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jueves, 15 de diciembre de 2016

El mandil y los guantes de los constructores (Joseph Fort Newton)

El mandil y los guantes de los constructores (Joseph Fort Newton)

Imaginémonos ahora un grupo de estos constructores, unidos con solemnes votos y por intereses mutuos, viajando por los más abominables caminos hacia el lugar elegido para erigir una abadía o una catedral. Entonces era peligroso viajar, y por eso, la compañía iba siempre armada, pues el turbulento estado del país exigía tal precaución. Los utensilios de trabajo y los alimentos iban en el centro del convoy a cargo de los guardianes. La compañía estaba constituida por un Maestro Masón o director de la obra, compañeros del arte, y aprendices. Además de éstos, les acompañaban obreros subordinados que no pertenecían a la Logia, aunque dependían de ella, denominados cimentadores, instaladores, pavimentadores y porteros o guardianes, etc. Los Maestros y Compañeros llevaban vestimentas que les distinguían y que no cambiaron de forma durante tres siglos por lo menos (History of Masonry, Steinbrenner. El hábito consistía en una corta túnica negra, en verano, de lino, y en invierno, de lana, abierta a los lados, con una gola a la que iba unida una caperuza; alrededor de la cintura llevaban un cinturón de cuero, del que pendían una espada y un zurrón. Sobre la túnica iba un escapulario negro que colocaban debajo del cinturón cuando trabajaban y que dejaban pender en los días de fiesta. Sin duda alguna este vestido servía de colcha durante la noche, como era costumbre en la Edad Media, en que sólo los ricos y los títulos usaban sábanas y mantas. –History of Agriculture and Prices in England, T. Roggers–. En su cabeza vestían grandes sombreros de fieltro o paja, completando su vestido ajustadas calzas de cuero y largas botas de montar). Era, pues, una compañía seria, pero en ningún sentido solemne, y el tedio del viaje era sin dudas engañado por canción, historia y el humor propio del viaje.

“Doquiera que iban –escribe Hope en su Ensayo sobre la Arquitectura–, ya siguiendo a los misioneros, ora llamados por los nativos o por impulso propio para buscar trabajo, les dirigía un jefe, quien mandaba la tropa y nombraba un vigilante por cada tienda de diez hombres, el cual cuidaba de los otros nueve, construía chozas alrededor de la obra, abastecía a sus hermanos cuando era necesario y levantaba el campamento para ir a otros lugares a continuar sus trabajos”.

Fort Newton, Joseph (2009). Los Arquitectos. Berbera Editores, México.

Vislumbramos en esto los métodos de los Francmasones, su organización casi militar y su vida migratoria; aunque tenían una vida más asentada de la que esta desgarbada oración permite expresar, por mucho tiempo fue necesaria para la construcción de una gran catedral. A veces, firmaban contratos especiales con los habitantes de las ciudades en donde iban a construir iglesias, en cuyos contratos estipulaban que se construiría una Logia para su acomodo y que se proveería a cada obrero de un mandil blanco de cierta clase de cuero y de guantes para protegerse las manos de la piedra y el cemento (Los guantes se utilizaban más comúnmente en la antigüedad que ahora, y la práctica de regalarlos era común en los tiempos medievales. Con frecuencia, cuando la cosecha había terminado, se distribuían guantes entre los labradores que la habían recogido –History of Princes in England, Roggers–, y los guantes ricamente bordados eran una ofrenda aceptada con verdadero gusto por príncipes. En efecto, la mano desnuda era considerada como signo de hostilidad, y la mano enguantada, como signo de paz y de buena voluntad. Los mandiles y los guantes tenían para los Masones significados insospechados por los demás, y su simbolismo se conserva aún hoy día con su simple y elocuente atractivo. –Véase el capítulo “Vestiduras e insignias masónicas” en Things a Freemason Should Know, de J. W. Crove; el interesante artículo de Rylands en las Ars Quatuor Coronatorum, volumen V, y el placentero ensayo sobre los “Guantes”, por el Dr. Mackey, en su obra Symbolism of Freemasonry–. No sólo los utensilios de los constructores, sino también su vestimenta, tenían un significado moral).

Así, pues, nos los representamos en forma de una pequeña comunidad o pueblo de trabajadores, que moraban en modestas viviendas, con una Logia en el centro adjunta a una catedral que lentamente iba elevándose. El Maestro se ocupaba en los planos y cuidados del Arte, los Compañeros cincelaban las piedras de los muros, arcos y agujas, y los Aprendices llevaban los utensilios y el mortero, y cuando era necesario, cuidaban a los enfermos y realizaban oficios de naturaleza semejante. La Logia era siempre centro de interés y de actividad, un lugar de trabajo, de estudio, de devoción, así como la habitación común en que se realizaba la vida social de la orden. Todas las mañanas, según se ve en los Rollos de Tela de York Minster, se empezaban con actos de devoción a los que seguían las instrucciones dadas por el Maestro sobre la obra que se debía de realizar durante el día, en las que, sin duda alguna, se incluirían el estudio de las leyes del arte, de los planos del edificio y la significación de los ornamentos y emblemas.

http://www.gadu.org/antologia/el-mandil-y-los-guantes-los-constructores-joseph-fort-newton/

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