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martes, 22 de octubre de 2019

ABRAHAM V

ABRAHAM V
Herbert Oré Belsuzarri

EL USO DE ARMAS NUCLEARES.

La utilización de armas de destrucción masiva en Oriente Próximo es una de las causas del miedo a que se haga realidad las profecías del Armagedón. Pero lo triste del hecho es que la escalada del conflicto (entre dioses, no entre hombres) llevó a la utilización de armas nucleares, precisamente allí, hace cuatro mil años. Si alguna vez tubo un acto del todo lamentable, y con consecuencias más inesperadas, ese acto se produjo allí.

Es un hecho, y no una ficción, que la primera vez que se utilizaron en la tierra armas nucleares no fue en 1945 d.C., sino en 2024 a.C. El fatídico acontecimiento se describe en diversos textos de la antigüedad, a partir de los cuales se puede reconstruir y poner en contexto el que y el como, el porque y el quién. Entre esas fuentes antiguas se encuentra la Biblia hebrea, pues el primer patriarca hebreo, Abraham, fue testigo presencial del terrorífico desastre. (Zecharia Sitchin, El Final de los Tiempos, Pág. 90)

El Día del Juicio Final llegó en el año vigésimo cuarto, cuando Abraham, estaba acampado cerca de Hebrón y tenía 99 años de edad.

La historia comienza conforme al Génesis 18, cuando Abram estaba sentado a la entrada de la tienda, al calor del día. Y levantó lo ojos y vio, tres hombres estaban parados ante él; y, en cuanto los vio, corrió desde la entrada de la tienda hacia ellos, y se postró en tierra.

Es la típica escena de un hombre potentado de Oriente, descansando pero que aunque eran hombres los tres, reconoció su verdadera identidad y se postró ante ellos, llamándoles mis señores y pidió que no paséis de largo cerca de vuestro servidor sin darle la ocasión de prepararles una suntuosa comida.


No paséis de largo cerca de vuestro servidor sin darle la ocasión de prepararles una suntuosa comida

Anochecía cuando los visitantes terminaron de comer y descansar, y su jefe, preguntando por Sara, le dijo a Abraham: Volveré a ti por estas fechas el próximo año; para entonces, Sara, tu mujer, tendrá un hijo.

La promesa de un Heredero Legítimo para Abram y Sara en su ancianidad no era la única razón para que hiciera lo que hacia y en el lugar donde se encontraba Abram. Había otra razón más:

Los visitantes se levantaron de allí para ir a inspeccionar Sodoma, uno de ellos identificado como el Señor (Dios) dijo:

¿Acaso voy a ocultarle a Abraham lo que estoy haciendo? (Génesis 18:17)

El Señor, tras recordar los servicios prestados por Abram y el futuro prometido, le desveló el verdadero objetivo del viaje: verificar las acusaciones contra Sodoma y Gomorra. Las protestas por Sodoma y Gomorra son grandes, y son graves las acusaciones contra ellas, y el Señor dijo que había decidido bajar y comprobar; si todo es como las protestas que me han llegado, las destruiré por completo; y si no, he de saberlo.

La destrucción de Sodoma y Gomorra se ha convertido en uno de los episodios bíblicos que más citados cuando de castigo, por la ira divina se trata. Nunca dudaron de que el Señor Dios vertiera literalmente fuego y azufre desde los cielos para borrar de la faz de la Tierra a estas ciudades pecadoras. Los expertos, han estado buscando explicaciones del relato bíblico: un terremoto, una erupción volcánica u otros fenómenos naturales que se pudieran interpretar como un acto de Dios, de castigo al pecado.

Pero, lo que narra la biblia no es, una calamidad natural. Es un acontecimiento premeditado: el Señor le desvela a Abraham con antelación lo que está a punto de suceder y el por qué (Génesis 18:23). Es un acontecimiento evitable, no una calamidad provocada por fuerzas naturales irreversibles: la calamidad tendrá lugar sólo si las protestas contra Sodoma y Gomorra se confirman. Y, tercero, también era un acontecimiento posponible, un acontecimiento cuya ocurrencia podía darse antes o después, a voluntad.

El clamor contra Sodoma y Gomorra es tan grande, y su pecado tan grave, que debo bajar a ver si sus acciones son realmente como el clamor que ha llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré". Dos de esos hombres partieron de allí y se fueron hacia Sodoma, pero el Señor se quedó de pie frente a Abram. Entonces se le acercó y le dijo: "¿Así que vas a exterminar al justo junto con el culpable? Tal vez haya en la ciudad cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él? ¡Lejos de ti hacer semejante cosa! ¡Matar al justo juntamente con el culpable, haciendo que los dos corran la misma suerte! ¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no va a hacer justicia?". El Señor respondió: "Si encuentro cincuenta justos en la ciudad de Sodoma, perdonaré a todo ese lugar en atención a ellos". Entonces dijo: "Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Quizá falten cinco para que los justos lleguen a cincuenta. Por esos cinco ¿vas a destruir toda la ciudad?". "No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco", respondió el Señor. Pero volvió a insistir: "Quizá no sean más que cuarenta". Y el Señor respondió: "No lo haré por amor a esos cuarenta". "Por favor, dijo entonces , que mi Señor no lo tome a mal si continúo insistiendo. Quizá sean solamente treinta". Y el Señor respondió: "No lo haré si encuentro allí a esos treinta". insistió: "Una vez más, me tomo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Tal vez no sean más que veinte". "No la destruiré en atención a esos veinte", declaró el Señor. "Por favor, dijo entonces , que mi Señor no se enoje si hablo por última vez. Quizá sean solamente diez". "En atención a esos diez, respondió, no la destruiré". Apenas terminó de hablar con él, el Señor se fue, y regresó a su casa. (Biblia, Génesis 18).

Al percatarse de que la calamidad era evitable, Abraham empleó todos sus argumentos: Quizás haya cincuenta Justos en la ciudad, le dijo al Señor. ¿Vas a destruir el lugar y no lo vas a perdonar por los cincuenta Justos que hubiere dentro?. Y, rápidamente, añadió: ¡Tú no puedes hacer tal cosa, matar al justo con el malvado! ¡No puedes! ¡El Juez de Toda la Tierra no puede dejar de hacer justicia!

Súplica para evitar la destrucción, premeditada y evitable, hasta que el Señor dijo: No la destruiré si hubiera diez; y partió.

Al atardecer, los dos compañeros del Señor, que la narración bíblica los llama Mal'akhim, traducido “ángeles”, pero significa “emisarios” (Génesis 19:1), llegaron a Sodoma con la intención de comprobar las acusaciones contra la ciudad y dar cuenta de ello al Señor. Lot, que estaba sentado a las puertas de la ciudad, reconoció al instante, igual que hiciera Abraham antes, la naturaleza divina de los dos visitantes, quizás por su atuendo, por sus armas, o por el modo en que llegaron.

Lot insistió en su hospitalidad al igual que Abram, y los dos emisarios aceptaron la invitación de pasar la noche en su casa; pero no iba a ser una noche tranquila, pues la noticia de la llegada de los extraños agitó a toda la ciudad.

La gente de Sodoma rodeó la casa; jóvenes y viejos, toda la población, llamaron a Lot y le dijeron: ¿Dónde están los hombres que vinieron contigo anoche? Tráelos para que los conozcamos. Y cuando Lot se negó a complacerles, la turba intentó entrar por la fuerza en su casa; pero los dos Mal'akhim hirieron a la gente que estaba en la entrada de la casa cegándolos, tanto a jóvenes como a viejos; y se cansaron intentando encontrar la entrada.

Los dos emisarios ya no precisaban de más indagaciones, al percatarse de que, de toda la gente de la ciudad, sólo Lot era justo. El destino de la ciudad estaba decidido. Y le dijeron a Lot: ¿A quién más tienes aquí? Saca de este lugar a tu yerno, a tus hijos e hijas, y a cualquier otro pariente que tengas en la ciudad, pues la vamos a destruir. Lot se apresuró para llevar la noticia a sus yernos, pero encontró tan solo con la incredulidad y la risa. De modo que, al alba, los emisarios apremiaron a Lot para que escapara sin demora, tomando con él sólo a su mujer y a sus dos hijas solteras.

Pero Lot remoloneaba; de manera que los hombres lo tomaron de la mano lo mismo que a su mujer y a sus dos hijas pues la misericordia de Yahveh estaba sobre él y les sacaron fuera, y les pusieron fuera de la ciudad. (Génesis 19: 16)

Los emisarios insistieron a Lot para que huyera a las montañas: ¡Escapa, por vida tuya! No mires atrás, ni te pares en ningún sitio en la llanura, fueron las instrucciones; escapa a las montañas, o perecerás. Pero Lot, temiendo no llegar a tiempo a las montañas y ser alcanzado por el Mal y morir, les hizo una pregunta: ¿Se podría retrasar la destrucción de Sodoma hasta haber llegado a la ciudad de Soar, que era la ciudad más alejada de Sodoma? Y, tras aceptar, uno de los emisarios le urgió que se apresuraran en llegar allá: Escápate allá, porque no puedo hacer nada hasta que no llegues a esa ciudad.

Esto nuevamente demuestra que la calamidad era predecible, evitable y que se podía posponer. Ninguna catástrofe natural tiene estas características.

El sol se elevaba sobre la Tierra cuando Lot llegó a Soar;
y el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra, desde los cielos,
azufre y fuego de parte de Yahveh.
Y Él destruyó aquellas ciudades y toda la llanura,
y a todos los habitantes de las ciudades
y toda vegetación que crece del suelo. (Genesis 19: 23-25)

El Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra, desde los cielos, azufre y fuego

Las ciudades, la gente, la vegetación, todo resultó arrasado por el arma de los dioses. El calor y el fuego lo chamusco todo a su paso; la radiación afectó a las personas incluso en la distancia: la esposa de Lot, ignorando las advertencias de no detenerse y mirar atrás en su huida de Sodoma, se convirtió en un pilar de sal (pilar de vapor). El Mal que Lot temía había caído sobre ella.

Aquí es necesario hacer una precisión: La traducción tradicional literal del término hebreo Netsiv melah ha sido pilar de sal. Sin embargo, en la lengua madre de Abraham y Lot que era el sumerio, el acontecimiento se registró no en lengua semita, sino en sumerio, y por tanto la posibilidad de una explicación completamente diferente acerca de lo que le ocurrió a la mujer de Lot es posible, ella se convirtió en un pilar de vapor.

Zecharia dice que: En un estudio presentado ante la American Oriental Society en 1918, y en el subsiguiente artículo de Beitráge zur Assyriologie. Paul Haupt demostró concluyentemente que el término sumerio NIMUR significaba tanto sal como vapor, debido al hecho de que las primitivas salinas de Sumer eran ciénagas cercanas al Golfo Pérsico.

El narrador hebreo bíblico malinterpretó probablemente el término sumerio debido a que el Mar Muerto recibe el nombre en hebreo de El Mar de Sal, y escribió «pilar de sal» cuando, de hecho, la mujer de Lot se convirtió en un «pilar de vapor». En relación con esto, conviene hacer notar que, en los textos ugaríticos, como por ejemplo en el relato cananeo de Aqhat (con sus muchas similitudes con el relato de Abraham), se describe la muerte de un ser humano a manos de un dios como el «escape de su alma como vapor, como humo por las ventanas de la nariz» (Zecharia Sitchin, La Guerra de los Dioses y Los Hombres, Pág. 138).

La mujer de Lot se convirtió en un pilar de vapor.

En la Epopeya de Erra, se registra en sumerio una destrucción nuclear, y en ella se describe la muerte de las personas por obra de dios así:

Haré desvanecerse a las personas,
sus almas se convertirán en vapor.

La mujer de Lot fue de las que se convirtieron en vapor. Y luego tal como se dijo, Lot fue a vivir a la montaña... y moró en una cueva, él y sus dos hijas con él.

Después de presenciar la destrucción de toda forma de vida en la llanura del Jordán, y la invisible mano de la muerte vaporizó cuerpos, ¿Qué pensaban Lot y sus hijas? Según la Biblia, pensaron que ellos tres, eran los únicos supervivientes de la especie humana; y que la única forma de preservar a la humanidad, era el incesto. Las hijas de Lot concibieron hijos de su propio padre.

Y la mayor le dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no hay ningún hombre en la Tierra que se una a nosotras a la manera de todos en la Tierra; ven, hagamos que nuestro padre beba vino, y luego yaceremos con él, para que así podamos preservar la simiente de la vida de nuestro padre. Y, de este modo, ambas se quedaron embarazadas y tuvieron hijos (Génesis 19: 31-36)

Las hijas de Lot concibieron hijos de su propio padre.

La noche previa al holocausto, Abraham no podía dormir, se preguntaba, si encontrarían suficientes Justos en Sodoma, como para que la ciudad fuera perdonada, así como el destino de Lot y de su familia.

Y Abraham se levanto temprano y fue al lugar en donde había estado en presencia de Yahveh, y miró en dirección a Sodoma y Gomorra, y la región de la llanura; y vio el humo elevarse de la tierra, como de una fogata (Génesis 19: 27-28).

Abram presencio un Hiroshima o un Naga-saki, la destrucción de una llanura fértil y poblada por medio de bombas atómicas. Era el año 2024 a. C. Abram tenía 99 años.

El punto de encuentro entre los textos mesopotámicos y el relato bíblico del Génesis sobre la destrucción de Sodoma y Gomorra es, una de las confirmaciones más significativas de la veracidad de la Biblia en general y del papel de Abram en particular cumplió. Sin embargo es un pasaje que los teólogos prefieren no ahondar, debido al relato acontecido el día anterior, el día en que tres seres divinos (ángeles que parecían hombres) fueron a visitar a Abram, que encaja muy bien con la hipótesis de los astronautas de la antigüedad. Aquello que cuestiona la Biblia y que tratan los textos mesopotámicos como simples mitos, que intenta explicar la destrucción de Sodoma y Gomorra como un evento premeditado y cancelable como es narrado en dos ocasiones: Cuando lo pide Abram y cuando lo pide Lot.

Entonces, ¿Dónde se ubican las ruinas de Sodoma y Gomorra en la actualidad? Los antiguos geógrafos griegos y romanos decían que el fértil valle de las cinco ciudades se inundó posterior a la catástrofe. Los expertos modernos creen que la devastación del que habla la Biblia, provocó una brecha en la costa meridional del Mar Muerto, con lo que las aguas sumergieron las regiones bajas del sur. La porción restante de lo que una vez fue la costa sur se convirtió en un accidente geográfico al que los lugareños llamaron el-Lissan (La Lengua), y el otrora poblado valle de las cinco ciudades se convirtió en la nueva zona sur del Mar Muerto que aún lleva el apodo local de Mar de Lot. Mientras tanto, en el norte, el desplazamiento de las aguas hacia el sur hizo que la línea costera retrocediera.

Son varios los estudios realizados, por ejemplo, en 1920, la misión científica patrocinada por el Instituto Bíblico Pontificio del Vaticano (A. Mallon, Voy age d'Exploration au sud-est de la Mer Morte), con importantes arqueólogos, como W. F. Albright y P. Harland, descubrieron que las poblaciones de las montañas de alrededor de la región se abandonaron repentinamente en el siglo XXI a.C, y no volvió a poblarse, sino hasta varios siglos más tarde.

Hasta hoy, las aguas de los manantiales de los alrededores del Mar Muerto están contaminadas con radiactividad, suficiente para producir esterilidad y otras afecciones, tanto en animales como en personas que las absorban durante unos cuantos años (I. M. Blake, “Joshua's Curse and Elisha's Miracle” en The Palestine Exploration Quarterly).

Sin embargo, algunas evidencias arqueológicas indican que el sitio podría estar en la orilla oriental del Mar Muerto, en dos sitios de Jordania, Bab edh-Dhra (Sodoma) y Numeira (Gomorra), ambos consideradas candidatas viables. En Bab edh-Dhra, hay varios monumentos cristianos.

Para el arqueólogo Steven Collins, en cambio, Sodoma y Gomorra se encontrarían en los enclaves de Tall Kafrein y Tall el-Hammam, al Noreste del Mar Muerto (Numerosos artículos del Dr. Collins sobre la excavación de Tall el-Hammam del año 2009 han sido escritos en el Boletín de Investigación Bíblica.

La nube de la muerte, que se elevó, aterrorizó a Lot y a sus hijas, asi como a Abram, que no se sintió seguro en las montañas de Hebrón, que se halla a unos ochenta kilómetros de distancia de Sodoma. La Biblia dice que levantó su campamento y se trasladó bastante más al oeste, para residir en Guerar.

Abram nunca más se aventuro a entrar en el Sinaí. Incluso, cuando su hijo Isaac, quiso ir a Egipto debido a una hambruna en Canaán, Yahveh se le apareció y le dijo: No bajes a Egipto; vive en la tierra que te mostraré.


¿Por qué? Zecharia, afirma que al mismo tiempo, fue arrasado con armas nucleares el Espacio puerto de la península del Sinaí, dejando una radiación mortal que persistió durante muchos años. El principal objetivo nuclear estaba en la península del Sinaí; y la víctima real, a la postre, sería el mismo Sumer.

Aunque el fin de Ur no tardó en llegar, su destino comenzó a vislumbrarse a partir de la Guerra de los Reyes. El Año del Juicio Final -2024 a.C- fue el sexto año del reinado de Ibbi-Sin, el último rey de Ur.

Tras fracasar en su misión y humillado dos veces por Abram -una en Kadesh-Barnea y la otra cerca de Damasco-, los reyes invasores no tardaron en ser apartados de sus tronos. En Ur, Amar-Sin fue sustituido por su hermano Shu-Sin, que ascendió al trono para encontrarse con que la gran alianza estaba hecho añicos, y los aliados de Ur, desmembraban el imperio que se desmoronaba.

En un texto de Shu-Sin catalogado como “Colección B” dice Zecharia, sugiere que, los esfuerzos por restablecer los antiguos lazos con Nippur, Shu-Sin, intenta reconciliarse con los nippuritas (tales como la familia de Téraj) que habían dejado Ur tras la muerte de Ur-Nammu. El texto afirma que, después de hacer que la región donde estaba situada Jarán temblara de pánico ante sus armas, se hizo un gesto de paz: Shu-Sin envió allí a su propia hija como prometida (posiblemente, para el jefe de la región o para su hijo). Posteriormente, ésta volvería a Sumer con un séquito de ciudadanos de la región, estableciendo una ciudad para Enlil y Ninlil en las fronteras de Nippur. Fue la primera vez desde los días en que se decretaban los destinos, que un rey estableciera una ciudad para Enlil y Ninlil, afirmaba Shu-Sin, esperando obviamente las alabanzas. Con la ayuda probable de los repatriados nippuritas, Shu-Sin reinstauró también los altos servicios del templo en Nippur, concediéndose a sí mismo el papel y el título de Sumo Sacerdote.

Todo esto sería en vano. Hubo mayores peligros, y la inquietud por la lealtad de las provincias distantes dio paso a la seria preocupación por el propio territorio de Sumer. El poderoso rey, el Rey de Ur, dicen las inscripciones de Shu-Sin, se encontró con que el pastoreo de la tierra -de la misma Sumer- se había convertido en la principal carga real.

En febrero de 2031 a.C, todo Oriente Próximo se sobrecogió con un eclipse total de Luna, que veló al satélite durante la noche a lo largo de todo su curso, de horizonte a horizonte.

Los sacerdotes del oráculo de Nippur no podían apaciguar la ansiedad de Shu-Sin: Dijeron que era un mensaje escrito, un augurio para el rey que gobierna las cuatro regiones: su muralla será destruida, Ur quedará desolada.

El nuevo soberano en el trono de Ur, Ibbi-Sin, no pudo detener la decadencia y la ruina. Aceleró la construcción de murallas y fortificaciones en Sumer, alrededor de Ur y de Nippur; el resto del país quedó desprotegido.

Ignorando a Nippur, cuyos grandes dioses la habían abandonado, Ibbi-Sin puso su confianza en Nannar e Inanna, proclamándose en su segundo año como Sumo Sacerdote del templo de Inanna en Uruk. Una y otra vez, Ibbi-Sin pidió guía y palabras tranquilizadoras a sus dioses; pero todo lo que escuchaba eran oráculos de destrucción y desolación. En el cuarto año de su reinado, se le dijo que El Hijo en el oeste se elevará... es un augurio para Ibbi-Sin: Ur será juzgada.

En el quinto año, Ibbi-Sin intentó ganar fuerzas convirtiéndose en Sumo Sacerdote de Inanna en su santuario de Ur. Pero tampoco sirvió de ayuda: ese año, el resto de ciudades de Sumer dejó de enviar mensajes de fidelidad. Fue el último año en que las ciudades entregaban los tradicionales animales para los sacrificios del templo de Nannar en Ur. Dejaron de reconocerse la autoridad central de Ur, sus dioses y su gran templo-zigurat.

Al sexto año, los augurios se hicieron más urgentes y concretos. La calamidad profetizada llegará, decía otro augurio, cuando, por segunda vez, el que se llama a sí mismo Supremo, como uno cuyo pecho ha sido ungido, llegue del oeste. Aquel mismo año, como revelan los mensajes de las fronteras, los hostiles de occidente entraron en la llanura de Mesopotamia, sin encontrar resistencia, no tardaron en penetrar en el interior del país, tomando una a una todas las grandes fortalezas.

A lo único que se pudo aferrar Ibbi-Sin fue a los enclaves de Ur y de Nippur; pero antes de que terminara aquel fatídico sexto año, se detuvieron repentinamente en Nippur las inscripciones que honraban al rey de Ur. El enemigo de Ur y de sus dioses, el que se llama a sí mismo Supremo, había llegado al corazón de Sumer.

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