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jueves, 27 de agosto de 2020

REVOLUCIÓN MEXICANA, LUCHA ENTRE MASONES

Librepensador Acrata

La revolución tiene un antecedente, el cual fue la venta de la mesilla a los EE.UU., venta llevada a cabo en 1853 por el presidente masón López de Santa Anna después de ocupar por undécima vez la presidencia de la república, y en diciembre de ese año vendió el territorio de la mesilla a los Estados Unidos de América.

Este hecho fue la gota que derramó el vaso y provocó que en el estado de Guerrero se rebelaran algunos militares al mando de Juan Álvarez, quien proclamó el Plan de Ayutla, en el que se desconocía a Santa Anna como presidente. Porfirio Díaz nuevamente se alista en el ejercito para pelear por la patria y se une en la mixteca al general José María Herrera. Así inició su carrera militar, en la que alcanzó rápidos ascensos, pues para el 22 de diciembre de 1856 era ya capitán de infantería de la Guardia Nacional.

La capacidad militar era sobresaliente en Díaz. Sus cualidades de atleta, hombre disciplinado e intuición nata, lo hicieron un enemigo invencible. Porfirio Díaz ha sido considerado como “el soldado de la patria”, antes que político y estadista, Díaz era un militar de convicciones y de una inquebrantable fuerza de voluntad y templanza.

Gracias a los principios recibidos en la masonería siempre luchó por la causa liberal y le infligió importantes derrotas a los conservadores y a las tropas invasoras francesas. El Soldado de la Patria intervino en tres guerras: la Guerra México-EE.UU. (1846-1848); la guerra civil (1858-1860) entre liberales y conservadores, llamada Guerra de la Reforma, en la que apoyó la causa liberal de Benito Juárez y la guerra en contra de la intervención francesa (1863-1867) en contra de Maximiliano I de Habsburgo, enviado por el emperador francés Napoleón III. La vida militar de Porfirio Díaz fue apasionante, tuvo mas aciertos y victorias que derrotas y su valor, inteligencia y capacidad le hicieron ser temido y respetado por sus adversarios.

Luego, este Porfirio Díaz fue derrocado desde Estados Unidos de América por Francisco I. Madero, otro masón y espiritista y Pancho Villa otro masón y Emiliano Zapata otro masón reconocido por la logia de nuevo leon también fue financiado por Estados Unidos. Tanto como Madero y Zapata fueron financiados por los Rockefeller, el objetivo era derrocar a Porfirio Díaz que estaba con otra casa de banqueros petroleros, los J.P. Morgan, logrando así imponer al candidato presidente que sucediera después. “Tras un buen candidato, hay siempre un gran monopolio”.

Si copiamos que en la historia de México, todos los ex- presidentes y presidentes han sido y son masones, masones que tienen un único líder, los Rockefeller y Morgan son dos grupos petroleros, razón por la cual la existencia de reformas constitucionales en todos los ramos, principalmente en la energética ya que son dos grupos que luchan por la supremacía energética y la energía es una parte del desarrollo humano.

Nosotros que antes nos contaron que Zapata, Miguel hidalgo fueron heroes, heroes del pueblo lo que ha sido falso, solo han sido héroes para un grupo selecto que gobernará el país.











domingo, 9 de junio de 2013

LA MASONERIA


ii. LA  MASONERIA
Algunos dicen que la masonería es la más noble y grande de todas las Instituciones humanas, que se dedica a inculcar los principios de moral y virtud entre sus miembros. Según un Manual de rito York: La masonería es una escuela, cuyo programa se resume en obedecer las leyes del país y vivir con honor, practicar la justicia, amar a sus semejantes y trabajar sin descanso en bien de la humanidad y por su emancipación progresiva y pacífica[1]. Y sigue diciendo: Su antigüedad se pierde en la noche de los tiempos, es indestructible porque es fuerte… Su misión es exclusivamente humanitaria[2].
Por eso, si se pregunta a los masones cuál es el fin de la masonería, la mayoría de ellos responderá que hacer obras de beneficencia. Otros quizás digan que es tener, de vez en cuando, momentos de reunión con un grupo de amigos, incluso con fiestas incluidas. Otros dirán que es un grupo de estudio filosófico para la superación personal. Hasta aquí todo es bello y maravilloso. Y les hablan a los candidatos, escogidos entre personas pudientes y profesionales, de que el masón es un ciudadano del universo, un caballero consagrado a la defensa de la humanidad. Les hablan de defender la tolerancia y la libertad absoluta de pensamiento o de conciencia, diciéndoles que es una Sociedad abierta a todos los hombres de todas las razas y de todas las nacionalidades, sin importar sus opiniones, creencias o religión. También les hablan de luchar por el progreso de la humanidad contra todo oscurantismo, ignorancia, tiranía, superstición o dogmatismo.
Para ellos, la norma suprema es la razón, aceptar sólo lo que se puede conocer por la razón, de aquí nace un relativismo a ultranza, ya que con la razón, dicen, no se pueden conocer verdades absolutas y definitivas. Todo es relativo para ellos. Por lo cual, nadie puede imponer algo a alguien como verdad definitiva. Es por esto que luchan a brazo partido contra el “dogmatismo” de la Iglesia que cree en verdades sobrenaturales. Hablan mucho de progreso y de construir un Estado y un país moderno, pero entendiendo por modernidad la libertad total de acción, de pensamiento y de conciencia. Recalcan mucho los derechos humanos, basados, no en Dios, sino en la naturaleza, siguiendo un naturalismo radical.
A la vez, dicen ser muy tolerantes con todos, aunque en la práctica, lo desmientan, atacando sin piedad a la Iglesia católica y rechazando la moral cristiana.
Para ellos, decir que es malo el aborto o el adulterio o la eutanasia o las relaciones homosexuales no tiene sentido y, por ello, es comprensible que, al llegar al poder, impongan leyes que favorezcan la libertad total, evitando toda “imposición” de la religión o de la monarquía, pues el pueblo es el único soberano que tiene el poder. Es curioso que, cuando los masones pudieron controlar el poder de Francia después de la Revolución francesa, hicieron la guerra al Papa y a la Iglesia, porque no es una sociedad democrática sino jerárquica; y el Papa no es elegido por voto popular. Por ello, en 1790, en la Constitución civil del clero, se daban normas para que las elecciones de obispos o párrocos fueran hechas por voto popular, incluso de no católicos o ateos. De esta manera, se quería quitar el aspecto sagrado de los sacerdotes y obispos, considerándolos como simples laicos, elegidos por votación popular.
Y, siguiendo este camino, consideran que las verdades que hay que creer deben ser aceptadas por la mayoría. Y así lo hacen ahora en cuestiones como el aborto o la eutanasia, aprobadas democráticamente por votación popular, como si con ello pudiera hacerse bueno lo que es sustancialmente malo. Como si lo legal, fuera automáticamente bueno. Como si la mayoría de votos, pudiera hacer bueno lo que es malo o convertir la mentira en verdad.
Sin embargo, hay que reconocer que muchos católicos sinceros, guiados por el afán de pertenecer a una Institución que suponen de prestigio y en la cual pueden tener amigos que los ayudarán en sus necesidades, entran a formar parte de esta Sociedad sin saber a dónde van. Se les hace jurar, guardar secreto de todo lo que aprendan bajo graves penas, y se les obliga a obedecer sin discusión las decisiones tomadas por mayoría en su logia o a las directrices emanadas de los altos cargos. Por otra parte, si son sinceros, deben reconocer que no conocen la masonería, perteneciendo a los primeros grados, pues cada grado tiene sus secretos y sus reuniones secretas a las que no pueden asistir los de grados inferiores.
¿Cómo puede inscribirse un católico en una Sociedad que atacará a su Iglesia, que le hará creer que todo lo que dice es mentira, que no existen los milagros ni las verdades sobrenaturales y que Cristo no es Dios sino un simple filósofo y maestro de la humanidad? Poco a poco, irán minando su fe, y quizás imponiéndole obligaciones que pueden ir contra su conciencia.
Por esto es muy interesante conocer, como veremos, los testimonios de algunos altos cargos de la masonería, que reconocieron sus errores y se convirtieron después en fervorosos católicos.
Título: ¿Católico y Masón?
Autor: R. Padre Ángel Peña, O. A. R.
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto. Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú) Lima, Perú

sábado, 8 de junio de 2013

HISTORIA DE LA MASONERÍA


iii. HISTORIA  DE  LA  MASONERÍA
Un alto cargo de la masonería del grado 33, Paul Naudon, en su libro Les origines de la francmaçonnerie (Los orígenes de la masonería), afirma con claridad: La historia científica de los orígenes de la francmasonería no se ha tratado aún en forma alguna[3].Normalmente, suelen decir que todas las grandes obras arquitectónicas de la humanidad han sido hechas por masones.
Ciertamente, si consideramos masón en sentido literal es cierto. Masón (inglés) o Maçon (francés) significa constructor o albañil. Todas las grandes obras han sido hechas por constructores, pero que Salomón, Moisés, Abraham, Jesucristo, Alejandro Magno, etc., etc., hayan sido todos grandes constructores es otra cosa.
El origen remoto de la masonería moderna o especulativa está en la masonería operativa, es decir, en los gremios de constructores que se reunían para tratar de sus cosas, transmitir sus secretos de construcción y celebrar algunas fiestas religiosas por medio de ciertos ritos. El origen de estos gremios, algunos lo ponen en las asociaciones de obreros de Egipto y otros en los que construyeron el templo de Salomón. Incluso, hay quienes ponen su comienzo en los seres extraterrestres que, según dicen, enseñaron a los humanos el arte de la construcción. Pero es más probable hablar de los gremios ya establecidos en Roma, llamados collegia fabrorum (gremios de artesanos), que hasta acompañaban a las legiones romanas.
De hecho, no hay un acuerdo unánime. En 1909, Charles Bernardin, miembro del gran Consejo del Gran Oriente de Francia, decía: Entre las 206 obras supuestamente históricas que he consultado sobre el origen de la masonería, he encontrado 39 opiniones diferentes. Entre ellos, 28 autores se remontan a la creación; veinte afirman que el origen se pierde en la noche de los tiempos[4].
En lo que sí podemos concordar es en que las asociaciones de constructores entran en la historia con la plenitud de la República romana. Su poder social llegó a ser tan considerable que el emperador dictó la ley Julia para restringir su número e influencia. Eran asociaciones privadas que gozaban de privilegios públicos, entre los que estaba el monopolio de su oficio. Hacia finales del siglo III, el Collegium fabrorum era el más importante de todos, hasta el punto que el emperador Maximiliano concertó con ellos una alianza para apuntalar su poder.
Como los predecesores de Grecia, los collegia (gremios) de constructores romanos poseían un carácter sagrado con secretos del oficio, signos de reconocimiento, lugares de reunión y actos sacrosociales, banquetes rituales… La aparición del cristianismo y su conversión en religión del Imperio después de Constantino, transformó la orientación religiosa de los gremios de constructores, pero no anuló sus tradiciones rituales, algunas de ellas con residuos de paganismo.
Al caer el Imperio romano de Occidente, las Órdenes monásticas se dedicaron a evangelizar a los pueblos invasores. Los benedictinos conservaron la cultura antigua, copiando manuscritos antiguos y construyendo iglesias y monasterios. Por eso, alrededor de los monasterios, que fueron los principales focos de cultura, se ubicaron las asociaciones de constructores que dependían de los monasterios y, a veces, eran dirigidas por los mismos monjes. Los benedictinos fueron los creadores del arte pre-románico en toda Europa. Los benedictinos del famoso convento de Cluny, en Francia, fueron en el siglo XII los creadores del arte románico.
Y, en torno a los monasterios, se fue desarrollando el arte gótico como una evolución del románico. Estos constructores (masones) florecieron a la sombra de los monasterios, eran eminentemente católicos y así sembraron Europa de conventos, iglesias y catedrales, que ahora son una de las glorias de Europa, visitadas por millones de tu­ristas como prueba de la fe de sus antepasados de la Edad Media.
Los constructores medievales estaban bien organizados (masonería operativa) y tenían los tres grados primeros de la masonería actual: aprendiz, compañero y el maestro, que sería como el maestro de obras, ingeniero o arquitecto. Algo también muy claro es que la masonería operativa medieval era eminentemente cristiana católica como lo era la sociedad en general. Era una masonería meramente profesional y compartía su fe católica de modo normal.
El primer documento conocido de la masonería medieval son los Estatutos de la Asociación, escritos el 8 de agosto de 1248 por un notario de Bolonia (Italia). Se llamaron Statuta et ordinamenta societatis magistrorum tapia et lignaminis (Estatutos y ordenamientos de la sociedad de maestros de piedra y leño). Se conoce como Carta de Bolonia. Comienzan así: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu santo. Amén. Estos son los estatutos y ordenanzas redactadas en honor de Dios, de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen María y de todos los santos[5].
En las ordenanzas se decía que el compañero debía jurar ante los evangelios cumplir fielmente su trabajo. Es interesante anotar que en estas asociaciones medievales, protegidas y guiadas por la Iglesia, se admitían mujeres, que después fueron separadas al organizarse la masonería especulativa.
El segundo documento importante que se encuentra en el British Museum es el Poema Regius (Poema Regio) del año 1390. Escrito por un clérigo católico anónimo. En él se describe en 794 versos, de inglés antiguo, el funcionamiento de la masonería operativa hasta el reinado del rey Adelstonus (año 925-939).
Un tercer documento es el manuscrito Cooke, escrito hacia 1425 en prosa. En él se dice que la primera regla del masón es amar a Dios, a la santa Iglesia y a todos los santos[6]. Este documento también está en el British Museum.
Los problemas surgieron especialmente a partir de la Reforma protestante, cuando gran parte de Europa, no sólo se apartó de la Iglesia, sino que se hizo anticatólica. Con la paz de Westfalia de 1648, se determinó que cada región tuviera la religión del príncipe gobernante. Y tanto en países católicos como protestantes, el principio práctico fuecuius regio eius et religio, o sea, cada uno debe tener la religión de su país.
Entonces, en los países protestantes surgieron las logias protestantes desvinculadas de la Iglesia y con tendencias anticatólicas, fomentadas por las anteriores guerras de religión. Esto se juntó a que, desde hacía muchos años, se aceptaban en las reuniones de masones a profesionales y nobles que no eran de la construcción y a quienes se les llamaba masones aceptados. Desde 1600 hay documentos que prueban que ya se aceptaban a caballeros, médicos, abogados y otros profesionales que buscaban en las logias un ambiente de debate cultural en torno a los signos y rituales del arte arquitectónico, que se habían transmitido de generación  en generación.
Esto hizo que estas logias  dejaran de ser propiamente profesionales como antiguamente y comenzaran a ser lugares de reunión cultural. Y para que nadie quedara privado de ser admitido, se decidió que no se hablara de política o religión; y que cada uno respetara las opiniones de los demás. De este modo, poco a poco, la masonería se convirtió de operativa en especulativa (dedicada a cuestiones culturales y ya no a cuestiones de construcción). Y se impusieron en las logias las ideas culturales que se debatían en la sociedad como el racionalismo, que afirma que la razón es la única guía de conocimiento, rechazando toda alusión a lo sobrenatural y a las verdades reveladas. Así se llegó a constituir una masonería racionalista y anticristiana.
Título: ¿Católico y Masón?
Autor: R. Padre Ángel Peña, O. A. R.
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto. Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú) Lima, Perú

viernes, 7 de junio de 2013

¿TOLERANCIA MASÓNICA?


viii. ¿TOLERANCIA  MASÓNICA?
Uno de los principios fundamentales que más propagan los masones es la tolerancia con todos los que tienen diferentes ideas, opiniones políticas o religión. Pero la verdad es que la experiencia a lo largo de la historia demuestra que eso es sólo propaganda para los incautos, pues siempre han estado involucrados en revoluciones para imponer sus ideales y, al llegar al poder, no han gobernado para todos los ciudadanos, sino de modo especial, para quienes piensan como ellos.
Al ser un grupo de élite en el que siempre han procurado acoger a los nobles y personas importantes de la sociedad y de las fuerzas armadas, han tenido una influencia decisiva en grandes acontecimientos históricos. Concretamente, influyeron poderosamente en el desencadenamiento de la Revolución francesa, cuyos ideales de libertad, igualdad y fraternidad fueron los mismos que los de la masonería. Curiosamente, al desatarse la Revolución, los masones aparecieron ocupando los más altos cargos del Estado.
Pedían libertad contra toda tiranía del rey, del Papa o de cualquier poderoso explotador,  pero impusieron un régimen de Terror que, hasta ahora, estremece sólo el pensarlo. Su tolerancia teórica se convirtió en la máxima intolerancia. La guillotina fue inventada por un masón, el doctor Guillotin.
Ningún monarca europeo había cometido jamás semejantes excesos ni tampoco realizado tantas ejecuciones ni encarcelado a tantas personas que, en no pocas ocasiones, eran sólo inocentes que no simpatizaban con la Revolución.
Al fin y a la postre, la Revolución tampoco concluyó con el establecimiento de un sistema político concebido en términos de libertad. Su consumación fue, también, una dictadura militar encarnada en un oscuro militar corso llamado Napoleón. Unas décadas antes, los masones, entre otras cuestiones, habían insistido en su respeto a las autoridades establecidas y en su aprecio por la libertad y tolerancia. Sin embargo, la Revolución, en la que su papel había resultado decisivo y a la que habían identificado con sus ideales, no podía haber tenido consecuencias más diferentes. Desgraciadamente no sería la primera vez[34].
Los que se proclamaban defensores de los derechos humanos quisieron borrar toda huella de cristianismo y destruyeron por puro vandalismo tesoros culturales y artísticos de muchas bibliotecas eclesiásticas y los monasterios de Cluny, Longchamp, la abadía de Lys, los conventos de Saint Germain-des-Prés, Montmartre, Marmoutiers, la catedral de Macon, la de Boulogne-sur-Mer, la Sainte Chapelle de Arras, el castillo de los templarios de Montmorency, los claustros de Conques y otras innumerables obras de arte y de cultura antigua.
En la región de La Vendée cometieron el más grande genocidio de la historia moderna. El historiador Reynald Secher habla de genocidio de todo un pueblo en un territorio de 10.000 kilómetros cuadrados, donde masacraron unas 120.000 personas. Incluso, destruyeron sistemáticamente casas, cultivos y ganado para matar de hambre a los supervivientes. El general masón Westermann (1751-1794) que fue quien venció a losrebeldes, que no aceptaban las nuevas ideas, escribió al gobierno de Paris: La Vendéeya no existe, ha muerto bajo nuestra libre espada, con sus mujeres y niños. Acabo de enterrar a un pueblo entero en las ciénagas y los bosques de Savenay. Ejecutando sus ordenes, he aplastado a los niños bajo los cascos de los caballos y masacrado a las mujeres que así no parirán más bandoleros. No tengo que lamentar ningún prisionero. Los he exterminado a todos[35].
El 10 de junio de 1794 se instituyó el Terror. En París el tribunal revolucionario funcionó ininterrumpidamente. La guillotina trabajaba seis horas al día, despachando 900 muertos al mes. En el transcurso de seis meses de la dictadura de Robespierre fueron encarceladas 500.000 personas, 300.000 confinadas y 16.594 guillotinadas. ¡Qué ironía, los defensores de la libertad, matando sin piedad! Por eso, hay una frase significativa, atribuida a Madame Roland, cuando iba a subir a la guillotina: ¡Libertad, cuántos crímenes se han cometido en tu nombre!
Y la deshumanización de estos revolucionados de ideas masónicas llegó hasta el punto de que con las pieles curtidas de los vencidos hicieron botas para los oficiales. Y hervían los cadáveres para extraer grasa y jabón. Algo sólo superado por las cámaras de gas de los nazis.
Mientras que la revolución soviética respetó las tumbas de los zares, la francesa de 1789 quiso hacer desaparecer toda huella de los reyes. Veinticinco reyes, diecisiete reinas y setenta y un príncipes y princesas fueron sacados de sus tumbas y arrojados a una fosa común, rociados con cal. Los mausoleos de los reyes fueron destruidos. Las 54 cajas de plomo de los féretros de los Borbones fueron fundidas y transformadas en munición. Igual suerte corrieron las esculturas. Las cabezas de las estatuas de los reyes de Francia de Notre Dame de Paris fueron decapitadas y han sido recuperadas hace poco tiempo[36].
Al final de la Revolución, que fue incapaz de crear un nuevo orden social con paz y progreso, llegó la dictadura de Napoleón, al cual se sometieron todos los masones, a pesar de que en sus ideales estaba la lucha contra los tiranos, porque  consideran que el poder lo tiene el pueblo y no un rey o dictador. Pero Napoleón los respetó y se sirvió de ellos para sus propósitos políticos. Con la invasión napoleónica se abrieron logias en los distintos países ocupados. Concretamente en España, los masones antipatriotas se pusieron a favor del invasor y se sometieron al nuevo rey José Bonaparte, hermano de Napoleón. El 27 de noviembre de 1809, la Gran Logia de España manifestó públicamente su deseo de servir al nuevo rey francés, diciendo: Hacemos voto por la prosperidad de su reinado y por la conservación de su augusta persona. ¡Viva José Napoleón![37].
Se sabe que algunos de los principales promotores de la independencia de los países latinoamericanos contra España eran masones. El general san Martín dirigió la logiaLautaro creada en Buenos Aires con filiales en Mendoza, Santiago de Chile y Lima para organizar el Ejército de los Andes y expulsar a los españoles. Y al independizarse estos países, los dirigentes masones impusieron leyes anticatólicas en contra del pueblo, masivamente católico. Se apropiaron de muchos bienes de las Congregaciones religiosas, expulsaron a muchos religiosos de sus conventos e impusieron una educación laica.
Simón Bolívar acabó aborreciendo a la masonería y sus ideas, pues el 8 de noviembre de 1828 promulgó un decreto en el que se proscribían todas las sociedades o confraternidades secretas, sea cual fuere la denominación de cada una. La razón que daba era que había acreditado la experiencia tanto en Colombia como en otras naciones, que las sociedades secretas sirven especialmente para preparar trastornos políticos, turbando la tranquilidad pública y el orden establecido y que, ocultando ellas todas sus operaciones con el velo del misterio, hacen presumir fundadamente que no son buenas ni útiles a la sociedad[38].
Un caso muy especial es el de México. Masón fue el emperador Agustín de Itúrbide y también todos los presidentes de la República federal (1824-1835). El  dictador Benito Juárez había sido iniciado como masón en 1827 y lo mismo el dictador Porfirio Díaz. En el siglo XX también fueron masones los presidentes Álvaro Obregón (1910-1924), Plutarco Elías Calles (1924-1928), Abelardo Rodríguez (1932-1934) y Lázaro Cárdenas. El episodio más terrible de estos años de dictadura masónica fue la guerra cristera, en la que los católicos se rebelaron contra tantos atropellos a su fe y mantuvieron en jaque al gobierno.
Hubo conversaciones de paz con las altas autoridades eclesiásticas y se llegó a un acuerdo pacífico con la condición de que los rebeldes católicos entregaran las armas. Lo hicieron, confiando en la palabra del presidente y en el acuerdo firmado, pero entonces aprovecharon para asesinar a todos los dirigentes católicos, mancillando así los masones su honor y su palabra. Esta situación intolerante en la vida diaria de los mexicanos, con muchas restricciones para la vida de los católicos, ha durado hasta fines del siglo XX. Un caso más de intolerancia real en contra de sus         ideales.
En España, en 1835, el ministro masón Mendizábal fue el que consiguió los decretos de desamortización, declarando bienes nacionales las propiedades de las Comunidades religiosas, suprimiendo los conventos de frailes y reduciendo muchos de religiosas. Esta situación ocurrió también en Portugal con el ministro masón Pombal (+ 1782). En 1917, la Virgen se apareció en Fátima, cuando Portugal estaba dominado por un gobierno masón que había expulsado a las Órdenes religiosas y había confiscado todos sus bienes. Era el año en que la masonería mundial celebraba el bicentenario de su fundación y la Virgen vino a traer esperanza, no sólo a Portugal, sino al mundo entero, contra las fuerzas del mal.
En Italia  la lucha contra la Iglesia la protagonizó Garibaldi y sus revolucionarios. Estos revolucionarios italianos, dirigidos por los carbonarios (una sociedad secreta masónica), hicieron más daño al patrimonio artístico italiano en pocos años que en quinientos años de guerra. En las plazas de Italia los ambulantes se calentaban con los libros de las bibliotecas de los conventos o los usaban para envolver la carne o la verdura en los mercados. Muchas iglesias convertidas en depósitos de sal, perdieron así sus magníficos frescos pintados. Aquella burguesía masónica y atea que se decía portadora de la luz y del progreso causó la deforestación de los bosques y destruyó gran parte del patrimonio cultural italiano…
En cambio, la Iglesia ha sido la mayor productora de arte en el mundo y la fuente de la más extraordinaria belleza. En la actualidad, los museos vaticanos son los más visitados de Italia y de los más visitados del mundo.
El gran periodista italiano Vittorio Messori dice: De hecho, si hoy Roma es una gran ciudad y quizás la más hermosa artísticamente hablando, es debido a los Papas católicos que invirtieron mucho dinero para fomentar la cultura y el arte durante siglos. Y cuántas veces intervinieron directamente para salvarla de la destrucción desde los tiempos de Atila hasta los de la segunda guerra mundial[39].
Cuando en España se instaló la segunda República en 1931, los dirigentes de la masonería de otros países les expresaron sus felicitaciones a los masones españoles por su gran victoria, aunque este gobierno fue desastroso por la gran cantidad de injusticias cometidas especialmente contra la Iglesia. Se conservan los telegramas y cartas de felicitación de Chile, República dominicana, Paraguay, Kentucky (USA), México, Panamá, Luxemburgo, Cuba, Checoslovaquia, Ecuador, Francia, Guatemala, Bélgica, Grecia, El Salvador y Puerto Rico[40].
En la Segunda República la comisión para hacer la nueva Constitución estaba formada por 12 no masones y 9 masones[41] y quisieron imponer la disolución de la Compañía de Jesús y la prohibición de que las Órdenes religiosas se dedicaran a la enseñanza. No les importaba la opinión de la mayoría de los españoles católicos, sino de imponer sus ideas de libre enseñanza laica, prohibiendo la enseñanza religiosa y especialmente la supresión de los jesuitas, a quienes siempre han tenido especial enemistad. Además, colocaron a los masones en los puestos claves de gobierno. Había durante el período republicano de 1931, 17 ministros, 17 directores generales, 7 subsecretarios, 5 embajadores y 20 generales[42].
Por todo esto, dice el investigador César Vidal: Del pasado de la masonería sabemos sobradamente que, a pesar de la leyenda rosada (de ser una sociedad benéfica y discreta) ha demostrado una inmensa capacidad para derribar gobiernos y alcanzar el poder. Y que, una vez con los resortes del dominio en sus manos, no pocas veces ha demostrado también una pasmosa incompetencia para solucionar los problemas reales y crear un orden estable, a la vez que una repetitiva corrupción. Sus mensajes han podido ser atrayentes y sugestivos; sus resultados, por regla general, han sido deplorables, cuando no cruentos. En este sentido, la masonería se asemeja a otras utopías de la Historia como el  socialismo y el comunismo[43].
Título: ¿Católico y Masón?
Autor: R. Padre Ángel Peña, O. A. R.
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto. Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú) Lima, Perú

jueves, 6 de junio de 2013

¿PUEDE UN CATOLICO SER MASÓN?


xix. ¿PUEDE  UN  CATOLICO  SER  MASÓN?
No, porque la masonería va directamente contra las principales verdades de nuestra fe.
El cardenal José María Caro dice en su libro El misterio de la masoneríaEn ciertos grados se blasfema de Cristo y se blasfema de Dios, diciendo que Él es el principio malo. Se profanan las hostias consagradas atravesándolas con un puñal. Yo mismo he visto un diploma en que se daba poder para fundar logias. Este diploma, emanado de alguna Gran Logia tenía varias figuras o emblemas que manifiestan el espíritu de la Logia. Una de estos emblemas era un cáliz, derramándose, y una hostia atravesada por un puñal. Otro era el mundo con una cruz para abajo. Otro, el del Corazón de Jesús con las palabras Cor execrandum (Corazón execrable)[104].
La masonería es particularmente nociva para el cristianismo, porque no tiene la apariencia de una secta, sino de una asociación filosófica, pero después de 300 años ha impregnado las ideas y legislaciones de todos los países modernos con su laicidad. Ha promovido todas las leyes que favorecen el libertinaje sexual, el divorcio, la contracepción, el aborto, los pactos de convivencia (también entre homosexuales), la manipulación de embriones, y pronto, la despenalización de drogas suaves y la legalización de la eutanasia. Como diría el doctor Pierre Simon, antiguo Gran Maestre de la Gran Logia de Francia: Es todo el concepto de familia el que está a punto de cambiar[105].
Por otra parte, al querer glorificar al hombre y ensalzarlo como un dios, ha rebajado a Cristo a simple hombre. Los masones operativos anteriores al siglo XVIII construían grandes y hermosas catedrales para glorificar a Dios, pues eran católicos convencidos. La masonería especulativa, al rechazar a Cristo, se alejó de Dios, considerándolo como una figura decorativa que no interviene en la vida humana. Ahora sólo hablan de la construcción del propio templo interior por la formación personal integral con la ayuda de los “hermanos”. Eso es como decir, en términos masónicos, que cada uno labra su propia piedra desde su nacimiento hasta su muerte, momento en que pasa el Oriente eterno, donde sólo queda el recuerdo para los masones vivientes.
Además, hemos visto que para ellos la VERDAD no existe, sólo hay verdades pequeñas, que pueden cambiar. Los dogmas de la Iglesia los ven como mentiras y supersticiones. ¿Y nosotros católicos debemos dejar de creer en Cristo Dios, en su Encarnación, en su Pasión, muerte y Resurrección para ser masones? Podemos concluir con seguridad que es imposible creer a la vez en las verdades de la fe católica y creer, al mismo tiempo, que son mentiras supersticiosas que la Iglesia trata de imponer.
Ellos hablan de tolerancia, pero en la práctica es una gran mentira, porque tratan de imponer sus ideas, persiguiendo a la Iglesia, como hemos visto a lo largo de estas páginas. Cuando el Papa Juan Pablo II vino a Reims (Francia) en 1996, los masones reunieron varios centenares de adeptos en Valmy para oponerse a su viaje. Y ¡cuántas veces lo han hecho a través de manifestaciones y de los medios de comunicación social, tratando de magnificar los errores de los sacerdotes para desprestigiar al Papa y a la Iglesia!
En el periódico El Mercurio de Chile, del 11 de noviembre del año 2001, el Gran Maestre de la Gran Logia de Chile, Jorge Carvajal, atacó a la Iglesia católica por su oposición al aborto y a la píldora del día  siguiente. ¿Dónde estaba el respeto y la tolerancia?
Por eso, Maurice Caillet, por propia experiencia, nos dice: La vida de las logias, que ha sido la mía durante quince años, revela una animosidad particular contra la autoridad papal y contra los dogmas de la Iglesia[106].
Mi experiencia y mis lecturas me llevaron a la            conclusión formal de que en buena lógica no se puede ser a la vez un buen católico y un verdadero masón, sean cuales fueren las obediencias que sigan. Y para mí supone un gran sufrimiento saber que numerosos laicos y algunos eclesiásticos se han dejado seducir por los cantos de sirena masónicos. El caso más concluyente (triste) es el del padre Jean Claude Desbrosse, que, en diciembre de 1999, ordenó que a su fallecimiento, la esquela en “Le Figaro” incluyese todos sus títulos masónicos de la Gran Logia Nacional francesa, y anunciaba su retorno al Oriente eterno, lugar de los masones fallecidos[107].
Ciertamente, es muy triste que algún sacerdote sea masón y que muchos católicos no vean en la masonería ningún peligro para su fe o, peor aún, que vayan a la iglesia y comulguen, cuando está expresamente prohibido. Quizás no conocen el fondo de la masonería por estar en los tres primeros grados, pero deben abrir los ojos y seguir a Cristo (Camino, Verdad y Vida) y no a unos dirigentes, que nos apartan de Cristo, de la Iglesia y de Dios.
No olvidemos nunca lo que dijo Jesús: Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8, 12). Andad como hijos de la luz… sin participar en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas y reprobadlas, pues lo que estos hacen en secreto es vergonzoso hasta el decirlo (Ef 5, 8-12).
Y, para terminar, hay un texto en el profeta Isaías que parece a propósito para que se lo apliquen los masones: Esperábamos la luz y hubo tinieblas, esperábamos la claridad y estuvimos en oscuridad. Palpamos la pared como ciegos y vacilamos como los que no tienen ojos. Tropezamos al mediodía como si fuera al anochecer y habitamos entre los santos como los muertos. Gruñimos como osos y gemimos como palomas. Esperábamos el derecho, pero la salvación huyó de nosotros. Porque fueron muchas nuestras rebeldías contra Ti y nuestros pecados testifican contra nosotros… Conocemos nuestras culpas: Rebelarse y renegar de Dios y apartarse de Él… La verdad ha tropezado en la plaza pública… la verdad ha desaparecido (Is 59, 9-15).
Título: ¿Católico y Masón?
Autor: R. Padre Ángel Peña, O. A. R.
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto. Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú) Lima, Perú

miércoles, 5 de junio de 2013

LA IGLESIA Y LA MASONERÍA


xvii. LA  IGLESIA  Y LA  MASONERÍA
En 1717 se funda la moderna masonería. En 1738 el Papa Clemente XII en la bulaEminenti condena ya la masonería con pena de excomunión latae sententiae(automática) para quienes pertenecen a esta sociedad secreta. El Papa Benedicto XIV (1740-1758) renovó la prohibición.
Clemente XIII (1758-1769) no publicó ningún documento contra la masonería, pero sí contra personajes masónicos y obras de la Ilustración, relacionadas con la masonería. Pío VI (1775-1799) en 1775, cuando todavía no había estallado la Revolución francesa, habla de los maestros mendacísimos, enemigos fanáticos de la Iglesia, dirigentes de sectas de perdición.
Pío VII (1800-1823) habla especialmente contra los carbonarios (masones) que se presentan bajo disfraz de cordero, pero no son sino lobos rapaces.
León XII (1829-1830) en su encíclica Quo graviora condena la sociedad llamada francmasonería y todas las sociedades secretas.
Pío VIII (1829-1830) en su encíclica Traditi humilitati nostrae renueva las condenas de su predecesores. Gregorio XVI (1831-1846) en su encíclica Mirari vos de 1832 atribuye la acción de las sociedades secretas al poder de las tinieblas. Pío IX (1846-1876) confirmó las condenas de sus predecesores y publicó en 1867 la lista de los errores modernos en el formidable catálogo denominado Syllabus. Y se refirió a la masonería como la sinagoga de Satán en la encíclica Etsi multa del 21 de noviembre de 1873.
León XIII en la encíclica Humanum genus del 20 de abril de 1884 afirma: Cuando se ha juzgado que algunos han traicionado al secreto o han desobedecido las órdenes, no es raro darles muerte con tal audacia y destreza que el asesino burla muy a menudo las pesquisas de la policía y el castigo de la justicia.
Todo su empeño está en llevar a cabo las teorías de los naturalistas. Se llega a combatir impunemente de palabra, por escrito y en la enseñanza, los mismos fundamentos de la religión católica, se pisotean los derechos de la Iglesia… No les basta con prescindir de la guía de la Iglesia, sino que la agravan con persecuciones y ofensas.
El Papa, buen conocedor del tema, habla de su naturalismo, de seguir la naturaleza, no aceptando nada sobrenatural, habla de la obediencia total y de los graves castigos que pueden recibir los desobedientes.
En el código canónico de 1917 se declaraba expresamente en el canon 2335: Quien se inscribe en la secta masónica o en otras asociaciones del mismo género que maquinan contra la Iglesia o las legítimas autoridades civiles, incurre “ipso facto” en la excomunión reservada simplemente a la Santa Sede.
El Papa Pío XII el 20 de abril de 1949 declaraba que seguía en vigencia la excomunión antimasónica            del canon 2335. En el nuevo código canónico de 1983 no se nombra a la masonería. En el canon 1374 se dice sencillamente que quienes se inscriban en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa, quien promueve o dirige esa asociación debe ser castigado con entredicho.
El 27 de noviembre de ese mismo año, el cardenal Ratzinger (futuro Papa Benedicto XVI), en una Declaración sobre las asociaciones masónicas, aclaraba con la expresa aprobación del Papa Juan Pablo II: Subsiste inmutable la sentencia negativa de la Iglesia sobre las asociaciones masónicas, porque los principios de ellas siempre se han considerado irreconciliables con la doctrina de la Iglesia y, por tanto, la inscripción en ellas permanece prohibida por la Iglesia. Los fieles cristianos que dan su nombre a las asociaciones masónicas se debaten en pecado mortal y no pueden acceder a la sagrada comunión.
El 20 de febrero de 1985, en un comunicado oficial publicado en L’Osservatore romano, se recalcaba la misma incompatibilidad entre la Iglesia y la masonería en el documento titulado Reflexiones un año después de la Declaración de la doctrina de la fe. Incompatibilidad de la fe cristiana y la masonería.
Los obispos alemanes nombraron una comisión de expertos para estudiar la relación  de la Iglesia con la masonería y se reunieron en numerosas ocasiones con representantes de la Gran Logia Unida de Alemania, reconocida por la Gran Logia Unida de Inglaterra. Esta investigación se realizó entre los años 1974 y 1980. La declaración final de la conferencia episcopal alemana, fue publicada en L’Osservatore romano el 9 de julio de 1980.
En esta declaración se dice: La ideología masónica no está fijada objetivamente, pero algunos elementos quedan claros como convicciones fundamentales, ante todo, el relativismo. En los coloquios quedó claro que la relatividad de toda verdad representa la base de la masonería. Hay contundentes y autorizados textos masónicos que recalcan la ausencia total de dogma en la masonería, que jamás los reconoce. Y en estos textos se rechaza precisamente a la Iglesia católica como mantenedora de una actitud coactiva contra las conciencias, al obligarlas a la aceptación dogmática.
El relativismo masónico lleva a la conclusión  de que todas las religiones son tentativas concurrentes hacia la inimaginable verdad sobre Dios. La idea del Gran Arquitecto del Universo es un concepto aplicable a cualquier religión. No es un Dios personal. La masonería no admite la revelación cristiana. Además la masonería, apoyada en su fundamental relativismo, propone la tolerancia de las ideas que lleva a no rechazarlas y considera absolutismo dogmático el mantenerlas e imponerlas a la propia comunidad.
Su conclusión es clara: No es compatible la pertenencia a la Iglesia católica y al mismo tiempo a la masonería.
El año 2001, el cardenal Paul Poupard, Presidente del Consejo Pontificio de la cultura, publicó en la revista Palabra un artículo en el que dice: La masonería mete en el mismo paquete todas las visiones del mundo. Es lo que yo denomino el relativismo absoluto. Y el cristiano no puede admitir eso, porque sólo Jesucristo es la Verdad. Hay que decirlo claramente. Ninguna visión del mundo puede situarse en el mismo lugar que la Verdad de Cristo. Y no ha sido sólo la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa griega, en un comunicado de 1933, rechazó la masonería, prohibiendo la entrada a sus fieles. También lo han hecho diversas Congregaciones protestantes como los metodistas, los prebiterianos, los del Ejército de salvación y otros de confesión evangélica. La única excepción es la Iglesia de Inglaterra o anglicana, aunque ha expresado serios reparos a la entrada de sus fieles.
El mismo Jesucristo ha manifestado su rechazo a estas Asociaciones secretas que trabajan y planean en la oscuridad de las tinieblas, guardando secretos que no pueden transmitir a los profanos, coma si fueran incapaces de recibir la verdad. Por eso, Jesús dijo: Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo a la luz; y lo que os digo al oído, predicadlo sobre lo terrados (Mt 10, 27). Yo soy la luz del mundo, el que me siga no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8, 12). Andad como hijos de la luz. El fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad, probando lo que es grato al Señor, sin participar en las obras infructuosas de las tinieblas; antes bien, denunciadlas y reprobadlas, pues lo que estos hacen en secreto es vergonzoso hasta el decirlo (Ef 5, 8-12). Vosotros sois la luz del mundo (Mt 5, 14).
EL PARRAFO HA SIDO TOMADO DEL LIBRO: ¿CATOLICO Y MASON? 
Título: ¿Católico y Masón?
Autor: R. Padre Ángel Peña, O. A. R.
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto. Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú) Lima, Perú