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martes, 3 de octubre de 2017

Sobre constituciones y landmarks

Ricardo Polo E.

Dice una parte del reportaje consignado, esto:

-Desde 1717, cuando Anderson fundó la masonería moderna para explorar las nuevas ideas de la ciencia y la filosofía de la época. Y lo hizo inspirándose en las hermandades de constructores de catedrales medievales, hermandades de "maçons" (albañiles).

Esta afrimaciòn es, precisamente, el meollo de los conceptos vertidos por el G:.M:. y que han sido expuestos en el mensaje correspondiente.

Pero reflejan tan solo la "tendencia" iniciada en 1717, de modificar la Masonerìa en toda su estructura ideològica, para incorporar en sus Reglamentos el más puro monarquismo de la época, tanto en las posteriores Constituciones de 1723, como en la "estructura ideològica" que se propagó luego a través del Rito Escocés Antiguo y Aceptado que, afortunadamente, intentó conservar el espíritu de los masones que en 1523, llevaron a cabo la Asamblea de Masones de París, oportunidad en que se diò a conocer su "Constituciòn" totalmente distinta a la que posteriormente y a manos de los pastores calvinistas Anderson y Desaguliers, "tergiversaron" la Masonería y su doctrina.

No voy a calificar esa instancia histórica como lo hizo el I:. y P:. H:. Espadas y Aguilar, que con un poco más de coraje calificò de "falsificaciòn" a la "creaciòn" de la denominada Masonerìa Moderna y Especulativa.

Lo cierto es que examinando ambas Constituciones, la de 1523 y la de 1723, es posible advertir el despropósito de Anderson y Cia. La Cia., naturalmente, fue la monarquìa británica, su temor cerval a la repeticiòn de un Oliverio Cromwell, la propagaciòn de su feroz colonialismo y la injerencia de las clerecìas en el pensamiento de los masones. En especial, el absoluto desprecio de los mentores, hacia el "librepensamiento".

¡Y pensar que muchos HH:. cantan loas a Tomás Moro, sin haber leido nada de su pensamiento...!

En primer lugar no fue "ni el ánimo" ni la letra de Anderson, ocuparse de "las nuevas ideas y la filosofìa de su época". Las "nuevas ideas" habían sido plasmadas por la masonería operativa en la creaciòn de la Sociedad Cientìfica de Londres (Colegio invisible) Y muy poco puede afirmarse a lo relacionado con la filosofìa, puesto que Anderson lo que hizo fue incorporar la "teologìa" a la Orden, ya que la "filosofìa no fue considerada ciencia" NI POR ÉL NI POR SUS HEREDEROS. HASTA HOY.

Y en lo relativo a las Cofradìas y la ingerencia de las "hermandades de constructores de catedrales medievales, hermandades de "maçons" (albañiles)", resulta ser una ironìa, puesto que la Masonerìa operativa emergiò de las sombras de la ignorancia "cofrádica", por rebelarse contra la opresiòn a la que eran sometidos los "constructores" medievales. Incluyendo el accionar de los Jesuitas.

Pero, esa frase o ese argumento no es dado porque si.

Se trata de un complemento de la actual tendencia de algunos masones, de recristianizar la masonerìa, precisamente con ese argumento. Y es más, la instauraciòn de un sincretismo alevoso...

La masonerìa no puede ser ni cristiana, ni musulmana ni judìa.

La Masonerìa ES masonerìa. Y a causa de su "Tolerancia" por un lado, la Cadena de Uniòn por el otro y hasta el "ordo ab Chao" que impone su doctrina, las creencias religiosas deben quedar fuera de los Templos y dentro de ellas debe quedar la pràctica del librepensamiento, esencial en la doctrina de la Orden, cuyo horizonte es y debe ser, además, el Progreso de la Humanidad, mas allá de las "palabras" y materializarse en los hechos.

Hay tres Landmark`s que lo impiden. Examinad cuidadosamente las prohibiones de hablar de polìtica, de religiòn y el "consejo" de someterse al arbitrio de los Estados...

Por algo se nos consiera "anodinos", las columnas se despejan y los figurones se condecoran hasta con lentejuelas, mientras los imperialismos avanzan, los excluidos del sistema se aumentan y ahora se escriben numerosos trabajos tratando que Benedicto XVI levante los anatemas antimasónicos...

En la tumba donde descansan los restos de tantos masones perseguidos o quemados en la hoguera, sus cadaveres se revuelven asombrados..

https://masones.blogia.com/pagina/14/

sábado, 24 de junio de 2017

Hablemos de Librepensamiento II

Hablemos de Librepensamiento II
Por Ricardo Edgardo Polo

Lamentablemente, las acepciones consignadas, generalmente son adversas a la legitimidad del Progreso por esa vía.

II Parte Hablábamos del librepensamiento en la edición anterior, destacando lo vital que significa él, en el contexto de la Masonería. Y no podemos menos que formular algunas reflexiones y consideraciones, respecto de tan importante derecho que posee el ser Humano y en especial en aquél que resulta Iniciado en los denominados «misterios» de la francmasonería. A lo largo del tiempo en que el masón desarrolla sus actividades en la Orden, se va conformando una personalidad intelectiva que faculta a quien persevera en los «conocimientos» masónicos, tener conciencia y visión de un mundo que procura ser distinto del que nos toca vivir.

 No se trata esto de una visión «idealista», del tipo Berkeliano, sino de una visión ideal que surge de la concepción masónica de lo que llamaríamos «un mundo mejor, ante un actual imperfecto». Sin cometer la indiscreción de revelar los dictados de nuestra doctrina en el R:. E:. A:. y A: ., en cuyo seno es posible alcanzar el verdadero conocimiento de aquello a lo que la Masonería aspira dentro de la convivencia humana, podemos afirmar que una inmensa mayoría de QQ:.HH:. no capta con claridad las aspiraciones humanitarias, civilizadoras, para-dogmáticas que original y doctrinariamente, procura en su accionar, nuestra Orden. Resulta ser y mi experiencia en lo masónico me lo indica, que a lo largo del tiempo se van distorsionando los objetivos y desvirtuando los conceptos.

Para demostrarlo, puedo mencionar algunas alternativas que así lo producen, comenzando por los equívocos más conocidos, como son el sostener que la masonería puede «practicarse» y concentrarse en lo que denominamos «simbolismo», en la creencia que originalmente y dentro de los parámetros de la Masonería Operativa, solo tenían vigencia los tres Grados: Aprendiz, Compañero y Maestro. Si bien es cierto que antes de la creación del Rito Escocés Antiguo y Aceptado la Masonería se estructuraba sobre esa base, lo que en realidad se produjo al crearse el Rito fue sistematizar doctrinariamente parámetros y paradigmas que ya existían en el orden filosófico y «especulativo» de los antiguos masones, que además de haberse asociado en razón de su profesión de «constructores» no circunscribían su «asociación» tan solo a la práctica del trabajo, la defensa de sus derechos o el «conocimiento» que los maestros arquitectos transmitían profesionalmente. Resulta obvio historiar lo que sabemos respecto de las asociaciones de constructores, dentro de lo testimonial de su desenvolvimiento. Pero también resulta necesario advertir, que los contenidos de los grados del «filosofismo», tal como conocemos al R:. E:. A:. y A:., no son un «invento» de sus creadores o divulgadores.

Por el contrario, los Rituales de grado han pretendido sistematizar y concretar ideas, aspiraciones, doctrina y sus parámetros constitutivos, para alcanzar una sociedad civilizada, progresista, propagando la Ciencia y la filosofía dentro del ámbito de la Razón, como el único (sin sostenerlo como fundamentalismo) método de hallar la Verdad y a través de ella, la mayor comprensión sobre los grandes interrogantes de la mente humana. La masonería tiene la particularidad de no minimizar o generalizar los enigmas que acucian al pensamiento del Hombre. Resulte este ser un desinformado o una eminencia en el saber. Todos los hombres se plantean dudas y aceptan respuestas o las adoptan según su nivel intelectual y formativo. Desde los albores del conocimiento, desde que el hombre despertó de las tinieblas del homínido, siempre lo han condicionado sus interrogantes e impulsado a develar los enigmas que su «comprensión» o ignorancia de las cosas, lo llevaron hacia la búsqueda de respuestas. Y en el fondo de tal particularidad en su naturaleza, no cabe duda que la «libertad» con la que puede pensar o razonar, es lo que le ha permitido obtener respuestas. Eso, naturalmente, es el librepensamiento.

 En uno de los Rituales del filosofismo, podemos leer algo sumamente significativo, que condensa sin fragilidades y expone claramente, el hecho cierto que explica el trabajo masónico en si mismo y que debe ser tomado como fundamento de si mismo. Se expone así: «Nuestro lema dice: «Ordo ab chao», el «Orden sobre el Caos». Reina el desorden y la confusión en el mundo político y moral (aunque no se refiere el párrafo a un momento determinado de la Historia...). Los más audaces se hacen los más poderosos; adquieren los medios de intimidar o seducir a los incautos y crean la tiranía, el despotismo y la arbitrariedad que rigen hoy los destinos de todas las naciones que se tienen por más civilizadas.

La Justicia se administra al antojo de los gobernantes, los advenedizos ocupan los puestos reservados para el talento y el saber; el oro oscurece el brillo de la inteligencia y es el único afán, el único móvil y objeto de las intrigas y execraciones: el mérito desaparece eclipsado por la falsa ciencia apaniguada, y la ley es el capricho del tirano. En los templos dominan el engaño, la astucia y la maldad». Si nos atenemos a la época en que tales conceptos fueron vertidos (Siglo XVIII), estos términos parecerían estar explicados en el imperio de las monarquías y las convulsiones sociales de aquellos tiempos, pero si extrapolamos y ubicamos los conceptos aplicados, a nuestro tiempo, advertiremos que pudieron haber cambiado las formas, pero no ha cambiado el contenido.

Cual si estuviésemos viendo la realidad tras los parámetros de una radiografía, seguramente nos asombraremos de advertir que aquello de que «no hay nada nuevo bajo el sol...» se convierte en una verdad perfectamente demostrable. En el Ritual que hemos mencionado, luego aparecen claros y precisos los siguientes conceptos: «Estúpidos sacerdotes que se dicen ministros del Eterno e intérpretes de su Ley, corrompen las costumbres con un dogma envilecedor; embrutecen a las masas con un culto tan torpe como ridículo, siembran el fanatismo y la superstición en el niño, la discordia en la familia y la inmoralidad en las naciones. Unos y otros se abrogan el derecho de dirigir las escuelas, los talleres, los gremios, los menores pasos del hombre; en todas partes están, todo lo revisan; y el Caos más espantoso ha invadido el Universo.

De él nos proponemos sacar el Orden y destruyendo los abusos, aniquilando el Fanatismo y la Hipocresía, difundiendo la Luz... La Tarea es difícil, pero gloriosa y en tan espinoso camino nos favorece el impulso constante de la Naturaleza entera. Nuestra Institución está encarnada en el Progreso, fomenta la Evolución civilizadora en todo el Orbe y su triunfo es por ello seguro e inevitable». Tal vez suceda que el vertiginoso y problemático convivir que nos atrapa en estos tiempos, haya hecho pensar a nuestros QQ:.HH:. e incluso al ciudadano común, que tales premisas carecen de motivación o resultan ajenas a nuestro tiempo. Tal es el estado de incertidumbre al que está sometido el Hombre, que no parece advertir, en toda su magnitud, las tinieblas que oscurecen su vida cotidiana.

Tal vez ocurra por el poder de la mediática y al mismo tiempo la vertiginosidad de las acontecimientos mundiales, la dicotomía entre problemáticas distintas o la confusión reinante en materia socio-político-económica, que afectan y abruman al ciudadano en el planeta. Incluyendo, claro está, la multiplicidad de conflictos, intereses en pugna y la ahora reinventada colisión entre Occidente y Oriente, esta vez impulsada por el Imperio vs. el Islam, que parece remedar el tiempo de las Cruzadas... Lo cierto es que los males que la Masonería ha combatido desde su origen, no solo no han sido erradicados sino que se incrementan a medida que las variables recrudecen y colisionan. También ocurre que los factores de poder, dentro y fuera de las Instituciones, se conforman de acuerdo con el nivel de inteligencia y formación del ciudadano y además, con la inclinación a ejercerlos en demasía, acorde con el sentido de impunidad que reine en cada ámbito. Sencillos principios como el «saber», la «virtud» y la «verdad», pudieran iluminar las inteligencias del mundo. Y en eso debe hallarnos la Masonería.

 En esa tarea, en ese esfuerzo personal que es deber del iniciado. Deberemos recordar siempre que «Todos los males de la Humanidad provienen de la defectuosa organización de las Instituciones». Eso lo sostiene uno de nuestros Rituales que dice «...El hombre primitivo por instinto social se reunió en familias, tribus y naciones y el más sabio fue el jefe y el padre o patriarca de los asociados. Mas observando las ventajas y prerrogativas inherentes a la autoridad, se despertó la ambición y el más fuerte usurpó el poder de gobernar a la asociación y la oprimió imponiéndole su arbitraria voluntad a los demás. Pero el más astuto e hipócrita, para empujar aún a los más fuertes, se valió del temor a Dios, se dijo ministro suyo y en comunicación con él, le dio su ley y gobernó a su antojo».

Y ampliando aún más estos elementales pero certeros conceptos, que diagnostican el mal que transpone todos los tiempos, leamos lo que nuestro Ritual explica, al decir: «...De concierto unas veces y otras en guerras encarnizadas, agitando las masas ignorantes y envilecidas por su nefando influjo, ambos han explotado y explotan hoy día a los pueblos, manejándolos según su capricho, sus leyes envilecedoras y forjadas a su amaño para perpetuarlas en la superstición, el fanatismo y el embrutecimiento, creando sucesivamente la esclavitud del vencido, el despojo del acusado; la distinción de castas, el feudalismo, los calabozos; la fiscalización y la tiranía más espantosa, la Inquisición papal, en fin y cuantos males aquejan y han aquejado al género humano.

 Pero en contra suya los filósofos, los francmasones, se han levantado dolientes por las miserias de la humanidad, para cortar los abusos, reparar las injusticias y castigar la iniquidad, reconquistando denodados los derechos del Hombre, hollados por los oligarcas y establecer en la Tierra el reinado de la Razón» Las frecuentes discusiones relativas a tales conceptos, que se ven planteadas en el ámbito de nuestros talleres y ahora en las Listas Masónicas en la Web, evidencian como resultado una desproporcionada realidad entre lo cierto y lo creído. Muchos de nuestros QQ:. HH:. desconocen que el reinado de la Razón tiene fundamento en alcanzar la Redención Social, que bajo el nombre de Grande Obra constituye el objetivo de la Masonería.

 Tal vez los excesivos compromisos con la pretendida «interpretación» de los símbolos, aparta al masón de la línea horizontal, al punto de no permitirle saber que su accionar se debe a «...la reivindicación de los derechos que da la Naturaleza al hombre, los cuales son inherentes a su ser.» La evidente tendencia a la religiosidad impuesta por las Constituciones de Anderson y la proliferación actual de diversos conceptos religiosos que se intentan introducir en la temática masónica, han hecho olvidar que nuestros manuales señalan que «No precisamos la religión cristiana, ni la judaica, ni la mahometana, ni partido político alguno: ni los atacamos ni defendemos. Declaramos guerra eterna al Vicio y a la Maldad; tenemos por patria el Universo y por familia a la Humanidad, y con paciencia y constancia trabajamos incesantemente en modificar el organismo social presente, derribando piedra por piedra el monstruoso e informe edificio de los astutos y tiranos, estudiando sus arterías y depredaciones y las necesidades crecientes de los pueblos, hasta conseguir asentar en el mundo entero los principios que os hemos inculcado en las cámaras capitulares y consejiles, y que os habéis obligado a sostener y propagar haciéndonos “apóstoles del Progreso». No os asombréis, QQ:. HH:. que tal vez por vez primera estéis leyendo estos conceptos. No han sido «inventados» por este pensador masónico. Han sido escritos y publicados en nuestros Rituales. Son parte de la extensa y nunca limitada enseñanza doctrinaria y proposición elocuente de nuestro accionar. A eso se debe la prédica constante de pensadores como José Ingenieros o luchadores como Francisco de Miranda o el general don José de San Martín. Ellos no dedicaban su tiempo a lucubraciones gatopardistas o a la acumulación de inexactitudes, como las que hemos leído por estos días. Resulta ser que en el anuncio de un Congreso Internacional Masónico, se dice que la «Masonería Moderna o especulativa se inició en Europa en 1717, junto con la fundación de la Gran Logia Unida de Inglaterra...». Siendo, como lo es, inexacto, al punto de que cualquier masón que tenga ante sus ojos ese texto y no conozca la Historia masónica, lo creerá a pie juntillas.

La «Masonería Moderna o Especulativa» nació en Londres en 1717 y no en Europa y la Gran Logia Unida de Inglaterra nació en 1813, con la Unión de las Grandes Logias habidas en Gran Bretaña. Y es más. Un Vademecum publicado en Argentina por el año 1934 y editado por mi Logia Madre, sostiene que «Las únicas cuatro Logias que había en Inglaterra en 1717 se reunieron el 7 de febrero en la taberna de «La Corona», de Londres, donde resolvieron unirse en una sola Gran Logia, de la cual se nombró Gran Maestro a Antonio Sayer, el día 24 de junio del mismo año».

 Las Cuatro Logias que se mencionan no eran las únicas en Inglaterra, su unión fue para formar la «Gran Logia de Londres y Westminster», que fue considerada por la Gran Logia de York -en plena vigencia- declarándola «espuria» (en ese tiempo no existía la famosa Regularidad o Irregularidad) y varios de sus integrantes, entre ellos James Anderson, no eran Masones Iniciados. Estas no son «mis» afirmaciones, son hechos históricos que han sido sistemáticamente confundidos o tergiversados. No hablaré de los anatemas y sambenitos con los que he sido «condecorado» por algunos de mis QQ:. HH:. He aprendido en estos últimos tiempos de investigador y estudioso, que la magnitud del desconocimiento sobre la Historia de la Masonería de los últimos 7 Siglos es tal, que se cree a pie juntillas la versión actual de la leyenda de Hiram Abif y la construcción del Templo de Salomón, inventada por James Anderson y Theofile Desagulliers, ambos pastores calvinistas. Al redactar las Constituciones de 1723, sostienen una Historia que lleva el origen de la Masonería más allá de Adán y Eva e incluso, «anterior» al mundo...

Por eso la importancia del «libre pensamiento». Así como el «libre examen» permitió a Lutero cuestionar las inexactitudes e invenciones de la clerecía católica, es un deber de cada masón imbuido de la mística del pensamiento doctrinario de la Masonería, muy anterior y no acotado a las Constituciones que hoy aparecen como dogmáticas, investigar a fondo en la Historia de la Institución. Hace unos días, en un encuentro con un Aprendiz recientemente iniciado, me enteré de que al preguntar cómo podría él «conocer» más sobre la Orden, se le dijo que se atuviera al Ritual de su grado, pues «...la lectura de otros tratados producirían en él la confusión»...

 En mis 46 años de membresía en la Orden, nunca escuché tamaño despropósito. De allí que pueda comprender, al menos, las inexactitudes que son repetidas en L:. y Talleres. No puedo pormenorizar mi paso por distintas L:. de la Obediencia. Debo reconocer que he conocido QQ:. HH:., algunos de los cuales los lloro por su ausencia, pero debo confesar que me he visto enfrentado con algunos que no me han perdonado estudiar, investigar y profundizar en el pensamiento masónico. E incluso con alguno que me ha difamado en el orden internacional, en las Listas Masónicas, llevando y trayendo chismes con la pretensión de descalificarme. Poca muestra de fraternidad, claro está. En la actualidad cuento con Plancha de Pase y Quite y a plomo con el Tesoro de una Obediencia Regular. Por lo que ciertas calificaciones hacia mis actividades intelectuales, me excluyen de anatemas capciosos.

 Prefiero seguir haciendo lo que hago, precisamente por sentirme «librepensador», que acatar controles o supervisiones de algunos «funcionarios» que creen saber y en realidad, no saben. Lo que me preocupa si, es el hecho de que mis de tractores impiden o retardan la circulación de mis trabajos de investigación Histórica, entre ellos el que se denomina «¿Es la Masonería una religión?», que constituye un meduloso análisis de las opiniones vertidas en la Universidad Complutense de Madrid, con los Cursos de Verano realizados en El Escorial y dirigidos por el jesuita José A. Ferrer Benimelli. La participación en esos Cursos de destacadísimos historiado-res, representantes de diversos credos e integrantes de Supremos Consejos de la Masonería, me permite establecer un lazo de seriedad en la temática desarrollada.

Por otra parte, las investigaciones que hemos desarrollado respecto de la Masonería Operativa y la existencia de la poco conocida pero no menos importante y trascendente Masonería Progresista Universal, Rito primitivo, originada en Florencia a través del gran masón que fuera Leonardo Da Vinci, con sus Academias de neto corte masónico, son ignoradas en nuestro ámbito con elocuente silencio. Y sí «comentadas» nuestras proposiciones, a través de un significativo número de virus que recibimos en nuestro diario intercambio de mensajes por la Web. Como «librepensador» tengo conciencia de los riesgos que se corren al luchar contra Tirios y Troyanos, incluyendo muy QQ:.HH:. cuyos consejos procuran convencerme de no «pelear contra molinos.

 Naturalmente que no soy ni me siento un Quijote. Pero me alcanzan los extremos de la Ley, esa que desestima al que crece, enloda al que piensa o anatematiza al que disiente. Pero, también se que hasta la fecha, mis Trabajos no han sido refutados, ni mis afirmaciones constituyen motivo de Juicios masónicos. Me asombra la falta de cuestionamientos a las inexactitudes. Hay como cierto temor a indagar o al menos pareciera que ciertos conceptos pudieran ser dogmáticos, dentro de una Institución profundamente racionalista.

Aunque debo confesar haber escuchado que «...ya no podemos ser racionalistas...» tal vez en mérito al auge de los misticismos, esoterismos, religiosidades, dogmatismos e incluso la admisión de «verdades reveladas», que con mayor frecuencia se incorporan al lenguaje masónico. En el Vademecum mencionado precedentemente, hemos podido leer que "Los doctores Anderson y Desagulliers fueron los que perfeccionaron los antiguos métodos y constituciones. A ellos se debe el hecho de que la Masonería sea libre y aceptada, fundada en la Leyenda de Hiram y el simbolismo del templo de Salomón»... Nada menos. Leído así, de sopetón, pareciera ser legítimo lo dicho por el autor del Vademecum."

 Pero... Sin embargo, se encuentra en discusión, incluso afirmado por Robert Gallatín Mackey en su Enciclopedia de la Masonería, en la que señala que los «antiguos documentos que mencionan ambos doctores..., no puede decirse que sean auténticos o legítimos, y algunos de los que fueron tomados en cuenta se curiosamente se «...quemaron o desaparecieron en un incendio en Londres...» Y a mi entender y por si fuera poco, entre los antiguos documentos o manuscritos existentes al momento de su utilización, no fue mencionado ni tenido en cuenta aquél que se denomina «Principios básicos de la Francmasonería Primitiva, aprobados en la Asamblea General de Francmasones que se reunió en Paris en 1523» y que constituye el más auténtico documento que perfila el quehacer masónico y la relación de la Masonería con el mundo que le toca vivir.

 La afirmación de que la Masonería «sea libre y aceptada», en función de las Constituciones de Anderson o que se «funde» en la leyenda de Hiram y el «simbolismo» del templo de Salomón, también constituyen inexactitudes. Porque lo de «...libres y aceptados masones» es más antiguo que las Constituciones de Anderson y lo de aceptados se refiere al ingreso a la Masonería (antes operativa) de los «nobles» de la monarquía británica, cuya «aceptación» se debió a la injerencia monárquica en la orden a través de Anderson, imponiendo entre muchos otros, los famosos «Landmark´s» prohibiendo «hablar de política y de religión» en el seno de las Logias y haciendo hincapié en la sumisión del ciudadano al poder, tres limitaciones a la soberanía ciudadana, sencillamente impuestas por el poder despótico de la monarquía absolutista.

Y esto es nada, si consideramos la creencia general de que la Gran Logia Unida de Inglaterra, que hoy legitima la pureza de las Grandes Logias y Obediencias denominadas «Regulares», naciera simultáneamente con la Masonería Moderna o Especulativa, puesto que su existencia fue iniciada 86 años después, en 1813 y estableciendo luego, la denominada «Regularidad» en función de los Landmark´s de las Constituciones de 1723 y sus posteriores reformas. Como podemos advertir, datos de importancia y trascendencia, cuyos errores formales y tergiversación de los verdaderos hechos ocurridos desde 1717, han ocasionado la enorme proliferación de Ritos y Obediencias que no hacen más que desunir a los masones, desvirtuar su doctrina y permitir esta suerte de inmovilismo que lleva a ralear las columnas de nuestros Talleres.

Resulta una pena inmensa que el «librepensamiento» se encuentre cuestionado; que el teologismo invada nuestras L:.; que los desencuentros entre HH:. estén ocasionados por misticismos incorporados pour la galerie al quehacer «especulativo» de la Orden, en la falsa creencia de que los antiguos masones operativos o los pertenecientes a la Masonería Progresista Universal, se dedicaban al casi mito de pulir la «piedra bruta», en su superlativo individualismo.

Aquellos antiguos masones fueron los que llevaron Luz a su tiempo, consolidaron la ciencia con su método cartesiano, hicieron a la filosofía una ciencia y no una mera especulación teológica dogmática, razonaron el mensaje bíblico sin considerarlo una «revelación» y procuraron elevar la condición Humana a la grandeza de la Naturaleza. ¿Estaremos nosotros complementando esa fuerza luminosa ofrecida por la Razón y utilizada por nuestros antepasados...?

AUTOR.
 R:H:. Ricardo Edgardo Polo 33°


Nació en la ciudad de Mar del Plata el 19 de agosto de 1937. Estudios secundarios en la Escuela Nacional de Comercio N° 9 de la ciudad de Buenos Aires. Terciarios en la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho, carrera de derecho hasta 2ºgrado decisión de dedicarse a su vocación: el periodismo.

Tomado de la revista Dialogo Entre Masones mayo 2014

viernes, 23 de junio de 2017

Hablemos de Librepensamiento I

Hablemos de Librepensamiento I
Ricardo Edgardo Polo

Si usted se interesa de verdad en el “pensamiento masónico, tome nota de este artículo, léalo hasta el final y después piense bien en lo que ha creído hasta ahora y piense bien en lo que desde ahora tiene que saber.

Hablaremos hoy del librepensamiento. Un término que en nuestro tiempo, está acotado en su ejercicio merced a los condicionamientos que la contemporaneidad ejerce sobre la práctica de esa libertad. Primeramente, nos ajustémonos a la definición: el librepensamiento es la doctrina que reclama para la razón individual, independencia absoluta de todo dogma religioso o de todo criterio sobrenatural. Ese reclamo deriva, naturalmente, del ejercicio pleno de la Libertad.

Pero ¿qué entendemos los masones sobre ella? Veamos lo que sostiene Gallatín Mackey en su «Enciclopedia de la Masonería»: «La libertad se define como significación del estado de exención del control o poder de otro. Es la doctrina que los Masones deberían gozar con libertad inextinguible, y la circunstancia de ser libre en todos sus pensamientos y acciones...» Pero aclara Mackey que «Es evidente que la palabra libertad se usa en la Masonería en el sentido simbólico o metafísico, difiriendo de su significación ordinaria».

Habla, entonces, dando como ejemplo que en el uso masónico se observa en la aplicación de las palabras nacido libre u hombre libre, que se utilizan en su acepción legal y acostumbrada y se combina libertad con fervor y celo, como significativos de la idea simbólica. En esto, Mackey cita a Gadicke, que en la palabra Freiheit, en su «Freimaurer-Lexicon», la define como: «Una palabra que con frecuencia la oímos entre nosotros, y que es restringida a la misma limitación como la libertad de la vida social. En nuestras Asambleas no tenemos libertad de obrar como a cada uno le parece, pero somos o deberíamos ser, libres del dominio de la pasión, orgullo, prejuicios, y todas las otras locuras de la naturaleza humana. Somos libres del falso prestigio de que no necesitamos ser obedientes a las leyes». Y agrega que «...siendo de este modo, equivalente con la integridad». (1) Hablamos entonces de valores, puesto que la integridad es cualidad de la persona recta, proba, intachable. Es decir, es reconocer, estimar el valor o mérito de algo o alguien.

No obstante, recogemos una definición un tanto más significativa, que es la que dice que el Valor es la realidad ideal por cuya participación las cosas adquieren cualidades que nos hacen estimarlas diversamente. Su jerarquización forma la escala de los valores: económicos, vitales, intelectuales, estéticos, éticos o religiosos y el juicio en el que se atribuye un valor de manera subjetiva.

Pero, fundamentalmente, todos esos postulados adquieren mayor significación para el progreso del Hombre, si el Derecho a ejercer la Libertad se deriva de una doctrina racional que imponga lo irrestricto de su ejercicio, sin otra limitación que el reconocimiento del Derecho de los otros. Vivimos un Tiempo de avances tecnológicos en función de los cuales, se habla de «una mejor calidad de vida» para el Hombre. Pero es evidente que esa mejora en las condiciones de vida, no supone un mejor ejercicio de la libertad. Si nos atenemos, entonces, a la libertad y su ejercicio, como un Derecho inalienable del Hombre, suponemos que a la «libertad de pensamiento» debiera considerársele como inmanente (2).

La vitalidad de tales conceptos tiene referencia en lo trascendente (3), porque el librepensamiento es el que permite y ha permitido e incluso permitirá, la liberación del Hombre de sus ataduras supersticiosas y el camino más transitable y apto para abocarse al búsqueda de la Verdad. Y en eso, el masón debe constituirse en ejemplo. La verdadera lucha contra la mentira, es la que se materializa contra los dogmas. Dice José Ingenieros en su obra «Las fuerzas morales», que «Los dogmatismos son coacciones que los beneficiarios de la mentira, hacen gravitar sobre nuestras conciencias» y apoya su afirmación en que «Las castas y las sectas imponen el sacrificio de algunas verdades o una limitación del libreexamen». He allí las paradigmáticas (4) afirmaciones de un pensador que alentaba su esperanza en aquellos que se sienten renovadores.

Y no cabe duda que el masón, precisamente por su condición de tal, por el uso irrestricto de la Razón y por ser un librepensador, debe ser, sin duda alguna, un renovador. Dice el I:. y P:. H:. José Ingenieros, al respecto del renovador, que «Su obra y su ejemplo sobreviven en los siglos, acrecentando el patrimonio moral de la especie humana». Pero ¿cómo podría un masón alcanzar tales ideales, declarándose a sí mismo y a través de sus ideas, como un trabajador condicionado, limitado, aferrado a cualquier dogma? (5) No cabe duda que la secularización (6) ha permitido al Hombre desarrollar sus potencialidades. «Todo progreso moral -sostiene Ingenieros- es el triunfo de una verdad sobre una superstición». Pero tal actitud de compromiso tiene sus riesgos.
No es sencillo asumir el rol de librepensador. «En todos los tiempos y lugares -dice Ingenieros- el que expresa su verdad en voz alta, como la cree, lealmente, causa inquietud entre los que viven a la sombra de intereses creados». Y así sucede desde los más remotos tiempos. Desde el primitivismo del poder del más fuerte, o desde el poder del más fuerte cifrado en los dogmas. Agrega el ilustre pensador refiriéndose a la cobardía moral, que «...la mayor de todas las cobardías consiste en callar la verdad para recoger las ventajas que ofrece la complicidad con la mentira...»

El librepensamiento ha permitido a la Humanidad salir del oscurantismo y la superstición, al precio de mucha sangre. Sangre de los mártires como Servet y Giordano Bruno, la cicuta de Sócrates o la trágica rebeldía de Galileo. Y tantos otros que promovieron el Renacimiento o humanizaron el Conocimiento con la Enciclopedia. No resulta tan extraño que establecidos los parámetros de funcionalidad de algunas Instituciones, con los ideales expuestos en sus principios constitutivos, posteriores «reformas» se hayan ajustado al criterio dogmático que luego las condiciona.

Pero esto no resultaría extraordinario, si no mediara el hecho de que sus integrantes acaten restricciones pero por «...vivir a la sombra de los intereses creados». No hace mucho tiempo ha muerto en Buenos Aires, un Q:. H:. al que se homenajeó con una sencilla comunicación de su fallecimiento. Se acordó de él, el V:. M:. de una L:. que lo informó a través de un mensaje en la virtualidad de la Web(**). Pocos hoy saben del extinto. Pero él se hallaba en el ostracismo tras casi tres décadas, por haber renunciado a la complicidad con quienes vivían a «la sombra de los intereses...» y por defender el honor y dignidad del H:. que esto escribe. Nunca fue reconocido su gesto, ni reparado el agravio. Y la esencia moral de este caso, es la persistencia del anatema infundado y miserable. Fue por la defensa del librepensamiento, la causa de lo acontecido. De allí que con el paso del tiempo, más que una ocasional disidencia, el hecho de persistir evidencia los enconos que dividen a los hombres.

Sin el librepensamiento resultará imposible restaurar la Esperanza o avizorar ese «Futuro mejor ante un actual imperfecto...», que inmortalizó Ingenieros al exaltar los valores de las «fuerzas morales». En un tiempo de multitudes y demencias sociales, ocasionalmente surgen los renovadores. Y cuando estos reclaman su ubicación en la sociedad, existe una máquina imparable que los aplasta sin misericordia. Estas cosas no les ocurre tan solo a los revolucionarios, también abarca a quienes aspiran a reformar con moderación las cosas.

Consideraciones sobre ciencia y saber

Sostener que «...es absurda la noción de principios absolutos e invariables y no merece llamarse hombre de ciencia quien padezca esas supersticiones trascendentales de los antiguos teólogos y metafísicos» (7) es discutido hoy por HH:. que se sienten imbuidos de un misticismo cuasi teológico, derivado de algunas poco sutiles interpretaciones de los Landmark´s (8) que rigen la Regularidad masónica. Están inmersas hoy en la convivencia logial, dicotomías significativas.

La discusión sobre el dogmatismo que impera equivocadamente, se nutre de la sorda pugna entre racionalistas y creyentes. La ausencia de una clara definición sobre lo que es verdaderamente Masonería, se agota en el discurso comprometido con la dinámica de las corrientes imperantes. Si a ello se suman las indefiniciones axiomáticas (en el sentido ideológico-institucional) o las definiciones circunstanciales postuladas por aquellos que ocupan los cargos representativos, advertimos la magnitud de la problemática que nos concierne hoy.

«Cuando la sabiduría deje de ser un deporte de epicúreos, podrá convertirse en fuerza moral de enaltecimiento humano» (10) Más allá de lo circunscripto del concepto, pues Ingenieros se refiere a la Ciencia, podemos extender la idea al hecho de que nuestra Orden aspira al ejemplo, como paradigma de conducta de sus miembros. Pero si estos confunden el espíritu y la letra, a través de interpretaciones sobre los paradigmas fundamentales de la Hermandad, seguramente el mensaje trascendente deja de ser tal para sus proyecciones y se circunscribe al ámbito de consenso del sector que lo acepta.

Se hace necesario extrapolar (11) la afirmación relativa a que «El espíritu científico excluye todo principio de autoridad» (12) y condicionarla en este caso, a la realidad de nuestra Institución. Porque «Un sistema funcional compuesto de elementos variantes, no puede conciliarse con dogmas cuya in variancia se presume inaccesible a todo examen o crítica. El desenvolvimiento del saber, tiende a extinguir las verdades infalibles sustentadas en el principio de autoridad y reputadas inmutables» (13). Tales «reflexiones -si es que podemos llamarlas así- revelan la ausencia de una ponderación respecto de las normas y la necesidad de adecuarlas al devenir de los tiempos.

De allí la evidencia de antinomias explicables, pero innecesarias en una Institución como la nuestra. Todavía subsisten ciertas «limitaciones», para que el masón pueda expresar sus ideas fuera del ámbito propio. Y dentro de él, con una sutil imprudencia, para evitar colisionar con el status aferrado a las maximalistas interpretaciones de las Constituciones andersonianas.

El librepensamiento, cuestionado hoy debido a teístas o deístas, a dogmáticos landmarkianos (14) o simplemente a las diversas corrientes de pensamiento que han confundido el espíritu inquisitivo del masón, que es el que lo lleva a la búsqueda del Conocimiento discurriendo por conjeturas y señales, con la presunción de que existen verdades reveladas que deben acatarse. Liberar al hombre de las «...cadenas misteriosas que son las más humillantes...» incrementa «...el sentimiento de responsabilidad moral frente a las contingencias de la vida». Ingenieros sostiene al respecto, que «Eliminar los temores que nacen de la superstición, devuelven a la humanidad su rango legítimo en la Naturaleza y desarrollan un bello sentimiento de serenidad ante la inestable armonía del Universo».

Tan idealistas conceptos morales, debieran motivar a los masones dedicados a la teología en sus trabajos, que no advierten que la masonería no acepta dogma alguno, ni constituye un sincretismo religioso. De allí que el librepensamiento sea el ámbito mediante el cual se expongan los ideales. Sin ellos estaremos concibiendo obras muertas. Por eso podemos leer de aquél insigne masón, que «...un ideal, como fuerza viva, es la antítesis de un dogma muerto, difieren tanto como un ruiseñor que canta en la rama y su cadáver embalsamado en la vitrina de un museo».

No creo que sea factible una imagen mejor, para describir lo perfectible. Y en la continuidad del pensamiento del Q:.H:. José Ingenieros, arribamos a la magnífica y expresiva sentencia suya, que dice: «Toda moral idealista contiene una previsión del porvenir: Es su carácter esencial, llevar implícitos los conceptos de perfección continua y de incesante devenir. Solo merecen el nombre de idealistas, los hombres que anhelan algún futuro mejor, contra un actual imperfecto».

De allí que podamos comprender el llamado de un R:. G:. M:. de la Masonería Argentina, cuando exaltó los valores y virtudes de la Utopia, instando a no claudicar de ella, (aunque durante su mandato él mismo fue quien desvirtuó sus dichos). Para aquellos QQ:. HH:. que se muestran proclives de incursionar en revelaciones, esoterismos, misticismos y doctrinas que se denominan Tradicionales y Primordiales, sin que se sepa a qué primordiales orígenes se alude, es posible mencionarles estos conceptos de Ingenieros: «Muy distinta es la escala de valores del tradicionalismo, simple doctrina de regresión al pasado, que en cada tiempo y lugar pretende poner trabas a todo lo que significa renovación o perfeccionamiento. Cuando afirma que lo antiguo es mejor que lo presente, su oculta intención es sugerir que lo presente es mejor que lo futuro. En la vida social se resuelve en una acción de resistencia a la justicia y al progreso». Debiéramos mensurar el alcance de tales conceptos.

Pero, y esto es axiomático, el librepensamiento nos indica que «No existe un abstracto ideal con caracteres absolutos, mero concepto trascendente y eterno». En consecuencia: «La aspiración moral de lo mejor, no es privilegio exclusivo de ningún dogmatismo metafísico».

Hasta aquí nos hemos referido, asociándolos, a conceptos vertidos por un masón que ha sido un «maestro», de varias generaciones de jóvenes. Sus ideas sobre la ética y la moral y «las fuerzas» que ambos conceptos generan, podemos extrapolarlas a la condición del Maestro en nuestra Orden". Veamos qué sostiene ese gran Maestro que fue Ingenieros al respecto: «En todo tiempo han merecido el nombre de Maestros los que supieron encender en los jóvenes el amor a la verdad y el deseo de investigarla por los caminos de la ciencia; pero fueron Maestros entre los maestros, los que trataron de ennoblecer ese amor y ese deseo, sugiriendo ideales adecuados a su medio y a su tiempo, para que la imaginación superase siempre a la realidad, remontándose hacia las cumbres inalcanzables de la perfección infinita».

Cuando analizamos la realidad institucional que puede observarse, despojados de hipocresías y condicionamientos, podemos comprender las ausencias entre columnas, las deserciones explicables, las decepciones comprensibles. No se ejerce el librepensamiento en proporción a la doctrina, claramente expuesta en los Rituales, que no resulta necesario considerarla obsoleta, sino atenerse al sentido sugerente y orientador de su contenido. En «Las fuerzas morales», Ingenieros sostiene que "...cada generación debe repensar la historia», porque piensa que los hombre envejecidos se la entregan corrompida". Pero previamente, sostuvo que «La historia sin sentido moral es una máquina de mezquindades; rebaja a los dignos, justificando a los miserables»

Para los QQ:.HH:. que propagan el respeto irrestricto a los Linderos que prohíben, o que retacean y condicionan el accionar propio; a los que niegan a la Masonería su acción revitalizante en la Historia y circunscriben su trabajo al individualismo ejemplar, podemos recordarles y con relación al «librepensamiento», esta exhortación que un Maestro masón, considerado hoy por los educadores como «perimido» o fuera de moda, brindo a la juventud: «Rinda culto la juventud de nuestros pueblos a los grandes hombres que lucharon por la emancipación política, por el ascenso ético, por la justicia social, manteniendo la continuidad del espíritu renovador en el curso de la historia”.

Nació la conciencia revolucionaria con el anhelo de la independencia, triunfó derribando el feudalismo colonial, fue enriquecida por la obra de pensadores y estadistas, renació en cada nueva generación y fue el núcleo de ideales sin cesar integrados por las minorías ilustradas. Ame la juventud ese pasado en marcha y subraye admirativamente sus valores en la historia de los pueblos nuevos. “Pero solo será justa si al mismo tiempo reprueba a cuantos obstruyeron la obra secular, pues los que fueron ayer sus enemigos, lo son también hoy, y mañana lo serán por fuerza». Finalicemos este trabajo, señalando la dicotomía reinante hoy entre estos conceptos idealistas y liminares en la historia de la Masonería, con los precarios conocimientos que las tendencias reduccionistas e interpretativas de esa Historia, hacen en quienes poco la conocen.

La tendencia a «cuestionar o minimizar», e incluso tergiversar la participación de la Orden, en las gestas revolucionarias que han transformado la Historia de la Humanidad desde el siglo XVIII; la tendencia a teologizar la doctrina masónica, incorporando a sus Rituales tanto el ceremonialismo como dogmas, revelaciones, la inmortalidad del alma o las creencias de divinidades antropomórficas, desvirtúa aquella «operatividad» constructiva, racional, civilizadora, protectora del débil y profundamente imbuida en incentivar el imperio de la justicia, el Orden sobre el Caos y luchar por la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.

Resulta ocioso señalar, que debe ser reexaminada la estructura condicionante de aquellas normas que se impusieron en el siglo XVIII, debido a muy particulares circunstancias de tiempo y lugar. Que la Masonería no es especulativa desde 1727 y que si lo ha sido desde 1523, debido a lo postulado en la Asamblea de Masones de Paris de 1523. Y que la historia de la Masonería debe ser reescrita para evitar que las «bisagras» históricas, modifiquen su esencia civilizadora, revolucionaria (12) y progresista. Entre las «libertades» más esenciales del hombre, del que resiste los embates de la costumbre y aspira al progreso y la perfección, está la del librepensamiento.

Y más allá de su contexto, la libertad de expresión, sin la cual no sería posible transmitir el pensamiento. Pero el librepensamiento, más allá de constituir un Derecho y en nuestro caso una obligación, depende también y creo que esencial y fundamentalmente, en el Derecho a la información veraz y sin censuras que, en estos tiempos de presuntas «globalizaciones», se ha convertido en desinformación, tergiversación, operaciones de prensa o «basura» mediática. Para que los masones hagamos cierta la doctrina del librepensamiento, deberemos manifestar la certeza de no acatar el peligroso teorema de la innata inmoralidad humana.

(1) Integridad: honradez, probidad, rectitud, moralidad, decencia, lealtad.
(2) Inmanente que es inherente a un ser o a un conjunto de seres, y no es el resultado de una acción exterior a ello.
(3) Trascendente: de gran importancia por sus probables consecuencias. Según el pensamiento filosófico de Kant (1724-1804), es el estudio que tiene por objeto las formas, principios o ideas a priori, en su necesaria relación con la experiencia. Que es una condición a priori y no un dato de la experiencia. En oposición a empírico.
(4) Paradigma: ejemplo que sirve de norma, esp. de una conjugación o declinación.
(5) Dogma: punto capital de un sistema, ciencia, doctrina o religión, proclamado como cierto e innegable. Que afirma como verdad inconcusa o como un hecho establecido, lo que es discutible.
(6) Secularización: fenómeno cultural caracterizado por la desaparición de los paradigmas mítico-religiosos.
(7) José Ingenieros, «Las Fuerzas Morales». (8) de las Constituciones de Anderson de 1723 y sus reformas.
(**) Se trata del M:. Q:. H:. Arno Leuch. G:. 31 del S:. C:.del R:.E:.A:. y A:. de la República Argentina, hoy en el O:. E:.
(9) axiomático: incontrovertible, evidente. Conjunto de definiciones, axiomas y postulados en que se basa una teoría científica.
(10) Idem Obra citada.
(11) Extrapolar: aplicar una cosa conocida [a otro dominio] para extraer consecuencias e hipótesis.
(12) Idem Obra citada.
(13) Idem Obra Citada.
(14) Eufemismo derivado de «landmark», Lindero o límite.

(15) Revolución: cambio en la esencia o marcha habitual de las cosas. Esta es la acepción más correcta sobre el término, ya que los diccionarios se ocupan de distorsionar el término, relacionándolo con la violencia, el terror, lo turbulento, haciendo hincapié en los aspectos revulsivos del acontecer histórico. La revolución es un cambio, una necesidad histórica cuando la realidad factible de los cambios necesarios, resiste las posibilidades de llevarlos a cabo.

Tomado de la revista Dialogo Entre Masones mayo 2014

viernes, 2 de mayo de 2014

DIALOGO ENTRE MASONES N° 5 MAYO 2,014

DIALOGO ENTRE MASONES N° 5 MAYO 2,014

Ya esta en circulación vuestra revista masonica, que es la suma del esfuerzo de muchos HH:. que generosamente aportan con sus planchas y trazados, para expresar sus ideas, opiniones y avances en el cada vez más competitivo mundo iniciático.

Artículos Seleccionados en este número:

Historia secreta de Hiram Abiff.
Experimento Edén: Anunnaki, Lu.Lus y Nefilim.
Hablemos de libre pensamiento.
Los misterios de los signos zodiacales.






domingo, 7 de octubre de 2012

JOHN HAMILL: TEORIA ACERCA DEL ORIGEN DE LA MASONERIA




Teoría acerca del origen de la Masonería
Por el R.·. H.·. John Hamill

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Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra y Past Master de la Logia de investigación Quatuor Coronati N° 2076.

Prologo de Ricardo Edgardo Polo

Desde hace 6 años, la Revista Hiram Abif, ha desarrollado una intensa actividad informativa, desentrañando cuestiones que, desde remotos tiempos, han sido polémicas dentro de la Masonería. Quienes estudian e investigan su contexto histórico, saben que los primeros grados de la Orden están concebidos como una escuela primaria, mediante la cual y con el método del «Simbolismo», se va concientizando al masón, a fin de que pueda ir comprendiendo el espíritu conceptual que irá constituyendo su personalidad institucional. Sin embargo, ocurre que por razones no bien explicadas, se ha creado una suerte de «mitología» que a la postre y por no suficientemente «aireada», se ha transformado en creencias cuasi dogmáticas, que nada tienen que ver con la realidad histórica. Uno de los mitos más arraigados es el de haber difundido que la pureza doctrinaria, se encuentra en la Gran Logia Unida de Inglaterra, a la que se concibe algo así como el «Vaticano» de la masonería. Por eso, editamos hoy esta versión histórica de la Orden, escrita nada menos que por el R.·.H.·. John Hamill, Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra y Past Master de la Logia de investigación Quatuor Coronati N° 2076. Suponemos que luego de la lectura del trabajo, los HH.·. podrán consensuar lo expuesto por este R.·. H.·. británico y algunas teorías difundidas en nuestro entorno, porque el texto de lo que el R.·. H.·. John Hamill propone, es lo que nosotros aceptamos como válido dentro de las premisas que permanentemente sostenemos.

Ricardo E. Polo



¿Cuándo, Por qué y Dónde se originó la Francmasonería?
Solamente existe una respuesta a estas tres preguntas: no lo sabemos. Y ello a pesar de todo el papel y la tinta que han corrido en aras de su estudio. De hecho estas cuestiones fundamentales han sido bastante oscurecidas por varios historiadores Masónicos muy bien intencionados, pero muy mal informados.
Hace tan solo poco más de un siglo que los historiadores Masónicos británicos comenzaron a examinar con visión crítica la historia tradicional del Oficio(1), la cual había sido escrita por sus predecesores durante los 150 años anteriores. Al encontrar dicha «historia» poco satisfactoria, comenzaron a buscar evidencia documentada directa de la Masonería Operativa, anterior a la formación de la primera Gran Logia de Inglaterra en 1717. Sus investigaciones y sus escritos no se detuvieron, sin embargo, la permanente aparición de obras pertenecientes a lo que podría denominarse la escuela de historiadores Masónicos mística o romántica (en el auténtico sentido de la palabra), generó aún mayor confusión.
Existen, por lo tanto, dos enfoques principales de la historia de la Francmasonería:
El enfoque auténtico o científico, el cual construye o desarrolla su teoría a partir de hechos verificables y documentación de origen comprobado, y el enfoque no auténtico en el cual se intenta colocar a la Francmasonería dentro del contexto de la tradición de los Misterios correlacionando las enseñanzas, la alegoría y el simbolismo del Oficio, con sus homólogos pertenecientes a las diversas tradiciones esotéricas. Para complicar aún más las cosas, existen opiniones divididas dentro de las dos escuelas principales que se acaban de señalar.
El Francmasón común deriva del propio ritual sus primeras nociones de la historia del Oficio. A medida que va progresando en su conocimiento de las ceremonias, aprende que durante la construcción del templo del Rey Salomón en Jerusalén, los constructores calificados (albañiles o masones), se dividían en dos clases: Aprendices y Compañeros. Todos trabajaban bajo las órdenes de tres Grandes Maestros (el Rey Salomón, Hiram -Rey de Tiro- e Hiram Abif), los cuales compartían ciertos secretos, conocidos tan solo por ellos tres. Aprende, asimismo, que esos secretos fueron perdidos con el asesinato de Hiram Abif -asesinato que se produjo debido a su negativa de divulgar los secretos- y que se adoptaron ciertos secretos en substitución de los primeros «hasta que el tiempo o las circunstancias restauren los secretos originales.»
Del ritual se deduce inmediatamente que la Francmasonería ya existía y estaba establecida en la época del Rey Salomón y que ha permanecido desde entonces como un sistema intacto. El candidato comprende pronto que el ritual no contiene una verdad histórica o literal, sino una alegoría dramática mediante la cual se transmiten los principios y axiomas fundamentales del Oficio.
La primera historia del Oficio apareció, con sanción oficial, como parte de las primeras Constituciones(2) compiladas y publicadas en nombre de la primera Gran Logia por el Reverendo Doctor James Anderson en 1723.
La obra de Anderson consiste principalmente en la historia legendaria del Oficio de los constructores, desde Adán, en el Jardín del Edén, hasta la formación de la primera Gran Logia de Inglaterra en 1717. Anderson no efectúa distinción alguna entre Masonería Operativa y Masonería Especulativa, con lo cual quedó implícito que la una era la continuación de la otra. Anderson ha sido criticado con frecuencia por su historia; pero esas críticas no son justas con él. Él no pretendía escribir una historia en el sentido en que la entendemos actualmente, sino que se proponía producir una apología que estableciera una honorable filiación para una institución relativamente nueva. Él ni siquiera afirmó haber escrito una obra original, sino que, como lo explicó en la segunda edición de las Constituciones (1738), simplemente resumió las antiguas Constituciones Góticas(3).
Fue de ellas que él re-tomó las tradiciones según las cuales las Logias de Francmasones habían existido desde tiempos antiguos; igualmente retomó de allí la idea de que varias personalidades bíblicas históricas, y otras puramente legendarias habían sido patrones, promotores o Grandes Maestros del Oficio así como de que un cierto príncipe Edwin había convocado una gran asamblea de Masones en York hacia el año 926 de la era cristiana(4). Durante dicha asamblea les habría otorgado una constitución y les habría ordenado reunirse trimestralmente para gobernar sus Logias. Se da la impresión de que la Gran Logia o Asamblea siguió existiendo en forma ininterrumpida desde esa fecha hasta 1717.
De no haber producido Anderson una versión revisada y considerablemente aumentada de su historia para la segunda edición de las Constituciones, la versión de 1723 hubiera sido aceptada por lo que en realidad era: una apología construida a partir de la leyenda, el folklore y la tradición.
En la edición de 1738, Anderson parece haberle dado, desafortunadamente, rienda suelta a su imaginación, pues construyó una detallada «historia» de la Masonería Inglesa desde la supuesta Asamblea de York, hasta la resurrección de la Gran Logia en 1717 y la continuó inclusive hasta 1738.
Para Anderson los términos Geometría, Arquitectura y Masonería eran sinónimos. Cualquier monarca inglés o personalidad histórica que de cualquier manera hubiera patrocinado arquitectos o Masones, fue ubicado en su lista, bien sea como un Gran Maestro o, por lo menos, como un Gran Vigilante de la Francmasonería. Con el fin de «comprobar» el antiguo e ininterrumpido linaje de la Institución, Anderson aseguró que la unión de las cuatro Logias de Londres para formar una Gran Logia en 1717, no había representado la creación de una nueva organización, sino que había sido la restauración(5) de una antigua organización que había caído en «descomposición», debido a la negligencia de su Gran Maestro Christopher Wren.
Se trata de una aseveración sorprendente, a favor de la cual no existe evidencia, especialmente por cuanto en la versión de 1723 no se menciona ninguna restauración y el nombre de Sir Christopher Wren tan solo figura en una nota al pie de página, como el Arquitecto del Teatro Sheldoniano de Oxford.
Curiosamente, Wren vivía aún cuando apareció la versión de 1723; pero ya había fallecido cuando Anderson emprendió sus revisiones, de modo que el interesado no tuvo oportunidad de objetar.
Debido a que la historia escrita por Anderson fue publicada con la sanción de la Gran Logia, se le atribuyó el carácter de historia sagrada, tanto más por cuanto su contenido no fue impugnado por quienes tomaron parte en los eventos de 1717. Su trabajo resultó de tan grande aceptación que continuó siendo publicado reiteradamente sin alteraciones, simplemente con actualizaciones, en todas las subsiguientes ediciones de las Constituciones de la Gran Logia hasta la última edición de 1784.
Fue plagiado, además, por los diversos editores de unos manualitos publicados en el siglo XVIII, los «Compañeros de Bolsillo de los Francmasones»(6) (Freemasons’ Pocket Companions), y formó la base de la sección histórica de las Ilustraciones acerca de la Masonería de William Preston hasta en la decimoséptima edición (póstuma) de 1861, editada por el Rev. Dr. George Oliver. Hubo planes para incorporarlo en las ediciones del Libro de las Constituciones de la Gran Logia Unida de Inglaterra, fechadas en 1815, 1819 y 1827.
Se anunció, en ese entonces, que las porciones del libro publicadas constituían una segunda parte y que se publicaría en una primera parte la historia de la Francmasonería. Afortunadamente la primera parte en cuestión nunca se publicó. Con la exportación a América del Norte de las Constituciones de la Primera Gran Logia y las Ilustraciones de Preston y su traducción al Francés y al Alemán, la mala información de Anderson recibió una amplia divulgación y ejerció así un profundo efecto sobre la concepción que se tuvo acerca de la historia del Oficio, así como sobre la consiguiente actitud hacia el tema, actitud que subsistió hasta bien entrado el siglo XIX.
En verdad, la ausencia de una diferenciación por parte de Anderson entre Masonería Operativa y Masonería Especulativa iba a marcar los enfoques de la historia del Oficio por espacio de muchas generaciones, y puede decirse que dio lugar al deseo de establecer un vínculo directo entre ambas, tan pronto como la escuela auténtica inició su aproximación crítica a la historia aceptada de la Orden.
Aunque la aproximación de los escritores de la escuela auténtica aparece como una investigación científica, los métodos empleados por ellos no serían aceptados actualmente como científicos.
A pesar de que ellos examinaron cuidadosamente y comprobaron el origen de cada fragmento de evidencia que apareció, y que sus áreas de investigación se limitaron a los registros y documentos arquitectónicos, de construcción y corporativos, de hecho su trabajo reviste la apariencia de una búsqueda de evidencia susceptible de encajar dentro de una teoría preconcebida.
Dispuestos a probar la filiación directa entre la Masonería Operativa y la Masonería Especulativa a través de una fase transicional, ensamblaron fragmentos de información procedentes de varias partes de las islas británicas, fragmentos que parecían formar eslabones en su cadena de descendencia.
Al proceder de esa manera, con frecuencia sacaron la evidencia de su contexto y efectuaron suposiciones para las cuales existía apenas una tenue posibilidad de substanciación. En particular, asumieron la existencia de una uniformidad de condiciones y de actividades en Inglaterra, Irlanda y Escocia e ignoraron así las particulares circunstancias sociales, culturales, políticas, legales y religiosas que marcan diferencias cruciales entre estos países.
No tomaron en cuenta, por ejemplo, que hasta la Ley de Unión de 1707, Inglaterra y Escocia, aunque ligadas a través de la Corona desde 1603, eran países separados, que solamente compartían una frontera común y que los eventos ocurridos en un país, no tenían necesariamente un paralelismo en los países vecinos.
Sin embargo, su teoría era tan persuasiva, tan bien escrita y fue tan divulgada, que su interpretación acerca del desarrollo transicional de la Masonería Operativa a la Masonería Especulativa ha estado peligrosamente cerca de ser aceptada como un hecho incuestionable. Es necesario enfatizar nuevamente que se trata tan solo de una teoría.
En Escocia encontraron evidencia innegable de la existencia de Logias operativas de talladores de piedra. Dichas Logias se definían desde el punto de vista geográfico (territorial) y constituían unidades de control de la actividad operativa con el respaldo de leyes estatutarias. También obtuvieron evidencia indiscutible de que las Logias Operativas escocesas comenzaron a admitir, durante el siglo XVII, miembros no operativos en calidad de Masones aceptados o gentilhombres Masones (accepted or gentlemen masons) y que a comienzos del siglo XVIII, en algunas Logias los Masones aceptados habían pasado a predominar.
Estas Logias, a su vez, se convirtieron en logias Especulativas, mientras que las otras mantuvieron su carácter puramente Operativo. Las Logias Especulativas eventualmente se unieron para formar la Gran Logia de Escocia en 1736.
Investigadores de la escuela auténtica también descubrieron referencias claras acerca del uso en esas Logias de una palabra Masónica(7) y de modos secretos de reconocimiento que le permitían a los Masones operativos de buena fe, obtener trabajo o sustento cuando viajaban al territorio de otra Logia. Al unir esos hechos los historiadores románticos parecían contar con pruebas de una transición gradual de la Masonería Operativa a la Especulativa.
La falla de su razonamiento consistía en suponer que al no ser operativos los Masones aceptados en las Logias operativas escocesas, entonces tenían que ser necesariamente especulativos, o que por lo menos debía existir una implicación acerca de la actividad especulativa de la Logia, derivada del hecho mismo de su aceptación.
Hasta la fecha no ha aparecido evidencia alguna que apoye dichos supuestos. De hecho la evidencia encontrada parecería señalar a los no operativos como simples miembros honorarios de las Logias, adoptados del mismo modo que hoy se adoptan prominentes personalidades como miembros honorarios de clubes, sociedades o instituciones con las cuales no tienen vínculos profesionales o vocacionales.
Cuando la escuela auténtica procedió a examinar los registros ingleses, sus investigadores no pudieron encontrar evidencia alguna de la existencia de Logias operativas. En tiempos medioevales la Logia de los operativos había consistido simplemente en una choza o depósito anexo al lugar de trabajo, en el cual guardaban las herramientas y tomaban descanso y refresco. Alrededor del año 1600 el sistema de guildas se encontraba prácticamente moribundo con la excepción de las Compañías de Caballerangos y Transportadores de Londres (London Livery Companies). Tampoco existía evidencia de una «palabra masónica» inglesa o de medios secretos de reconocimiento entre los operativos ingleses.
Toda la evidencia hallada acerca de la Masonería no operativa -o de aceptación- tenía un contexto no operativo y entre los nombres encontrados y que podían ser verificados y cruzados con otra evidencia, muy pocos tenían siquiera la más tenue relación con la construcción o la arquitectura.
La Masonería de aceptación (existen aún dudas acerca de si la Masonería del siglo XVII puede denominarse especulativa), sencillamente parece haber surgido en Inglaterra como una organización nueva sin ninguna conexión previa con el oficio operativo. A pesar de esta carencia de pruebas la escuela auténtica ensambló conjuntamente los hallazgos hechos en Escocia e Inglaterra y construyó la teoría de la transición operativa-especulativa acerca de los orígenes de la Francmasonería(8), sin tener en cuenta las diferencias y discrepancias entre los dos conjuntos de evidencias.
Ante todo pasaron por alto, o ignoraron, el hecho de que la Masonería no operativa se estaba desarrollando en Inglaterra cuando las Logias operativas escocesas comenzaron a aceptar miembros no operativos. Si las Logias operativas escocesas constituyeron el medio de transición,¿cómo podía existir ya en Inglaterra la Masonería puramente no operativa?
La búsqueda de un vínculo directo no se confinó a las Islas Británicas, ni al período de la denominada «Asamblea de York». Se hicieron intentos de encontrarle un parentesco clásico como descendiente de los Collegia Fabrorum romanos (las escuelas de constructores de la época, pues además la palabra «escuela» parecía llevar implícita la existencia de un culto filosófico o «mistérico» ligado a los constructores romanos. La leyenda de los Magistri Commacini (Maestros Comacinos), parecía brindarle un fundamento religioso al Oficio. Se afirmó que los hábiles y renombrados masones de la región del lago de Como, en el norte de Italia, poseían secretos tan recónditos susceptibles de ser comunicados a otros operativos, que fueron constituidos en una Orden mediante una bula papal (bula inexistente en la realidad). Se decía que habían recibido instrucciones de viajar por Europa para compartir sus habilidades y «misterios».
Es notoria la ausencia de evidencia acerca de su existencia real. Se revisaron diligentemente las tradiciones y registros de los Steinmetzen alemanes y del Compagnonnage francés en busca de rastros de algún elemento especulativo, mas no se encontró ninguna. La evidencia nos remite siempre de nuevo a la aparición de la Masonería no operativa en Inglaterra durante el siglo XVII.
La teoría de una filiación directa de la Masonería operativa sigue teniendo sus partidarios, especialmente el difunto y muy reverenciado Harry Carr; pero algunos investigadores actuales que trabajan en la tradición de la escuela auténtica están inclinándose por considerar la probabilidad de un vínculo indirecto con los operativos(9). En vez de buscar las pruebas de una filiación directa, están explorando la posibilidad de que los fundadores de la Masonería especulativa se hayan encubierto bajo la apariencia de una organización o guilda para desarrollar actividades e ideas que era imposible practicar o profesar abiertamente en la época.
El período en el cual se cree que evolucionó la Francmasonería -finales del siglo XVI y transcurso del siglo XVII- se caracterizó por la estrecha relación entre la política y la religión. Durante esos años las diferencias de opinión en estas materias podían dividir las familias y eventualmente conducir a guerras civiles. Particularmente en lo que concierne a la religión, existían sanciones legales contra aquellos que decidían no seguir los dictados del Estado. Surgen por sí mismas, en consecuencia, dos ideas posibles en relación con el origen de la Francmasonería durante ese período.

  1. Primero, que los fundadores eran un grupo opuesto a la intolerancia política y religiosa del Estado, que deseaban reunir hombres de diferentes concepciones políticas y religiosas pero que compartieran un objetivo de mejoramiento social. Puesto que se encontraban en una situación en la cual dichas concepciones eran consideradas subversivas, se restringía absolutamente la discusión de estos asuntos con quienes no fuesen miembros. Estos rasgos parecen haber existido desde que se originó la Francmasonería.
  2. Segundo, que los fundadores eran un grupo de religión cristiana no conformista, que se oponía a la dominación de la religión por parte del Estado. Dicho grupo no se proponía deponer la religión predominante, sino que deseaba promover la tolerancia y la creación de una sociedad en la cual los hombres fueran libres de seguir los dictados de su conciencia en materia religiosa.

Existe un objetivo común en ambos grupos: la promoción de la tolerancia y la consiguiente creación de una sociedad mejor. El uso de la alegoría era una técnica didáctica común en la época: ¿qué mejor alegoría para representar la creación de una sociedad superior que la construcción de un edificio? Existía inclusive una metáfora bíblica a la mano: la construcción del Templo de Salomón.
Una vez establecido el marco alegórico, se seguía lógicamente el paso de adoptar la forma de una guilda o corporación de constructores. Así las reuniones se convirtieron en Logias, los oficiales principales pasaron a denominarse Maestro y Vigilantes y las herramientas de trabajo del tallador de piedras fueron utilizadas tanto por sus funciones materiales prácticas, como por su valor simbólico.
Una teoría alternativa de filiación indirecta ha sido presentada recientemente. Ella asocia los orígenes con los aspectos caritativos más que con los planteamientos filosóficos(10). Considera a la Francmasonería como un desarrollo del creciente movimiento de autoayuda surgido en el siglo XVII. Al no existir un sistema estatal de protección y seguridad social, aquellos que enfermaban o pasaban penalidades económicas dependían de la caridad local y de las rígidas estipulaciones de la Ley de Pobres. Diferentes agrupaciones gremiales comenzaron a organizar sus propios sistemas.
Cuando se reunían a departir amistosamente en tabernas y posadas, mantenían una caja a la cual los miembros aportaban cuotas durante cada reunión y de la cual los mismos miembros podían tomar dinero en tiempos de necesidad. En virtud de esa práctica, dichas agrupaciones recibieron el nombre de Clubes de Caja (Box Clubs).
La pertenencia a estos clubes estuvo reservada en un comienzo a los miembros de un gremio en particular, y existe evidencia de que en los clubes se utilizaron rudimentarios ritos de iniciación. Parece ser también que, al igual que las logias operativas escocesas, los Clubes de Caja comenzaron a admitir miembros que no estaban vinculados directamente con su gremio particular.
Se ha evocado la posibilidad de que la Francmasonería haya surgido originalmente tan solo como un Club de Caja para Masones operativos, los cuales posteriormente comenzaron a admitir miembros de otros gremios. La posibilidad de que la Francmasonería hubiese sido básicamente una sociedad de orientación gremial por la época de la creación de la primera Gran Logia en 1717, fue planteada por Henry Sadler(11).
Él sugirió que una lucha por el control de las Logias, tuvo lugar a comienzos de la década de 1720 entre los miembros originales de orientación gremial y aquellos que fueron llevados a las Logias por la influencia del Dr. John Teophilus Desaguliers y otros, y que la Francmasonería auténticamente especulativa no surgió sino cuando este último grupo ganó el control y comenzó a transformar a la Francmasonería de una sociedad de beneficios en un sistema de moral, velado en alegoría e ilustrado por símbolos».
También se ha buscado en otras organizaciones el origen de la Francmasonería. Una teoría ahora descartada pero que conservó credibilidad por largo tiempo veía en la Francmasonería la descendiente directa de los Caballeros Templarios medievales.
Se afirmó que, luego de la supresión de la Orden de los Templarios y de la muerte de Jacques de Molay, su último Gran Maestro en 1314, un grupo de caballeros escapó a Escocia. Una vez allí se reunieron en el misterioso monte Heredom cerca de Kilwinning y, temerosos de ulteriores persecuciones se transformaron en Francmasones, convirtiendo los supuestos secretos de los Templarios en los secretos de la Francmasonería.
Desafortunadamente para los partidarios de esta teoría, el misterioso monte de Heredom no existe (aunque había de constituirse en un elemento central de numerosos grados adicionales inventados en la Francia del siglo XVIII).
Tampoco es verídico que los Templarios hubieran sido perseguidos en Escocia. Formaron, por el contrario, parte de la vida política y religiosa de Escocia hasta la Reforma, siendo el Prior de Torpichen (el principal Priorato Templario de Escocia), por derecho propio, uno de los Lores Espirituales del gobierno escocés.
Sin embargo, la leyenda escocesa siguió ejerciendo su atracción romántica. El reverendo Dr. George Oliver declaró que poseía un manuscrito del siglo XVIII el cual se refería a lo que él denominó el Rito de Bouillon, un ritual de los tres grados azules, en el cual se le informaba a los recipiendarios que ellos eran descendientes de los Templarios.
El manuscrito de Oliver se conoce solamente en copias que datan del siglo XIX y un examen de su contenido muestra un ritual altamente desarrollado para los tres grados azules, el cual incorpora muchos de los cambios y adiciones rituales realizados después de la unión de las dos Grandes Logias inglesas en 1813.
Algunos han buscado los orígenes de la Francmasonería en el Rosacrucismo, ya sea como una manifestación británica de la fraternidad Rosacruz, o como una escisión de la corriente principal del Rosacrucismo(12). No es éste el lugar para discutir acerca de la existencia o no de una Fraternidad Rosacruz. Cualquiera que sea la verdad a ese respecto, lo cierto es que la idea Rosacruz se ha mantenido entretejiéndose en el pensamiento europeo desde su aparición a comienzos del siglo XVII.
Los únicos factores comunes a la Francmasonería y al Rosacrucismo son la idea central de la creación de una sociedad ideal y el uso de la alegoría y el simbolismo para impartir ese ideal a sus iniciados. Hasta allí llega la similitud. No existe un acervo común de simbolismo y ambos se desarrollaron a lo largo de caminos diferentes. No existe evidencia que demuestre un origen común o el desarrollo del uno a partir del otro.
Mucho se ha tratado de utilizar para estos efectos el hecho de que Elías Ashmole, el primer iniciado no operativo del que se tiene noticia cierta, también se interesaba en el Rosacrucismo; pero nada se dice de los demás Masones aceptados conocidos, que no tenían relación con la Rosacruz (ya fuese real o imaginaria), ni acerca de los Rosacruces declarados que no tuvieron vínculos con la Masonería de aceptación.
La escuela no auténtica posee cuatro enfoques principales, los cuales podrían ser clasificados como el esotérico, el místico, el simbolista y el romántico. Las cuatro aproximaciones tienen dos factores en común: la creencia de que la Francmasonería existe desde «tiempo inmemorial», y una aparente incapacidad para distinguir entre el hecho histórico y la leyenda. Las escuelas esotéricas y místicas están de hecho interesadas en la transmisión de ideas y tradiciones esotéricas, lo cual constituye en sí una línea de investigación válida.
Lo que ocurre es que al acercarse a su objeto convierten similitudes entre grupos muy separados en el tiempo en evidencia de una tradición continua transmitida de un grupo al otro. Es decir, en una especie de sucesión apostólica esotérica. Los seguidores de estas escuelas tienden también a profesar ideas heterodoxas acerca de la naturaleza y propósito de la Francmasonería, atribuyéndole implicaciones místicas, religiosas e inclusive ocultas que nunca ha tenido.
Los partidarios de la aproximación esotérica toman los principios, los rituales, las formas, los símbolos y el lenguaje de la Francmasonería y rastrean similitudes en los otros grupos (ignorando el hecho de que los principios y muchos de los símbolos son universales y no particulares a la Francmasonería). Suponen que esas similitudes no son fortuitas sino deliberadas y constituyen, por lo tanto, prueba de una tradición continua.
Colocan también gran énfasis en los grados adicionales, revistiéndolos de una antigüedad espuria y viendo en ellos un contenido esotérico y un simbolismo mucho mayores de los que jamás se intentó imprimirles. Al ver en el conjunto de las diversas ramificaciones de la Francmasonería un rito iniciático coherente, cosa que no es, la escuela esotérica la compara con otros ritos iniciáticos, encuentra similitudes -reales o impuestas- y supone un parentesco. John Yarker es probablemente el mayor exponente de esta escuela. Su Opus mágnum, «Las escuelas arcanas» (Belfast, 1909), es un monumento a la erudición mal aplicada.
No solamente revela la amplitud de sus lecturas, sino también su dificultad para digerir, o en algunos casos incluso para entender aquello que había leído. A primera vista parecería que trabajase en la escuela auténtica ya que hace constante uso de «evidencia documentaria».
Un examen más detenido muestra que él no efectuaba un análisis crítico de sus fuentes, con lo cual aceptaba como hechos las leyendas, la tradición y el folklore a la vez que negaba hechos reales adecuadamente documentados. Yarker estaba firmemente convencido de que la Masonería había existido entre los talladores de piedra operativos de la Edad Media y que ellos habían trabajado en una compleja serie de grados que abarcaba los tres grados azules (El Oficio) y muchos de los grados adicionales.
Creía también que dicho sistema había declinado y que su «resurgimiento» en el siglo XVIII constituía un renacimiento pero en una forma distorsionada. Para poder aceptar las tesis de Yarker, tendríamos que aceptar que los talladores de piedra medioevales eran hombres intelectualmente preclaros, dotados con el manejo de unas ideas que no ingresaron en el acervo de la filosofía occidental hasta después del Renacimiento.
Yarker vio la Francmasonería como la culminación o el summum bonum de todos los sistemas esotéricos. Al fracasar en la «depuración» del sistema existente, Yarker introdujo desde los Estados Unidos el Antiguo y Primitivo Rito de la Francmasonería. Este rito combinaba y reducía los noventa y siete grados del Rito de Misraim y los noventa y cinco grados del Rito de Menfis, convirtiéndolos en un popurrí de Egiptología, Gnosticismo, Rosacrucismo, Cábala, Alquimia, Misticismo Oriental y Cristianismo.
Resume perfectamente la mente ecléctica y acrítica de su principal promotor en Inglaterra. Este Rito a duras penas sobrevivió a la muerte de Yarker.
Tal vez los representantes más característicos de la escuela mística son el Reverendo George Oliver y A. E. Waite.
Oliver fue un ferviente fundamentalista pre darwiniano que creía firmemente que la Francmasonería era esencialmente cristiana y había existido bajo una forma u otra desde el comienzo de los tiempos. En varios sentidos pudo haber sido el progenitor de la escuela auténtica. Leía con avidez cualquier libro masónico a su alcance y coleccionaba hasta las piezas de evidencia más ínfimas que podía encontrar; pero al igual que Yarker, su forma de lectura era acrítica y se inclinaba por la invención cuando escaseaba la evidencia.
Waite, como Oliver, creía que la Francmasonería era esencialmente cristiana tanto en su origen como en su carácter.
Él creía que la Francmasonería tenía sus raíces en el sistema de las guildas; pero que había sido convertida en un sistema místico. Sus rituales, en particular aquellos de los grados adicionales, contendrían conocimiento secreto dentro de la tradición de los Misterios.
Su desorganizada «Nueva Enciclopedia de la Francmasonería», en la cual hizo un pesado énfasis sobre los grados adicionales, tanto existentes como extintos, fue demolida por la crítica de la escuela auténtica en el momento de su publicación en 1921.
La escuela simbolista busca los orígenes de la Francmasonería mediante la comparación y la correlación del simbolismo y del lenguaje ritual, y trata de encontrar la filiación directa entre la Francmasonería y varias religiones, cultos, misterios y sociedades.
Al igual que la escuela esotérica, esta línea de investigación posee cierta validez; pero como una antropología del simbolismo y no como investigación acerca de los orígenes de la Francmasonería.
La incidencia de ciertos símbolos, gestos y terminología condujeron a esta escuela a comparar la Francmasonería con religiones de los amerindios, ceremonias Mayas, rituales mitraicos y aborígenes, pinturas de templos egipcios, marcas de casta hindúes, etc. El problema es que los símbolos Masónicos no son exclusivos de la Francmasonería, sino que son universales.
Dentro de la escuela simbolista se encuentran quienes han buscado el origen del ritual Masónico mediante la exégesis de obras de escritores bien conocidos, con el fin de encontrar ejemplos de «lenguaje masónico».
El más excéntrico de ellos fue probablemente Alfred Dodd, quien se convenció a sí mismo que Shakespeare (llámese Shakespeare, Bacon o Marlowe) compuso el ritual del Oficio(13).
En un sentido, los seguidores de la escuela romántica se acogen a la tradición andersoniana, ya que implícitamente creen en la conexión directa entre la Masonería Operativa y la Masonería Especulativa, bien sea que dicho vínculo se remonte a Adán, Salomón o a los constructores medioevales.
Difieren de la escuela auténtica por su rechazo a, o su desconocimiento de las numerosas formas en las cuales la Francmasonería ha cambiado y se ha desarrollado durante el período para el cual existen registros históricos. Están dispuestos a creer que el ritual ha sido practicado desde tiempo inmemorial, bien sea en sus formas fundamentales o bien conservando íntegramente su detalle.
La carencia de conocimiento acerca del origen de la Francmasonería y la variedad de aproximaciones que existen para enfocar este interrogante, explican tal vez la intensidad con la cual se investiga y la persistente atracción que ejerce.
La ausencia de dogmas oficiales implica que cada miembro de la Orden puede conferirle al ritual tanto o tan poco significado como desee. Ni siquiera en Inglaterra existe un patrón, ya se trate de un ritual controlado de manera centralizada o de una interpretación del ritual que deba ser aceptada por todas las logias.
El que alguna vez lleguemos a estar en medida de descubrir los verdaderos orígenes de la Francmasonería, es un interrogante que queda abierto.
«Los registros y documentos relacionados con la construcción medieval han sido revisados en su totalidad; pero los archivos religiosos, familiares y locales permanecen prácticamente inexplorados. Por otra parte, de ser cierta la afirmación de Anderson de que numerosos manuscritos fueron quemados deliberadamente en 1720 «por algunos hermanos preocupados de que dichos papeles fuesen a caer en manos extrañas», es bien posible que la evidencia crucial que buscamos ya esté perdida».


R.·. H.·. John Hamill, Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra y Past Master de la Logia de investigación Quatuor Coronati N° 2076.


Notas
  • [1]. Siguiendo la tradición masónica inglesa, el autor denomina El Oficio (The Craft) al conjunto de los tres grados fundamentales de la masonería y de sus miembros. Los tres grados fundamentales, Aprendiz, Compañero y Maestro, también se conocen como masonería azul.
  • [2]. James Anderson, Las Constituciones de los Francmasones. Con la historia, obligaciones, reglamentos Etc. de esta muy Antigua y Venerable Fraternidad, Londres, 1723.
  • [3]. Las Constituciones Góticas (Gothic Constitutions) son la recopilación de preceptos corporativos también conocida como Los Antiguos Deberes (The Old Charges)
  • [4]. Para una discusión sobre el tema de la leyenda de York, ver Begemann AQC 6 (1893); Gould AQC 5 (1892); Oliver AQC 61 (1948); Speth AQC 6 (1893) y Alex Horne La Leyenda de York en los Antiguos Deberes (The York Legend in the Old Charges) (Shepperton; A. Lewis, 1978). AQC: Anales de la Quatuor Coronati, Logia de estudios históricos perteneciente a la Gran Logia Unida de Inglaterra.
  • [5]. Anderson es la única fuente que puede citarse para sustentar la idea de que los eventos de 1717 constituyeron una restauración.
  • [6]. Los Pocket Companions comenzaron a aparecer en 1735 y eran una mezcla poco afortunada de plagios de las reglas y el recuento histórico de Anderson, junto con varios deberes y oraciones.
  • [7]. Ver Douglas Knoop, La Palabra Masónica (The Mason Word), AQC 51(1938).
  • [8]. El recuento más reciente de la teoría de la transición operativa-especulativa es 600 Años de Ritual del Oficio (600 Years of Craft Ritual) de Harry Carr, texto que se encuentra en el libro El Mundo de la Masonería de Harry Carr (Harry Carr’s World of Freemasonry) publicado en Londres por A. Lewis, 1984.
  • [9]. Ver C.F.W. Dyer, Algunas reflexiones acerca del origen de la Masonería Especulativa (Some Thoughts on the Origin of Speculative Masonry), AQC 95 (1982).
  • [10]. Andrew Durr, El origen del Oficio (The Origin of the Craft), AQC 96 (1983).
  • [11]. Henry Sadler, Hechos y ficciones masónicos (Masonic Facts and Fictions), Londres 1887; reimpreso por Wellingborough (Aquarian Press, 1984).
  • [12]. Ver J. S. M. Ward, La Francmasonería y los antiguos dioses (Freemasonry and the Ancient Gods) segunda edición (Londres, 1926). A. E. Waite, La tradición secreta en la Francmasonería (The Secret Tradition in Freemasonry), (Londres, 1911).
  • [13]. Alfred Dodd, Shakespeare: creador de la Francmasonería (Shakespeare: Creator of Freemasonry) (Londres, circa 1935) y ¿Fue Shakespeare el creador de los rituales de la Francmasonería? (Was Shake- speare the Creator of the Rituals of Freemasonry?), (Liverpool, sin fecha).






LO EXPUESTO EN ESTE INTERESANTE TRABAJO, TAMBIEN FUE DESARROLLADO CON MUCHA AMPLITUD EN NUESTRO TRABAJO TITULADO "MASONERIA: ORIGEN Y DESARROLLO", NO SOLO CON OPINIONES Y DOCUMENTOS MASONICOS, SINO COMO CORRESPONDE CON OPINIONES DE ESTUDIOSOS NO MASONES Y PRUEBAS ARQUEOLÓGICAS QUE DEMUESTRAN QUE LA MASONERIA OPERATIVA YA EXISTÍA EN SUMERIA LA CUNA DE LA CIVILIZACION.  Herbert Oré Belsuzarri.


Herbert Ore - Masoneria Origen y Desarrollo