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jueves, 26 de mayo de 2016

Montesa, el refugio templario

Gonzalo Vicens

El día de Todos los Santos, mientras muchos visitan los cementerios y otros viajan en Cocentaina, nosotros hemos querido visitar Montesa, en la comarca de la Costera. Elevados en las cumbres del castillo es imposible no recordar a los Caballeros Templarios, pero no como lo hacen los cineastas americanos, falsificando la historia, sino demandante de las piedras del castillo que nos cuenten su historia.

Castillo de Montesa. Fot: Gonzalo Vicens

Las órdenes militares surgieron inicialmente, en tiempos de las Cruzadas, como congregaciones compuestas por religiosos para proteger a los peregrinos que iban a Tierra Santa, para acabar defendiendo como monjes-soldados los Santos Lugares. La más conocida de estas órdenes fue la del Temple, denominación francesa del Templo de Salomón, lugar de Jerusalén donde nació la orden.

Fot: Gonzalo Vicens

La primera misión que cumplieron la primera Cruzada, tuvo lugar en tierras hispánicas en 1064, por tierras de Barbastro, para expulsar a los musulmanes. La segunda cruzada fue la de Jerusalén en 1099. La Orden del Temple constituyó el núcleo principal del ejército cristiano en Jerusalén, hasta la caída de Acre y del Reino Latino a Tierra Santa en manos islámicas en 1291. Después tuvieron sus mayores centros en Malta, en Coimbra (Portugal), Bembibre (León), Coria, Calatrava ... Pero la Orden era mucho más poderosa en la Corona de Aragón, teniendo sus cuarteles-convento en la raya musulmana, como es el caso que nos ocupa.

La Orden del Temple acumuló grandes riquezas por las donaciones de particulares, nobleza y los reyes.Sin embargo, la pérdida de su misión original, la derrota de la Iglesia en la contienda por la supremacía del poder temporal -a favor de los monarques-, y su debilidad consecuente, fueron algunas de las causas que provocaron el 'aprensión de los bienes de la Orden así como el arresto y ejecución de muchos de sus miembros con la acusación falsa de herejía. Primero en Francia (1307) y luego, en el resto de la Cristiandad a partir de 1312.

El castillo de Montesa y el autor del artículo. Fot: Gonzalo Vicens

En Hispania surgieron órdenes a imitación de la famosa del Temple, como las órdenes militares de Calatrava, Santiago, Montesa y Alcántara entre otros. Sus acciones se desarrollaron fundamentalmente entre los siglos XII y XIII -con diferente suerte- entre las que destacan las de Zaragoza, Mallorca, Menorca, Lisboa, Almería y Navas de Tolosa.

Vista de la comarca La Costera y, al fondo, Játiva. Fot: Gonzalo Vicens

La tragedia final del último Gran Maestre de la Orden del Temple ha llenado miles de páginas de fantasías, leyendas y falsedades históricas. Se decía Jacques de Molay y fue sentenciado a morir quemado vivo en la hoguera, durante un atardecer de 1314 en la isla del Sena y teniendo enfrente la catedral de Notre Dame.

13 de marzo 1314: Jacques de Molay y Geoffroy de Charnay en la hoguera. Biblioteca del Arsenal, Paris (siglo XIV)

En 1307 se produjo un complot dirigido por el rey francés Felipe IV "el Hermoso" y el Papa francés Clemente V -lacai del rey francés-, que ordenaron la detención de Jacques de Molay bajo la acusación de sacrilegio contra la Santa Cruz, simonía, herejía e idolatría del Baphomet . El templario murió proclamando la inocencia de la Orden y, según la leyenda, maldiciendo a los culpables de la conspiración. Aunque no sean más que leyendas, ese mismo año, murieron el Papa y el propio monarca y sus tres hijos varones, al igual que el nieto mayor, extinguiéndose así la dinastía de los Capetos. Todos estos hechos dieron origen a falsedades sobre los secretos de la Orden, etc. reuniendo a enlazarla, incluso, con la Masonería sin ningún fundamento y dando lugar a una inmensa literatura esotérica, la relación de la que con la realidad es nula. Al menos para un historiador que, para buscar la verdad se atiene a las fuentes, a los datos y lo que se llama objetividad.

Cara de poniente del castillo de Montesa. Fot: Gonzalo Vicens

La reconquista catalana supuso un nuevo impulso para este tipo de Órdenes militares. A instancias del rey Jaime II de Aragón y Valencia, el Papa Juan XXII aprobó en 1317 la creación de la Orden de Montesa, a la que fueron a parar los bienes de la orden de los Templarios. Estos, con gran ceremonia, fueron cedidos en 1319 a la Orden de Montesa en la capilla real del palacio de Barcelona.

Cara de levante del castillo de Montesa. Fot: Gonzalo Vicens

La orden tomó por divisa una cruz roja sin flores, y el manto capitular blanco que aprobó Clemente VII el 05 de agosto 1397. Pero más adelante, con motivo de haberse incorporado a esta orden en 1399 la de San Jorge de Alfama, dejó aquella insignia y adoptó una cruz de gules de color rojo para concesión de Benedicto XIII, otorgada el 1400 y que Martín V confirmó posteriormente.


Cruz de la Orden de Montesa.

La orden militar de Montesa se creó para dar acogida a los caballeros del reino de Aragón que pertenecían a la orden militar del Templo de Jerusalén, que ha pasado a la historia como la Orden del Temple. Consecuentemente la orden militar de Montesa mantuvo, con el poder que la simbología tiene en nuestra especie, el mismo emblema que la extinta orden templaria, la cruz llana de gules. 


Ordrens Militares españoles. De Blog Heraldica

Según la bula de fundación le correspondía al Maestro de Calatrava la creación de la nueva orden, así como la capacidad de armar a los caballeros y hacer vestir los hábitos a los caballeros Montesinos. Sin embargo, el castellano opuso resistencia a este encargo porque no deseaba ceder las posesiones aragonesas de la Orden de Calatrava a otra orden. Finalmente, cumplió el encargo después de ser retomado por el rey Jaime II, por el arzobispo de Valencia bajo mandato papal y por el abad del Monasterio de Nuestra Señora de Benifassà, perteneciente a la Orden del Císter.

La iglesia de Montesa, La Costera en dirección Alicante y Albacete. Fot: Gonzalo Vicens

Ya hemos dicho que la Orden de Montesa se fundó con el dinero procedente de la Orden del Temple.Muchos afirman que se creó para albergar a los ex-templarios para aprovechar su experiencia económica y militar. Sin embargo, los caballeros templarios no podían entrar en la orden de Montesa a menos que primero ingresaron en otros órdenes, lo que al parecer, muchos cumplieron para poderse quedar en Montesa.No obstante, algunos estudiosos dicen que la mayoría de los antiguos caballeros del Temple prefirieron unirse a la Orden de Cristo en Portugal o quedarse al margen, como sacerdotes parroquiales en sus antiguas iglesias, o llevando una vida eremítica o monacal en sus propias pedidos, entregadas a las órdenes militares "hermanas" (Hospitalarios o Calatrava), aunque había unos casos más "extravagantes" de la colaboración con los almogávares, con los musulmanes o el retorno a la vida laica.

Fot: Gonzalo Vicens 

Desde el castillo se observa la comarca de la Costera, un valle recorrido por el río Cànyoles en dirección suroeste-noreste, limitado en su parte septentrional por la sierra de Enguera. Alrededor del pequeño pueblo de Montesa encontramos las localidades de Alcudia de Crespins, Ayelo de Malferit, Canals, Enguera, Xàtiva y Vallada, todas ellas de la provincia de Valencia. 


Montesa y la iglesia de la Asunción, la autovía Alicante-Albacete y -en paralelo- la antigua Vía Augusta (Camino Mangay). A la izquierda de todo, el monte de color azul se Monte Cruz. En el centro, el monte más alto se Montcabrer y la Sierra Mariola. Fot: Gonzalo Vicens

La verdadera importancia histórica de Montesa comienza en época de los árabes. Durante la conquista cristiana ocupó una situación fronteriza y en ella se refugió varias veces mi bien amado caudillo musulmánAl-Azraq en guerra con Jaume I (el carnicero de Barcelona), aprovechándose de la amistad que le unía conIbn 'Isa , señor de Játiva y Montesa. De nuevo volvió a ser centro de rebelión musulmana dirigida por Al-Azraq. El Infante Pedro -futuro rey Pedro III El Grande-, ahora Barón de Pego, estaba luchando contra los musulmanes de Llutxent, sin acabar de derrotarlos, pero la repentina aparición de su anciano padre, el rey Jaime I, permitió que derrotaran a Aben-Bazel que ocupaba Llutxent, dejando por todas partes cientos de cadáveres de mudéjares. El rey volvió a Valencia, pero al llegar a Alzira se sintió desfallecer y próximo a la muerte, por lo que abdicó nombrando rey a su hijo Pedro. Jaime I se vistió con el hábito de San Bernardo para morir y, antes de llegar a la capital, murió por el camino el 27 de julio de 1276. Pedro III tomó las riendas del poder y armó un poderoso ejército con el que derrotó a los acogidos en la peña de la Mola de Montesa. Según la Crónica de Desclot en Montesa había unas 30.000 personas refugiadas, las cuales fueron hechas prisioneros y vendidas como esclavos.

Mirador del Castillo de Montesa. Fot: Gonzalo Vicens

El año 1289 el rey Alfonso III de Aragón concedió Carta Puebla en Montesa y Vallada, repoblando así con cristianos una zona que hasta entonces había sido peligrosa por su situación fronteriza. Montesa fue de patrimonio real hasta el año 1317, fecha en que pasó a manos de la orden monástica-militar de Montesa como sustituta en el Reino de Valencia de la desaparecida Orden del Temple. Con este motivo, la ciudad y el castillo de Montesa alcanzaron gran preponderancia.

Torre del homenaje del Castillo de Montesa. Fot: Gonzalo Vicens 

Escudo del primer Maestro, Guillem de Eril , un gran experto en las artes militares. Fot: Gonzalo Vicens

Pero como no hay nada eterno, en marzo de 1748 el castillo de Montesa sufrió los efectos de un terremoto que convirtió el castillo en ruinas, arruinando el convento, la iglesia y el palacio del Maestro que se encontraban en su interior . El terremoto del 23 de marzo tuvo lugar alrededor de las 6:15 de la madrugada, después de copiosas y fuertes lluvias. Al terremoto del día 23 siguieron oscilaciones menos violentas, hasta el día 2 de abril, fecha en la que un terremoto tan fuerte como el anterior destruyó casi por completo lo que quedaba en la zona. Los efectos devastadores se extendieron sobre los pueblos de las gobernaciones de Xàtiva y Montesa, según datos de los historiadores Antonio Cavanilles, Carlos Sarthou y el cronista Teodoro Llorente, a quien citamos a continuación:

"Amanecía el día 23 de marzo de 1748. Después de copiosas lluvias, sonreía bonita primavera ... Los clérigos del Sacro Convento habían rezado en coro las Horas menores, y algunos de ellos estaban celebrando misa. De pronto sintieron temblar la tierra a sus pies, bambolearse las paredes y desplomarse las vueltas con horrible estruendo. Eran un cuarto de la mañana. la iglesia y todas las construcciones del castillo se venían abajo. un prolongado trueno salía de aquellas ruinas y un nube de polvo las rodeaba. A las dos horas, otra sacudida completó la destrucción. Se repitió el estruendo y la polvareda, caían rodando por la montaña los sillares desprendidos de los muros ... "

Fot: Gonzalo Vicens

Montesa (Valencia). Ruinas del histórico castillo de la Órden Militar de Montesa

"En Enguera, Vallada, Canals, Sallent y otros pueblos de la costera, el terremoto registró una gran intensidad, produciendo desastres, derrumbando casas, iglesias, campanarios, desprendimiento de peñas ... abrió grandes grietas en la tierra, llegando a alcanzar una longitud de una legua "

"En Montesa destruyó casi en su totalidad en el Castillo militar (las ruinas hoy todavía se observan), quedando sepultados entre sus escombros la gran parte de sus habitantes, resultando muertos 18 personas, entre frailes y caballeros. Los frailes supervivientes de la Orden de Montesa, se trasladaron en julio de 1748 en Valencia, en la iglesia del Palacio del Temple, hasta que el rey Fernando VI, gran maestro de la Orden, decretó la construcción de un nuevo convento ".

Al abandonar los templarios el castillo, Montesa se quedó con las leyendas. La ciudad había proclamado patrona a la Virgen que se veneraba en el altar mayor de la iglesia del castillo. Fot: Gonzalo Vicens

La Virgen del Castillo y el relicario de la Santa Espina de Montesa

Después de 1748, la imagen se cedió a la parroquia del pueblo y se colocó en el altar mayor. También se venera otra reliquia que se conservaba en el castillo. Se trata de la Santa Espina, de la que el cronistaViciana escribió en 1564 que cuando los frailes del convento, los comendadores y los caballeros de la Orden veían que se acercaban nubes de tormenta, de las que suelen llevar piedras, piedras y otros daños, los sacerdotes y frailes del convento, con mucha reverencia sacaban el relicario para conjurar el mal nublado, logrando que éste se deshiciera y esparciera sin hacer daño al término de Montesa.

Cuando en 1748 los terremotos destruyeron el castillo de Montesa, el relicario de la Santa Espina se recuperó y se trasladó al palacio del Temple, en Valencia. Años después, en 1785, y vista la petición hecha por la parroquia y el ayuntamiento de Montesa a los frailes de la Orden, estos accedieron a dar un fragmento que se conserva en la villa.

El castillo de Montesa y, al fondo, el de Xàtiva, controlando el paso de Castilla en Valencia. Fot: Gonzalo Vicens

Sobre " los apocalípticos días de los terremotos " tenemos el " Novenario a Nuestra Señora de Montesa ", escrito en el siglo XVIII por Frey Don Pedro de Borja , rector de Montesa y Vallada, testigo de aquellos acontecimientos:

"El día 23 de Marzo de 1748, entre las seis y siete de la mañana, después de insistentes lluvias, se conmueva toda la montaña, y la meseta granítico que le sirve de altiva corona, desentendiéndose de la solidísima traba de la fábrica de la Real Casa de los Montesinos, a la que de apoyo y sostenimiento sirviera, se abrió en profundas grietas, que tragaron en sus insondables pechos, Girona de esa obra monumental, dejándola completamente trastornada. Una imponente columna de polvo se levantó sobre las nubes, anunciando a las villas del priorato, en los pueblos de la vega setabense, los de Albaida, y hacia fin de Villena y Almansa la magnitud de la catástrofe.

La Sagrada Imagen de la Virgen, oculta bajo los escombros de monumental iglesia, envió los favores de su patrocinio a sus hijos habitantes de la Villa, salvando milagrosamente su vida y confortante sus corazones abatidos, en el fragor de aquella repentina tormenta ...

El furor desencadenado los elementos, no se limitó a repentinas vibraciones y sacudidas de toda la montaña y la Villa, sino que las lluvias pertinaces, durante el transcurso de veinte días, empujadas por intensas olas de frío, produjeron molestas nevadas. Los hijos de Montesa ... formando compacto grupo, acompañando a Jesús Sacramentado, habían salido de la población, dejando abandonadas sus casas, y acampados en el apoyo derecho del barranco de la Fuente Santa, y junto a la Ermita del Calvario, convertida en improvisado Tabernáculo, y al abrigo de improvisadas tiendas de campaña, invocaban, durante las veinte terribles noches, la misericordia del Eterno juez. Cesó por fin el castigo, y al restituir Los Montesinos a su ciudad abandonada, acompañando en devota procesión a Jesús Sacramentado, renació la calma en sus corazones.

Entrada, por el norte, en el castillo de Montesa. Fot: Gonzalo Vicens

Siguió a esta la alegría y la alegría, cuando la noticia de la prodigiosa hallazgo de la Venerada Imagen de la Patrona, se esparció por los ámbitos de la villa. La misericordia divina, atendiendo a las súplicas de los hijos y las eficaces mediaciones de la Madre, había conservado también ileso el tesoro de la Santa Efigie. El oratorio de la casa de la Arboreda, donde fue depositado este valioso tesoro de los Montesinos, que no cesaron en las expresiones de filial veneración, se convirtió en dulce término de sus constantes visitas.Cedida la Sagrada Imagen en la iglesia parroquial de la villa, prepararon sus habitantes la solemnidad de la segunda aclamación de la queridísima Patrona. "(Traducción del castellano hecha por el autor).

Explanada del castillo y torre del Homenaje. Fot: Gonzalo Vicens

La Efigie Sagrada hizo su entrada triunfal en Montesa entre gritos y aplausos y todo el pueblo aclamó la Santísima Virgen por segunda vez como su patrona. La estatua de María Montesina se colocó en el altar mayor, creado en su honor en 1765 e instalado en la Iglesia Parroquial de Montesa, bajo el título de Santa María de la Asunción, nombre que recibía el derruido templo del Castillo de Montesa. Pero, en 1936 el altar mayor de la Iglesia Parroquial de Montesa fue destruido y la imagen de Santa María de Montesa desapareció. Actualmente el retablo es una réplica del retablo de 1765, lo mismo que la Virgen actual es una copia de la antigua. La orfebrería que adorna la imagen pertenecía a la original, destruida en 1936.

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