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martes, 22 de noviembre de 2016

La superstición en la masonería

La superstición en la masonería


Cuando se pasan las puertas de un edificio masónico por primera vez, todos experimentamos sensaciones diversas, personalmente escepticismo y en gran medida desconfianza, probablemente derivadas ambas de un apego a mis creencias y a la siempre combativa soberbia. De un momento a otro las dudas se van despejando y eventualmente se van los prejuicios para abrir paso a una mente más liberal y más receptiva. Hoy les traemos un artículo que busca ser objetivo pero que curiosamente deja la invitación para que cada uno se formule su propio criterio.

Superstición es la creencia contraria a la razón que atribuye una explicación fuera de lo normal a la generación de los fenómenos y sus resultados. En este sentido, los hechos que son catalogados de superstición son aquellos que no cuentan con una comprobación científica fehaciente. De aquí deriva una pregunta: ¿la fe religiosa es superstición? La respuesta varía dependiendo de la percepción particular pero por lo menos en definición no. A decir de la RAE:

"superstición es una creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón". 

Entonces nos encontramos en un bache, ya que si la fe religiosa no se encuentra en el campo científico entonces la podríamos catalogar de superstición, sin embargo la fe tiene algunas diferencias marcadas, por ejemplo, en la superstición, la fuerza supranatural que actúa es arbitraria y disgregada de las demás, mientras que una religión tiene un sistema teológico y filosófico que afirma la existencia de un ser superior que actúa sobre todo. Y en segundo lugar, de cada religión se deriva, además de la espiritualidad, una moral, mientras que en numerosas supersticiones sólo se necesita la actuación del individuo para tener suerte o desgracia. Por último, la religión no busca la verdad, solo busca el agrado del ente o entes superiores a fin de ser “salvo”, mientras que la superstición afirma por sí misma ser la verdad sin necesidad de pasar por el proceso científico, por lo cual la fe religiosa y la superstición no comparten características. 

Por otro lado tenemos algunas cosmovisiones esotéricas herméticas que han considerado los estados de conciencia alterados como una prueba de la existencia de sus creencias. Su conocimiento parte de fuentes totalmente diferentes a las de la ciencia y la técnica. Son fruto del desarrollo de supuestas capacidades en el individuo que le hacen pasar los límites de la percepción sensorial normal. Lo anterior mediante meditación, autosugestión, privación del sueño, ayuno, deshidratación, drogas, intoxicaciones, etc. Los creyentes de estos métodos aseguran experimentar la realidad más allá de la normalidad, lo cual definen como otro nivel de conciencia, lo cual dejo a su consideración y siempre partiendo de que la superstición se alimenta de la creencia en ella misma.

Ahora pasemos a la ciencia, entendida como: 

"El conjunto de conocimientos objetivos y verificables sobre una materia determinada que son obtenidos mediante la observación y la experimentación".

Para ello contamos con una herramienta llamada predicción, misma que constituye una de las esencias claves de la ciencia. Así, el éxito se mide por el éxito o acierto que tengan sus predicciones. La predicción en el contexto científico es una declaración precisa de lo que ocurrirá en determinadas condiciones. Se puede expresar a través del silogismo: "Si A es cierto, entonces B también será cierto." Entonces, regresando al campo de la superstición, es poco probable que tirar sal o ver un gato negro nos traiga mala suerte ya que las condiciones establecidas no tienen relación de probabilidad alguna y aún con ello la superstición afirma su veracidad hasta el punto de hacernos creer en ella.

Por último tenemos a la Charlatanería que suele confundirse no erróneamente con el esoterismo o el ocultismo, pues a menudo los charlatanes se presentan como astrólogos, adivinos, numerólogos, médicos, curanderos, líderes espirituales y vendedores de remedios milagrosos y en general maestros de cualquier ciencia de la época. Prácticas que dependen de la ingenuidad de la gente. Todo charlatán debe tener alguna habilidad especial; la más común es el don de la palabra, mediante la que logra embaucar a su audiencia, por lo general inculta en la temática que el charlatán postula. Otra de las más comunes es la prestidigitación (movimiento rápido de las manos), mediante la cual se hacen los cambios oportunos de productos que entregan o reciben. A menudo los poseedores de la primera habilidad mencionada se asocian con los de la segunda, para mejor llevar a cabo sus estafas.

La fe no tiene por qué ser relacionada con la superstición a pesar de que ninguna se relacione íntimamente con el método científico más aún porque diversas religiones como el cristianismo no tienen a la razón como algo ajeno a su credo, al contrario de la superstición que por definición la excluye. Por su parte la ciencia no se encuentra peleada con la fe, al contrario, cada vez se acortan más los caminos entre ambas, algo que personalmente celebro pues tal vez algún día compartan el mismo camino. Y por último la charlatanería, usada por diversos personajes a lo largo de la historia sobre todo hoy en día para enriquecerse abusando de la confianza, la fe, las supersticiones y sobre todo la ignorancia de la gente. 

Curioso el masón, ¿No? Tan libre pensador y tan celoso de su fe como un buen científico que a la vez es el más devoto de los creyentes.

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Maestro Masón.

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