

La lista sería interminable, pues también en la China encontramos a la Virgen-Madre Shing Mu y en algunas culturas africanas aparecen doncellas fecundadas por vía extraordinaria, y lo mismo sucede en la civilización greco-latina lo que da constancia de la universalidad de esta simbólica y su presencia en todas las culturas de la tierra. Nos dice de nuevo Federico González en su Diccionario Enciclopédico de Símbolos y Temas Misteriosos en la voz "Virgen":

"Las vírgenes han sido honradas en todas las culturas como mujeres solas, no dedicadas a la mundanidad y sus pringosas adherencias profanas, sino entregadas a la contemplación y el culto a Dios (a los dioses). Esa entrega las hacía invulnerables y como tales sagradas y viviendo lo más alto; en el Cristianismo son esposas de Jesús, entre los Incas las esposas del sol, etc., es decir servidoras de lo sagrado. Esto les confiere poderes, entre ellos la intercesión entre cielo y tierra, como era el caso de pitonisas y vestales.

Negación de la fecundación, la virgen se abstenía de la reproducción. Pero las más sagradas de las doncellas han sido siempre las que conservando su virginidad original pudieron ser madres. Esta contradicción inicial da, sin embargo, la descendencia más santa y trascendente. Son numerosísimos los ejemplos que ilustran esta Tradición universal: entre nosotros la Virgen María, en la Tradición precolombina Quetzalcoatl es hijo de una doncella, Rómulo y Remo en Roma son alimentados por una loba pero paridos por la vestal Rhea Silva; Buda por la virginal Maya.

Ello está íntimamente relacionado con la naturaleza y la vida, que produciendo sus frutos y mieses vuelve a su estado original. Esto último también es relacionado con los ritos de purificación, entre ellos el bautismo y la confesión".

La virginidad actualiza una idea universal y arquetípica que acontece en el alma del Ser Universal, la cual se traduce como la inviolabilidad y el carácter inexpugnable de un ámbito de la conciencia que es simple vacuidad y receptividad, y que paradójicamente es el único apto para acoger la semilla de inmortalidad, por intermediación del Verbo espermático o la Palabra fecundadora a la que se refieren de modo unánime las tradiciones. El ser humano, siendo un modelo en miniatura del Ser universal, puede experimentar en su interior ese estado en el que acontece la teofanía y la hierogamia, de ahí que se hable de vírgenes que además son madres, lo que sin negar la posibilidad de que ello acontezca en el plano biológico, se refiere sobre todo a una virginidad, concepción y generación en el alma, que sometida al largo proceso de transmutación se irá así deificando. Y ese vacío y receptividad no debe confundirse con la pasividad del místico que espera recibir ciertos vagos efluvios celestes que le provocan unos arrobamientos sentimentales y emotivos sin lograr salir jamás de su individualidad -pues la relación que mantiene con la deidad es dual-, sino que aquí nos referimos a la posibilidad de despertar a la visión unitaria del cosmos que se produce en el hombre gracias a la Iniciación en los Misterios, los que utilizan como soporte el conocimiento de la Cosmogonía como vehículo para la experiencia de lo auténticamente Metafísico.

Desde esta perspectiva, la virginidad es buscada activamente, se provoca la completa disolución de las falsas creencias y construcciones mentales (más adelante veremos como muchas de las mujeres que se acercan a Jesús se marchan siendo completamente otras) lo que se equipara a una muerte real y efectiva que simultáneamente se abre a aquel espacio interno nuevo, virgen, purificado y apto para concepciones insospechadas.

Ubicados en el plató del Alma del Mundo -o sea en el centro de nosotros mismos-, donde se dramatiza y recrea la historia arquetípica del Verbo hecho hombre que viene a anunciar la Buena Nueva de la liberación obtenida por un sacrificio reiterado, reseguiremos diversas escenas del itinerario simbólico de la vida de Jesús en esos textos sagrados cargados de un gran poder emotivo e intelectual que transportan a un espacio otro de la conciencia, vivo, perenne y actual y al que siempre se puede acceder si uno se deja penetrar e impregnar por sus imágenes evocadoras y sintéticas.

En el Evangelio de Lucas se relata que María estaba sola en su habitáculo y recibió la visita del ángel, el cual le anunció que alumbraría un hijo al que pondría por nombre Jesús. María se preguntaba cómo sería posible este prodigio pues todavía no "conocía" varón y el ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lucas 1, 35). En el evangelio de Mateo también se testimonia dicha concepción contranatura con la que se daría cumplimiento la profecía de Isaías: "Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, nombre que significa 'Dios con nosotros'". Esta joven -que reconocemos como esa faceta receptiva del alma- hizo un gesto sencillo pero fundamental: se entregó con plena confianza y con una mentalidad libre de prejuicios a unas posibilidades que la excedían: "Hágase en mí según tu palabra" (Lucas 1, 38).

El niño-dios nació en Belén, nombre que etimológicamente significa la ciudad del "pan", población ubicada al este del Mediterráneo, en el creciente fértil, y lo hizo en un establo o cueva en medio de la noche más oscura y larga del año, o sea en el solsticio de invierno, momento en que el sol invictus triunfa e inicia con toda la fuerza un nuevo ciclo que tiene su punto álgido en el solsticio de San Juan de verano, instante en que vuelve a detenerse y al que seguirá el inexorable descenso que cerrará el año llegando otra vez ante la Puerta de los Dioses. La vida de este avatara está vinculada con los extremos de la cruz circunscrita en la rueda calendárica, expresión del dios tiempo que perennemente se regenera al devorarse y realumbrarse a sí mismo, a la vez que abre en su deambular dos puertas simbólicas, la del solsticio de verano, que representa la entrada en el cosmos y la del solsticio de invierno, a través de la cual se sale a lo supra cósmico y metafísico.

Jesús, concebido simbólicamente en el equinoccio de primavera, nació en el solsticio de invierno y morirá y resucitará en la luna llena más cercana al equinoccio de primavera; su primo Juan Bautista, el que abre la Puerta de los hombres, bautizaba con agua y anunció en ese punto cardinal meridional la llegada de la Luz: "El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo" (Juan 1, 15); mientras que San Juan Evangelista, el discípulo amado de Jesús (cuya festividad de celebra el 27 de diciembre o sea justo en el solsticio de invierno que espacialmente se relaciona con el norte) dará testimonio en su Evangelio y en el libro del Apocalipsis de las palabras de su maestro: "Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8, 12); además san Juan Evangelista es también el anunciador del retorno o Parusía de Cristo al fin de los tiempos. No es difícil pues advertir la relación simbólica de Jesús y el sol, faros luminosos que ordenan y sacralizan el tiempo y el espacio en el que acontece la teofanía, siendo su luz el símbolo de la Luz invisible del Principio del que todo parte y al que todo retorna: "Yo y el Padre somos uno" (Juan 10, 30).

Ese infante fue adorado por unos pastores que vivían al raso y por tres Reyes Magos que leyendo en la escritura celeste de los astros reconocieron el advenimiento del Mesías. Ante tales hechos extraordinarios, los Evangelios dicen que: "María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lucas 2, 19). Unos días más adelante, de acuerdo con las leyes judaicas, Jesús fue presentado en el templo de Jerusalén, y allí sus padres recibieron nuevas señales acerca de la naturaleza extraordinaria de su vástago, comenzando a entrever la envergadura de su destino que no se concretaría hasta muchos más años después; es aquí en el templo donde el judío Simeón dirigió estas palabras a su madre:"Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones" (Lucas 1, 34-35).

En este primer tramo del itinerario, la virgen-madre se ha librado completamente, ha concebido, gestado y alumbrado, y acompaña al infante mientras medita en lo más íntimo de su ser la grandeza de lo que su alma entrevé para sí y para su más preciado tesoro, su hijo; se mantiene siempre vigilante, lo que es una constante en las diosas vírgenes de las que antes hemos hablado, por ejemplo Durgâ, o en el caso de nuestra cultura Diana y también Atenea, las cuales aparecen provistas de armas y prestas a la batalla, siendo además diosas de la guerra y de la muerte, y muy unidas por tanto a la simbólica de la sangre. En María se hacen presentes todas estas realidades que se han querido dulcificar o desvirtuar rebajándolas a un sentimentalismo sufriente y devocional, sin ver su alcance universal y cosmogónico, pero no porque sí en el Himno acatista atribuido a san Germán, patriarca de Constantinopla, se ensalza a la virgen María en estos términos:

"...la esposa inviolada también es calificada de generadora de la luz indecible, maestra que va más allá de toda enseñanza, iluminadora de la mente de los creyentes, entrada de la puerta del paraíso, ciencia radiante de la gracia, relámpago que ilumina el alma, rayo que aterra a los enemigos, viva imagen del agua del bautismo, 'tú que lavas la mancha del pecado, tú que das la victoria, tú que dispersas a los enemigos'". (Julius Evola, La Metafísica del Sexo, J. J. Olañeta Editor, Barcelona, 1997)

Expresiones muchas de ellas que reflejan el carácter marcial y a la vez destructor y constructor de la Inteligencia, energía igualmente encabezada por María y las diosas referidas más arriba. Por otra parte, el sacrificio y la sangre derramada aparecen unánimemente como el alimento fundamental e indispensable que nutre y regenera la hoguera de la vida del ser universal, de ahí que:

"La diosa se complace en la sangre y la muerte. Eso es visible del modo más claro en Kâlî. Pero en la época arcaica, en varias regiones de Grecia, en Esparta, en Brauron y otros lugares, se ofrecían sacrificios humanos a Artemis Orthia, también llamada Tauria; cuando se abolieron los sacrificios humanos, quedó como rastro el rito de la diamastigosis, de la flagelación de adolescentes en Esparta durante las fiestas de esta diosa, a fin de que su sangre mojara el altar: porque a la diosa virgen le gustaba la sangre. En otras ciudades griegas, también los adoradores de Deméter se flagelaban unos a otros. La fiesta de Cibeles, que en Roma se inspiraba en el culto a la Gran Diosa, se celebraba del 15 al 27 de marzo, y este último día lo señalaba el calendario como dies sanguinis. Ese día, los sacerdotes de la diosa se azotaban y se infligían heridas y unían sus gritos al son de las flautas y los timbales. Luego, tras una velada misteriosa, se decía que los iniciados se unían a la Gran Diosa. Los ritos orgiásticos consagrados a la diosa Ma, que también era una diosa de la guerra, tenían un carácter parecido. Hay un fenómeno que entra en el mismo contexto: solía confiarse a sacerdotisas la ejecución de sacrificios sangrientos, por ejemplo entre los galos y los indios americanos. Y si bien había un rito arcaico practicado por las vestales, las vírgenes sagradas romanas, guardianas de la llama que es vida, rito que consistía en arrojar al Tíber veinticuatro fantoches, la opinión predominante considera que al principio se trataba de víctimas humanas". (Julius Evola, op. cit., pág. 161-162)

Y nos preguntamos, ¿no es la transformación del agua en vino en las bodas de Caná lo que marca el pistoletazo de salida de la vida pública de Jesús? ¿No es justamente su madre la que ordena que se haga todo lo que él diga, por tanto la que le abre la puerta hacia la transmisión de la doctrina que culminará con la transmutación de ese vino en la sangre sacrificial vertida sobre la tierra? Pero no nos avancemos…

Muy pronto la muerte acechó al niño-dios en el país que lo vio nacer, y alertado José en un sueño del inminente peligro que se avecinaba, huyó con su mujer y el pequeño a Egipto, centro espiritual de Occidente durante centurias, cuna de la Tradición Hermética, en cuyos templos recibieron enseñanzas esotéricas tanto sabios de la tradición judía (José el hijo de Jacob, Moisés, etc.), como de la griega, tal el caso de Pitágoras y Platón y un número incalculable de hombres de conocimiento que se acercaron a estos centros espirituales con el fin de recibir la iniciación en los misterios cosmogónicos y metafísicos. Es por tanto también muy significativo desde el punto de vista simbólico que Jesús permaneciera durante un tiempo indeterminado en esta región que para la antigüedad fue uno de los símbolos del corazón del mundo.

Aunque es poco lo que trasciende en los Evangelios de los años ocultos de Jesús, en los que sí se destaca que "progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres" (Lucas 2, 52), se menciona otro hecho significativo de su infancia. Cuando contaba 12 años, con motivo de la fiesta de la Pascua, bajó a celebrarla a Jerusalén con sus padres, y ya de regreso a Nazaret, éstos no lo encontraron entre la caravana de peregrinos. Volvieron a la Ciudad Santa y lo localizaron dentro del templo donde estaba escuchando y preguntando a los doctores de la ley: "Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: 'Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo angustiados, te andábamos buscando'. Él les dijo: 'Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabéis que yo debía estar en la casa de mi Padre?'. Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón" (Lucas 2, 48-51).

Es en esa pequeña localidad de Galilea -cerca del lago que los judíos denominan Kinneret por su forma parecida a la de un laúd y también a una matriz-, donde Jesús crece, madura y va vislumbrando su destino, alimentado por aquellas aguas nutricias. Justamente el nombre de su madre está relacionado con el agua que es fuente de vida y crecimiento, y también con la muerte; María, Miriam en hebreo, tiene valor numérico 850, que reducido teosóficamente es 13 (el mismo del arcano XIII del Tarot de Marsella: "La Muerte"), siendo además el que corresponde a la letra "mem" (la decimotercera del alfabeto hebreo) con la que empiezan aquellos dos nombres y también "mavet" (mem, vav, tau = 446 = 14) que significa muerte. La "mem" es una de las tres letras madre de esta lengua sagrada -reveladora de la cosmogonía-, y se halla vinculada al principio femenino y receptivo del cosmos y a la sustancia indiferenciada que con frecuencia se representa por el elemento agua (agua = "maim", que comienza y acaba justamente por "mem" y en cuyo medio se alberga "iod", que es el germen, la semilla de inmortalidad); por otro lado la "shin" es símbolo del principio masculino y el "alef" del neutro que equilibra los aparentes contrarios y del cual procede esa polarización primigenia. Además, a la "mem" corresponde el valor numérico 40 que siempre es símbolo de un círculo completo que reproduce el proceso de vida-muerte-resurrección al que se somete el Alma en su sutil proceso de transmutación, ideas todas ellas presentes en la figura de la madre de Cristo, también ejemplo vivo de las grandes aguas del mundo intermediario (Yetsirah y Beriyahsegún la terminología de la Cábala) que deben ser atravesadas en el viaje iniciático, en pos de la asunción de su fusión con el Espíritu, lo que no se alcanza sin un "hacer sagrado" reiterado.

Por eso, una vez el hijo se ha preparado interiormente en el seno de esa gran matriz representada tanto por su progenitora como por la geografía en la que residen, se abre un nuevo canal de parto en Caná, otra localidad de aquella región acogedora del norte de Israel, de la que uno nunca saldría pues es todo alimento, cobijo, luz y calor. Sin embargo, ha llegado el momento del salto cualitativo, y así como de ese pequeño mar nutricio brota el río Jordán que irriga y da vida a todo Israel, el Mesías es también expulsado de su regazo para asumir su destino que es el sometimiento a la Voluntad de la Providencia. Llegado ya a la edad adulta, y tras ser bautizado en el Jordán por su primo Juan, Jesús prosigue su "viaje" que culminará en Jerusalén, sobre la cúspide del monte Gólgota donde muere, resucitando pasados tres días. María es quien lo azuza y lo entrega para dar cumplimiento a todas las palabras que sobre el Verbo encarnado se han profetizado.

"Tres días después se celebra una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: ‘No tienen vino’. Jesús le responde: '¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora'. Dice su madre a los sirvientes: 'Haced lo que él os diga'. Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús:'Llenad las tinajas de agua'. Y las llenaron hasta arriba. 'Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala'. Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: 'Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tu has guardado el vino bueno hasta ahora'. Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos. Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días". (Juan 2, 1-12)

La transmutación del alma a lo largo del viaje iniciático se equipara a la que acontece con la uva, fruto misterioso cuya agua madurada a la luz y al calor del sol se convierte luego en la oscuridad de la barrica (una matriz) en una sustancia de otra naturaleza; en un líquido simbólico que expande la conciencia, llevando incluso a la catarsis, a la apertura de un estado de "lucidez" que de contar con un guía interno (la doctrina, la vía simbólica) trastorna los sentidos, purifica y despierta el alma al mundo de los ángeles, los arcángeles, dioses o númenes con los que se equipara para ascender la escala helicoidal que remonta los cielos planetarios hasta la región más alta del empíreo. No porque sí, en hebreo "vino" (iod, iod, nun = 70) y "secreto" (samek, vav, dalet = 70) son palabras equivalentes ya que tienen el mismo valor numérico. Y además, 70 = 7 + 0 = 7 es el número de las sefiroth de construcción cósmica y de los peldaños de la escala iniciática en algunas tradiciones, y curiosamente es el mismo al que se reduce Caín = 100 + 10 + 50 = 160 = 1 + 6 + 0 =7, lo que ya veremos más adelante cómo se religa.

Y es sobre esta alquimia interna del anima, que Jesús conoce paso a paso porque la ha experimentado en sí, que comenzará a revelarla, a través de la Palabra, de sus gestos y de su propio proceso vital que es ejemplo vivo de los grados de la Gran Obra. En el relato de esta boda también se pone de relieve la entrega total de la madre, que dona lo mejor de sí misma, su propio hijo, como ofrenda sacrificial en la que se seguirá escribiendo el discurso de una gesta mítica que nombra con la Palabra todo lo nombrable -la cosmogonía completa-, como mapa de ruta para remontarse a la casa del Padre, pues"nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto" (Juan 13, 6-7).

Son multitudes las que se acercan y prestan oído al mensaje revolucionario de este provocador que ha venido a hacer cumplir la ley divina liberadora -que no es dogma sino doctrina-, pero al mismo tiempo a romper con los clichés humanos rígidos, hipócritas, legalistas y siempre insuficientes que cortan las alas al vuelo interior hacia la conquista del Origen increado. Y no es casualidad que muchas de las seguidoras sean hembras que aparecen con el nombre de María, empezando como hemos visto por su madre, y también por María la madre de Santiago y José, María mujer de Clopás, y otras…

"Y sucedió que a continuación iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios. Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes". (Lucas 8, 1-3)

Es de destacar que las mujeres que lo buscan, se le acercan, lo llaman y le tocan las vestiduras son enfermas o pecadoras, tal la hemorroísa, la encorvada, la poseída por demonios, la adúltera, la ya difunta hija de Jairo, etc., las cuales experimentan una total transmutación ante la presencia del Mesías. Este hecho extraordinario sólo puede comprenderse a la luz de la visión mágico-teúrgica de la existencia; si las relaciones analógicas entre distintos órdenes de la realidad se rompen o debilitan, se originan entonces desequilibrios, enfermedades, ignorancia o error (que es lo que es el pecado), sobre todo si lo que se corta o desdibuja es el vínculo entre la realidad material y psíquica (correspondiente al cuerpo y el alma individual) con la de las ideas universales generadoras y nutricias que sustentan esos mundos inferiores, las que a su vez emanan de los principios arquetípicos eternos. Cuando Jesús les dice a todas ellas: "Tu fe te ha salvado", no está aludiendo a una ciega creencia en poderes personales que sanan desde afuera, sino que ahí se apela al despertar de aquellas hembras a la aprehensión unitaria del cosmos que todo lo incluye como manifestación de un misterio insondable que se da a conocer a sí mismo a través de su creación. Y ese reconocimiento, que implica la muerte a un punto de vista profano, dual y fragmentado, conlleva de inmediato el nacimiento a una nueva vida y a la posibilidad de que aquella experiencia de unidad que se ha producido virtualmente en un espacio virgen del alma, pueda completarse si se resiguen todos los jalones de la vía de Conocimiento, expresada en los Evangelios como un sendero que retorna a la fuente de agua viva (fuente es "ayin" = ayin, iod, nun = 130 = 13, palabra que también significa "ojo"), a esas aguas celestes que brotan del manantial de la Sabiduría que el propio Jesús simboliza, tal como le transmite a una mujer samaritana: …"el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna" (Juan 4, 14-15).

Así comienza un largo proceso de reconstrucción, pues lo conocido de modo virtual debe realizarse efectivamente, pero ¿cómo?

"Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios" (Lucas 9, 62) -empieza diciendo el guía interno. "Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar el hombro" (Lucas 9, 58). "No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis" (Lucas 12, 22). "Velad". "No juzguéis, para que no seáis juzgados" (Mateo, 7, 1)."El reino de Dios viene sin dejarse sentir… porque el Reino de Dios ya está entre vosotros" (Lucas 17, 20-21). "No amontonéis tesoros en la tierra… amontonaos más bien tesoros en el cielo… Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón" (Mateo 6, 19-21). Y seguiríamos espigando muchas de sus palabras a modo de ideas fuerza que insinúan el sendero a seguir; palabras remitidas al centro del ser humano, que cobran sentido en la soledad de la meditación, donde siempre la contemplación es jerárquicamente superior a la acción, y en todo caso ésta última deriva de la intelección producida en el silencio:

"Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: 'Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude'. Le respondió el Señor: 'Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada'". (Lucas 10, 38-42)

Pues, "al que tiene se le dará, y al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará"; por supuesto que todo este mensaje es paradójico, desacondicionador y de la sola incumbencia del que lo vive en el campo invisible de la conciencia, de ahí su enorme dificultad para llevarlo a cabo, ya que uno siempre querría comprobaciones sensibles -las más de las veces engañosas o estériles en sí mismas-, cuando la única confirmación es una certeza interna que no necesita justificante ni certificado de autenticidad, pues es verdadera en sí misma y sólo se puede contemplar desde el ojo del corazón.

Jesús enseña a las multitudes con parábolas, a los discípulos les habla en privado y de modo directo acerca del Reino de los cielos, y con María Magdalena, aquella mujer de familia pudiente que llevó una vida de placer y desidia hasta que conoció las enseñanzas del Maestro, la forma de transmisión es de otra naturaleza. El símbolo y el mito incluyen distintos niveles de lectura, concéntricos y cada vez más interiores, desde el literal, pasando por el alegórico, el sintético o simbólico y finalmente el arquetípico y secreto. La relación de Jesús y María Magdalena se inscribe en este tercer grado, que conduce hasta la puerta del cuarto, del cual nada podrá decirse por su naturaleza inefable. De aquella hembra se han destacado los dos extremos de una visión dual, ya sea la moralista-beata o bien la progresista y vulgarizadora, y tan pronto es la prostituta que se vuelve santa, como todo lo contario, la compañera demasiado humana de Jesús. Pero vamos a acercaremos a través de las escrituras aceptadas por la ortodoxia, así como por los Evangelios llamados apócrifos y otros textos de la literatura sagrada de la tradición hebrea e incluso de cabalistas cristianos posteriores, a esa visión simbólica y operativa de la relación enigmática entre el maestro y la de Magdala. Se dice en el Evangelio de Felipe a modo de presentación:

"Tres mujeres caminaban siempre con el Señor: María su madre; la hermana de ésta; y Magdalena que es denominada 'su compañera'. Así, pues, María es su hermana, y su madre, y es su compañera". (Evangelio de Felipe en Textos Gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi II. Evangelios, Hechos, Cartas. Editorial Trotta, Madrid, 2009)

Más adelante se agrega:

"Y la compañera del Salvador es María Magdalena. El Salvador la amaba más que a todos los discípulos, y la besaba frecuentemente en la boca. Los demás discípulos se acercaron a ella para preguntar. Ellos le dijeron: ¿Por qué la amas más que a todos nosotros? El Salvador respondió y les dijo: ¿Por qué no os amo a vosotros como a ella?". (Evangelio de Felipe, op. cit.)

María Magdalena figura en los evangelios sinópticos como "la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos" (Juan 11, 2). Criticada incluso por los mismos apóstoles por este gesto que consideraron un despilfarro, el Maestro sin embargo lo ensalzó para su gloria y la de ella, pues con él se anunciaba su próxima muerte, sepultura y la inminente resurrección. Y al fariseo con el que estaba cenando cuando la mujer lo cubría de perfumes, lágrimas y besos, le dice:

"'¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra'". (Lucas 7, 44-47)

Nos encontramos frente a una de las expresiones más misteriosas del amor, amor que es el eje de la existencia de este avatara, que no hace sino religar constantemente con la Palabra lo de arriba con lo de abajo: lo infrahumano, lo humano y lo divino, aunando Gracia y Misericordia con Rigor y Juicio, y equilibrando siempre el fiel de la balanza cósmica en el altar del sacrificio, el corazón que finalmente entrega y del que brotará el agua y la sangre nutricias y liberadoras. El Verbo del que es emisario impregna todos los mundos en su recorrido descendente, atando el cielo con la tierra, fecundándola y regenerándola, y señalando además que él mismo, en tanto que Verbo encarnado, es "el camino, la verdad y la vida" hacia la casa del Padre, el Sancta Sanctorum que alberga el misterio de la Suprema Identidad. Este camino gradual, angosto y estrecho que conduce del ara o corazón del templo a la puerta estrecha de la sumidad, la coronilla, sigue siendo Amor quien lo traza, y es en Amor donde se origina y concluye. La fuerza del Eros está muy presente en la literatura y en los textos sagrados y sapienciales de la tradición hebrea, a la que pertenece el maestro Jesús, y tiene uno de sus más bellos exponentes en el Cantar de los Cantares, donde se describe de forma poética ese viaje del alma hacia su origen con el que se fusiona, a través de una serie de imágenes que utilizan como soporte el cortejo del Novio y la Novia. Comienza el canto de Salomón aludiendo al extraño poder del beso, beso que es el que sella la unión de Cristo y María Magdalena:

"¡Qué me bese con los besos de su boca! Mejores son que el vino tus amores, mejores al olfato tus perfumes, ungüento derramado es tu nombre, por eso te aman las doncellas".

¿Por qué el beso?, nos preguntamos, y responde un comentario del Zohar:

"(Cant. 1, 2): 'Que me bese con los besos de su boca'. Esto lo dijo la Kneset Israel -es decir la Shekina-. Se pregunta: ¿Cuál es el sentido de 'Que me bese', no habría tenido que decir: ' ¿Que me ame', ¿Por qué 'Que me bese'? Se responde: Se nos ha enseñado que el besar es la unión de un espíritu [ruah] con otro espíritu, por ello el beso es en la boca, pues la boca es el origen y la fuente del espíritu. Y por esto en el amor, el beso es en la boca y se une espíritu con espíritu, sin haber separación del uno con el otro. Y debido a esto, aquel que muere [sheiotsé neshamato: 'que hace salir su alma'] en el beso, une su espíritu al espíritu del Santo, Bendito Sea y no se separa de él. Y esto es a lo que se llama beso, y por ello dice la Kneset Israel: 'Que me bese con los besos de su boca', a fin de que se una un espíritu a otro espíritu y no se separen nunca". (Zohar, vol. II, 124 b)

Y también:

"Las palabras (Cant. 1, 2): 'Que me bese con los besos de su boca' tienen la siguiente significación: El rey Salomón aspiraba a la unión del mundo superior con el mundo inferior. Y la unión de dos espíritus solo se realiza a través de un beso; cuando dos personas se besan en la boca, sus espíritus se unen hasta el punto de convertirse en uno. En el libro de R. Hamenuna el Anciano, las palabras: 'Que me bese con los besos de su boca', están aplicadas a los cuatro espíritus celestes suspendidos de las cuatro letras del Tetragrama [iod, he, vav, he]. Son los espíritus del amor, y cuando ellos se dan el beso, es cuando se expande aquí abajo la misericordia del palacio celeste denominada 'Amor'. Y cuando estos cuatro espíritus no se besan, el amor que emana del palacio celeste se convierte en ira cuando llega aquí abajo. Cuando los cuatro espíritus se besan, se funden en uno solo, y este espíritu desciende sobre la tierra para llevarle el amor y vuelve enseguida al palacio celeste donde permanece". (Zohar, vol. II, 146, b)

Todo lo cual tiene, pues, una repercusión no sólo alquímica sino teúrgica, operada a través de la lengua divina, que desde su boca invisible profiere el impronunciable nombre (YHVH) con el que crea, sostiene y aniquila el mundo y todos los seres, siendo el ser humano la criatura central que adhiriéndose a esas misteriosas cuatro letras (cada una de las cuales se corresponden con los mundos que la Cábala conoce como Asiyah, Yetsirah, Beriyah, Atsiluth) coadyuva a construir el universo, a mantener la armonía cósmica y a reunificarla con el Principio. "Beso", en hebreo, es una palabra compuesta por nun (50), shin (300), iod (10), kaf (100), (exactamente las mismas de Caín pero en otro orden, a saber, kaf, iod, nun, a las que se agrega shin, letra viril relacionada con el principio masculino del cosmos y que intercalada en el nombre impronunciable YHVH conforma YHSVH, Yeshua = Jesús, el que pronunciará lo que del Misterio puede pronunciarse; y esa misma shin agregada al nombre de Caín hace del beso el gesto viril de este personaje, o sea que deviene su emisario) y su valor numérico es 460 = 4 + 6 + 0 = 10 =1 + 0 = 1, por lo que el "beso" reúne en sí mismo al Principio, al Uno (1) y a la Totalidad (10) que lo refleja. Relacionado con esta función teúrgica del lenguaje, el cabalista zaragozano Abulafia nos ilumina con este texto que aúna la simbólica del eros y las letras:

"Y en virtud de su concentración, él prepara a la esposa para recibir el influjo de la potencia del esposo. Los elementos divinos, (o sea las letras emanadas) mueven a los inteligibles, y persistiendo en su concentración e intensificándola y reforzándola, por motivo de su gran deseo y de la fuerza de su anhelo y de la persistencia de su aspiración a alcanzar la unión y el beso, la fuerza de la esposa y su nombre y su potencia serán mencionados con benevolencia y serán preservados para siempre, ya que ésta es su ley. Y las cosas separadas serán unidas, y las unidas serán separadas, y la realidad será transformada". (citado en: Moshe Idel, Cábala y Eros, Ed. Siruela, Madrid, 2009, pág. 98)

Y prosigue el mismo cabalista:

"El nombre divino [el Tetragrama] está compuesto por dos partes, puesto que hay dos partes de amor [dividido entre] dos amantes, y las [dos partes de] amor se convierten en una sola cuando el amor se realiza. El amor intelectual divino y el amor intelectual humano se unen convirtiéndose en una sola cosa. Precisamente así el nombre de Dios incluye [las palabras] uno uno, puesto que la existencia humana está comunicada con la existencia divina durante la intelección -que es idéntica al intelecto en su existencia- hasta que él y Él no se convierten en una sola [entidad]. Este es el gran poder del hombre: él puede comunicar la parte inferior con la superior, y la parte inferior se elevará y se unirá a la superior, y la parte superior descenderá y besará a la entidad que asciende hacia ella, como un esposo besa a su esposa por motivo de su deseo, grande y real, característico del gozo de ambos, por el poder del nombre de Dios". (op. cit., pág. 99)

Pues ya se sabe que YHVH tiene valor 26, que es a su vez la suma de "Amor" (alef, he, beth, he = 13) más "Uno" (alef, het, dalet = 13); y no es casualidad que otra de las maneras de escribir "Jesús" sea con iod, he, vav, shin, ayin = 391 = 3 + 9 + 1 = 13, que es el mismo valor que el de "Mesías" (mem, shin, iod, he = 355 = 3 + 5 + 5 = 13), con lo que estos cuatro nombres, a saber, Amor, Uno, Jesús y Mesías, se identifican entre sí por su gematría y sumados dos a dos siempre remiten a YHVH. Por otra parte ya hemos visto que "Miriam", "fuente" y "ojo" se reducen también al valor numérico 13, lo que conjugando a pares todas estas palabras nos dan la clave de la relación de Jesús y María o Miriam. Se trata de un vínculo de Amor que partiendo del Uno a él retorna, a la "fuente" original, a través del "ojo" del corazón, o sea de esa mirada interior, intelectual, que posibilita la asunción del YHVH, gracias al poder del beso y a todas las nupcias que él promueve.

En el Cantar de los Cantares el beso abre la puerta al palacio del Amor -a la cosmogonía completa graficada por el lenguaje divino-, en cuya estancia más recóndita se esconde la Sabiduría: "Negra soy pero graciosa" -dice la diosa nomás comenzar el poema-, la cual se revelará en la conciencia de los amantes que la amen con toda el alma. Es tanta su generosidad que siempre va dejando pistas, las huellas del rebaño de ovejas que hacia ella se dirigen. Atraídos por la Virgen Negra, los novios comienzan su cortejo con palabras inflamadas, y se adentran en un ámbito secreto, oscuro y embriagador: "Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es amor", a la casa del vino, ¡de nuevo el vino!, donde el líquido espirituoso abrirá la mente a concepciones universales. Se oye la voz del amado: "¡Levántate amada mía, hermosa mía y vente!", pues "Me robaste el corazón, hermana mía, novia, me robaste el corazón con una mirada tuya", "Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada". A lo que la novia responde:"¡Entre mi amado en su huerto y coma sus frutos exquisitos!". Y entonces él: "Ya he entrado en mi huerto, hermana mía, novia; he tomado mi mirra con mi bálsamo, he comido mi miel con su panal, he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, oh queridos embriagaos!".

Lenguaje arrobador, gracias al cual el alma es cautivada, raptada y conducida una y otra vez a realizar todas las bodas alquímicas, que se siguen expresando en el poema de Salomón como un juego de encuentros y desencuentros, acercamientos y alejamientos, atracciones y rechazos, mecidos siempre al vaivén de un solo canto que conjuga todas las tensiones: "Yo dormía pero mi corazón velaba ¡La voz de mi amado que llama!", "¡Ábreme hermana mía!", "Mi amado metió la mano por la hendidura y por él se estremecieron mis entrañas… Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido de largo. El alma se me salió en su huida. Le busqué y no le hallé, le llamé y no me respondió"... y así paso a paso, perseverando en la lucha vertical por el eje inmutable del mundo, los amantes se aproximan a la cámara más interna, a la auténtica matriz cósmica que ha parido, pare y parirá todos los seres. Los que en ella ingresan son los que aun siendo novios se han reconocido entonces como hermanos, hijos de una misma madre, divina:

"¡Ah! Si fueras tú un hermano mío amamantado a los pechos de mi madre. Podría besarte al encontrarte afuera sin que me despreciaran. Te llevaría, te introduciría en la casa de mi madre y tú me enseñarías…"

Vivencia absolutamente secreta, inexplicable, la de la copula del Alma y el Espíritu en el Sancta Sanctorum del templo; sólo al asomar de nuevo el rostro hacia el mundo de la ilusión cósmica, la Shekinah, la divina inmanencia, da testimonio de una realidad que es Unidad sin atisbo de dualidad:

"¿Quién es ésta que sube del desierto apoyada en su amado?

Debajo del manzano te desperté, allí donde te concibió tu madre, donde concibió la que te dio a luz. Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque es fuerte el amor como la muerte, implacable como el Seol la pasión. Saetas de fuego sus saetas, una llama de Yahve. Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio". (Todas estas últimas citas pertenecen a el Cantar de los Cantares de Salomón)


Y es que el beso, además de efectivizar la unión a todos los niveles posibles, mata, o mejor dicho, es justamente porque provoca la muerte que la unión se realiza. Recordemos que la muerte se vincula con el número 13 antes tratado, y bien se dice que sólo penetrando los misterios de la muerte y del amor se conocen los de la Inmortalidad, pues como explicaban los sabios renacentistas: "morir es amar o ser amado por un dios, y amar es morir o ser muerto por un dios"; y en palabras de Lorenzo de Medici: "quienquiera que viva para el amor, muere primero para todo lo demás. Y si el amor tiene alguna perfección en sí… es imposible llegar a esa perfección sin morir primero respecto a todas las cosas imperfectas" (citado en: Edgar Wind, Los misterios paganos del Renacimiento, Barral editores, Barcelona, 1972, pág. 160). Vivir es morir y muriendo resucitamos, y esto es así porque es así, pues ya la palabra muerte lleva en sí misma implícita la resurrección: "mavet" = mem, vav, tav= 40 + 6 + 400= 446 = 4 + 4+ 6 = 14, número del arcano XIV del Tarot, la Templanza:

"Símbolo de la resurrección y la nueva vida. Aquí tenemos a una mujer alada, en actitud de vuelo, mezclando el contenido de dos vasijas, combinando las energías contrarias, a las que complementa, lo que también está simbolizado por los colores de sus vestidos. Se puede ver en ella a las Musas y a las Gracias que inspiran al artista, y en general al Arte como vehículo de conocimiento. Abre nuestra mente a nuevos aspectos del ser, cada vez más profundos y sutiles…" (Federico González, Tarot, mtm-editores, Barcelona, 2008).

Escuchemos como Pico de la Mirandola ahondó en esta simbólica que conjuga vida-muerte-inmortalidad relacionada con el beso, en un texto en el que sintetizó enseñanzas cristianas, hebreas y paganas:

"Puede además con la primera muerte, que es separación sólo del alma respecto del cuerpo, y no al revés, ver el amante a la amada Venus celeste, y cara a cara con ella, razonando sobre su divina imagen, nutrir felizmente sus ojos purificados; pero quien quiera poseerla todavía más íntimamente, y no contento con sólo verla y escucharla, ser digno de sus abrazos más íntimos y sus besos más anhelados, debe con la segunda muerte separarse completamente del cuerpo, y entonces no sólo verá y escuchará a la Venus celeste, sino que con un nudo indesligable se abrazará a ella, y volcando el alma con besos el uno en el otro no cambiarán, sino en la medida en que se unan con tanta perfección que, cada una de ellas, dos almas, y ambas una sola alma, podrán llamarse. Y advierte que la más perfecta e íntima unión que puede tener el amante con la amada celeste se demuestra con la unión del beso, porque no es lícito usar unión o cópula alguna que vaya más allá de este santo y sagradísimo amor, como las que se usan en el amor corporal; y porque los sabios cabalistas quieren que muchos de los antiguos padres en dicho rapto del intelecto hayan muerto, encontrarás entre ellos muchos que han muerto de 'binsica', que en nuestra lengua significa morir por el beso; lo que se dice de Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Aarón, María y algún otro. Y quien no entienda el dicho principio, no entenderá nunca perfectamente su intención; y no leerá en sus libros sino que 'binsica', esto es la muerte por el beso, es cuando el alma, en el rapto intelectual, tanto se une a las cosas separadas que, elevada del cuerpo, en todo lo abandona; pero por qué conviene a muerte semejante dicho nombre no ha sido, por cuanto he podido leer, expuesto hasta ahora por nadie". (Pico de la Mirandola, Comentario a una canción de amor de Girolamo Benivieni, PPU, Barcelona, 2006)

Y a continuación el veneciano Francesco Giorgi o Zorzi sigue profundizando en estas realidades espirituales:

"Al no ser suficiente el hecho de elevar al hombre hasta la unión con Dios, nos esforzaremos en hacerle progresar y conducirle hasta el último grado, es decir, a la transmutación del cuerpo en espíritu, y del espíritu en Dios. De los cuales ha dicho el Apóstol: 'Esperamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo quien reformará el cuerpo de nuestra humildad conforme al cuerpo de su claridad'. En otro lugar declara cual será esta reforma, cuando dice: 'Aquel que es animal está sembrado, aquel que es espiritual lo resolverá'; por otro lado, el Evangelista ha dicho: 'Les ha dado el poder de ser hechos hijos de Dios, a saber, cuando los hombres son transformados en la misma imagen de Dios'. Dicha transformación se logra mediante el rapto del espíritu y éxtasis, que los hebreos llaman la muerte del beso, de la cual en el Cantar de David se dice (Sal. 116, 15): 'Preciosa en la presencia del Señor es la muerte de los santos'. Porque en el rapto del espíritu, el hombre muere por este beso, del cual el sabio ha dicho en los Cantares: (1, 2):'Que me bese con los besos de su boca'. Ya que el hombre, estando en el rapto del espíritu muere al cuerpo, de manera que su vida ya no vive, y entonces no recibe ninguna ayuda ni socorro, aunque el cuerpo no haya sido destituido de la vigorosa virtud del alma, la cual en tal rapto y éxtasis apoyada sobre Dios en un cierto beso, es unida con Dios gozando con Él de una dulzura tan grande que hace olvidar todas las cosas exteriores, incluso el propio cuerpo que ella abandona viviente pero privado de sentidos y como medio muerto. Esto es lo que explica san Pablo cuando dice (Col. 3, 3): ‘Estáis muertos, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios’, el cual recibe el alma y la une con una fe tan fuerte que el hombre vive entonces más la vida de Cristo que su propia vida. Pero esta transformación no solamente se hace por la iluminación del pensamiento sino también por el amor que une, que es un fuego divino, que se funde, que se une y que se transforma". (Francesco Giorgi, De harmonia mundi, III, 7, c. 18.)

Para terminar con esta intervención de Filaleteo que apunta un "detalle" clave en todo este viaje simbólico que estamos resiguiendo:

"Los peldaños de la escalera [de Jacob] representan las naturalezas medias por las que Jacob se ha unido a Dios, la naturaleza inferior unida a la superior. Respecto a los ángeles de los que se dice que suben y bajan por la escalera, su movimiento demuestra que no eran de una jerarquía superior sino de ciertas otras esencias secretas, ya que primero subían y luego bajaban. En cambio, si hubieran sido de arriba, primero habrían bajado, lo cual es lo contrario del texto. Y aquí lector quiero ver tu conocimiento. Pero volviendo a Jacob está escrito que estaba dormido, pero esto es un discurso mítico, ya que significa la muerte, es decir esa muerte que los cabalistas llaman Mors Osculi o muerte del beso, de la que no diré ni una sílaba".(Filaleteo, L'Aquarium des sages, París, 1989, pág. 89)

¿A qué esencias secretas se refiere? ¿Quienes son estas entidades inferiores con las que uno debe equipararse para ascender la escala del conocimiento?

Sigamos el tramo final de la mano de nuestro guía interno. Jesús, aun habiendo penetrado completamente los misterios de la iniciación en su vida terrenal, que son como hemos visto los de la Inmortalidad, padeció la pasión y la muerte física después de instaurar el rito de la transmutación del vino en sangre, y del pan en carne. Se entregó entero y el dolor no estuvo ausente, pues como apunta Federico González en El Simbolismo Precolombino (op. cit., pág. 110-111):

"Hay una dialéctica del dolor. Dios es Amor y necesita Amor. Ama y es Amado. El dolor surge entonces como un ansia de ese amor y la imperiosa necesidad de amar. Todas las tradiciones del mundo han conocido esa paradoja, esta inversión y complementación, esta analogía que liga indestructiblemente a todos los pueblos entre sí y constituye la dinámica del mundo. El dolor como forma de amor a Dios constituye parte de la dialéctica de la creación y no solo era practicada por la tradición judeocristiana, por los descubridores, sino también y de modo muy riguroso por los precolombinos. Este tipo de sacrificio, muchas veces sangriento, adquiría su pleno sentido en las pruebas de iniciación, donde el Conocimiento y la preparación a otras realidades y formas de percibir diferentes, auténticas y verdaderas, necesitaba de la propia esencia, del ser del iniciado".

Tal es así que Jesús es crucificado. A los pies de la cruz varias mujeres lo acompañaban: su madre, María Magdalena y María de Clopás. Cuando uno de los soldados que hacían la guardia atravesó el corazón del Señor con una lanza, al instante brotó agua y sangre, bañando la tierra del Gólgota (que significa "calavera" en hebreo), justamente donde la tradición dice que se localizaba la tumba de Adán. "Tierra" es "adamah" (alef, dalet, mem, he), que contiene "Adam" (alef, dalet, mem, nombre de Adán en hebreo) y también "dam" (dalet, mem), que es sangre. Con la sangre derramada del Cristo, la tierra se regenera, los ciclos se renuevan y el ser humano se realiza plenamente como tal; pero aún hay más. Cristo no encarna solamente la asunción del Hombre verdadero, sino del Hombre Universal o Trascendente. El mito también explica que José de Arimatea recogió el precioso líquido del corazón de Jesús en una copa tallada por los ángeles en el Paraíso, justamente con la esmeralda que se desprendió del tercer ojo de Lucifer, el ángel de la luz que había fecundado a Eva engendrando a Caín, el vástago de ascendencia no humana, prototipo del iniciado de todos los tiempos y lugares. Esa copa es también la que conforman las mujeres que reciben y acogen la sangre alrededor de la cruz, líquido que es el símbolo de la enseñanza tradicional que se vierte, se recoge y se habrá de devolver (tal cual el gesto de las tres Gracias) a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos, con lo cual ellas se hacen también depositarias de la doctrina y encargadas de transmitirla.

Además, Caín juega aquí un papel muy oculto, oscuro, pero fundamental. El hijo de la luz, el de divina ascendencia que mata a su hermano demasiado humano Abel y es odiado desde entonces por toda la humanidad amnésica que reniega de la realidad metafísica, es obligado a peregrinar como extranjero por el tiempo y el espacio asumiendo en medio de múltiples contradicciones la misión de perpetuar las verdades eternas hasta el fin de los tiempos del ciclo que él también encabeza y debe concluir.

"'Pues bien -le dice YHVH- maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra'. Entonces dijo Caín a YHVH: 'Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Es decir que hoy me echas de este suelo y he de esconderme de tu presencia, convertido en vagabundo errante por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará'. Respondióle YHVH: 'Al contrario, quienquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces'. Y YHVH puso una señal a Caín para que nadie que le encontrara le atacara". (Gen. 4, 11-15)

Los nacidos del espíritu, o los nacidos dos veces, los iniciados que se saben depositarios de la semilla de inmortalidad en la caverna de su corazón se reconocen en esta entidad llamada Caín, e identificándose con ella conocen su genealogía suprahumana. "Semilla" es "zera", palabra formada por la letra zayin (que significa arma y tiene valor numeral 7), resh (cabeza, 200) y ayin (fuente, 70) lo que le da un valor de 277 = 2 + 7 + 7 = 16 = 1 + 6 = 7, y como ya vimos anteriormente éste es el número al que se reduce el nombre de Caín así como el de la marca que lo señala y protege y también es el de "vino" y "secreto". Caín es entonces el que adentra en la casa del "vino" y en un acto viril "besa", provocando la muerte y la resurrección, la unión a todos los niveles; esta entidad que se ha tenido que ocultar para salvaguardar la doctrina, que ha penetrado el mundo subterráneo domando todos sus númenes, se levanta del fondo de los abismos y con el "arma" afilada rasga los velos de la ignorancia y descubre en sí mismo la escala cósmica de siete peldaños que asciende hasta la "fuente". Traspasa la frontera de la creación demiúrgica y la Virgen Negra lo adentra en su "secreto". La "semilla" que porta en el centro de su nombre (la iod en medio de la kaf y la nun) -sembrada en el corazón de miles de iniciados- debe ser recogida y depositada en la copa esmeraldina, y restituida en la frente del ángel de la luz que es la residencia espiritual del Rey de Mundo, el Agartha. Entonces, la "kaf" con la que empieza el nombre de Caín, que significa "ojo de la aguja", abre la puerta más estrecha a los Misterios Mayores de los que nunca nada podrá ser expresado.

Jesús, el Caín redivivo, también es sepultado y transita por los corredores oscuros del inframundo, librando una temible batalla con las fuerzas oscuras, a las que somete por el poder de la Palabra, resucitando victorioso al tercer día y ascendiendo a los cielos donde se sienta en el trono del Padre, pues no hay dualidad entre uno y otro. María Magdalena sigue siendo la elegida para grabar en su alma el proceso completo de este viaje iniciático; a ella se le aparece el Señor antes que a los demás discípulos y la envía para dar testimonio de la Buena Nueva:


"Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: 'Mujer, ¿por qué lloras?' Ella les respondió: 'Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto'. Dicho esto, se volvió y vio a Jesús. Le dice Jesús: 'Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quien buscas?' Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: 'Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré'. Jesús le dice: 'María'. Ella se vuelve y le dice en hebreo: 'Rabbuní' –que quiere decir: 'Maestro'-. Dícele Jesús: 'No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete dónde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios'. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras". (Juan 20, 11-18)

Cuando Jesús ya ha resucitado, reunidos los apóstoles con María Magdalena, Pedro la interpela, y ella continúa transmitiendo las verdades grabadas, talladas y esculpidas desde siempre en su alma:

"Mariam, hermana, nosotros sabemos que el Salvador te apreciaba más que a las demás mujeres. Danos cuenta de las palabras del Salvador que recuerdes, que tú conoces y nosotros no, que nosotros no hemos escuchado. Mariam respondió diciendo: 'Lo que está escondido para vosotros os lo anunciaré', entonces comenzó el siguiente relato:
'Yo -dijo- vi al Señor en una visión y le dije: 'Señor, hoy te he visto en una visión'. El respondió y me dijo: 'Bienaventurada eres, pues no te has turbado al verme, pues allí donde está el Intelecto, allí está el tesoro'. Yo le dije: 'Señor, ahora, el que ve la visión ¿la ve en alma o en espíritu?'. El Salvador respondió y dijo: 'No la ve ni en alma ni en espíritu, sino que es el Intelecto que se halla en medio de ellos el que ve la visión'...". (Evangelio de María enTextos Gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi II. Evangelios, Hechos, Cartas. Editorial Trotta, Madrid, 2009)

Y para terminar les dirige estas enseñanzas:

"La ligadura del olvido dura un instante. En adelante alcanzaré el reposo del tiempo (kairós), del tiempo (chronos), (el reposo) de la eternidad, en silencio. Después de decir esto, Mariam permaneció en silencio, dado que el Salvador había hablado con ella hasta aquí" (op. cit.).

Más allá ya no hay palabras, ni atributos, ni calificativos, ni viaje, ni esto, ni lo otro, ni subida, ni bajada. Solamente el Secreto, impronunciable. Toda la navegación es una preparación para el salto al vacío ilimitado.

P. S.: No se ha querido acompañar el texto con ninguna imagen para romper con los miles de prejuicios acerca de estas ideas que siempre pueden recuperar la virginidad de su origen.

http://la-caracola.es/biografias.html

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